
LOS viticultores, anónimos paganos de estas crisis, suponen el 70% de los afectados…
Tras 40 días de confinamiento, con la preocupación y el hastío añadidos que supone la orden de seguir encerrados, sigo en este cuarto artículo “virus-vino” hablando sobre las estrategias que, en mi opinión, deberían considerar tanto los vitivinicultores de Rioja Alavesa como los responsables políticos del sector para aminorar los daños que están causando las medidas de confinamiento.
Miguel Larreina. Doctor en Ciencias. Master en Viticultura y Enología
En estos diez días transcurridos desde el anterior artículo me han seguido mandando los colaboradores estudios económicos que agravan aún más las predicciones de semanas anteriores, mientras lectores amigos continúan enviándome interesantes aportaciones a mis escritos. Por otro lado, siguen concretándose rumores de que no podremos ir a bares y restaurantes en muchos meses, que los hoteles estarán casi cerrados hasta el año que viene… y las noticias de La Rioja tampoco auguran nada bueno.

CADA semana llegan previsiones más y más duras.
En efecto, todos los indicadores apuntan hoy a que el vino europeo va a sufrir mucho en 2020 y 2021, no en vano suponemos más de la mitad del vino del mundo y dependemos del consumo en terceros países. La Unión Europea tiene una larga experiencia en las cíclicas crisis de este sector y ha dedicado multimillonarios fondos públicos a sostener este subsector agrario, tan importante desde el punto de vista social y económico.
Los distintos países y regiones están ya estableciendo estrategias que suavicen los efectos del tsunami que el confinamiento y cierre de fronteras va a generar en sus vinos. Vemos múltiples propuestas generadas en uno u otro país de la UE que resucitan viejas “soluciones” y aterradores mecanismos de regulación de mercados: subvenciones para destilación y almacenamiento de vinos, arranques de viñedos, vendimias en verde…

“PREPARÉMONOS para lo peor”, claman los responsables del Vino italiano.
“¡Preparémonos para lo peor!”. Así grita el titular del documento adjunto que han publicado en Italia hace unos días y que dice: “En 2020, los responsables del vino italiano barajan una disminución de ventas de hasta 800 millones de litros entre mercado nacional y exportaciones, 3.400 millones de € de caída de facturación, un 25% del total del sector”.
Como consecuencia de ese temor, las cooperativas italianas ya han pedido a su Gobierno una destilación temporal de doscientos millones de litros de vino. Y destaco este trabajo italiano por dos razones: porque muchos de sus vinos están en cuanto a consideración general por delante de la DO Rioja y porque el vino italiano tiene un mercado cautivo entre los italoamericanos de USA que hace que sus perspectivas exportadoras sean mucho mejor que las nuestras.
Por otra parte, la Consejera de Agricultura de la Generalitat de Catalunya se ha reunido estos días con viticultores y bodegueros y han acordado y hecho públicas una serie de medidas urgentes para reducir los efectos del coronavirus: reducción de uva y vino base, destilación de los excedentes de vino, incremento de la economía circular, perfeccionamiento del control de trazabilidad y promoción de los vinos.

En España, los Sindicatos agrarios más fuertes han señalado al Ministro que el sector vitivinícola español va a ser uno de los más afectados por la crisis del coronavirus y le han propuesto que se usen los mecanismos de destilación del vino excedentario para alcohol sanitario y que se subvencione retirar uva mediante la vendimia en verde, aprovechando otras partidas de los fondos de la UE para el vino que no se van a gastar en su totalidad.
Los eurodiputados socialistas acaban de lanzar una proclama en el Parlamento Europeo que habla de la urgente necesidad de destilar ya mil millones de litros de vino, equivalentes al potencial productivo de 15 Rioja Alavesas. “El Sector del Vino está en peligro. Europa debe reaccionar. Es imperativo que la UE subvencione esa destilación masiva para reducir parte de los excedentes”. Eso están diciendo en otros foros y nos podemos preguntar qué se piensa, qué se dice o qué se hace aquí.

