
FOTOGRAFÍAS de Josemi Rodriguez Martinez.
No hay palabras que transcribir, solo una antigua comunión sellada por el silencio eterno.
El pueblo de Elvillar, con sus tejados ocres, las calles dormidas, el templo vigía elevado a las alturas, y sus luces de Navidad exhala un suspiro tras la jornada otoñal. Sus diminutas luces son puntos de un monólogo íntimo que la Luna escucha desde las alturas. Veinte plegarias, doce balances del año, ocho sueños en sus depósitos de vino…
Susurro de mensajes que cuentan discretamente al astro de la noche las dificultades de cada día.

La Luna derrama una suave luz sobre la aldea bañando cada rincón con una pátina de ensueño, mientras que las casas reunidas le ofrecen sus secretos más personales… Un viñedo de historias calladas.
En ese cruce de intensas miradas el tiempo se detiene.
Es el abrazo silencioso entre la tierra que descansa y el cielo que la asiste, un pacto ancestral que se renueva en noches de luna, mientras el dolmen de la Hechicera, mudo testigo desde la prehistoria, exhala un suspiro milenario.
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Preciosa descripción poética de la relación entre Elvillar y su Luna.
Gracias, Javier
Periodismo poético en estado puro. Poesía asociada al vino, la naturaleza, el mundo rural y los vitivinicultores.
Zorionak beti!
Eskerrik asko, Kerman
Wow, qué pasada!
Me encanta el texto y las fotos
Gracias, Txiki
Deskribapen ederra eta hunkigarria.
Mila esker.
Eskerrik asko, Jesus Mari
Me reconforta saber que alguien nos escucha en el cielo
Gracias, Daniela
Es la maga de la noche. A través de ella nos mirábamos mi novio, luego mi marido, y yo cuando estábamos muy lejos el uno del otro. Era bonito pensar que buscándola a ella a la misma hora, encontraba los ojos de mi chico haciendo lo propio
Gracias, Leonor
El Sol y la Luna siempre han estado ligados al mundo mágico de la Humanidad.
La Luna acompaña al amor, la poesía, la intriga, la serenidad.
De la mano de Josemi y de Julio, Elvillar ha encontrado una compañera protectora, una visión nocturna de ver cómo discurre el mundo al abrigo de su luminosidad.
Procuremos no apagarla nunca.
Gracias, Alberto
Julio, cielo y tierra pasarán, pero el maridaje entre la Luna y el paisaje riojano alavés es eterno.
Y enriquecedor.
Gracias, Antonio