Abr 22, 2024

Propuestas de solución a nuestra crisis vitícola

 

Han ocurrido algunos acontecimientos estas últimas semanas que confirman que la crisis que están padeciendo nuestros viticultores continúa y que no se terminan de concretar soluciones para este subsector de problemática tan diferente a la del resto de los subsectores agrícolas y ganaderos del país.

En este artículo propongo algunas soluciones basadas en el dimensionamiento exacto del problema, en el empoderamiento de los viticultores y en el establecimiento de unas compensaciones económicas por su labor.

Miguel Larreina González. Doctor en Ciencias.

Propuestas de solución a nuestra crisis vitícola

El primer acontecimiento que me interesa destacar es que el Consejo Regulador Rioja ha publicado los resultados del año 2023, constatando que han vuelto a caer las ventas, hasta la debilísima cifra de 238 millones de litros vendidos, casi 50 millones de litros menos que nuestro potencial productivo, con lo que los stocks no dejan de crecer, a pesar de las subvenciones habidas a la destilación y la cosecha en verde. Sin ambages se debería reconocer que esa estrategia no ha dado los resultados esperados y el dinero público no ha llegado a la mayoría de los viticultores.

La segunda cuestión que conviene trasladar a la opinión pública es que en febrero-marzo de 2024 se siguen haciendo algunas operaciones de compra de vino a los agricultores y que las cifras son aún más ruinosas que los años precedentes, en muchos casos entre 9 y 12 euros/ cántara. Lo cierto es la mayoría de las bodegas están pagando la uva y el vino a granel bastante menos que hace treinta o cuarenta años, a pesar de que el costo de producción para los viticultores casi se ha triplicado.

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Como ejemplo de ese incremento de costos de producción, vean cómo la aportación obligatoria al Consejo Regulador de un viticultor medio con 15 hectáreas ha pasado de una media de 135 euros/año en el quinquenio 1995-99 a casi 1.500 euros/año en la actualidad, multiplicándose por once ese costo. No es de extrañar con esos bajos precios de la uva y altos costos que, según EUSTAT de Gobierno Vasco, lleven varios años los habitantes de Rioja Alavesa teniendo la menor renta de Euskadi.

La tercera cuestión para mi reseñable es que siguen las protestas de los agricultores y los huevos tirados al Ministro en Vitoria son solo un episodio más. Y eso a pesar de que la mayoría de los responsables de Agricultura se van reuniendo con casi todos los colectivos afectados, no tanto con los viticultores, y por primera vez desde hace tiempo se ve en muchos políticos una preocupación cierta, un reconocimiento de que no han hecho las cosas bien con los agricultores, incluso se atisba un cambio de actitud.

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Así por ejemplo, en Francia, tras “acorralar” los viticultores en el Salón Internacional de la Agricultura de Paris al Presidente de la República Macron consiguieron hacerle llegar un manifiesto firmado por todas la Denominaciones (AOC) francesas titulado “Señor Presidente: he aquí cómo facilitar la actividad de los Viticultores”, en el que exigen entre otras cosas una simplificación administrativa, una simplificación en las exigencias para contratación de mano de obra eventual y una simplificación de la PAC.

A veces, el “éxito” de la operación se reduce al hecho de ser oídas, que no atendidas ni satisfechas, las reclamaciones de los agricultores, como el anterior ejemplo mencionado de los viticultores franceses. En otro caso se consiguen victorias de imagen, lo que no es poco para un colectivo tan ignorado en los últimos años. Y una de estas victorias simbólicas es la que han conseguido los agricultores catalanes que reclamaban, entre otras muchas cosas, algo tan sencillo y justo como una Consejería específica de Agricultura y Ganadería que atendiera sus problemas.

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En este mismo sentido, me interesa mucho destacar un giro radical de estrategia en el Parlamento de La Rioja, con un Pleno monográfico sobre la crisis vitícola riojana que ya en sí mismo es una buena noticia, entre otras razones, porque igual en Vitoria les imitan y abordan esta peliaguda cuestión de una vez por todas. En dicho Pleno, los socialistas riojanos tuvieron la brillante idea de pedir lo que aquí venimos pidiendo algunos sin éxito desde hace cinco años: la realización de un Plan Estratégico de la Vitivinicultura alavesa.