EUROPA debe reaccionar ante la crisis del vino, claman los eurodiputados socialistas.
Antes de responder esa cuestión veamos otro dato preocupante. Las compras de los graneles de Bordeaux este abril han caído a 700 euros/tonel, cuando el costo de producción se estima en 1.100 euros (equivalente a 1,22 e/litro o 0,85 e/kg uva). En ese contexto ya no suena descabellada la proposición de una destilación subvencionada (0,80 e/l). El presidente de un sindicato de la Gironde es rotundo: “debemos trabajar con nuestros colegas europeos en la destilación y el arranque de viñas”…

Y sigue diciendo: “…el CIVB (como nuestro Consejo Regulador Rioja) deberá trabajar en una dinámica de arranque primado utilizando una parte de su presupuesto pues desatascar los excedentes en la base de la pirámide nos ayudará a todos”. Son medidas drásticas, ya pensadas en anteriores crisis (Burdeos se planteó en la última crisis arrancar 10.000 Has), que nos indican cómo está el ánimo entre nuestros competidores.
Está claro que nos espera otro episodio de “la guerra del vino”, una lucha clásica en la historia de la Unión Europea. Una lucha comercial que en fechas recientes hemos visto en la prensa cuando aludían al castigo de Trump a los vinos franceses y españoles por razones ajenas al comercio del vino o que poco antes vimos en las carreteras francesas cuando se vertían cisternas llenas de miles de litros de vino español.

Suele ser habitualmente una lucha de todos contra todos. Guerra de continentes (los vinos del Nuevo Mundo contra los del Viejo Mundo); guerra interna en la UE entre sus países vitícolas, pero también una guerra a nivel de presupuestos de la PAC entre los países mediterráneos y los países norteños no vitícolas que están hartos de pagar la factura de los excedentes; guerra entre Comunidades Autónomas o entre Denominaciones de Origen,…
Entre Denominaciones, la “guerra” es tanto más sangrienta cuanto más gigantesca y peor estructurada está y en eso la DO Rioja se lleva la palma en el mundo. Mucho me temo que al final todo termine siendo una lucha de intereses entre el poderoso lobby de tres docenas de grandes grupos bodegueros que venden la mayor parte del vino y cuatro mil familias de agricultores que producen buena parte de la vendimia, mientras un centenar de medianas bodegas de prestigio se desentienda del tema como si la vendimia 2020 no fuera con ellas.

“Si vis pacem para bellum”, preparémonos para una guerra vinícola aunque luego los acontecimientos no sean tan dramáticos y no requieran medidas enérgicas. Y prefiero ponerme en un escenario crítico pues temo a los optimistas mal informados, a los que niegan los datos objetivos y los pronósticos certeros y más aún a los que por su inexperiencia no quieren recurrir a los datos históricos. ¡Ah, quedan muy lejos 2009-2013 y no recuerdo nada de aquellos dramas vitícolas en la DO Rioja!
Este es el problema de la DO Rioja y Rioja Alavesa, nadie se hace responsable de los fallos, solo de los éxitos. ¿Quién se acuerda de los políticos vitivinícolas de aquella tremenda crisis de los viticultores entre 2009 y 2013, dónde están para comentar sus fallos y evitar que se repitan? Para subsanar esa desmemoria permítanme trasladarles unas acertadas palabras dichas en el Parlamento por el Secretario General del Partido Socialista de La Rioja.
“¿Dónde está el compromiso de mantener el equilibrio de la Denominación y garantizar la renta de los agricultores? ¿Dónde está la Rioja de la excelencia y el reparto de la riqueza? ¿Quién ha planificado en los últimos años la Denominación de Origen Rioja para que lleguemos a esta lamentable situación?”. Tan solo nueve años han transcurrido de esas palabras dichas en medio de la dura crisis anterior, nueve años y estamos en las mismas… o peor.

