
ELENA Corzana en una de sus viñas, en Navarrete.
“¿Tú de quién eres, chiguita?”, le han preguntado cientos de veces. A lo que contestaba con orgullo “soy la hija del relojero”.
Ingeniera agrícola, enóloga, viticultora y sumiller, la hija de Paco el relojero ha aprovechado el tiempo para vivir sus inquietudes en diferentes bodegas del mundo en Chile, Nueva Zelanda o Sudáfrica… si bien todo había comenzado hace veinte años en Samaniego, en la bodega del insigne Fernando Remírez de Ganuza.
Hoy podemos decir que su buena formación profesional, un sinfín de experiencias y la semilla de un nuevo sueño le han traído de la mano hasta su bodeguita de Navarrete.

Así la llama ella. “La Bodeguita”. Un canto a lo pequeño. El esplendor de lo diminuto. Elena es la artesana que no quiere crecer. Su camino estaría trazado por el devenir de sus tres fanegas de viña y poco más.
Parafraseando a Shakespeare, enamorada de su existencia vitivinícola la Corzana podría estar limitada a una cáscara de nuez y sentirse la dueña de un espacio infinito. El espacio que habita en su anhelo, pura artesanía moldeada por sus manos con la dimensión del alma humana.

“Me pillas en un momento de mi vida en el que por fin me estoy expresando como soy”, revela.
.- En el que eres más Elena Corzana que nunca.
Fíjate en qué momento: ayer mismo recogí la chapa del Consejo Regulador que me acredita como bodega de Rioja, y estos días estoy trayendo mi vino de otra bodega, donde lo tenía, hasta mi bodeguita.

Me he ido construyendo a mí misma interiormente, viajando mucho, trabajando en diferentes países, viviendo cinco años en Madrid. Siempre he sido muy inquieta, queriendo conocer otras culturas. Es ahora cuando me expreso desde mi origen en Navarrete.
Sin pretenderlo, quizá sin percatarse de ello, en nuestra conversación Elena transmite sus conocimientos de una manera didáctica. Habla de viñas muy mimadas donde ahora pasa una parte de su vida. “Esos ratos en la viña me dan para pensar y repensar las cosas”.
Veinte años de profesión

CON la chapa de Rioja recién recogida en el Consejo Regulador.
También comenta las últimas añadas. “La del 22 está más hecha, tiene más fruta, más golosura, mi idea es sacarla este verano, mientras que a la del 21 la dejaré de guarda, porque es más vertical”.
Diría que está aportando mucho y bueno a la nueva Rioja, llevando a cabo con su ejemplo una revolución tranquila y sencilla de la que me vienen hablando otros desde hace tiempo. No lo pretende, pero define un nuevo camino.
Son ya veinte años de profesión en el mundo del vino, más los estudios o las experiencias vitícolas en varios continentes. Hoy lleva del brazo la viticultura y la enología de su bodeguita, a la vez que ayuda a elaborar los vinos de otra bodega de El Bierzo.

Esta es una conversación en tres espacios. Para empezar nos hemos venido a la viña Las Encinillas, situada a un kilómetro de Navarrete, donde hace diez años plantó Maturana tinta, o Navarreteña, en una tierra que heredó de su madre.
Rodeados como estamos de viñedos viejos que tienen en sus cepas uvas de Viura y Tempranillo, desde esta finca certificada en ecológico, se puede ver la torre de la iglesia en la cercana lejanía.


Después de haber rotado por Australia, Nueva Zelanda, Chile, China, Rusia o Sudáfrica, la Corzana vive con tanta entrega su historia, que bien podríamos hablar de una vida volcada por fin en su tierra, en las viñas que ha plantado con sus manos en Navarrete.
Recorrer el mundo para volver a los orígenes
Antes de llegarnos hasta la viña, hemos estado en su recién estrenada bodeguita, hoy reconvertida en un acogedor templo del vino, un espacio humilde que en el pasado fue la cuadra de vacas del abuelo.
Hasta llegar aquí, volviendo a su tierra de origen, ha recorrido el mundo. Se ha “construido interiormente”, para acabar en su tierra cantando las raíces.

