Lo mismo podríamos decir de la elaboración de los vinos. Habrá que esperar a la segunda mitad del siglo XIX para vislumbrar grandes cambios que con mayor o menor ritmo fueron impregnando la vitivinicultura tradicional.

VIAJAMOS a la centuria que va de 1700 a 1800, trescientos años atrás.
El trabajo para el cuidado de los viñedos era manual, realizado exclusivamente con la fuerza y la entrega total de los viticultores. Los animales no entraban en los viñedos para realizar ningún trabajo de fuerza o tiro. No estaban preparados ni espacial ni ordenadamente para introducir animales.

JESÚS Fernández Ibáñez, autor del artículo. (Archivo Blog 2018).
El ganado mular o asnal solamente se empleaba para el transporte de las personas y objetos (herramientas, manta, rancho de comida, bebida,…) y para el transporte del fruto de la uva en la vendimia o recolección de frutos.
El objetivo de este artículo es detallar lo máximo posible cómo era el trabajo en las viñas de la zona que llamamos Rioja Alavesa. Traemos, además, las palabras que se utilizaban en la comarca hace 300 años, como si aquellos nos hablaran hoy con su lenguaje de entonces, los octabuelos o decabuelos de los actuales viticultores.

LOS dibujos ha sido realizados por Mintxo Cemillán (**).
Nos vamos a apoyar en dos bloques documentales: los inventarios de las personas fallecidas y los contratos de arrendamientos de haciendas.
Analizando los Inventarios del siglo XVIII (147 documentos, 77 de la primera mitad del siglo y 70 de su segunda mitad) hemos extraído las herramientas que se utilizaban en las tareas agrícolas y de una manera más particular en los viñedos. Estos Inventarios pertenecen a personas de toda escala social, predominando las que tenían hacienda y bienes que inventariar.
El dato cuantitativo nos refuerza la redacción de este artículo, puesto que aparte del número importante de documentos analizados y distribuidos uniformemente a lo largo de toda la centuria, nos aportan los objetos y herramientas más completos y complejos (familias más acomodadas) y los más básicos (presentes entre los jornaleros sin apenas propiedades).

Y SIEMPRE presente la madre Sierra.
Las herramientas utilizadas para el laboreo de los viñedos eran fundamentalmente la hoz de podar, la azada y el azadón. Para plantar el viñedo se utilizaba la «barra de hierro» o «barra de plantar«. El azadón, por su tamaño y la fuerza que se puede ejercer con él, era utilizado para cualquier tipo de excavación, así como el de «hedrar» con intensidad o «echar orillas o cavas». Cuando el trabajo era más superficial, como el propio de «hedrar», se utilizaba la azada.
Se mantenía una tradición antiquísima

VIVIR el tiempo que nos toca, sabiendo que venimos del pasado.
Con poca presencia en los inventarios, sí aparece el «azufrador»; pero no tenemos más referencia en los documentos de la utilidad del azufre para tratar los viñedos. Sí aparece la cal, empleada tanto en la construcción como en tratamiento de plagas en las vides.
La cal se diluía en agua y con una mata de romero o de otra planta se rociaban las hojas de las vides. Creemos que esta práctica era más habitual en el siglo XIX y de escasa aplicación en el siglo anterior, ateniéndonos a los documentos escritos.

AQUEL SOL sigue acompañándonos a viñas y humanos. (Josemi Rodriguez).
Los contratos de arrendamiento hablan menos de las herramientas, pero ofrecen más detalles de las labores que deben observar los arrendatarios. Analizando los 62 contratos de arrendamiento que disponemos de este siglo, la mayoría pertenecen a la segunda mitad del siglo (57), pero por los pocos cambios en los trabajos agrícolas que hubo en este siglo, podemos extender sus aportaciones a todo el siglo, incluso a décadas anteriores y posteriores a él.
Había una tradición antiquísima sobre la plantación, crianza y cultivo del viñedo transmitida de generación en generación. Un aprendizaje condimentado por la enseñanza de los progenitores y con el buen gusto y precisión de cada agricultor; pero no innovaciones importantes como las que hubo en el siglo siguiente.
Lo repiten en varias ocasiones: «como es costumbre», «las habituales»», “labores, las de siempre», «las labores y reparos que sean necesarios de uso, costumbre y estilo del Pays en tiempos buenos y aparentes para ello», «con arreglo en todo a la costumbre que hay«,…