Así que mentalicémonos para la “guerra”, preparémonos para medidas duras, esto no se va arreglar con medidas light, reforzando una plataforma de venta on line o haciendo una bonita campaña de promoción en la tele. ¡Llegamos tarde con eso! Las medidas duras requieren políticos, funcionarios, gerentes,… trabajando duro, full time, con dedicación exclusiva a Rioja Alavesa. El que no tenga tiempo, esté cansado, asustado o enfermo mejor que se aparte.
Con las bodegas de la DO Rioja repletas de vino y la próxima vendimia en camino no queda mucho tiempo para actuar ¿Qué podríamos hacer? ¿Nos sirven de algo en Rioja las viejas fórmulas empleadas por la UE en sus cíclicas crisis excedentarias como el arranque de viña, destilación y almacenamiento de vino, vendimia en verde, mosto? ¿Resuelve algo en esta coyuntura un tímido recorte de la cosecha amparada?
En la DO Rioja nunca se ha recurrido a las medidas ni ayudas europeas Aquí tradicionalmente se han resuelto las crisis gracias a la austeridad del viticultor, bajando los precios de la uva hasta cifras ruinosos con la amenaza de que “no te compro la uva”. Recuerden aquella gran bodega que en la anterior crisis, en el cercano 2010, ofreció a nuestros viticultores una media de 0,38 euros por kilo de uva, cuando todos los estudios oficiales decían que los costos de cultivo estaban muy por encima.

QUIEREN resolver este problemón con una helada como la de 2017, pero no habrá tal.
Otra fórmula tradicional de “resolver” este problema en la DO Rioja es encomendarse a San Marcos estos días de finales de abril (“Marcos, marquete, vendimia sin corquete”) pero pedirle lo contrario que se le pide la mayoría de los años (que no hiele). En estas situaciones excedentarias se le pide al santo en su onomástica una buena helada, como la de 2017, para que se lleve por delante unos cien millones de kilos de uva potenciales.
Pero, cuando vas a tener este verano un stock acumulado en el subsuelo de la DO Rioja de casi mil millones de litros equivalentes a mil cuatrocientos millones de kilos de uva, ni siquiera una helada terrorífica que se llevara la barbaridad de unos cien millones de kilos de uva resolvería el gran problema de fondo, arruinaría aún más a varios miles de viticultores riojanos, pero no mejoraría notablemente la economía de los demás.
Por otra parte, a quien desea esa gran helada igual le falla el subconsciente y cual si fuera un gran bodeguero pretende pasarles íntegra la factura de los excedentes a los viticultores. Pero, puestos a quitar cosecha, podía desear: “ojalá la parte de los ángeles, esa pequeña porción del vino que se evapora naturalmente durante el proceso de crianza, ascienda milagrosamente a un tercio del vino almacenado en las barricas”. Puestos a pedir milagros éste sería socialmente mucho más justo.

UNA “parte de los ángeles” multiplicada por 100 también resolvería el problema.
Hago un paréntesis en el hilo argumental de mi relato y trato aquí el tema de la reducción de rendimientos del que se está hablando mucho estos días y que supondría que los viticultores verían menguada en un 15% su cosecha “Rioja” (ese 15% iría a destilación o mosto) a cambio de percibir por la uva un precio mínimo de 80 céntimos de euro”; ese acuerdo así firmado supondría para el viticultor que su cosecha se le pagaría realmente a razón de 0,68 euros/kg.
¿Sería bueno o malo ese acuerdo? Para responder a esa cuestión hay que resolver algunas cuestiones previas como cuánto cuesta producir un kilo de uva. La Consejería de Agricultura de La Rioja publicó en la anterior crisis un interesante estudio sobre los costes de cultivo en una explotación vitícola tradicional riojana y daba cifras próximas a los 0.60 euros/kg y 3.550 euros/Ha, que desde entonces han subido un poco.
Hablar de costes medios de producción en una DO tan variada es algo difícil. No es lo mismo un gran terrateniente con cien hectáreas de viñas en tres grandes fincas que un cosechero de Rioja Alavesa-Sonsierra con doce hectáreas distribuidas en diez parcelitas, no es lo mismo este viticultor profesional que debe contratar mucho personal que ese urbanita con tres hectáreas que se lo hace todo él mismo en los fines de semana y puede reducir los costes notablemente.

