
ÁLVARO Loza en su viña de Labastida.
Pero posee gran convicción y toda la ilusión del mundo para agrandar su patrimonio actual de 1,5 hectáreas, situadas entre Haro y Labastida, y esas 4000 botellas que, de momento, arriban al mercado.
Además de tres vinos elegantes, una familia estupenda, un abuelo de 91 años, Luis María, que celebra su determinación, un viejo corral de ovejas en Briñas reconvertido en un txoko acogedor, además de una desbrozadora, una azada… y un sinfín de amigos que le cuidan como es debido.

SUS tres vinos: Contacto, Cien Reales y Álvaro Loza.
El año pasado marchó una semana a Sudáfrica, disfrutando de las primeras vacaciones en cinco años. Este 2025 se irá lejos otra semana antes de vendimias, porque vuelve con otra energía y la misma fe en su trabajo… porque más confianza y anhelo no cabe en un humano corazón.
Loza vive entregado al 100% a sus parcelitas y sus vinos, abriendo puertas, porque mirando al futuro contempla un solo camino vital, con los recursos justos, sí, pero con todo el ánimo del mundo, tirando con la fuerza de un coloso hacia adelante.

CUANDO los brazos de las viñas atraviesan tu corazón.
“Todo lo que vuelve renace”, reza un dicho japonés aplicable a este jarrero que ha crecido los últimos años en sus muchos viajes a Borgoña, el Ródano, California, Champagne, Australia o Sudáfrica, hasta tomar con decisión en 2019 las riendas del pequeño viñedo familiar que le ampara.
Sus padres se casaron en 1989, ella de Zamora, él de Briñas, pegando al Ebro, donde su bisabuelo fue pescador en aquellos tiempos.
“Mi bisabuelo Melitón Loza fue pescador además de pastor… Luego comeremos en lo que en su día fue su corral de ovejas. Antes había guardado el rebaño en una cueva pequeña que fue un antiguo trujal”.
El bisabuelo elaboraba vino en un lago de piedra situado bajo la casa. Un vino destinado al autoconsumo familiar.
“Llámale ilusión, pasión, obsesión…”

La infancia de Álvaro no ha estado vinculada al vino. No es como otros jóvenes de los Martes of Wine cuyos padres venían trabajando la viña y elaborando vino, como José Gil, los Cupani, Abeica o Miguel Merino.
Hubo un bisabuelo y después un abuelo con unas viñitas, pero en su historia el vino no le atraviesa de una manera tan directa como a sus compañeros.

SU abuelo Luis María Loza junto a su viña Cien Reales, en Labastida.
¿Qué pasó entonces? El caso es que llegó un momento inexplicable de pasión por la vitivinicultura, que le tomó del pecho, entrando hasta el fondo de su vida, lo que le llevó a entregarse al conocimiento viajando por el planeta vino.
“Llámale ilusión, pasión, obsesión. Quiero entregar mi vida a esto”, me dirá.
.- ¿Qué te enganchó del mundo del vino?
Comencé estudiando una ingeniería mecánica, viendo al cabo de un año que aquel no era mi camino.

JUNTO al chopo, centinela de viñas.
Viajar es un poder que otorga el vino
No sé muy bien porqué elegí estudiar vitivinicultura, tras lo cual me fui a hacer prácticas a Montpellier y después a Borgoña.
Fue en la Escuela de Enología de Borgoña donde planifiqué mi vida para hacer vendimias en Estados Unidos. Me encantó la idea de viajar gracias al mundo del vino, que es uno de los poderes que otorga, abriéndote puertas en determinados países.

RACIMO de Labastida en sus manos… como si fuera una llave.
.- A tu manera no has parado de formarte en una continua aventura de viajes de ida y vuelta.
Ha sido una mezcla de formación y conocimiento del mundo. Fui a California, después al Ródano nueve meses. En ese viaje al Ródano tomé conciencia a fondo de las diferentes parcelas, trabajando después en Rioja con otro Álvaro, un chico de Briñas, cuya familia había gestionado durante 30 años las parcelas de mi familia, ya que mi abuelo dejó a renta las cuatro viñas que tenía en 1997.