Las Encinillas es la primera viña visitada, a la que ella ha rebautizado como Las Manecillas, relacionando su existencia con el hecho de ser la hija del relojero de Navarrete.
.- Me decías viniendo en tu coche que este terreno transformado en viña lo heredaste de tu madre.
De mi madre Ana Mari. Las viñas eran de mi abuelo Agapito, que murió hace dos años, con 97, después de una larga vida. Nosotros somos cinco nietos, y los cinco íbamos con él en el tractor. Cada cual tenía su sitio.

ELENA de niña con su hermano Borja, en el tractor del abuelo.
A mí me encantaba ir a la viña con él. Los fines de semana y todo el verano lo pasábamos aquí en casa del abuelo. Por esa razón me gusta la viña, por esa razón estudié ingeniería agrícola en Logroño.

LA IMPORTANCIA de sus abuelos, Piedad y Agapito.
«Me enganchó el mundo del vino»
.- Así se trenza la vida.
En el último curso me enamoré de dos asignaturas, una de ellas fue Viticultura, que la impartió el profesor Juan Carlos Sancha. Luego seguí estudiando Enología, una manera de continuar con la Viticultura. Fue así como me enganchó el mundo del vino para siempre.
.- El abuelo, las viñas, la universidad, bodegas del mundo, tu propia bodega…

OON Sancha el pasado viernes en una conferencia sobre las Maturanas.
Ahora mismo lo bonito es que en mi trabajo estoy uniendo viticultura y enología.
.- Esta viña la plantaste con Maturana tinta de Navarrete.
Es una variedad que se redescubrió aquí en Navarrete hace 30 años. En el año 89 o 90 Juan Carlos Sancha y Martínez de Toda, los dos profesores míos, empezaron con un proyecto de biodiversidad. En esa época todo el mundo estaba arrancando viñedo y plantando Tempranillo.
Ellos encontraron un viñedo con 35 cepas de una variedad distinta que resultó ser Maturana tinta de Navarrete. Igualmente en la finca de mi primo Chano encontraron la Maturana blanca, a la que toda la vida la hemos llamado Ribadavia, la que en Labastida llaman Maturano.

La variedad que lleva en Rioja 400 años
.- ¡Qué historia la de las variedades de uva!
La blanca de Maturana, la Ribadavia, es de las más antiguas, que lleva aquí en Rioja por lo menos desde 1621, que tengamos constancia. Son variedades minoritarias. De la Maturana blanca habrá en Rioja poco más de 30 hectáreas, de un total de 66.000 hectáreas de viñedo. La Maturana tinta se llama Castets en Francia, autorizada en Burdeos como una variedad mejorante.
.- ¿Qué han sido para ti estos diez años, desde que plantaste estas viñas?
Decidí plantarla con Maturana porque se había redescubierto en Navarrete, pues estaba bien adaptada al terroir de aquí, al suelo, que es muy particular.
.- ¿Cómo de particular?

Es un suelo arcillo ferroso aluvial, con mucha piedra. Decidí plantarlo como muestra del origen. Todo mi proyecto quiere mostrar el origen, que es Navarrete, que es mi familia, que es mi lugar en el mundo.
Se trata de recuperar el prestigio de esta zona, que por supuesto lo tiene. Hay que encontrar los viñedos que son buenos y cultivarlos bien, con mucho mimo.
«Me traje a los de la boda para vendimiar»
.- En este muro de tierra y piedra, pegado a tu viña, se ve muy bien el perfil de la tierra que pisamos, cual si fuera una calicata.

En la parte de arriba tenemos básicamente arcilla, donde el trabajo del viticultor es importante para que no se apelmace la tierra y las raíces puedan profundizar, para que no se asfixien y lleguen a la segunda capa, al subsuelo aluvial, que es mucho más rico en minerales y carbonatos.