Hubo más puntos interesantes en ese Pleno del Parlamento de La Rioja, entre ellos el propio discurso del Presidente del Gobierno, con un análisis de la dureza de la crisis que golpea a los viticultores riojanos, poniendo en evidencia la falta de empatía mostrada durante los cuatro años anteriores por el Gobierno de Concha Andreu, y con propuestas voluntariosas y mediáticas como la de poner todo el dinero que hiciera falta para la cosecha en verde a razón de 0,58 euros/kilo de uva, por encima de los 8 millones de euros para más de 2.000 Has.

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En este punto conviene resaltar la escasa incidencia que han tenido durante el año 2023 en la DO Rioja y especialmente en Rioja Alavesa la cosecha en verde y la destilación de vino. Así, respecto a la destilación y a pesar de que en 2023 dispuso Gobierno Vasco de una partida excepcional de 8 millones de euros, solo unas pocas bodegas de Rioja Alavesa han mandado a quemar una cifra que supone el 1% del vino que actualmente duerme en las bodegas alavesas, sobrando más de 5 millones de euros de la subvención prevista.

Igualmente, la cosecha en verde de 2023 fue un fracaso en Rioja Alavesa desde el punto de vista de reducción de excedentes, habiéndose quitado escasamente el 2% de la vendimia potencial, en total unas 265 hectáreas y 0,9 millones de euros de ayuda, más de la mitad quitada por 17 Bodegas y grandes terratenientes (137 Has, con 8 Has de media y 26.000 euros de subvención media), pues los 80 solicitantes restantes apenas han quitado uva en 121 Has, con una media de 1,5 Has y 5.000 euros de subvención media.

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Para que la cosecha en verde cuajara en Rioja Alavesa se debería concentrar la mayor parte de la ayuda en los viticultores profesionales, subiendo la ayuda a 0,85 euros/ kg, rebajando el tope máximo de 10 a 6 Has y destinando, como en La Rioja, unos 8 millones de euros a esta partida para un objetivo de 1.500 hectáreas. No tiene sentido que bodegas que van muy bien económicamente sean las principales beneficiarias de estas ayudas pensadas para paliar la crisis de los viticultores.

Igualmente, la importante ayuda del Gobierno Vasco por la reducción del 10% de la vendimia tinta establecida en 487,5 euros/Ha para las explotaciones menores de 50 Has y con cuantías inferiores para explotaciones mayores, debería concentrar la ayuda global de unos 5,6 millones de euros en los viticultores profesionales de la Comarca y con cuantías superiores (600 euros/Ha), pues no es lógico que bodegas que van muy bien económicamente y que están propiciando los bajos precios de la uva se beneficien de estas ayudas percibiendo del orden de 40.000 euros por sus cien hectáreas de viñedo.

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En todo caso, aunque perfeccionables, son meritorias esa ofertas del Gobierno Vasco y del Gobierno de La Rioja, especialmente de este último por la gran dimensión del viñedo de La Rioja (45.000 hectáreas) en relación con el viñedo alavés (13.000 hectáreas) y porque el gasto para este concepto va a ser enorme para una “pobre” Comunidad de La Rioja de presupuesto modesto (algo menos de 2.000 millones de euros), casi ocho veces inferior al de un País Vasco “rico” con un presupuesto de algo más de 15.000 millones de euros.

Una noticia que me ha hecho muy feliz es la referida al veredicto favorable dictado hace unos días por el Tribunal de Comercio de Burdeos a la denuncia presentada por el vitivinicultor Rémi Lacombe, tras haber vendido 8.500 hectolitros de vino a granel a dos empresas que le pagaron entre 1,20 y 1,30 euros/litro, una cifra significativamente inferior a sus costos de producción, denuncia que evidenció las prácticas abusivas de fijación de precios en la industria del vino aprovechándose de la crisis.