«COMO es costumbre» en la viñas de Rioja Alavesa. (Foto Lorenzo Ugarte).
Podar para criar y hacer durar las cepas
El ciclo anual de la producción de uva, con variaciones motivadas por el tiempo, hace que las labores también tengan un ciclo anual. Repetitivo año tras año y adecuándose a la realidad climatológica de cada momento.
Estas labores son las «precisas y necesarias de cada año: podar, sarmentar, cavar, hedrar, espergurar y echar morgones», » ha de labrar bien y en buen tiempo las citadas viñas que y los plantados dándoles las labores que se acostumbran, como son podar, cabar, espergurar sarmentar, y echar morgones». Labores básicas que se repiten y a las que hay que añadir las de estercolar y echar cavas.

LORENZO Ugarte documentó bien los trabajos a mediados del XX..
Para la poda se utilizaba la hoz de podar. La poda siempre ha sido una de las labores más importantes para criar y hacer durar la cepa, aparte de su influencia en la producción de fruto. Es la primera labor tras la caída de la hoja o las primeras heladas de invierno. Así se refleja en los documentos:
«Podar en los tiempos más oportunos sin esperar a que arrojen, ni embotonen sus sarmientos, haciendo dicha poda con todo arte, sin cargar los pulgares más que lo preciso y necesario”, «habiendo hecho buena poda por consiguiente se ha de dejar las varas y morgones «,… Un contrato de arriendo de 1791 especifica más aún: «…ha de podar dichas viñas como es costumbre sin cargar las cepas, ni dar ojo de más…. a su debido (sic) tiempo a vista de peritos».

Tras la poda viene el sarmentar, que aparece en pocos contratos, pero que es obvio que es un trabajo a realizar puesto que es necesario limpiar el viñedo de ramajes y por otra parte, otro tipo de documentos se especifica el cisco (carbón vegetal hecho con los sarmientos de los viñedos para alimentar los braseros en las casas).
Todas las tareas a «su debido tiempo»
El siguiente trabajo es el de cavar, que se hace con el azadón, puesto que hay que profundizar un poco en la cepa apartando parte de la tierra.

Posteriormente vendrá el hedrar, que es volver a remover la tierra que está al borde del tronco o cepa, acercando más tierra a donde antes se cavó y se apartó de ella. Este trabajo se aprovechaba para limpiar de hierbas lo que había entre cepa y cepa. Para este trabajo se utilizaba poco azadón y mucha azada. Como todo trabajo, necesita dedicación, mimo y buen saber…«cabar y hedrar con aquella perfección que lo general de este pueblo lo hace».
Se matiza continuamente que «hay que cavar y hedrar bien a sus debidos tiempos». No siempre se puede hacer esa labor, puesto que hay días de lluvia o que el suelo está excesivamente húmedo. «La Cava y Yedra se ha de ejecutar en buenos tiempos y concluir dicha cava para el día doce de mayo de cada año y la yedra para el citado día de San Juan de Junio, cuyas labores ha de ser bien ejecutadas y mejores que las que se acostumbra hacer en haciendas que se labran a estajo».

ESTAMPAS como ésta han atravesado todos los tiempos.
Interesante detalle que puede valer para los trabajos del viñedo en nuestros días. Sobre las fechas límite de estas dos labores, en otro contrato se matiza «sobre ocho días de arriba abajo». Tiempos prolongados para estos trabajos, puesto que hay margen hasta que la cepa tenga un desarrollo vegetativo importante y por otra parte el trabajo de la cava es duro.
Hasta nuestros día ha llegado el concepto de que la medida de superficie del viñedo, la «obrada» o el «obrero» corresponde a 200 cepas, lo que tradicionalmente cavaba un jornalero en un día.
Reproducción de la cepa por acodo
Con las cepas que tienen poca altura, a veces poco desarrollo por su juventud o por cualquier otro motivo, hay otra labor parecida a las anteriorees que tiene su nombre propio: «desacollar«. Cavar alrededor de la cepa para desahogarla un poco de la tierra y darle más aireo y vistosidad.