¿CUÁNTO cuesta producir un kilo de uva?
Para entender esa variabilidad riojana consideremos que los 430 millones de kilos de uva anualmente producidos en la DO Rioja son hoy propiedad de un variado colectivo de “viticultores” muy diferente al de hace 25 años, cuando la mayor parte de la vendimia era propiedad de agricultores con dedicación exclusiva a la viña. Hoy, tras un erróneo proceso de liberalización y expansión de la DO, la vendimia se distribuye más o menos así:
Un 10% de la vendimia es propiedad de las Grandes Bodegas. Otro 15% es de un colectivo importante de directivos de bodegas, comerciantes, farmacéuticos, nobles o bancarios, que tuvieron dinero en los años noventa para comprar tierra y derechos de plantación. Otro 20% es de varios miles de micropropietarios no agricultores (trabajadores, funcionarios, jubilados,…), con unas pocas hectáreas de viña. En los tres colectivos la uva solo es un complemento de sus ingresos.

NO cuesta lo mismo producir un kilo de uva en todos los ámbitos de la DO Rioja.
El otro 55% de la vendimia la producen agricultores profesionales que se subdividen a su vez en dos grandes grupos de similar capacidad productiva pero distinta filosofía. Por un lado están los que reciben buena parte de su renta de otros cultivos distintos de la viña (bien son hortofruticultores de R. Oriental, bien patateros, remolacheros y cerealistas de R.Alta). Y por otro lado están los viticultores con dedicación exclusiva (Rioja Alavesa-Sonsierra, y pueblos colindantes).
Este último colectivo tiene, además de su dedicación exclusiva al monocultivo de la vid otras características de calidad particulares que generan costes mucho más elevados. Su viñedo se asienta desde tiempo inmemorial en esa zona, aquí se encuentra el más viejo tempranillo en vaso, en ladera, sobre suelo cambisol cálcico no aluvial, vendimia manual mayoritaria,…en fin, una zona preferente reconocida por los expertos como la de más calidad de la Denominación.

SOLO un 27% de la uva Rioja es producido por agricultores dedicados en exclusiva a la viña.
Es obvio que los otros colectivos referidos tienen otras importantes fuentes de ingresos además de la uva por lo que no comparten la problemática económica que afecta a los viticultores con dedicación exclusiva. Así que cuando media docena de gerentes decidan la fatídica cifra a la que se pagará la uva este año, esa cifra que se comenta ya en todos los corrillos (0,X euros/kg) afectará de modo muy diferente a unos u otros “viticultores”.
La mayoría de los estudios actuales fija el coste de producción de una hectárea media Rioja, sin incluir la remuneración del viticultor, por encima de los 2.500 euros/Ha y ello nos lleva a la pregunta clave: ¿Cuál es el salario mínimo que debe cobrar un viticultor con dedicación exclusiva a la viña, un jefe de una explotación vitícola prioritaria, una familia que vive por y para la viña todos los días del año?
La respuesta a esta pregunta nos dice mucho de la dignidad que le conferimos al viticultor medio de Rioja Alavesa con unas 12 Has. Si no se le adjudica ninguna remuneración (se le paga la cosecha a 2.500 euros/Ha) estaremos considerándolo un mero siervo feudal. Si se le paga a 3.500 euros/Ha lo estamos considerando un mileurista. Si se le paga a 4.500 euros/Ha estaríamos asimilándolo a un auxiliar administrativo, a poco más que un peón agrícola ¿Qué rango le concedemos a Don Viticultor / Doña Viticultora ?