EN el lagar rupestre de Saturnia, vecino de su viña.
Cuando rompió la barrera mental
.- Eso sucedió en 2018.
Ese año empecé a ayudarle con la poda… Fue cuando conocí las viñas de mi abuelo. Es decir, no tenía ni un solo recuerdo de pequeño de haber estado en las viñas. Ni una sola conexión. Nada.
Ese 2018 me fui a Tasmania a trabajar en la vendimia, comenzando a elaborar mi primer vino, trabajando a la vez en Clos Ibai, en Elciego, con Dani Frías.

CATANDO sus vinos, y conversando, en su txoko de Briñas.
.- Ahí tuvo que pasar algo en tu interior.
Sí. Allí rompí la barrera mental, viendo que no hacía falta tener bodega propia para elaborar tu vino, pudiendo funcionar con un alquiler en un pequeño espacio que me cedió Dani.
En 2019 es cuando empiezo a trabajar las viñas de mi familia en ecológico. No tenía tractor, no tenía nada, salvo una desbrozadora y una azada. Así empecé a cultivarlas
Sin saber bien qué es ese “algo”
.- Y desde entonces…

CON la morisca en una de sus viñitas.
Desde entonces hasta ahora han pasado seis años. He seguido viajando y formándome. En 2019 me fui a Champagne, manteniendo mi trabajo en Clos Ibai, elaborando mis vinos. En 2020 volví a Champagne y me fui a Sudáfrica entre enero y marzo, el año del Covid.
El 2021, Sudáfrica, Champagne y Rioja. El 22 Champagne y Rioja. El 23 Sudáfrica y Rioja. Y ya en el 24 y el 25 sólo en Rioja, donde me necesita el viñedo, la comunicación y la comercialización de mis vinos.
.- Algo profundo debía estar arraigado dentro de ti.
Algo, sí. En casa siempre vi feliz a mi abuelo con su vino. Y es muy hermoso que en una mesa de Michigan (USA) se puedan beber un pedazo del paisaje de Haro y Labastida. Es el fin máximo de nuestro trabajo.

UNO de sus corchos en mi mano.
Un lugar en el mundo
Estamos al lado de la viña Cien Reales, de 3700 metros de extensión, 0,37 ha, 100% Tempranillo. Hemos venido charlando en su coche con una emoción contenida.
“Esta parcelita plantada en 1993 es de mi abuelo, que tiene 91 años. Del vino que hoy nos sobre de la comida… una botella será para vosotros y otra para él”.
.- La viña es de 1993, que tú naciste pocos años después.
Nací en el 95, así que tengo treinta años cumplidos.
Aquí se respira otra vibración -exhala al abrir los brazos y mostrar la viñita que se esconde detrás de un chopo-. Estamos al lado del lagar rupestre de Saturnia. Y ahí está la niña.

Bajo este chopo que vigila el lugar desde las alturas está la parcelita amada.
.- Aquí pasarás muy buenos momentos.
Maravillosos. Es una viña orientada al este. Me encanta acabar el día trabajando en ella. Desde aquí se ve un hermoso horizonte, con San Lorenzo al fondo, el pico más alto de La Rioja; por allí se ven las Conchas de Haro, y aquí tenemos el Toloño.
“La viña es honesta”
.- Con la viña no te enfadas nunca.
Nunca, que la viña es honesta.

EN una viña de Sergio Blanco, viticultor ecológico de Baños de Ebro.
Las viñas te ofrecen y te muestran lo que hay. Y si expresa algo que no quieres, debes enfadarte contigo mismo porque no has sabido entenderla.
En el suelo de Cien Reales, a 40 centímetros bajo tierra tenemos una arenisca resquebrajada donde entran las raíces de las cepas, con una capa de carbonato cálcico, pura tiza blanca que absorbe agua y la mantiene. Así que el punto de maduración de las uvas es todos los años excelente.

.- ¿Elaboras las parcelas por separado?
Al principio las juntaba en el vino que llamé Álvaro Loza, pero posteriormente, tanto el 21 como el 22, separo una barrica de esta viña. El resto sigue estando en el Álvaro Loza, porque Cien Reales tiene unas características especiales, mostrando bien el suelo calcáreo de entre Labastida y Briñas.
.- Bajemos a la viña, pues.
Un amor correspondido
Diría que la viña nos acoge moviendo con ayuda de un tenue viento sus largos sarmientos. Lo hace con humildad, mostrando unas uvas perfectas que van camino de ese nuevo vino que llegará nuevamente algún día a una mesa de Michigan.
Entre cepas pasaremos un buen rato sin grabadora, sorprendido con la capacidad pedagógica de Álvaro, haciendo fotografías, sintiendo que la viña lo ama. Que el suyo es un amor por fortuna correspondido.