CEPAS de hoy, con el ADN de las cepas del pasado.
También se emplea el término «desocollar»: «han de socollar la viña de trece obradas de Balduengo, la de la Campanilla». Esa tarea era más habitual en los plantados. «Ha de socollar a su costa los plantados y replantarlos»; pero también era necesaria esa labor en cepas bajas: «Ha de desacollar las cepas bajas que hay en las viñas y majuelos todos los años de este arriendo». En otro contrato aparece como una labor a realizar una sola vez en toda la duración del arriendo ( 4, 6 , 8 ó 9 años).
A la par que se realizan las labores anteriores, está la de morgonear. Consiste en lo que hoy llamamos reproducción de la cepa por acodo. Echar un morgón es tomar un sarmiento largo de la cepa próxima y enterrar una parte dejando otra aérea para que por ahí pueda brotar una cepa.

Inicialmente se alimenta de la planta madre y posteriormente también de las raíces que el acodo o morgón habrá echado. El trabajo de morgonear se prevee desde la propia poda, puesto que hay que dejar sin cortar un sarmiento adecuado para ello; e incluso preveer el futuro morgón en las labores de espergura: «…habiendo hecho buena poda por consiguiente se ha de dejar las varas y morgones y se hecharán estos anualmente lo que alcanzasen con todo arte y bastante profundidad«.
Espergura de entonces / Poda en Verde de hoy
Esta labor se debe realizar todos los años donde proceda, para no dejar que la parcela vaya perdiendo cepas productivas: «han de procurar el morgonearlas todos los años».
Cuando la cepa está desarrollando su masa vegetal, se hace la labor de la espergura. Labor que aparece en casi todos los contratos. Hoy en día a esta labor se le llega a denominar poda en verde.

VENDIMIA en Verde… Algo que aquellos no imaginaron.
Y la expresión está bien utilizada, puesto que aparte de fortalecer y encauzar la savia al fruto, también influye en el futuro de la cepa. En un documento hasta se especifica el tiempo ideal para realizar esta labor:
«La espergura que hechas en dichas viñas se haya de hacer con destreza dejando las que conduzcan para rebajar algunas cepas o para criar morgones, lo que se ha de practicar antes de San Juan de Junio». Al igual que otras labores, ésta también hay que hacerla «a su debido tiempo» y en alguna hacienda grande se deduce que se hace con jornaleros. Es una labor que no se puede dilatar mucho en el tiempo.

MUJERES entregadas a conciencia en la vendimia.
De la vendimia apenas se habla en los contratos de arrendamiento; pero utilizando otras fuentes podemos afirmar que para esta labor sí se empleaba la fuerza de los animales. Hasta ahora no se habían utilizado más que para acercar las personas, las herramientas, la manta y el rancho a los viñedos.
La uva se cortaba con una hoz más pequeña que la habitual, denominada «corquete»; así aparece en los inventarios, al igual que la «cesta vendimiadera», donde se iba depositando la uva que se iba cortando. Se llevaba consigo de cepa en cepa, y cuando estaba llena se sacaba hasta donde estaba la «comporta«. También aparece el término «camporta«.

Cuando la «carga» era la unidad de medida
La comporta era un envase troncocónico, un tanto ovalado en su parte más ancha, que se adosaba al lomo del animal. Para realizar bien este transporte se colocaba al animal una «albarda«, una especie de cojín rígido acomodado al cuerpo y espinazo del animal. Sobre esta albarda se colocaba una especie de estructura de palos de madera ensamblados que se acomodaba a la albarda.: «la salma».