¿CÓMO valoramos en el País Vasco a nuestros viticultores alaveses?
Piensen un poco y vean que se acepta esa cifra de 0,X euros el kilo de uva como si fuera una lotería o una lógica aritmética. Aceptamos que un millar de familias de viticultores alaveses, los dueños del viñedo, los mantenedores de los pueblos, los creadores del paisaje, los artífices esenciales de los grandes Vinos de Rioja Alavesa, no obtengan apenas beneficio por su labor. Parece como si en la DO Rioja siguiera imperando una mentalidad feudal más propia de siglos remotos que del siglo XXI.
¿Es que aceptaríamos de buen grado que, dado el coronavirus y la crisis vitivinícola consiguiente, no cobraran este año todos los colectivos que rodean a los viticultores y viven de ellos? ¿Aceptaríamos que no cobraran puntualmente sus nóminas, incluso estos meses no trabajados, los políticos y funcionarios vitivinícolas, los gerentes y empleados de bodegas, los técnicos de la Enológica y la Casa del Vino, los cargos y veedores del Consejo Regulador, los periodistas, los sindicalistas,…?
Por otro lado, tampoco parece muy justo socialmente que apliquemos a todos por igual un recorte del 10-15% de su vendimia: al marqués, al notario, al bodeguero, al terrateniente lo mismo que al pequeño viticultor profesional. Es ilógico también que recortemos por igual las húmedas terrazas ribereñas y las resecas laderas, las jóvenes viñas blancas y los viejos tempranillos, las vendimiadas a mano y las mecanizadas, los carasoles y las umbrías, las que van a botellas de 30 euros y las que van a botellas de 3.

NO es lógico que se recorte la vendimia por igual en todas las calidades de viñedo.
Es un agravio para Rioja Alavesa-Sonsierra y zonas colindantes que no se introduzcan criterios de calidad a la hora de hablar de precios y de recortes de producción. ¿Qué pensarían de ese “café para todos” los Atkin, Parker, Suckling y compañía? Y, por otro lado, la propuesta de quitar un 10-15% de la vendimia sería económicamente irrelevante en una DO que tiene un stock bajo tierra de mil millones de litros, apenas estaríamos rebajando el problemón en un 4%.
Decíamos en días anteriores que una de las claves para sacar con bien de esta crisis al sector vitivinícola alavés es dar manos libres a nuestras autoridades responsables de Agricultura y Desarrollo Rural para que dirijan la elaboración de un Plan Estratégico que impulse un Pacto Social entre las grandes bodegas y los viticultores, un acuerdo que, excepcionalmente, ponga a los viticultores por delante de la cuenta de resultados de las Grandes Bodegas.
Hay que defender y proteger el capital social de una comarca por encima del capital económico marcándose el objetivo de no dejar a nadie en el camino y en este sentido hago mías las palabras de Juan Luis Cañas: “debemos de ser responsables porque de ahí nace parte de la solución, pensar que lo más importante es que todos mantengamos nuestras explotaciones, que los viticultores cobren la uva, que no se pierdan puestos de trabajo aunque tengamos falta de liquidez”.

Nuestros políticos tienen la potestad de proponer soluciones drásticas en situaciones potencialmente peligrosas y lo estamos viendo en este tema sanitario que les ha permitido tenernos encerrados en nuestras casas durante sesenta días. En las próximas semanas les seguirán llegando noticias que evidenciarán la situación, pudiéndose llegar, si se confirman algunos datos y rumores, a consecuencias muy serias en comarcas como Rioja Alavesa.
Nadie va a poder decir en verano que no sabe nada de una crisis seria en la DO, nadie va a poder escurrir el bulto de la responsabilidad delegándola en los gerentes de bodegas. Es obvio que nuestros máximos representantes de La Rioja y Euskadi deben sentarse a hablar con los grandes bodegueros y deben estar preparados para todo: “en casos excepcionales, soluciones excepcionales”.
Lo primero que deben exigir nuestras autoridades al lobby bodeguero es el cumplimiento del contrato social que une a los viticultores dueños de las viñas y las uvas Rioja con los bodegueros que comercializan el vino de ellas obtenido. No se puede romper ese contrato unilateralmente en un mal año. No se puede ser Rioja solo en los años buenos. Si han calculado mal su negocio y han acumulado un stock irracional, destílenlo, llévenlo a vino de mesa, sáquenlo a granel. La uva 2020 no se puede quedar en las cepas por una mala gestión de la Denominación.

