Feb 15, 2017

El Nobel del hambriento

El Nobel del hambriento, por Antonio Alvárez Solís

EL AUTOR de este Viñedo de Palabras reflexiona sobre un hecho que publicamos hace 3 meses.

Crimen es un sustantivo demasiado fuerte, pero de lo que haré mención ahora es un crimen, una injusticia profunda, un atentado a la vida. Millones de seres pasan hambre extrema, muchos de ellos mueren, y desde la cumbre de los poderes se dispone cada año la destrucción de alimentos para evitar un posible abaratamiento de esas “mercancías”.

Se derrama la leche, se quema el café, se limita la cosecha de múltiples frutos, se bloquea el comercio para evitar las llamadas guerras comerciales, que en su tiempo eran alentadas con presión creadora del Capitalismo. Y el número de los hambrientos crece. Y se organizan campañas de ayuda mientras que bastaría una simple distribución de lo que se destruye. Una distribución que colaboraría a mantener sana la maldita competencia.

Millones de uvas tiradas.

RACIMOS excelentes, sanos, turgentes, morados, aromáticos, dulces… por los suelos.

Hace poco vi la fotografía de decenas de millones de racimos de uva pudriéndose en el suelo de espléndidos viñedos alaveses. En alguna reunión de talentos alguien dispuso ese atentado, supongo que para conservar precios. Vi a modestos campesinos y bodegueros llorando junto a la uva asesinada. Al mismo tiempo, otra fotografía me mostraba los rostros de niños emigrantes llorando de hambre.

Pensé que había que crear el Nobel del Hambriento. Un Nobel que recibiría un niño antes de morir de hambre. Hoy la retórica me ha salido redonda.

 

Antonio Álvarez-Solís.  Periodista y Escritor.

 

8 respuestas a “El Nobel del hambriento”

  1. Gracias Antonio por enseñarnos a ser más sensibles, más solidarios.

    Como bien dices, este es un tema de fácil solución, sólo hay que organizarse. Por ejemplo, recordando ese excelente Mosto Palacio que durante décadas se elaboraba en Laguardia, no hubiera sido ni difícil ni caro para los que organizaron este despilfarro que pensar en dirigir esos millones de kilos Rioja excedentarios hacia la producción de mosto.

  2. Juan dice:

    Disculpe señor Solis, entiendo que una cosa es lo que el primer mundo desperdicia para que su mercado sea productivo y otro bien distinta es lo que un hambriento necesita para recibir nada menos que una buena hogaza de pan, imagínese un premio por morir.
    No comprendo su retórica redonda.

    • Blog Rioja Alavesa dice:

      Gracias, Juan, por una discrepancia tan respetuosa. La ironía puede ser un arma de doble filo, a veces no se entiende. En otras ocasiones confronta la realidad abiertamente, dejándola desnuda. Cristalina denuncia la de Antonio. Así nos lo parece. Es un arma que utiliza Álvarez-Solís para defenderse de este mundo absurdo que, en tantas ocasiones, no sabe ni a dónde va. Si la retórica es el conjunto de reglas que se refieren al arte de hablar o escribir de forma elegante con el fin de conmover o persuadir, a nosotros Antonio nos conmovió. Saludos cordiales.

  3. Lea Madariaga dice:

    Como siempre Antonio es certero, elegante, profundo…..y siempre cerca del sentir y palpitar de la sociedad vasca. Eskerrik asko Antonio!

  4. Alberto dice:

    Mis felicitaciones para Antonio Álvarez-Solís. Zorionak por su texto!

    El día en que ESADE ( Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas) y en sitos parecidos se enseñe algo distinto al dividendo, productividad, etc, etc… tal vez veamos a luz.
    Y quizás nosotros, a nuestro pequeño nivel, podamos mirarnos en otros referentes, esos que son definidos como ilusos, utópicos, soñadores…

    A lo mejor entonces no sobra nada

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