SU mano en las raíces al descubierto de Navarrete.
.- ¿Desde cuándo vinificas esta viña que plantaste hace diez años?
La planté en 2014, y en 2016 hice la primera vinificación. Fue muy curioso, porque no conocía la variedad a nivel práctico. En la vendimia probaba la uva y decía “hoy no está porque me sabe dulce… pero a pimiento. Hay que esperar”. Vendimiamos el 9 de octubre, que era un domingo.
.- Lo recuerdas con precisión.
Aquel sábado habíamos tenido boda y me traje a los de la boda a vendimiar. Había un inglés con su hijo, otro de Isla Antigua, del Caribe, otro australiano amigo mío, porque yo hice vendimias en Australia… Fue una vendimia muy internacional.

«ME traje a los invitados a la boda a vendimiar». (Foto James Sturcke).
Finalmente recogí la uva el 9 de octubre, más madura de lo que yo suelo hacer, con 15 grados de graduación alcohólica, que parecía casi mermelada. Y me salió un vino que podía ser un Cabernet de Napa Valley.
En 2019 «descubrió» las tinajas
.- ¿Cómo ha ido evolucionando la viña en estos diez años de historia?

Depende de las añadas, por supuesto, pero también depende de mí, de cómo he ido variando el estilo y mis gustos, y depende de la edad de la viña.
Aquella primera añada fue un vino muy concentrado, muy al estilo Parker de antes, y después, en el 17 nos cayó la helada, que no hice vino, el 18 fue el Mildiu, tampoco. Y ya el 19 fue una añada cálida.
.- Pasarían más cosas además del poderío del todopoderoso clima…

Sí. En el 19 descubrí las tinajas. Fue cuando en Navarrete se empezaron a fabricar tinajas. Esto es para mí Km 0 por todos lados.
.- ¿Qué quieres decir?
La variedad autóctona de aquí, y está elaborada en tinaja de un barro de Navarrete, de la Alfarería Fajardo.
.- ¿Qué te aporta la tinaja?
Frescura en el vino.

En esas añadas cálidas la tinaja te permite tener un vino más fresco, pues se mantiene mejor la acidez. En el 19, una añada cálida y concentrada, el 100% de la cosecha estuvo en tinaja. En el 20 llovió más y fue una añada más diluida, así que le di tinaja, pero entendí que tenía que haberlo metido algo en barrica. En el 21, que también fue fresca la añada, le di tinaja y barrica.
Con un proyecto artesano en el subconsciente
.- ¿Qué le aporta la barrica?
Cuerpo y dulzura.

DETALLE de una de sus barricas.
.- ¿Qué es para ti este viñedo al que le diste la vida, al que cuidas durante todo el año?
Es el inicio de un proyecto artesano que se ha ido desarrollando en mi subconsciente, porque siempre he querido hacer algo autóctono, pero durante mi carrera he dado muchas vueltas. He estado como wine ambassador en China o en Rusia, he tocado la parte comercial, he estado de sumiller en el Palacio Tondon, y, claro, estuve en Remírez de Ganuza.
Homenaje a Fernando Remírez de Ganuza
.- Esa fue tu primera bodega. De ti me habló en su día el entrañable Fernando Remírez de Ganuza.
Fue mi primer trabajo cuando terminé de estudiar en Montpellier en 2003. Allí estuve cuatro años. Esa fue mi escuela. Imagínate qué escuela: la precisión, el rizar el rizo, la limpieza obsesiva, que limpiábamos con cepillo de dientes ciertas cosas.

FERNANDO Remírez de Ganuza con Jesús Mendoza. (Archivo del Blog).
Ya estaban allí Jesús Mendoza y su hermano Carlos, que era de mi cuadrilla. Y Fernando es una persona increíble, y digo ES porque Fernando sigue siendo. Existirá siempre.
.- Bonito homenaje a Fernando.
Lo que era capaz de transmitir, de pensar por sí mismo y luego desarrollar.
Cuando Fernando venía a la bodega con el lápiz en la oreja y el metro en la mano nos echábamos a temblar. “¡A ver qué se le ha ocurrido ahora a Fernando!”. Además de eso, incitaba a la gente a pensar. Era una inspiración.