LAS autoridades tienen un papel clave en la próxima vendimia.
La Denominación Rioja adquirió en 1992 el rango superior de “Calificada” y ello llevaba implícito una mayor valoración de la uva y el vino, a la par que impedía la venta a granel. Igual las autoridades vascas y riojanas tienen que pedir al Ministerio la pérdida temporal de ese rango para poder exportar a granel como hacen otras regiones.
Hay que quitarse como sea doscientos millones de litros de ese stock, pero de ningún modo rompiendo los contratos con los viticultores o poniendo precios tan ruinosos que no compense vendimiarlas.
Nuestras autoridades, en esa “gestión de crisis” que sugiero, deberían también hacer cumplir la ley en relación a las bodegas de “vino de mesa” que nos avisaba Carlos Estecha en este blog. De ningún modo pueden seguir abiertas esas bodegas que han estado procesando la uva excedentaria de la DO y que han complicado enormemente la problemática excedentaria, ante la pasividad del Consejo Regulador.
Un acuerdo de la Presidenta de La Rioja y el Lehendakari del País Vasco podían reconvertir temporalmente algunas de esas bodegas en almacenes de vino para destilar.
Por otro lado, considerando que tienen nuestras Administraciones todos los datos fiscales y estadísticos para saber quién es viticultor con dedicación exclusiva y quién no, propongo que se estudien algunas fórmulas para aplicar este septiembre 2020, si se confirman los peores augurios, como la remuneración diferente de la uva según calidades objetivables o la descalificación parcial de la cosecha según aportación de la uva a la renta familiar.

El primer tema se haría a imitación de la tabla de precios de uva que acordaban las bodegas en los años setenta y ochenta, diferenciándolos según localidades de la Denominación, solo que utilizando ahora los criterios de calidad más objetivos que he mencionado en las páginas anteriores. Con ese propósito de reducir drásticamente la cosecha se podía completar con una descalificación selectiva (por ejemplo, del viñedo plantado en los últimos 15 años, del viñedo en suelos de aluvión, etc) .
La segunda propuesta, pretendería salvar el colectivo de agricultores, especialmente los jóvenes, amparando el 100% de la producción de los viticultores con dedicación exclusiva a la viña hasta 15 Has por unidad familiar y amparando solo el 50% al resto de la producción de este colectivo y de los otros cuatro colectivos que tienen importantes ingresos extra-vitícolas
De este modo el potencial de la DO en 2020 bajaría de unos 430 a unos 250 millones de kilos de uva. El mantenimiento del precio de la uva en torno a 1 euro/kg permitiría mantener la dignidad de la Denominación, la viabilidad de las explotaciones prioritarias y cubriría los gastos de cultivo en todos los casos, consiguiendo para las bodegas el doble objetivo de reducción drástica de excedentes y reducción de gastos fijos.
Notarán que estoy hablando en este artículo especialmente de los viticultores profesionales, de esos seres anónimos, muchas veces sin rostro ni nombre, y que me estoy refiriendo muy poco a ese otro colectivo más mediático de pequeños y medianos bodegueros. Hay varias razones para priorizar en este artículo a los viticultores. Por un lado aportan la mitad de los 90 millones de kilos de la vendimia alavesa, unos 45 millones de kilos frente a los 20 millones de kilos que mueven las pymes bodegueras. Por otro lado, demográficamente los primeros suponen cinco veces más familias que los segundos.

