Mi única intención era pasar una buena noche en el Jardín de las Variedades, en un concierto de Vino y Rock organizado conjuntamente por el ayuntamiento de Elciego y Bodegas Valdelana. No pensaba bailar, ni emocionarme y mucho menos escribir un artículo para el Blog.

CUANDO una guitarra eléctrica suena en el paisaje vitivinícola.
En Elciego se celebraba la XVII Semana del Vino y la Música, lo que le llevó a Juan Valdelana a invitarme a pasar la tarde noche del pasado viernes como un asistente más. Es posible que Juan tampoco pensara que yo aceptaría.
Pero las cosas suceden tantas veces de un modo tan inesperado que… El caso es que aquí estoy por culpa del sueño de una noche de verano, que diría Shakespeare.

EL grupo de rock de Juan Valdelana cerró una noche mágica.
Una noche en la que nos juntamos 320 personas para beber vino y brindar por la vida en un ambiente cordial donde los haya. Una noche en la que, lo que son las cosas, Juan Valdelana decidió dedicar el concierto de su grupo de rock “Escroto Roto” a tres personas muy especiales.
Y a un solo dios verdadero. Al dios de las pequeñas cosas, que diría mi admirada escritora india Arundhati Roy. El dios del amor, ese que, como señalaba mi amigo Kirmen Uribe, mueve el mundo. Ese buen sentimiento que formó parte del concierto.

Entrada la madrugada, ya sobre el escenario, Juan Valdelana, guitarra en bandolera, dedicó el concierto “a tres personas que ya no están, almas que ya no va a tener el pueblo de Elciego, grandes pérdidas de estos años, personas irrepetibles”.

JUAN en un momento del concierto.
Citó primero a Pedro Riofrancos, “una persona muy especial, cuyo sentimiento por el pueblo es difícil que lo tengan tan arraigado como él las nuevas generaciones”.

ALLÍ estaba el viticultor Jaime Riofrancos, el hijo de Pedro.
También a quien fuera alcalde de Elciego, fallecido prematuramente con 42 años, en enero de 2022, Luis Aldazabal, “que ha sido, es y será siempre nuestro líder”, en palabras de Juan.

LUIS Aldazabal en una fotografía de Archivo del Blog.
Y por último “a la luz de la Plaza, a mi amama Mari Plaza, que tenía amor para regalar a todo el pueblo”.
En la noche ya había prendido una atmósfera de mutuo afecto, con mucha gente sonriendo con nostalgia, con ganas de beberse la vida. Son ese tipo de conexiones que hacen grande a un pueblo.

JUAN Jesús Valdelana con su madre Mari Plaza y su padre Isidoro.
«No hay tregua»
En la última canción de la madrugada, titulada “No hay tregua”, el grupo musical de Juan quiso expresar que “seguimos aquí luchando, vivos frente a la adversidad y las dificultades. Unidos como pueblo para salir fortalecidos de todo esto”.
El mismísimo Leonard Cohen hubiera encontrado sobre el Ebro sin buscarlo, Aleluya, el acorde secreto para una nueva canción. El acorde que marca el paso de la convivencia. De hecho, ustedes perdonen, vimos la sonrisa detrás del velo de las sombras. El encuentro de quienes se abrazan sin temor alguno.

EL lugar se asienta sobre uno de los meandros del río Ebro.
La música y el vino hicieron su mejor trabajo, pero las teclas estaban ya dentro de las 320 personas que compartieron el ocaso de un viernes en el Jardín de las Variedades de los Valdelana. Ojalá que lo bueno se quede. La amabilidad entre distintas generaciones.
Cuando el Sol sueña al otro lado del Planeta
Suspirando en Elciego frente a uno de los meandros del Ebro, en mitad del ocaso, los asistentes al concierto aspiraban a bailar para que estalle el vacío de un mundo desgarrador, componiendo un rock and roll bajo las estrellas.
Tiritando con la emoción del viento del norte, sangrando vino en el corazón de un paisaje herido, a la intemperie, millones de cepas se visten, se desnudan y dan un fruto eterno de uvas que se funden con los labios de tu alma.

