
«TRABÁJALA, ámala. El mejor vino nace en la viña», decía el padre de Ignacio.
Los viñedos están inactivos, dormidos, en letargo invernal, en parada vegetativa. Esta es la época de poda, días para darle forma a la cepa, regular su producción, controlar el crecimiento futuro de la vid, mantenerla sana y con el vigor correcto en el año venidero.
«El mejor vino nace en la viña, trabájala, cuídala, ámala», decía mi padre.
Ignacio Gil Orive*
Recuerdo cuando mi padre me enseñó a podar hace unos cuantos años, cuando tenía 16. Fuimos a un viñedo de blanco (es el viñedo más fácil para empezar) y lo primero que me dijo fue: “Antes de empezar a hacer nada tienes que conocer la viña, cómo es, cómo está, qué año ha pasado, su historia…”

IGNACIO podando en una de sus viñas de Labastida… donde él parece otra cepa enraizada.
“Cada cepa tiene su poda y hay que saberlo hacer -siguió mi padre-, solo así podrás hacer buena labor. Además de esto, ten en cuenta que la poda es la labor más importante del año. Marcarás su desarrollo, su producción, su futuro, y con ello sus uvas. Así que estate atento y aprende; pues aunque no lo creas, hay gente que lleva podando muchos años y no saben podar”.
Me quedé callado… y pensé para mí: “Padre es un exagerado”.
Mas con el tiempo he comprendido que tenía toda la razón. Toda. Poco a poco, con horas de enseñanza, todo se aprende… y con alguna bronca que otra.

SANTIAGO, el padre de Ignacio, con una azada en lo que hoy es la viña de ‘San Ginés el Viejo’.
La verdad es que la poda es muy entretenida, cada cepa es un puzzle a resolver, qué quitas, qué dejas… de qué forma… La verdad es que hoy en día disfruto podando las cepas.
Me gusta podar en enero y febrero porque creo que son los mejores meses. Una época de mucho frío, de heladas, de agua y nieve… ¡Pero esto es así, y en esto andamos!

«¡ESTO es así, y en esto andamos!».
Durante la poda, en esa temporada larga en el campo, entre viñedos, vas pensando el año que nos espera, piensas en el futuro y en el pasado. Piensas cómo será el año, deseas que venga bien, que no haya catástrofe alguna, que llueva lo suficiente, que haga calor, etc., etc.
Los años difíciles la viña lo pasa mal, y el agricultor también, así que esperemos un año tranquilo en lo meteorológico… Del resto se encarga nuestro maravilloso viñedo y las sabias manos que lo cuidan.
*Vitivinicultor de Labastida, de Bodegas Mitarte.
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Da gusto ver a gente como Ignacio con la lección bien aprendida de su padre y maestro en lo que a la poda se refiere. Y que una labor que resultó pesada para él sea ahora entretenida. Es algo muy bonito y dice mucho a favor del vitivinicultor y de las viñas. Que sea un buen año para la viña y para el agricultor, que sea clemente la meteorología para ambos.
Muy graciosas por cierto las camisetas.
Muchas gracias, Karmele. Veo que no pierdes detalle. Qué buena lectora del Blog, que comentarista de lujo. Un abrazo!
Infinidad de veces fui tras los hombres que podaban. Desde niña, ya que en casa se vivía de la agricultura y todos hacíamos lo que podíamos, tras los podadores, íbamos recogiendo los sarmientos, que uníamos en pañetas y se quemaban en una gran fogata. Cuando todavía no utilizábamos estufas eléctricas, estos sarmientos se utilizaban en braseros para calentar el invierno.
En esa gran fogata, cuando el sarmiento llegaba al estado de carbonizado, se apagaba con agua, sólo la justa para que no se volviera a reanimar el fuego, luego se iban abriendo en montones para que se enfriara. Cuando ya estaba frío se guardaba en sacos, y con ello a modo de carbón, nos calentábamos con los braseros bajo la mesa camilla, y una copa de vino encima. Un abrazo desde el Sur.
Muchas gracias, Sole Raya. Al leerte sube la temperatura. Si aquellos largos brazos de las cepas calentaban el invierno, en el Sur. Tus palabras calientan recuerdos en tiempos de poda. Qué hermoso ese recuerdo donde aún se escuchan latir infinidad de tertulias, llenas de cordialidad y risas cercanas que, como no podía ser de otra forma, se nutrían de una copa de vino. Y quien dice una copa, dice dos, para calentar esa Andalucía que hoy, con nombre de mujer, ha llenado las plazas de lucha por una igualdad que caldea nuestros sueños. Saludos y Sarmientos, que aún hay mucho por hacer, y todo es posible.
Tallar que dicen los franceses: dar forma a la cepa.
En Rioja Alavesa hemos sido más cuidadosos con este tema, especialmente cuando cuidábamos la calidad y limitábamos la cantidad de uva.
Muchas gracias, Victoria Cañas, por este apunte. Saludos cordiales!
«…cuidala, ámala «. Qué sabio y hermoso consejo de Santiago! De los cien mil Santiagos que en Rioja Alavesa han sido y han trasmitido a sus hijos lo que les enseñaron sus padres. Esa es una de las claves del éxito de esta comarca, esa milenaria transmisión de conocimientos de padres a hijos. Otra clave es esa bella y vieja cepa que tan bien recoge la cámara en este estupendo artículo de Ignacio.
Muchas gracias, Miguel Larreina… por esa milenaria transmisión de generación en generación que subrayas. Salud!