Otra razón es que una fuerte bajada del precio de la uva suele arrastrar también al precio medio de la botella, incrementando la competencia bodeguera. Pero tal vez la razón más importante es una razón de tiempo, de premura. Un día de finales de septiembre alguien comunicará a los viticultores si les compran o no la uva y el precio que va a imperar esa campaña: “0,X euros/kg, lo tomas o lo dejas”. En una semana tienen que entregar unos 45 millones de kilos de uva “a lo que le den”. No tienen tiempo para establecer estrategias alternativas.
Mientras que los pequeños y medianos bodegueros tienen un año entero para colocar su cosecha, moviéndose por aquí y por allá. Hablaremos de ellos y sus estrategias la próxima semana.
Continuará…
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El artículo de Miguel me lleva a la siguiente reflexión:
Debemos tener en cuenta que la viticultura en Rioja Alavesa produce bienes materiales (uva), y también inmateriales en un doble ámbito:
El primero engloba todo lo relacionado con la cultura, salud, gastronomía, turismo, pedagogía…
El segundo agrupa la producción de la naturaleza, medio ambiente, agua, paisaje, y equilibrio territorial. De ahí la importancia de fijar precios mínimos de la uva para la rentabilidad del viticultor y la estabilidad de la explotación.
Una sociedad moderna y solidaria, como aspiramos para Rioja Alavesa, es aquella que la riqueza se reparte equitativamente entre los diferentes eslabones de la cadena de producción, desde la uva hasta el vino en la mesa del consumidor.
Pongámonos a trabajar. La vendimia 2020 llegará pronto.
Muchas gracias, Fernando M. Bujanda. Si el vino no ha de faltar en ninguna mesa que se precie, la solidaridad tampoco. Un cordial abrazo.
El combate es desigual. Los viticultores profesionales del Rioja se vienen enfrentando a las crisis, de diversa índole, a lo largo de estas últimas décadas. Son pequeños, diminutos David en liza con gigantescos GOLIAT -cada vez más grandes y poderosos-, que aplican las leyes del Mercado sin contemplación alguna. Ojalá hubiera muchos bodegueros con la ética y las ideas que el otro día expresó Juan Luis Cañas en este blog.
Estamos ante una situación de emergencia en las viñas. Tan duro es el panorama en el que nos ha sumido el coronavirus, que si los Goliat de La Rioja y Euskadi no se ponen a la altura de las circunstancias, si alguien nos les llama al orden, bien podría pasar lo que ha ocurrido recientemente en el agro español: que se nos avecinan manifestaciones y protestas.
Es cierto que nuestros viticultores, entregados con pasión y abnegación a sus trabajos en la viña, han podido caer en una digamos cierta «comodidad», habiéndose desentrenado en lo que era la protesta legítima en la calle y las ciudades, porque como bien dice el refrán: «Quien no llora, no mama».
Veremos qué sucede, y qué papel juega el sindicalismo en este crucial momento. ¿Que luchan con un brazo atado a la espalda? Sí, pero ¡que luchen social y sindicalmente, que luchen!, porque no les va a quedar otro remedio
Muchas gracias, Miguel Angel. Saludos cordiales.
Hay Medios de Comunicación que se han puesto las pilas para estar a la altura de la que nos está cayendo encima. Felicito al blog Rioja Alavesa por la tarea informativa que viene realizando día a día. Soy una persona con muchas inquietudes… culturales, económicas, sociales, investigadoras… ¡Quién me iba a decir que me engancharía a un blog que fundamentalmente habla de viñas y viñadores, de enoturismo, de etnografía y paisajes culturales del vino y el viñedo! Pues aquí estoy encantada, mirando qué hay de nuevo cada día en este blog.