Hablando de Fernando, hacemos un silencio y un parón para montar de nuevo en su vehículo, visitando otra viña que Elena plantó aquel mismo año de 2014. Apenas si nos desplazamos unos centenares de metros a una viñita de 500 cepas, también en ecológico
Una viña que como mucho le ha dado 900 kilos de uva, 778 botellas.
“Mi primo Dani lleva el tractor y realiza la labranza y los tratamientos de azufre, y yo hago la poda, la espergura, deshojo, quito hierbas.

LA viña que el abuelo llamaba «La Lámpara».
La única Maturana de Navarrete
.- A esta viña le querías poner el nombre de La Lámpara.
Este término sigue siendo Las Encinillas, pero mi abuelo la llamaba La Lámpara. Al principio me daba un poco vergüenza poner mi nombre en las etiquetas de mi vino. Así que le llamé La Lámpara, y Elena Corzana lo puse en pequeño. Así la registré y me lo concedieron. Pero a la hora de ir al Consejo Regulador me dijeron que había otra bodega que ya tenia registrado el nombre.
Así que el vino se llama Elena Corzana. Donde sí está reflejada la lámpara es en el reloj de Sol de la etiqueta. Las líneas son el árbol genealógico de mi padre el relojero y la hija del relojero. Y mi madre también está en la lámpara, porque la finca era de ella.

.- Aquí está la única Maturana de Navarrete.
Sí, porque aquella que se redescubrió se arrancó hace 30 años.
.- Para Ana Mari será una emoción que hayas plantado viñas en su tierra.
Me han apoyado mucho sabiendo que a una mujer no se le exige que viva de la agricultura. Más bien se piensa que la mujer tiene que cumplir con una familia. En mi caso he decidido que mi vida va por este camino. Yo no tengo hijos y mi realización personal está en trabajar la viñas y elaborar vino, que no lo veo como un trabajo, sino como una forma de vida.

CON su madre Ana Mari, despalillando a mano, artesanalmente.
La Chapa recién estrenada del Rioja
.- Así que vivir es tu oficio. Y tu forma de vida engloba…
El campo, la familia y los amigos, muy importantes en mi vida.
.- Antes me has dicho “¡Fíjate en qué momento me pillas: ayer cogí la chapa del Consejo Regulador, y estos días estoy trayendo el vino de otra bodega donde lo tenía a mi bodeguita!”.
Me pillas en un momento de mi vida en el que por fin me estoy expresando como soy con mis tres fanegas de viña (0,6 ha), si bien en total amparo casi dos hectáreas.

SOSTIENE la chapa cuando aún no estaba atornillada a la pared.
Me he ido construyendo a mí misma interiormente, viajando mucho, trabajando en diferentes países. He vivido en Madrid cinco años. Siempre he sido muy inquieta, queriendo conocer otras culturas, y ahora es cuando me expreso desde mi origen.
.- ¿Qué dice tu vino de ti?
Los vinos que hago tienen algo en común. Dicen los que los beben que son “vinos elegantes, delicados y muy auténticos”.



Lo que dicen Tim Atkin y Luis Gutiérrez
.- Algo ha dicho Tim Atkin de tus vinos
Tim los ha catado por vez primera a finales de 2023. Y Luis Gutiérrez ha catado dos añadas mías, valorando al Graciano como un vino “cool”, indicando que mis vinos son “delicados con una boca muy fina”.
Por su parte Tim me ha valorado con 93 puntos los dos vinos, lo que es un buen comienzo. Espero que este año 2024 venga a visitarme, pues quiero enseñarle la casa familiar, el viñedo, y explicarle el porqué de las cosas.

VALORACIÓN de Luis Gutiérrez en The Wine Advocate.
Pareciera que no avanza el tiempo mientras mantenemos los pies en los renques de la viña, pero las manecillas del reloj avanzan de puntillas.
Elena quiere que conozca una de las cerámicas del pueblo y al ceramista, Antonio Naharro, que a sus 82 años continúa al pie del cañón modelando el barro con artesanía, como si la viticultora y enóloga me dijera sin palabras que ella pertenece a ese gremio de los artesanos, todo manualmente, impartiendo una lección de cercanía y sociabilidad. Jarra de vidrio, cesta de mimbre, mortero de madera… tan naturales como el olor y el color de las flores. Belleza y utilidad.