Un elemento central en la argumentación de Lacombe es la Ley Egalim de Francia, equivalente a la española Ley de la Cadena Alimentaria, diseñada para equilibrar las relaciones comerciales en el sector agrícola y alimentario y proteger a los agricultores de prácticas de precios injustas. Y en base a esa norma el Tribunal de Comercio de Burdeos ha condenado a las dos empresas vinateras a pagarle la friolera de 350.000 euros que le habían pagado de menos de los costos de producción.

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Esta sanción supone un plus de 0,40 euros/litro, estimando el Tribunal que el precio justo debía haber sido de 1,70 euros/litro y no 1,30. “Es la primera vez que una jurisdicción dice que hay un precio por debajo del cual no se puede pagar”, resume el abogado del viticultor, viendo en esa sentencia abierta una puerta abierta para todos los agricultores. En Rioja Alavesa, según todos los estudios oficiales sobre costos de producción, ese precio mínimo sería en 2023 algo más bajo que en Medoc, del orden de 1,25 euros/litro (o 0,85 euros/kilo de uva).

Llámenme cándido si quieren pero, ante la ausencia de grandes proyectos, de soluciones globales, de medidas atrevidas, yo no dejo de emocionarme con medidas pequeñas y sencillas, soluciones baratas, como la que proponía hace unos días el Sindicato Agrario Unión de Agricultores y Ganaderos (UAGR) con un slogan de campaña que lo dice todo “Yo apoyo al sector agrario riojano”. ¿Para qué decir más?

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¿Es fácil de imitar una campaña como esa hecha a gran escala en todo el País Vasco promocionando Rioja Alavesa? Creo que sí, pero no se hace. Ahora tímidamente se están poniendo algunos anuncios sin gracia ni garra, casi parece que con pudor por decir “soy de Rioja Alavesa”, pero en un país con más de dos millones de habitantes y casi cinco millones de turistas las campañas deben ser más ambiciosas y agresivas, buscando colocar 20 millones adicionales de botellas del vino alavés. Sin complejos, ni vergüenzas.

Hay calidad y argumentos de sobra para enamorar al enófilo. Lo que ocurre es que llevamos quince años excluyendo al vino alavés de todas las campañas generales de productos agroalimentarios vascos, campañas en las que sí aparece la sidra y el txakoli, pero nuestro vino no. Al parecer, nuestro vino no es susceptible de incluirse en una cesta de productos con la K de Kalitatea o en la campaña AUPA “consuma productos de Euskadi” como en la foto adjunta.

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Antes de entrar en las soluciones concretas que planteo, permítanme una reflexión para que no caigamos en los errores del pasado proponiendo ideas irrealizables o promesas imposibles de cumplir o que dependan de terceros, como en el tema de la usurpación del nombre “Rioja Alavesa” por el Consejo Regulador de Logroño, organismo al que ingenuamente le pedimos que nos lo devuelva “de buena fe”, cuando si algo no ha mostrado hacia Álava ese organismo es “buena fe”.

Por ejemplo, a la hora de buscar soluciones para el sector vitícola alavés tenemos que tener mucho cuidado de “no mezclar churras con merinas”, de no hacer propuestas y estrategias que “disimulen” el vino de Rioja Alavesa mezclándolo con los txakolis, la sidra, la cerveza y otras bebidas bajo el rótulo de “Basque Wine” o cualquier otro, porque estamos hablando de cosas distintas, de intereses diferentes, incluso en muchas ocasiones contrapuestos. Debemos tener siempre muy presentes a los viticultores alaveses.

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Para entender las soluciones que se plantean a continuación hay que partir de la base de que somos un País Vasco “rico” con una diminuta comarca (el 0,6% de la población vasca) afectada por el hecho de que está viviendo una dura crisis su colectivo de viticultores, unos cientos de explotaciones prioritarias que además de producir uva y vino realizan unas funciones extra agrarias no remuneradas relativas al mantenimiento de la ruralidad y a la supervivencia de los pequeños pueblos.