Después nos iremos al que fuera corral de ovejas de su bisabuelo, donde cataremos sus vinos y comeremos un exquisito guiso de pollo que cocinará entre vino y vino, todos suyos, dejando traslucir la riqueza atesorada en sus viajes alrededor del mundo.
.- En la etiqueta de tu vino Álvaro Loza has escrito “futuro cosechero del siglo XXI” entre un Sol muy pequeño y una Luna diminuta. ¿Cómo que «futuro»?

«Una lucha constante, sin fin»
Hoy no tengo bodega en propiedad… Así que algún día seré por fin un cosechero por completo. Se trata de entender el concepto de viticultura, entender la maestría de la vid y la enología, sin olvidar la comunicación para proyectarlo al mundo.
.- Has elegido un león para situarlo en el cuello de tus botellas, como quien dice «Caer siete veces, levantarse ocho».
Tengo cuatro símbolos en la etiqueta. El león, unas alas, el Sol y una Luna. He elegido estas guías para mi camino. El Sol y la Luna son guías naturales que marcan los ciclos. Las alas indican que gracias a salir de aquí pude romper barreras mentales y encontrar mi libertad.
.- ¿Y el león?
Simboliza la garra que necesitamos para tirar adelante. Es una lucha constante, sin fin.
.- Están escritos los nombres de varios pueblos.
Está Briñas, donde embotello. Y está Haro y Labastida.

EN el pueblo de Briñas, vecino cercano del Ebro.
La «creación» de Álvaro el vitivinicultor
.- En esta etiqueta veo dos manos, una haciendo de «Dios creador», y la otra de un joven «Adán Viticultor» que recibe la vida (según el Génesis)
La de la izquierda es mi mano, la otra es de mi abuelo, que nos hicimos una fotografía en 2021. Está inspirada en la creación de Adán, el fresco de la Capilla Sixtina, del gran Miguel Ángel.

MANOS de Álvaro y de su abuelo en la etiqueta de uno de sus vinos.
.- Tu abuelo marcó un camino.
Así ha sido. Lo ha hecho sin decirme por dónde ir.
.- Estás en este mundo del vino gracias a…
Estoy aquí gracias a todas las personas que me he encontrado en el camino, que han sido partícipes dándome el apoyo necesario para seguir construyendo.

CON algunos de sus amigos de los ‘Martes of Wine’.
Desde el todoterreno y el remolque que me ha dejado mi primo en vendimias, otro amigo las cajas, otro la despalilladora, los que me han dejado algún depósito… incluso el propio viticultor Sergio Blanco, a quien le compro uvas de Elciego también me apoya, como hace el grupo Martes of Wine.
Pequeñas ayudas que te sacan del atolladero
.- Bonita y enriquecedora relación entre colegas.
Ahora la bodega en la que estoy, de David Seisas, también me ayuda porque me permite desarrollar mi labor en un lugar, elaborando mis vinos en su casa.
.- Está la idea de “la mano del Génesis”, y está la mano tendida.
Curiosamente son personas que también han estado en alguna situación parecida a la mía, que entienden el esfuerzo que supone esta lucha. Y es que una pequeña ayuda a veces puede sacarte del atolladero.

DIMINUTAS viñitas de pequeños viticultores que precisan coraje.
.- ¿Dónde está la bodega de Seisas?
En Briñas.
.- Sería hermoso que todo ese empuje que recibes estuviera dentro de la botella, en el vino, así como el vino recoge origen, tierra, aromas…
Intento todos los años desgranar a mano el Cien Reales con amigos de Haro que no son viticultores, con mi familia y otros amigos, porque la vendimia en origen fue una fiesta para la alegría y el trueque de esfuerzos.

AQUELLA vendimia suya del año 2021…
Decir bodega como decir hogar
.- Me dijiste que has estado en tres bodegas en cinco años.
Sí, correcto.
.- Uno de tus grandes deseos es contar con una bodeguita.
Por supuesto. Un lugar propio al que llamar bodega, hogar, pero de momento es impensable. Está la viticultura, la inversión en campo, después invertir en las materias para poder construir una botella, y finalmente el lugar donde el vino pueda reposar.