CON el alfarero extremeño-riojano Antonio Naharro.
Después nos iremos a su bodeguita a recoger tres de sus botellas, para maridarlas con una excelente comida en el Figón del Duque, regentado por Wilmar Ramírez, en el edificio de la Posada Ignatius, donde estuvo hospedado San Ignacio de Loyola entre 1517 y 1521.

ACOGEDOR Mesón regentado por Wilmar Ramírez.

EN la Posada Ignatius, donde está marcado el Camino Ignaciano.
«Yo no quiero crecer»
.- Con TRES fanegas de viña propia, y un total de casi DOS hectáreas, ¿aspiras a tener más viñedo y más miles de botellas dentro de cinco años?
Desde el principio he concebido mi bodega como una bodega artesana en la que yo trabajo la viña, elaboro el vino y luego lo comercializo. Para hacer todo y hacerlo bien, tiene que ser algo pequeño. Esa es mi idea, tener un tamaño para que pueda seguir yendo a la viña, lo que me gusta mucho, ya que es un rato muy valioso para mí.

ARTESANA que transforma con sus manos el barro en uvas y vino.
.- Parece que la dinámica es crecer y crecer. Crecer siempre.
Yo no quiero crecer, para no pasar más tiempo en la oficina y todo lo demás. Para mí el tiempo de calidad es estar en la viña, en la bodega, que me gusta mucho el oficio de bodeguera, recibiendo gente en casa.
.- Tú cifra está en 8000 botellas anuales como mucho, no más.
Es una cifra manejable. En cualquier caso elaboraré menos de 10.000 botellas. Para poder vivir dignamente no estoy pensando en hacer un vino de supermercado. Quiero hacer un vino con personalidad, con raíz, con historia, con autenticidad, en una bodega artesana.

El porqué de pequeños proyectos como el suyo
.-¿Es una filosofía de vida que ya estaba en tu cabeza hace veinte años?
Todo esto ha ido madurando en mí, así como lo ha hecho el mercado. Al rondar mis 30 años…
.- Es bonito ver cómo ha evolucionado tu pensamiento a lo largo de tu vida profesional.
Primero pasé cuatro años en Remírez de Ganuza, donde me formé como bodeguera. Después quise conocer otros países, Nueva Zelanda, Sudáfrica, etc. La gente creía que mi sueño sería montar una bodega. Mi respuesta era que no, porque las bodegas se me antojaban muy grandes.

DE Feria en Bilbao, representando a la bodega de El Bierzo que asesora.
La evolución del mercado, con Internet, con el enoturismo, los foros sociales… han hecho posible que pequeños proyectos como el mío, muy especiales, tengan salida al mercado.
.- ¿Hubieses podido ser la enóloga de una bodega de un millón de botellas?
La verdad es que no. Empecé en el mundo del vino porque me gustaba la viña y los espacios al aire libre. Me gusta trabajar con las manos. No va conmigo una bodega de un millón de botellas.

LA artesanía de la tinta y el pincel de Jose Uríszar.
De los 30 a los 40 vivió lejos de La Rioja
.- Eres muy de Navarrete. ¿Lo echaste de menos cuando estabas por el mundo?
He trabajado en Nueva Zelanda, en Australia, en Sudáfrica dos años, he elaborado vino en Chile, he vivido cinco años en Madrid. De los 30 a los 40 años he vivido fuera de La Rioja.
Hasta que sentí la “llamada” a punto de cumplir 40 años. Pensé que podía seguir más años en Madrid haciendo un trabajo que me encantaba, trabajando con gente muy buena, pero sentía que siguiendo allí mi vida no avanzaría.

EN un quad, en tierras vitícolas de Sudáfrica.
.- Y los tuyos estaban en La Rioja.
Mi abuelo era ya muy mayor, mi sobrino acababa de nacer, tenía cuadrilla en San Vicente y en Navarrete… Además vivía en una ciudad, cuando lo que a mí me gustaba era vivir en el campo.
.- Estabas cargada de razones, así que volviste al terruño.
Volví en 2017, dando poco a poco los pasos para llegar donde estoy. He tenido otros trabajos desde mi vuelta, pero vivía gestando la idea de La Bodeguita.

