
Siendo niño, con ocho años, pasé un verano en Elciego. Mis mayores pensaban que el paisaje de Rioja Alavesa ayudaba a curar el asma. Era muy común en Euskadi creer que su sol y su aire sanan.
Aquel verano salí de Oñati y al llegar a Elciego tuve una nueva sensación. Después, al contemplar aquellos viñedos, me sentí parte de otro mundo. Años después, con 12 de edad, mi familia vino a vivir a Vitoria. Desde entonces mantengo una relación muy cercana con Rioja Alavesa.
Vivir de la tierra es un reto cuando parece que el mundo va por otro lado. Esa proximidad del Viñedo y del Vino es algo muy especial. Diría que esta es una tierra muy afortunada.
En Oñati, mi pueblo, tenemos el monte Aloña que hace de linde entre Gipuzkoa y Araba. Hay una divisoria de aguas: las que viajan hacia el norte van hacia el Cantábrico, y las que van hacia el sur llegan hasta el río Ebro. Contemplo ese monte y veo un lugar de encuentro. Nunca una frontera.
Ese es el papel de la música. Una música con letras en euskera para que se escuche y se cante en todas partes. Un sol y un aire. Una música que nos sane.
Ruper Ordorika es cantautor (cantará en Oion el próximo 21 de septiembre)
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