BURROS cargados con comportas de uva recién vendimiada.
Las comportas se ataban a la salma por medio de una «soga». Como la comporta es troncocónica, al estar bien sujeta a la salma no se desliza por el peso. Se colocaba una comporta a cada lado del animal, así la carga iba equilibrada y asentada para su transporte. El peso de uva más habitual de la comporta era sobre 92 kilos actuales. Así la cantidad portada por el animal hasta el lago, dos comportas de 92 kilos cada una, se denominaba «carga«; es decir aproximadamente 184 kilos actuales.
La «carga» era la unidad de medida de la uva tanto para referenciar la producción de una viña como para la capacidad de un lago o cubo. Así se sigue aún diciendo que una viña ha producido este año tantas cargas de uva o que la capacidad de un lago es de tantas cargas de uva. La medida más habitual de los lagos era de 100 cargas. Los cubos solían superar esta cantidad, siendo de 140 los más habituales.

En los cálculos de los agricultores estaban establecidas unas derivadas que indicaban la escasa o generosa producción: una obrada es de X cargas o de que de cada carga de uva se obtiene X cántaras de vino. La carga como medida de peso de uva, y la cántara como medida de capacidad de envases y cubas, ha tenido vigencia hasta nuestros días.
El burro, el más popular de los animales
Para el transporte de la uva desde la viña hasta el lago o cubo se utilizaban los animales: burro/a o mulo/a, caballo/yegua. Siendo el más habitual el primero por ser el más popular, económico y fácil de acomodarlo en los bajos de las casas. Las mulas tenían como propietarios a familias más acomodadas que las utilizaban para arar las piezas y realizar transportes más pesados, aparte del propio acarreo de mieses o de comportas.

Una labor no anual que aparece en estos contratos es la del estercolado de la viñas. El estiércol de las cuadras se iba amontonando para utilizarlo en los viñedos cuando hubiera cantidad y en el tiempo oportuno. El propio Ayuntamiento sacaba a remate el estiércol que generaban los ganados que se cobijaban en la Fonda y Mesón municipal.

El estercolado o abonado de las viñas no era una labor anual, pero era conveniente hacerla. «En los cinco años ha de estercolar cinco obradas de viña como se acostumbra y lo hacen los demás vecinos» reza en un contrato de arriendo de Elciego que supera con creces esa cantidad de viñedo. En otro se indica que «ha de estercolar dichas viñas en uno de los dichos años». En otro contrato referente a dos viñas matiza que» ha de estercolar las dos viñas dos veces en el tiempo de dichos nueve años»
La otra labor importante en los viñedos, que no era precisamente para la planta, sino para la parcela, era la de proporcionar a éstas el desahogo de aguas que pudieran estancarse, o realizar pequeños cauces o «cavas» en los aledaños para encauzar los golpes de agua de las tormentas y así conservar en buenas condiciones la tierra de la parcela.

COMPORTAS en Laguardia a mediados del XX. (Lorenzo Ugarte).
El miedo a los aguaceros de las tormentas…
En varios contratos se remarca que es necesario «limpiar algunas cavas y echar orillas si tuviere necesidad «, «la limpia de ríos y contra ríos, cogida de aguas, limpia de estanques, cavas y orillas de dicha viñas para de este modo obear los daños que se puedan originar», «echar algunas cavas para librarlas de algunas aguas a sus debidos tiempos»
El miedo a los aguaceros de las tormentas, con los consiguientes arrastre de tierra, es una constante en todos los documentos, por ello se da tanta importancia a las cavas. Hasta en un caso se ordena «echar cabas de medio de dicha viña para arriba de tres en tres renques».

NUNCA pasa el mismo agua, pero siempre es el Ebro. (Josemi Rodriguez).
Las viñas cercanas al río Ebro y en algunos parajes en concreto, a lo largo de la historia han sufrido las consecuencias de crecidas desbordadas. Ocurrió en el XIX cuando se llevó el puente recién construido (1870) y también hubo desbordamientos y crecidas desmesuradas en siglos anteriores, cuando las aguas arrastraron un barco (que por entonces trasladaba pasajeros entre Elciego y Cenicero) en varias ocasiones.
Así debió suceder en 1775: «la viña de Romaneda ha quedado totalmente perdida y soterrada con la yasa y avenida del río Hebro y la de Balduengo muy deteriorada en cascaja y enarenada por la misma avenida que será muy difícil reparar y la otra imposible».
Haciendas en aumento y no en disminución