Las uvas de Graciano que se quedaron en la viña
.- ¿Qué pasó en el 2014, cuando plantaste la Maturana?
Planté la Maturana cuando no había nada de Maturana en Navarrete, a pesar de ser uno de sus orígenes. Entonces acaricié la idea de tener una variedad auténtica para poder traer a la gente a una viña tan especial, algo local, diferente, que me identificara con la zona. Esa fue mi idea desde un principio.
.- ¿De dónde viene tu Graciano, otro de tus monovarietales?
De las viñas de Jesús González, un amigo de Labastida. En 2020 se quedaron muchas uvas de Graciano en el campo. Yo vi aquellas uvas y te aseguro que no hubiera elaborado un monovarietal de Graciano si no hubiera visto aquellas uvas.

“Estas uvas no pueden ir a una mezcla cualquiera”, me dije.
.- ¡Qué pasión!
Por eso las elaboré y, claro, salió algo tan diferente, tan chulo, tan inesperado de un Graciano, que es una variedad bastante rústica. Era afrutado, perfectamente maduro, pero sin sobre madurez, manteniendo la frescura. Un Graciano muy bonito.
La razón que le engancha al mundo del vino
.- ¿Tiene el mundo del vino secretos para ti?
No lo sé todo, Julio, por Dios.

El vino sigue teniendo secretos para mí, y esa es la razón por la que estoy enganchada a este mundo, porque no dejas de aprender.
.- ¿De qué quieres saber más, de viña o de bodega?
De ambas. Dentro de Rioja hay tantos parajes, tantos climas y terroir distintos, y tantas variedades, que todo es un aprendizaje continuo. La Maturana, por ejemplo, no es lo mismo criarla en barrica que en tinaja. Un año será primero en barrica y luego afinado en tinaja. Y eso también pasa porque cada año es distinto. Si haces vinos que tengan la personalidad de la añada, aquí no te puedes aburrir.

«TANTOS parajes, tantos terroir distintos…». (Foto Josemi Rodriguez).
.- ¿Qué te dicen de tus vinos Paco el relojero y Ana Mari?
A mi madre le gusta el blanco, y a mi padre le veo beber solamente mis vinos. Mi primera añada, que fue la del 16, no la puse a la venta, la tuvimos en casa. De repente me di cuenta “jolín, pero cómo ha bajado aquí tanto el nivel…”, jajaja. Oye, antes no bebía vino a diario. Aquellas botellas eran de medio litro. Mi padre me suele decir “la mejor añada que hiciste fue la del 16, la primera”, que se la fue pimplando entera.

RELOJ que representa al padre, instalado en el interior de La Bodeguita.
En Nueva Zelanda concibió la bodega artesana
.- Tus viajes te han abierto la mente.
Sin duda. Yo viví seis meses en Nueva Zelanda, por ejemplo, y tienes que meterte en otra cultura. Cenas a las 6 de la tarde y te quedas ya en casa sin salir. Eso es duro al principio. Recuerdo que cuando volví de Nueva Zelanda, mis amigos me dijeron “venga, vamos a cenar a la calle Laurel”, y quedamos a las diez de la noche. Lo que me pareció tardísimo. Ya me había hecho a aquella cultura.

CATANDO la vida entera si se pudiera en una conversación.
.- ¿Tienen en esos países un concepto muy diferente del vino?
Había estado en cuatro vendimias de Remírez de Ganuza, una bodega de 200.000 botellas, con vendimias muy intensas, sin horario, con jornadas de 15 horas de trabajo. Eran momentos de mucha adrenalina.
Durante mi primera vendimia en Nueva Zelanda, un mes de febrero, trabajé en una bodega donde había tres turnos de trabajo. Yo entraba a las 7 de la mañana y salía a las 4 de la tarde. Me encargaba de los depósitos de tinto, que estaban en unas tinas de madera.
La variedades son distintas, con gentes de muchos países, dos alemanes, una de California, un francés, uno de Australia… Como para no abrirte la mente. Y sobre todo para mí fue muy importante concebir entonces el concepto de bodega artesana.