EL ocaso del viernes en una copa de vino blanco
Cuando el Sol sueña al otro lado del Planeta, cuando la banda toque una canción contra la muerte, cuando seamos campana invisible, bailaré en tu pecho de rock y vino recreando juntos la danza nocturna de un sueño de verano.
Estallará el verde de la vid en la paleta de tu piel, arderá en tus ojos para escribir en el lienzo de tu mente soñadora un titular de amor, sembrado bajo una viña, deletreando el deseo que emerge en la hondura del humano corazón.
La primicia de una buena nueva
El grupo de rock de Juan se entregó con pasión. En el escenario mostraron abiertamente la corriente de afecto que llevan años cultivando. Fue más que música, pues el mutuo aprecio es la gran cosecha de la humanidad, el mejor de los talentos.

¡Y tanto que vive!, compuesto con racimos y copas de vino.
Todo en un paisaje inspirador donde nada molestaba, ni los altos decibelios del rock, ni tan siquiera algún que otro apagón de luz.
Por si fuera poco, algunos conocimos la primicia, la buena nueva, que nos llevó a un brindis especial en petite comité, pues dentro de una joven de Rioja Alavesa palpita un ser humano cosecha 2025 para el siglo XXI.
¿Fue todo un sueño, algo efímero, unas horas de magia desvanecidas como pasa a veces con el efecto Foehn sobre la Sierra? ¿Fueron apenas unas horas de magia? Si así fuera, lo acontecido la madrugada del sábado demuestra que todo es posible.

MUCHOS quisieron inmortalizar el momento.
Jóvenes y no tan jóvenes formamos ramilletes de cien conversaciones para celebrar la vida, sosteniendo y alzando de vez en cuando una copa de vino.
Pude preguntarles a los más jóvenes ¿por qué beben vino de Rioja Alavesa?, ¿qué les da, y qué les quita?, ¿a dónde les transporta?, ¿qué atmósfera crea en el cielo de su paladar?…
La polea que de verdad lo mueve todo
Algunos bailaron con sus copas, levantándolas al final de canciones que fueron llegando como si fueran olas. Hasta que de repente paró el viento. Entrada la madrugada, los autobuses lanzadera devolvieron a la gente al punto de salida.

LA música arropada por las viñas de Elciego.

JUDIT Valdelana grabando una de las canciones.
Atrás quedaría el bosque encantado de viñas, el jardín de las especies de diferentes uvas del mundo.
El rostro de Luis Aldazabal en el bombo de la batería seguirá acompañando a esta banda de rock allá donde toquen. “Si hay que tocar en la guerra, yo voy con vosotros”, como dice el músico de Laguardia Eduardo Moreno San Pedro. “Voy con vosotros -añado- para intentar pararla”.

CON Lorena Aldazabal, la hermana de Luis, al final del Concierto.
El sortilegio fue dedicar el concierto a tres buenas personas que ya no están, que pasaron por aquí para dejar huella, los que nunca crearon problemas al universo. Los que actuaron como si el amor fuera la única polea que de verdad mueve el mundo.
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Bonito gesto de Juan Valdelana para un concierto muy especial!
Gracias, Sara
Me encanta el lenguaje poético que encierra la crónica del sueño de una noche de verano. La música que nos lleva al tran tran… Y ese sabor a vino fresquito de Rioja Alavesa. Zorionak!
Eskerrik asko, Antton
Antes de dormir lo volveré a leer
Maravillaaaa
Gracias, Begoña
Merece la pena seguir aportando estos pequeños actos que no son otra cosa que un llamamiento a la alegría y la esperanza en el futuro.
Magníficos los Valdelana, dueños de ese espíritu seriamente divertido.
Gracias, Alberto
Eso es un pueblo. El que sabe mirar por sus vivos y por sus muertos. Bravo!!!
Gracias, Rosaura