EVOCADOR dibujo de Mintxo Cemillán en plena vendimia.
Sobre la plantación de los viñedos por primera vez o reemplazar las faltas que se van originando con el tiempo en los viñedos, también se comenta algo en estos contratos de arriendo. A lo largo del siglo XVIII y más concretamente en su segunda mitad, se convierten muchos terrenos yecos o de piezas de pan en viñedo.
Aumenta la demanda del vino y es más rentable su producción, por lo que se intensifican las plantaciones. En uno de los contratos especifica la cláusula «como también el que haya de plantar y replantar toda tierra que se halle lleca en dichas dos viñas hasta criarlo majuelo». El término «criar» un viñedo es muy ilustrativo, puesto que la vida de un viñedo es mayor que la de una persona y sus cuidados iniciales se podría asemejar al de la cría de cualquier animal. Todos los trabajos van encaminados a que el campo y la hacienda «vayan en aumento y no en disminución y se puedan conservar bien».

UN periodista del s. XXI con una barra de hierro de entonces…
Para introducir la planta en la tierra se utilizaba una pesada barra de hierro no menor de metro y medio de largura, con una terminación en punta, que por el mismo peso y golpeo origina en la tierra un agujero profundo pero de escaso diámetro. Es la barra de plantar. En el agujero realizado con la barra se introduce la planta y se acomoda con tierra. «Los sitios de dichas viñas que no tengan cepas y no se puedan echar morgones, se han de replantar anualmente con los vidadas correspondientes a sus terrenos»
Viñedos para «replantar lo plantado»
También utilizaban para reponer en viñedos, aparte de los morgones donde se pudiera hacer esa labor, planta nueva en las «faltas«, en huecos grandes, algo habitual en las cabezadas de las viñas, «… se ha plantar un poco lo que se ha dejado perder en la cabezada «. El replantar en los huecos siempre ha sido una constante a lo largo de muchas décadas, la viña no puede ir perdiendo cepas y menguar la producción, «ha de replantar y criar a su costa todas las faltas que tienen los majuelos y plantados».

Por eso todas las labores van encaminadas a que los viñedos «se puedan conservar bien y como es debido». Es interesante esta aportación: «y las faltas que tengan donde no se pueda hacer la labor que va expresada se han de replantar o poner barbudas según requiera el terreno para lo cual se podrá valer de las parras dichas de la viña de Carralaguardia o de cualquiera otra que no deje utilidad de viña».
Tradicionalmente se ha comentado que en terrenos arenosos, no fuertes, clavando un sarmiento en la tierra puede originar una nueva planta. Ese sistema se ha llamado «a la española», o «sistema español», seguramente término utilizado en finales del XIX. Pero aquí vemos que plantas jóvenes, llamadas «barbudas» pueden plantarse en viñedo.
Es una constante en los documentos de arrendamientos de viñedos la frase de «replantar lo plantado», lo que nos lleva a la conclusión de que el éxito de las nuevas plantaciones no se acercaba para nada al cien por cien.

Graciano, Moscatel y Maturano
En cuanto a la clase de planta utilizada, nada de ello hablan estos documentos de arrendamiento; pero sí hay algunos detalles en los de los Inventarios. Así por ejemplo en el de 1714 de Fernando Ibáñez de Medrano aparece una «viña maturano de 16 obradas en el término de Pelillo Malo». Este mismo inventario aporta una «viña moscatel de tres obradas en La Campanilla». Otra variedad también muy autóctona de la zona es la de «graciano».
En 1773 Teresa de la Portilla tenía «un graciano en Río Seco que se halla en la cabezada, encima de la regadera». Ya a final del siglo, en 1793, Manuel Rafel de Inés disponía de «una viña de graciano en Carralaguardia».