Las «Catas en Femenino»
.- Hasta entonces tenías en tu mente un concepto de bodega muy establecida, con edificio, personal, maquinaria…
Cuando sobre todo en Australia veía que se hacía vino debajo de una tejavana, vinos de garaje, me dije “ojalá en La Rioja pudiera hacer esto”. Y a día de hoy lo estoy haciendo.
.- Ahora vamos a abrir tu Graciano de Labastida. ¿Te han sorprendido la Maturana y el Graciano?
Cada vez que lo tomo me digo “¡qué rico está!”.
.- ¿Cómo va ese grupo vuestro de mujeres de las “Catas en Femenino”?
Mira, hasta es posible que hagamos alguna de nuestras catas en Bilbao. Ya veremos.

GRUPO de mujeres de «Catas en Femenino», muy consolidado.
.- ¿Cómo surgió el grupo?
Nuestro grupo de Catas en Femenino comenzó durante la pandemia, cuando yo trabajaba en el Palacio Tondon, en Briñas. Una chica que entonces trabajaba en Rioja, Vinka, me dijo “me gustaría montar un grupo de catas con mujeres”.
«¡Sólo me va a dar alegrías!»
.- Perdona que te corte, este Graciano tuyo es muy especial, y qué buen maridaje hace con los perretxikos, si bien creo que este vino es muy versátil.
A partir de ahora ¡este vino solo me va a dar alegrías! porque está embotellado en noviembre, ¡un Graciano de 2022!… en la vida habría esperado que esté tan bebible en tan poco tiempo, porque el Graciano es un vino que necesita tiempo.
.- Dentro de dos años va a estar mejor.
Bueno, no va a llegar, pues para entonces no quedará nada… Yo me voy a guardar unas cuantas botellas.

.- Total, que Vinka te comentó que quería montar una cata de mujeres del vino.
“Me parece estupendo, ya te lo organizo yo que conozco a la gente”. Así que al día siguiente ya tenía el grupo montado. De 2020 a 2024 somos cada vez más.
.- ¿Qué os están aportando esos encuentros?
La última cata la preparó Andrea Vuelta seleccionando vinos de Rioja para una cata a ciegas. Allí estaban La Condenada, La Loma, el Baynos, El Velado, Artadi, Camino de Rivas, y Abel Mendoza… todos auténticos vinazos. Allí estuvimos el otro día súper formales, catando a ciegas, comentando cada vino, aprendiendo juntas.

El país donde fue más feliz
.- ¿De los países en los que has estado, en cuál has disfrutado más?
En Sudáfrica, sin duda. Allí fui feliz, primero porque congenié muy bien con los dos enólogos de la bodega donde estuve. Y luego el sitio era muy bueno, cerca de Ciudad del Cabo. El enólogo mayor me dejó su coche para que me moviera por toda la zona. La bodega estaba en un sito precioso. Allí estuve dos años partidos, seis meses en el 2010, y luego volví en 2011.