Hoy me sorprendo gratamente una vez más con este esfuerzo que viene realizando el Master en Viticultura y Enología, Miguel Larreina. Me atrevería a decir que es el único que en todo el panorama RIOJA pone ideas encima de la mesa. Ideas precisas que son más que una mera tormenta. No voy a criticar a quien nos las expone, tampoco a quienes no las llevan a cabo. Pero que se sepa: somos unos cuantos los lector@s (así lo comentamos en mi ámbito de amistades), que lo valoramos como merece.
Seguid así, por favor. Ánimo y Coraje, como vosotros mismos decís.
Muchas gracias, Arene Amezaga. Tus palabras son un viento favorable para seguir erre que erre, día a día. Efectivamente, qué bien nos lees, Ánimo y Coraje. Y un fuerte abrazo.
Ayer, leíamos al bodeguero Luis Cañas.
Lo dije, es un hombre solidario antes y después del virus que le asoló.
Y hablaba en el blog, de cómo veía él la solución a esta crisis sanitaria y económica.
Hoy Miguel, nos pone los pies en la tierra con su artículo.
Tienen que pasar meses para saber si es verdad que la sociedad y el mundo ha cambiado.
Si va a ser más solidario, o el sistema, las grandes multinacionales del vino de este País, se quejan amargamente, mientras llena los bolsillos y predicando que de esta crisis saldremos todos.
Lo que no dirán, que unos salen forrados y otros, el viticultor, despellejado.
Coincido con Miguel, que a pesar de la penuria, si existe ayuda de Europa, los viticultores, pueden seguir.
Seguir, ojo, porque desde hace diez años, han desaparecido un montón de cosecheros. Y un buen número de viticultores que han vendido el papel a los grandes y hoy trabajan aquella tierra que fue suya para un señor que a veces ni siquiera es de la Rioja o de España.
Quiero poner una gota de ilusión, una gota como la que ayer nos dio Juan Luis Cañas.
Un abrazo
Muchas gracias, Dalmacio. Saludos cordiales.
Muchas gracias Miguel: He leído tu artículo, amplio, minucioso, lleno de datos, cifras y sobre todo aportando PROPUESTAS.
Deberían tomar NOTA nuestras Autoridades del G.V.-D.F.A.en materia de Agricultura y promover YA encuentros con todos/as las partes implicadas para llegar a un necesario PACTO SOCIAL, que aporte soluciones a esta crisis económica que ya está entre nosotros.
Saludos cordiales.
Muchas gracias Francisco Mtz de Cañas. Saludos!
Gracias por vuestras aportaciones. Me maravilla cómo conseguís poner en unas líneas y unos minutos una realidad que a mí me cuesta días y días, folios y folios de trabajo. Vuestras opiniones públicas o privadas, en este blog u otros medios, son imprescindibles para crear una corriente de opinión, para trasladar a nuestras autoridades la gravedad del tema que se puede estar gestando en este confinamiento y en el distanciamiento social que nos proponen a medio plazo
Muchas gracias, Miguel Larreina. Un cordial abrazo.
Estamos a tiempo, quedan seis meses para la vendimia. Es el momento de juntarse, debatir, negociar… en definitiva, hablar. La Administración, las bodegas y l@s agricultores debemos sentarnos alrededor de una mesa y buscar soluciones que nos hablen de futuro. Basta ya de cortoplacismo e improvisación, de soluciones puntuales a problemas coyunturales.
Habrá que hablar de los compromisos de los agricultores y agricultoras. Tendremos que adaptarnos a la nueva realidad, redoblar esfuerzos, hacer sacrificios, pero juntos de la mano con las bodegas. Estas, al igual que muchas empresas de este país solicitarán ayudas, creo que necesarias, pero precisamente ahí es donde habrá que incidir en la corresponsabilidad y pedir una política de precios dignos y así también favorecer y no poner en clara desventaja a las bodegas que tengan buenas prácticas.
Sé que este blog lo leen responsables de la Administración, bodegueros y también los representantes de los agricultores y agricultoras, y por eso me gustaría deciros que creo que es el momento de hablar y debatir sobre cuál es el modelo de sociedad y de relación que queremos tener en un futuro.
Gracias.
Muchas gracias, Iñigo Franco Atorrasagasti. Un cordial abrazo.