Lo primero que deberíamos hacer de forma rápida es elaborar un Plan Estratégico para los Viticultores y pequeñas bodegas alavesas, pues las grandes bodegas ya tienen su propio plan muy rentable desde hace años. Ese Plan de Salvamento Vitícola que propongo deberá cuantificar el problema y responder con cifras concretas a preguntas sencillas como: ¿cuántos kilos de uva sobran en Rioja Alavesa? ¿cuántos kilos de uva se están mal pagando a los viticultores alaveses?

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¿Cuántos viticultores y cosecheros están afectados por la crisis?¿Cuántas explotaciones vitícolas van a “echar la persiana” en los próximos tres años de seguir la actual coyuntura? ¿Cuántos viticultores y cosecheros están trabajando en peligrosas condiciones de estrés y con maquinaria obsoleta? ¿Cuántos están perdiendo dinero varios años, incrementando su deuda en demasía?

¿Cómo es el estado de ánimo de los viticultores profesionales alaveses? ¿El abandono de la viticultura les supondría a los afectados abandonar la Comarca e irse a Logroño y ciudades vecinas? En definitiva, hay que hablar aquí, con todos los viticultores, pueblo a pueblo, no son muchas las voces a escuchar pues solo quedan unas 600 explotaciones de viticultores profesionales que viven 100% de la viña. Hay que oírlos a todos.

Una vez se conozca la magnitud del problema con cifras concretas y reales, el “Plan de Salvamento Vitícola” debe incluir propuestas concretas como: ¿Arranque fuertemente subvencionado sí o no? ¿Potenciamos ese eufemismo de tirar uva llamado “cosecha en verde”? ¿Ponemos una alcoholera en Álava y producimos bioetanol? ¿Reabrimos la vieja planta de producir mosto de Rioja Alavesa que durante décadas deleitó y alimentó a los niños vascos del siglo XX? ¿Potenciamos la oferta turística de las pequeñas bodegas alavesas?

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Una de esas propuestas concretas debe incluir un Plan Promocional de las pequeñas bodegas alavesas, elaborando una estrategia de valor y reconocimiento por lo local como se ha hecho con el queso Idiazábal, la sidra y especialmente con el txakoli, con el único propósito de trasladar a los dos millones de consumidores vascos y a los cinco millones de turistas una obviedad: el vino de las bodegas familiares alavesas es un producto “nuestro”, de “kilómetro cero”, de calidad garantizada.

Ese Plan podría incluir una “Marca Territorial”, un sello distintivo complementario del estilo de la “marca territorial europea”, que imprima carácter, que signifique calidad, que marque diferencias que, aprovechándose del prestigio del vino, vendiera otros conceptos anexos (naturaleza, biodiversidad, cultura, gastronomía, salud,…) y el conjunto de alimentos de Álava (patata, aceite, vino, txacolí, sidra, mosto, queso, pan, alubias, sal,) con un sello del estilo de “Araba Food Quality ”.

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Cualquiera que fueran las soluciones que se aborden por los redactores de ese Plan de Salvamento del Viticultor Alavés, deben hacerse desde la consigna “Viticultor first” pues desde hace unos quince años a los viticultores alaveses se les ha excluido de los grandes centros de decisión agraria, a pesar de conformar el más importante colectivo de agricultores profesionales de Euskadi, el principal si hablamos de explotaciones prioritarias o de agricultura familiar o de mantenimiento del medio ambiente o de lucha contra el cambio climático, …

A pesar de todo eso, a pesar de ser los viticultores los creadores del paisaje más generador de riqueza en el mundo rural vasco, a pesar de ser los guardianes de una Comarca que mantiene una riqueza turística importante, no se les ve en las reuniones de la Mesa Consultiva Nacional Agraria, ni en el Parlamento o Gobierno, ni en Diputación o en Juntas Generales, ni en la presidencia de los cinco sindicatos agrarios vascos, ni en la Mesa del Cambio Climático, ni en las Mesas de Desarrollo Rural o de reparto de ayudas de la UE.