BIEN pudiera permanecer dormido en un montículo de piedras en el s. XVIII…
Otra aportación importante de estos documentos de arrendamiento es la descripción de los males o maldades que pueden dañar el viñedo. En la mentalidad de la gente de esta época se mezcla lo religioso y las fuerzas sobrenaturales con otros males más habituales que pueden dañar los campos y de los que no era culpable el arrendador, por lo que tenía que hacerse cargo de las consecuencias el propio arrendatario:
«Que aunque sobrevenga (lo que Dios no quiera ni permita) sobre las viñas, tierra y demás efectos que le van arrendados fuego, aire, seca, yelos, piedra, niebla, langosta, aguaducho u otro caso fortuito o infortuito, pensado o no por estéril y malo que sea no por esto ha de dejar de pagar enteramente la renta….»

¿Y EL LEÓN? ¿Dormía, o como los viticultores, estaba bien despierto?
Cómo comportarse con los jornaleros
Como colofón a estas líneas, y extraído también de un documento de arrendamiento, aparecen unas indicaciones que los dueños, dos hermanos clérigos D. Joaquín y D. Ramón Ibáñez Ruiz de Ubago, dan al arrendatario, en este caso más un administrador de la hacienda que un jornalero o trabajador de ella. Le indican por escrito unas orientaciones de cómo debe comportarse él con los jornaleros para la realización de las labores y cuidado de la hacienda.
– Al podar las viñas debe buscar «los podadores necesarios y a ir con ellos a practicar dicho ejercicio”.
– En la espergura» ir como otro tal con los que se ajustaren».

AQUELLAS cestitas de mimbre con sus uvas…
– En la cava a «buscar cuadrilla de peones e inspecionarla, a no ser que ocurra en otra cosa en que emplearlo y salir al campo y venir con los peones».
– “Que en todos los días del año ha de estar pronto de ejecutar lo que sea compatible incluso los días de fiesta».
– En la trasmuda de los vinos debe «estar en la cueva y canilla de las cubas».
– «En las ventas de vino a de él cuando sea preciso y estar en la canilla, llevando cuenta exacta de los vinos y entregando el dinero de cada cuba luego que la venda y suba de la cueba».
– «Hacer los viajes, labores de huerta y otras que se le manden a excepción de cabar, tirar vino, labar cubas ni tirar paja pues de todas estas queda exento».