EN Clos Ibai, una de las bodegas donde reposaron sus vinos.
.- Está el vidrio, el corcho, la etiqueta, el lacre, la normativa legal…
Hay mucho dinero que invertir.
.- Pero nada te desanima, nada puede con el fervor que profesas a este mundo del vino
No han podido conmigo, ni podrán.

BRINDADO en el último encuentro de Jóvenes Talentos del Vino.

CON la enóloga Neza Skrt, de Bodegas Aiurri.
Un camino con muchos baches
Solo hay un camino, y no es en línea recta. Hay muchas curvas, muchos baches, hay montañas, pero también hay momentos de disfrute, de placer, de afectos y recompensas.
Una parte de la balanza compensa la otra.
Poder hacer lo que quieres es lo importante. Esa es la educación que deberían darnos en las escuelas: conocernos a nosotros mismos para un día decir “Vale, este es mi camino, a por ello”.

.- ¿Cómo te ves dentro de cinco años?
Con más viñas, incorporando a alguien conmigo, porque una persona sola no tiene mucho sentido. Lo de contar con un lugar propio… no lo sé. Eso es más complicado.
.- Cuando miras hacia delante…
Me toca aventurarme, especular, confiar. Quiero visualizar bien cada año, cada paso, entendiendo que años salvajes como éste pueden volver a repetirse, con cosechas mermadas.
.- ¡Qué año, Álvaro!
Es un año salvaje, ya te digo, lleno de incertidumbres, pero tal como te digo “éste es el camino elegido. ¡Y voy a por él!”.
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Dónde reside la fuerza de Loza, un espíritu valeroso.
Quizá diga que lo suyo no tiene mérito. Y lo tiene. Nos inspira a todos los demás
Gracias, Juan
No he conocido hasta ahora una historia agricultora como ésta, tan admirable. Así que Álvaro no tiene nada, y sin embargo lo tiene todo, eh!!!
Gracias, Maruxa
¿Cómo definir lo que le pasó al joven cosechero?
«ALGO», dice él. ¿Fue la llamada del ADN, la de la tierra, fue una poderosa intuición?
No siempre se le puede poner palabras a los sentimientos profundos. Así que fue ALGO muy intenso. Muy hermoso.
Qué suerte!
Gracias, Lea
Álvaro, me pones las pilas!
Zorionak!
Eskerrik asko, Galder
Aupa, Álvaro. Aurrera!
Eskerrik asko, Jon
Álvaro no creció entre viñas ni bodegas.
Su infancia no olía a tierra ni a uva. Y, sin embargo, a sus 30 años, Álvaro Loza Sanjurjo ha construido su propio proyecto vitivinícola entre Haro, Briñas y Labastida: 1,5 hectáreas, 4.000 botellas y una pasión que no se hereda, se elige.
Comenzó con una desbrozadora y una azada. Cada viaje —Champagne, Borgoña, California, Sudáfrica— le enseñó que el vino es puente entre la tierra, las personas y la historia.
Su viña Cien Reales, con raíces que se aferran a la piedra, le devuelve honestidad: lo que él da, la viña lo multiplica.
Sus botellas llevan símbolos: león, alas, Sol y Luna, reflejo de fuerza, libertad y respeto a los ciclos.
La etiqueta con las manos de su abuelo y la suya es un homenaje a la creación y al legado compartido.
Aún sin bodega propia, cada racimo desgranado, cada vendimia compartida, cada botella elaborada con amigos, cuenta una historia de entrega, coraje y amor por la viña.
Álvaro Loza no solo hace vino, crea emociones embotelladas.
¡Mucha suerte con el proyecto!
Gracias, Jorge
Veo en Álvaro una persistencia desde la humildad. Con esa actitud se pueden mover esas montañas a las que hoy se enfrentan agricultores y bodegueros
Gracias, Amaia
Aupa ese león!
Gracias, Elena
Decir de Álvaro es decir humildad, trabajo, esfuerzo, ilusión y por eso le vendrán grandes triunfos. La entrevista lo dice todo y más en una persona joven. A personas así da gusto y se les tendría qué apoyar desde las administraciones. Un abrazo
Gracias, Rodolfo
Leo la entrevista apasionante con este auténtico gigante, y casi al final dice, casi de pasada, que «poder hacer lo que quieres es lo importante». Toda una filosofía de vida que encierra determinación y valentía. Llegará lejos.
Gracias, Alberto