Ago 09, 2016

El viñedo sufragó la ermita de la Virgen de Elciego

La Construcción de la ermita de la Virgen de la Plaza en Elciego (1763-1765), una iniciativa del pueblo basada económicamente en sus viñedos.

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LA ERMITA en una fotografía de principios del siglo XX, cuando sumaba más de 13o años.

Corría el año de 1761 y los vecinos de Elciego veían con preocupación cómo su ermita de la Virgen de la Plaza amenazaba ruina, por lo que determinaron que la efigie de su Patrona fuera trasladada a un lugar más seguro como era la Iglesia Parroquial. La devoción popular a la Virgen, representada en esa imagen del siglo XIV, movió los corazones y las economías personales para construir un nuevo templo a su patrona.

La cosecha de 1762 fue mala, casi la mitad que recogida en los años anteriores; por lo que las posibilidades económicas de la población estaban también menguadas ese año. Al siguiente (1763) se organizaron los vecinos con su Ayuntamiento y nombraron tres Comisionados para dirigir las obras y la financiación de la nueva Basílica: Juan Prudencio Sáenz de Navarrete, Juan José Ramírez de la Peciña y Francisco Xavier de Zárate y Vicuña.

Estos Comisionados se encargaron de la contrata de los canteros, de la supervisión de las obras, de los materiales, de la ornamentación interior… y lo más importante: de la recaudación de dineros para la ejecución de la obra, calculada en tres mil ducados de vellón ( 33.000 reales.)

Ermita-principios-XX

«LOS MÁS HUMILDES pusieron al servicio del templo sus dos, tres o cuatro obradas de viña».

Los dineros se obtuvieron distintas fuentes:

Recaudación entre el vecindario, donde 14 vecinos aportaron directamente 315 reales y otros 45 se comprometieron a dar 401 reales cada año que durase la obra.

Los vecinos se comprometieron a que por cada carga de uva que recogieran en sus viñas,  comenzando por éste de 1763, dieran medio real para la construcción de la ermita mientras durasen las obras. Merece la pena aportar el dato de que quince viudas, propietarias de viñedos,  no quisieron quedarse al margen de la iniciativa y se comprometieron en un documento a aportar el medio real por cada carga de uva de sus viñedos.

Las heces de los vinos, utilizadas para la elaboración del aguardiente y actividad que sacaba a remate cada año el propio Ayuntamiento. Se decidió que el valor de este remate (1.150 reales) anuales se destinase a la construcción de la Basílica mientras durasen las obras

Los otros remates municipales de la Taberna, Correduría de vinos, Barco, Horno, Molino y Mesón se dedicaron para la construcción de la ermita.

El dinero no era suficiente, por lo que tuvieron que recurrir a un censo. Para ello los vecinos hipotecaron su valor material con continuidad en el tiempo: las viñas. Empezó el Ayuntamiento hipotecando  la  mayor de toda la jurisdicción: el Encinal, con 200 obradas de viñedo. Noventa y dos vecinos pusieron casi mil obradas de viña para refrendar el dinero del censo contraído con el Convento de Santa Clara de Vitoria: mil ducados de vellón ( 11.000 reales) pagados a 192 reales y medio cada año. Las dimensiones de los viñedos denotaban el nivel social de los propietarios. Ocho vecinos aportaron 270 obradas de viña (el 37 % del total).

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EL AUTOR del artículo, Jesús Fernández Ibáñez, interviene en la Fiesta de la Vendimia 2015 delante de la ermita de la Virgen de la Plaza de Elciego.

La población más humilde, puso al servicio de la construcción del templo sus dos, tres o cuatro obradas de viña que les proporcionaba vino para su consumo.   No está de más recordar que la obrada era la medida de superficie utilizada en las viñas que acogía 200 cepas.

En Junio de 1765 se terminó la obra de cantería realizada por el cantero José de Arisita,  ayudado por Bernardino Ruiz de Azcárraga, ambos residentes en Cenicero. Tuvo un coste total de 24.600 reales (2.236 ducados).

La ermita de la Virgen de la Plaza, ubicada en el centro de la Villa y mirándose continuamente con la Casa Consistorial, es un testimonio más de la relación de sus habitantes con la tierra y el viñedo. Sus piedras fueron extraídas de las entrañas de sus campos al igual que sus cepas profundizaban con sus raíces extrayendo los mejores aromas para sus frutos y sus vinos. Estos viñedos, prolongados en el tiempo y alimentados con los trabajos y cuidados de sus habitantes, fueron los que garantizaron los frutos materiales para poder sustentar los proyectos más importantes del pueblo.

 Jesús Fernández Ibáñez.

2 respuestas a “El viñedo sufragó la ermita de la Virgen de Elciego”

  1. karmele dice:

    Muy bonita historia, Jesús. Es una ermita preciosa

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