AQUELLOS cielos siguen otorgando el prodigio de la belleza singular.
– «Todas las noches no estando legítimamemte impedido se ha de presentar ante los dichos Don Joaquín y Don Ramón en su casa para recibir las órdenes que se le diesen».
Las cláusulas del contrato con los hermanos clérigos tienen su recompensa para Silvestre Diez Caballero, el mayoral. Le abonarán «cuatro reales diarios todos los días de cada año, incluso los de fiesta y días perdidos en tres o cuatro plazos de tres a tres meses y además se le ha de dar cuatro fanegas de trigo en cada año por el agosto y se le ha de mantener todos los días de parba, toda la vendimia, encubanza y trasmuda de vinos y en los días que hiciere viaje fuera del Pueblo, como también se le ha de podar, espergurar, cavar y hedrar al dicho Silvestre sin interés alguno como catorce o quince obradas de viña que tiene».
(*) JESÚS Fernández Ibáñez dirige el Blog ElciegoHistorico.
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Muy bonito artículo, muy didáctico. Excelente y trabajada labor de investigación. Muchas gracias, Jesús.
Gracias, Miguel
Qué buen viaje por la historia de aquellos héroes viticultores que fueron asentando las bases de lo que hoy es Rioja Alavesa!
Gracias, Juan
Así que decabuelos, eh!!!!
Me encantaría saber que hicieron los míos. Seguro que fueron agricultores.
Todo sugerente y muy didáctico
Gracias, Jane
Apasionante y de gran interés, tanto textos como dibujos y fotografías.
Zorionak a Jesús y al Blog Rioja Alavesa, un Medio que enamora
Gracias, Karina
Amigo Jesús: La lectura de tu articulo me ha traído recuerdos de los trabajos agrícolas de mi padre en el siglo pasado. Ha habido más innovación en los últimos cincuenta años que durante los siglos XVIII y XIX. Sinceramente agradezco el esfuerzo que te ha supuesto el estudio de tantos documentos para poder presentarnos este testimonio tan valioso de nuestra historia. Traer a hoy nuestro ayer nos sirve para hacer también nuestro el mañana.
Gracias, Antonio
Un artículo muy instructivo y observo que, curiosamente, son muchos los vocablos con los que todavía se mencionan a las diferentes labores en el viñedo en nuestra querida Rioja Alavesa.
El artículo de Jesús Fernández merece la pena ser leído, y encima está muy bien acompañado con los dibujos de Mintxo Cemillán.
Gracias, Fernando
Querido Jesús, gracias por aportarnos toda esa exquisitez de datos y citas textuales sobre los laboreos de las viñas que ocupaban los doce meses del años. En los días de lluvia se sacaban las cuadras, se cortaba leña para las casas y se arreglaban gallineros, pajares, cuadra de cerdos y se aplicaba la basura para abonar especialmente los plantados.
Sorprende la escasa mecanización y el rudimentario utillaje con los sofisticados medios con los que contaban para construir las Iglesias y las casas palacio que seguían construyendo. La mano de obra tenía que ser muy barata.
Otra reflexión es que se hablaba de tener gusto para plantar una viña, marcando diferencias y otra calidad sabiendo dar forma a las cepas: esa expresión me alegra porque se acerca más al término francés de “la taille” en lugar de poda simple.
Gracias, Victoria
Interesante artículo, pone en memoria la cultura de la viña.
Zorionak eta mila esker Jesús, historia erakustea gatik.
Agian «obear»los daños hitzaren jatorria euskera izan daiteke.
Eskerrik asko, Jesus Mari
Gracias Jesús Fernández una vez más por seguir investigando y transmitiendo tantas y tantas cosas y tan interesantes. Gracias a ti nada queda en el olvido…
Una suerte tenerte siempre así de activo por y para la Comarca. Para tu pueblo Elciego, una suerte y un orgullo.
Gracias, Jesús.
Gracias, Jaime
Todo es muy ilustrativo de una realidad social que hoy todavía se mantiene. Pero el escrito-contrato de los poderosos cosecheros y clérigos Ibañez Ruiz de Ubago a su mayoral me parece una joya desde el punto de vista socioeconómico: por cuatro reales diarios las exigencias parece que rayan en la esclavitud, y eso que era un puesto de confianza y que la escena, si Jesús no me corrige, ocurre en la segunda mitad del XVIII, antes de 1780, en una época de esplendor en el sector vitivinícola de Rioja Alavesa. Me gustaría saber la fecha exacta de ese documento tan interesante
Gracias, MIguel
El documento es de 1789, pero va bien encaminado Miguel. Es un documento muy potente. Seguramente se podría sacar un buen artículo encuadrando el momento, los personajes y lo que en él aparece.
Gracias, Jesús
Muchas gracias, Jesús. Haz ese artículo que propones porque el momento y el lugar (Elciego) dan mucho juego, incluso hasta para un libro. 1789 sería un poco como hoy, 2025, un momento muy crítico de excedentes tras un periodo de esplendor extraordinario (1750-1780 y 1995-2008), y la antesala de la revolución genial de Quintano y la Bascogada, como espero que también en breve ocurra algo similar en Rioja Alavesa
Gracias, Miguel
Vaya documento histórico tan interesante, compañero. La historia, las costumbres, el léxico, me han plantado en la misma viña viendo hedrar, dándole al azadón y he sufrido también un poco pensando en si esos ciento y pico kilos de carga no será mucho peso para un pobre burro.
Enhorabuena, Jesús.
Las fotografías me han encantado y los dibujos de Mintxo DE ENAMORAR.
Gracias, Karmele
Querida Karmele, me alegro verte una vez más por estos lares. La viña, el campo era duro, muy duro para las personas y los animales. Cargar una comporta e incluso un comportón (que tiene más peso) entre dos personas, lo he visto muchas veces; incluso tengo una foto entrañable de mi padre en esa labor. Los animales eran más animales aún, pero vivían con esa docilidad y cotidianidad de los trabajos agrícolas. Sin motores, sin prisas, sin productos, sin productividad… mirando al cielo y humildemente aceptando «lo que dios nos da». Un abrazo
Gracias, Jesús