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Eso debe cambiar inmediatamente, no se puede seguir relegando a los viticultores a un papel secundario. Los viticultores deben ir con su gran peso específico a todos los centros de decisión agropecuaria, máxime a los que se aborda su futuro o se reparten los dineros. La Euskadi agraria cantábrica y la Euskadi agraria mediterránea están a unos 150 kilómetros de distancia, pero a “años luz” de distancia psicológica. Los responsables políticos del agro vasco deben ser conscientes de esa dualidad y buscar un punto equidistante de ambas problemáticas, el Cantábrico y el Ebro.

No se puede llevar la viticultura desde San Sebastián o Derio, como no se puede llevar la problemática de los baserris desde Oyón. Hoy los cinco presidentes de los sindicatos agrarios vascos (EHNE Bizkaia y Gipuzkoa, ENBA Bizkaia y Gipuzkoa, UAGA Araba) están vinculados a la ganadería, representan la problemática del País Vasco cantábrico y malamente pueden defender la problemática singular del País Vasco mediterráneo.

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Los responsables políticos deben compensar ese desequilibrio, esos intereses muchas veces contrapuestos. Tal vez podría ser interesante estructurar una Mesa Vitícola para abordar los problemas y proponer soluciones concretas y realistas. Sin duda ese Plan o esa Mesa Vitícola o cualquier iniciativa que suponga el empoderamiento del viticultor alavés por parte de nuestras autoridades agrarias supondrá un replanteamiento de la política de ayudas a este colectivo.

Respecto a las ayudas agrarias, en primer lugar me quiero referir a las ayudas oficiales de la UE vinculadas a la PAC 2023-27 que mima muy especialmente el modelo de agricultura familiar que los viticultores representan igual o mejor que ningún otro colectivo. Sin embargo, de los 65 millones de euros que llegan anualmente por esta vía al agro y la industria agroalimentaria vasca, (grandes y medianas bodegas principalmente) habitualmente les llega una cantidad muy muy pequeña a los viticultores y cosecheros.

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Esta desigualdad en el reparto de las ayudas UE exige invertir los criterios imperantes que se gestaron a finales de los años noventa, en plena euforia de la viticultura alavesa. Por entonces, con la uva a 1-2 euros/kg y la cántara a 30-60 euros, el pastel de las ayudas era una minucia despreciable para el viticultor alavés; en el último lustro, con la uva a 0,6-0,8 euros, las ayudas europeas se han convertido en un factor esencial de supervivencia de las explotaciones vitícolas.

Pero si de ese gran pastel de 65 millones de euros que cada año llega de Bruselas al agro vasco resultara muy difícil desviar de forma permanente y no coyuntural unos cuantos millones de euros para viticultores y cosecheros por estar ya perfectamente repartido en otros subsectores, nos quedaría otra fuente de dinero de la que podríamos echar mano: esos 15.000 millones de euros de los que anualmente dispone Gobierno Vasco en su presupuesto.

Si de esos 15.000 millones sólo se destinara el 0,2% a ayudas directas a agricultores y ganaderos profesionales en concepto de remuneración por mantenimiento del medio rural, todos se salvarían. ¿Podemos arañar los urbanitas un 0,2% del presupuesto para sostener nuestra agricultura y nuestra ruralidad en momentos de crisis?

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Hemos llegado a tal punto crítico que me pregunto si no deberíamos incluir a esos pocas miles de familias de agricultores y ganaderos vascos que trabajan a pérdidas en esa lista de 35.000 familias que perciben un total de 600 millones de euros por la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) o/y el Ingreso Mínimo Vital (IMV). Con esa ayuda extra de unos 9 millones de euros/año salvábamos a todos los viticultores profesionales en apuros.

 

CONTINUARÁ.

14 respuestas a “Propuestas de solución a nuestra crisis vitícola”

  1. Begoña Tudela dice:

    El solo hecho de buscar salidas al momento actual de crisis en el mundo del vino ya me parece memorable. Digno de alabanza. Veo que, además, ofreces un camino a seguir para el nuevo gobierno vasco que salga de las urnas. Y para el resto de instituciones de aquí y de allá. Digno de elogio, Miguel Larreina. Eskerrik asko por tu tarea en pro de los viticultor@s alavesxs.