BAZUQUEANDO el vino en la bodega de Sudáfrica, donde estuvo dos años.
.- Admiro a Nelson Mandela, cuya autobiografía “El largo camino hacia la libertad” me pareció un ejemplo de vida.
La tengo en la mesilla de noche.
.- Brindemos, Elena.
Que siga haciendo estos vinos muchos años, y que los siga disfrutando desde la viña.
.- Y que tu aita se beba toda la cosecha tuya que le venga en gana.
Jajaja.
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«Un vino con personalidad y raíz, con historia, con autenticidad…», define Elena. Qué lejos del mastodonte DOCa Rioja, tan sobredimensionada. Leo entre líneas, para mí, y pienso en cómo ha acertado la vitivinicultora después de recorrer el mundo. E imagino que sus vinos han de ser impresionantes. Enhorabuena!
Gracias, Aranzazu
Me chifla cómo Elena Corzana describe su vino Graciano: «salió algo tan diferente, tan inesperado de un Graciano, una variedad bastante rústica. Afrutado, perfectamente maduro, pero sin sobre madurez, manteniendo la frescura. Un Graciano muy bonito». Al leerlo en su contexto me sabe a poesía.
Gracias, Arene
La anécdota de su padre bebiéndose poco a poco la cosecha del 16 es mundial, jajaja. Me lo he pasado estupendamente leyéndoos. El relato es para nota. Enhorabuena a los dos. Milesker!
Eskerrik asko, Jon
Es muy agradable saborear la esencia de esta bodeguera artesana. Vivimos y sufrimos un mundo industrial que no sabe hacia dónde camina, muy industrializado (por no hablar de otras cosas). Soy de las que agradezco la existencia de gentes como ella, diosas de las pequeñas cosas hechas a mano. Las más grandes y necesarias.
Gracias, Maribel
Gran descubrimiento personal, los vinos de Elena Corzana .
Conocimiento y expresión máxima de sus varietales y del terroir en todas sus elaboraciones .
Enhorabuena !!
Gracias, Javier
Decir que no quiere crecer en hectáreas de viña ni en miles de botellas es una lección que debo digerir. Quizá sea una manera de apuntar que ella quiere seguir creciendo por dentro. Es una entrevista emocionante, cuanto menos. Y, por cierto, maravillosamente contada. Elena representa una ínfima parte del Rioja, a la que doy la bienvenida… seguramente la mejor.
Gracias, Juan
¡Qué homenaje a la tierra, al KM 0, a la identidad, a lo pequeño con dimensión humana!
¡Qué sentido homenaje al recuerdo de Fernando Remírez de Ganuza, con el que tanto he disfrutado en las entrevistas del Blog Rioja Alavesa!
Gracias, Begoña
Se te mete en el corazón esta Elena Corzana , tan decidida y cercana.
Todo un canto a las esencias, a los pequeños proyectos que se hacen grandes, inmensos, entre los brazos, calladitos hasta que emergen, potentes .
Enhorabuena Elena por tener sueños tan decididamente humanos, reivindicando toda tu historia personal y la de tu Navarrete que aquí aparece como un actor más en tu vida.
Me ha divertido muchísimo la historia de los podadores voluntarios tras la boda!!! Menuda capacidad de convicción debes tener!!!
Sigue adelante con esa fe en ti misma que demuestras, en la seguridad que harás algo especial. Muchísima suerte.
Gracias, Alberto
Elena es sinónimo de autenticidad y honradez. Capaz de hacer unos vinos extraordinarios y singulares. Además su proyecto, ya realidad, es el reflejo de la expresión más pura de una forma de entender la vida a través del vínculo indisoluble entre su tierra y su gente.
Mujer; valiente y, además, buena persona.
Un ejemplo a seguir.
Gracias, Juan Antonio
Chapeau a quienes como tú, Elena, demuestran que otros proyectos vitivinícolas respetuosos, maravillosos y sorprendentes son posibles! Tan de verdad!
Gracias, Sara
Muchas gracias Julio por este reportaje en el que has logrado captar mi esencia. Se nota que está escrito con mucho cariño y respeto por la tradición de mis raíces y mi familia. Eternamente agradecida.
Gracias a todos los que estáis transmitiendo mensajes de apoyo a este modo de vida, que no es el camino más fácil, pero sí el que tiene más sentido.
Si con este reportaje conseguimos que alguien más apueste por el pueblo y un modo de vida rural (siempre con formación), habrá merecido mucho la pena.
Brindemos por Julio y por nuestros pueblos!
Elena Corzana
Gracias, Elena
Proyecto con la dosis necesaria de romanticismo, muy asentado en fuertes y profundas convicciones. Elena retornó a su tierra con la sabiduría para hacer algo muy diferente, algo que vio y la conmovió en la otra punta del mundo. No se trataba de ser original porque sí. Se trataba, intuyo, de ser auténtica. Eso tiene mucha fuerza. Diría que toda cuando a un ser humano le sale de adentro.
Gracias, Pablo