  2. Leyendo el artículo de Miguel, he recordado una opinión que no recuerdo de quien era y que en circunstancias especiales, como es el momento actual del Sector vitivinícola de la Comarca, me gustó y aunque puede ser un poco excesivo, creo que nos debe hacer pensar.
    La frase en cuestión es la siguiente: «En tiempos de crisis los inteligentes buscan oportunidades y soluciones, mientras los mediocres buscan excusas y culpables».
    Así que no perdamos el tiempo, y más pronto que tarde, Administración y sector vitivinícola de la Comarca, que considero inteligentes, deben ponerse a estudiar y trabajar sobre un Plan Estratégico, especialmente para viticultores y pequeñas bodegas, los grandes sufridores de esta crisis.
    Un Plan directo, sin ampulosidades, trabajado, discutiendo con calma, sin grandes titulares, y sí muy efectivo y realista.
    Si estamos dispuesto, se puede. Tenemos mimbres para hacer el cesto.

  3. Antonio Mijangos Martínez dice:

    Miguel: he leído con mucho interés tu escrito. Siempre reflexionando con los pies en el suelo, no en la estratosfera. Si he entendido bien, propones un estudio a pie de terrón de tierra de la realidad de nuestra Rioja Alavesa. Fundamental si no se conoce la enfermedad en toda su extensión, no se pueden poner remedios. Segundo: Buscar remedios eficaces y duraderos no simplemente calmantes y paliativos. Tercero: Hacer una oferta clara de “lo nuestro” y exigir que no la marginen. Cuarto: Pedir a los organismos no una actitud de hada madrina que trae el regalito bajo el brazo, sino diálogo constructivo. No queremos que nos lo den hecho, sino hacerlo juntos.
    Yo añadiría un quinto punto: Llevamos años con una campaña en contra del consumo de vino como perjudicial para la salud. Y ha hecho mucho daño. Los responsables, entre ellos el Consejo Regulador, deben presentar el consumo moderado de vino como algo saludable. Nada hacemos con subvencionar algo que hemos proclamado como nocivo. Muchas gracias, Miguel, por tu valiosa aportación.

  4. Miguel Larreina dice:

    Gracias por vuestras aportaciones. Resaltáis del artículo la necesidad de un Plan Vitícola Alavés, creo que en ese punto coincidiría toda la Comarca. Dicho Plan no se ha realizado desde el año 2011, bajo el gobierno de Patxi López, pero desde entonces ha llovido lo suyo, han pasado acontecimientos, catástrofes, crisis económicas y vitícolas, pero, sin embargo, tras arrumbar los nuevos gobernantes aquel Plan, no se ha redactado ni un folio oficial sobre la situación de nuestros viticultores. Eso no puede seguir así, los nuevos gobernantes deben realizar inmediatamente ese Plan Vitícola Alavés que en esta coyuntura de crisis bien pudiera titularse Plan de Salvamento del Viticultor Alavés.

  5. Francisco Mtz de Cañas dice:

    Aunque tarde, deseo hacer mi aportación al artículo de Miguel. Estoy de acuerdo en la necesidad de realizar un Plan Vitícola Alavés, si bien mantengo mis serias dudas sobre sus resultados, pues ello depende mucho de la voluntad de los gobernantes y hasta la fecha (es mi opinión) no se ha demostrado esa voluntad por el Gobierno Vasco. Por otra parte señalar que su elaboración, equipo redactor, tramitación, exposiciones públicas, plazos, hasta su aprobación definitiva resultaría lenta, farragoso y con la burocracia existente conllevaría un tiempo enorme hasta su entrada en vigor y ejecución.

    Los viticultores/as y pequeñas bodegas de Rioja Alavesa no pueden esperar más, necesitan soluciones ya.

  6. Miguel Larreina dice:

    Coincido con tu apreciación, Francisco. ¡¡¡Soluciones viticolas ya !!!

  7. Jesus Mari Eizmendi Zialzeta dice:

    Buen análisis y propuestas innovadoras.
    Zorionak zuri.

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