Abr 11, 2017

Cuento de Primavera

El amanecer era tan increíblemente luminoso y sereno que pensé si podía encontrarme, sin yo saberlo, en pleno mes de julio. Sin embargo era mediados de abril y la naturaleza inauguraba su presentación con las galas más elegantes y aromáticas.

El-Caminante-mira

EL CAMINANTE del Alma otea el horizonte desde una loma de la Comarca.

Huele a despertar de flores y tierra seca. Los sentidos captan el renacimiento de los delicados aromas que el aire desparrama para que todos los seres descubran que brota la vida. Los árboles, arbustos y plantas se impregnan de sensualidad y debutan en el gran escenario compartiendo belleza.

El reencuentro de las Perdices

*El Caminante del Alma.

La Sierra Cantabria hace de rompeolas de nubes que se dispersan hacia las faldas acariciándola. Nublan Pipaón y Lagrán, pero no alcanzan Rioja Alavesa.

Viene el día serenamente y lo humano descansa, es domingo. Seguro que algún durmiente se despereza enfadado con el estreno del bullicio gorrionero que discute en el alero de su tejado con su monótona verborrea cantarina.

El aire hace volar pétalos de endrinos, zarzales y frutales que se posarán en la viñas preparadas concienzudamente para revivir desde las profundidades con la llamada del sol.

Debido al objeto que porto bajo el brazo, me siento confundido y nervioso.

Sierra-Cantabria

LA SIERRA Cantabria hace de murallón de nubes…

El guarda de campo de Zieko llamó ayer a mi puerta y me entregó un misterioso paquete que había recibido de un, igualmente, misterioso personaje con el que se encontró entre viñas. Me dijo que vestía de forma rarísima y le preguntó si me conocía; cuando le garantizó que sí, le pidió que me lo hiciera llegar.

Había abierto el paquete sobrecogido por la explicación del guarda, pues sabía de quien procedía: El Artista.

Para mi asombro desplegué una manta azul turquesa que reconocí inmediatamente. Era la misma con la que me envolvió una mañana de la pasada Navidad para comprender de un modo sobrenatural el idioma de las perdices. Una nota decía:

“Apreciado Caminante, habrá reconocido al momento que el remitente es su amigo y servidor; el compañero de diálogos sobre el universo y admirador de la paciencia con la que escribe mis momentos patafísicos. Le hago llegar la manta de efectos electromagnéticos con la que deseo que cumpla el siguiente objetivo.

Dibujo-perdices-exodo

EL ENCUENTRO de Navidad les llevó al privilegio de ESCUCHAR el éxodo de las perdices…

Yo me hallo preparando unas jornadas de física cuántica y de las ciencias matemáticas que estudian el universo y no podré acudir al rincón de Rioja Alavesa en el que usted y yo vivimos la amorosa experiencia de las perdices despidiéndose de sus padres ante la amenaza de una muerte casi segura por los desgraciados disparos de los cazadores.

Recuerde que los padres pactaron reunirse con los pollos cuando llegara la primavera en el mismo lugar de la despedida.

Acaba de inaugurarse la esperada estación y pronto deberá ocurrir la esperanzada escena del reencuentro con los supervivientes de la familia. Cuenta ahora con la prodigiosa manta que volverá a darle la oportunidad de escuchar el diálogo del encuentro.

Acuda con ella todos los días al mismo lugar de entonces y espere pacientemente a que el sol caldee el ribazo desde el que les vimos partir. Úsela del mismo modo.

Sabe que la manta posee energía suficiente para activar las moléculas más primarias de la biología cósmica; cuídela y una vez terminada la experiencia déjela en el mismo lugar, oculta bajo piedras. Yo pasaré a recogerla para recargar su energía.

En nuestro próximo encuentro usted me contará la experiencia. Suerte!”

A cada paso sentía la tentación de desplegar la manta para probar sus extraordinarios efectos con otros compañeros de la naturaleza, pero el respeto a El Artista me refrenaba. Cruzaban el camino un par de escarabajos e idealicé lo que bajo la manta podría llegar a entender. El bando de urracas que me sobrevolaban podía ser un laboratorio de sorpresas si alcanzase a entender lo que se comunicaban.

Tejon-zorro

UNOS ZORROS le observaban desde el alto de un cerro.

La procesión de las laboriosas hormigas, las lagartijas al sol, los insectos zumbones, los conejos en las madrigueras, la pareja de zorros que ahora descansaban mirándome desde el cerro, los jilgueros, los estorninos del cable, el milano y la milana, las mariposas de vuelo saltarín… podría entenderlos a todos, pero…

Debía utilizarla solamente para lo que me había encomendado: las perdices. Llegué al punto exacto de la maravillosa experiencia, y emocionado me tumbé en el suelo cubriéndome con la sorprendente manta.

Aunque concentré toda la atención en captar las sensaciones que ahora debía sentir, no percibía nada anormal. Desde mi posición abarcaba perfectamente el espacio de viña en el que había vivido la despedida de la familia de perdices. Me tranquilicé pensando que el poderoso efecto se daría cuando fuese preciso, eso siempre que la manta no hubiese perdido la energía.

Aguzaba el oído y la vista para captar cualquier novedad y cuando había transcurrido un tiempo, que se me hizo especialmente largo, sentí la energía que, aún conociéndola, me sobrecogió y asustó por hallarme sin la reconfortante presencia de él.

Dibujo-2

BAJO LA MANTA poderosa, El Caminante del Alma aguardaba la llegada de las perdices.

La visión pasó de una primera fase donde todo era borroso a otra de una profundidad maravillosa que me permitía distinguir cualquier insignificancia del suelo. La audición después de un prolongado e intenso pitido, se afinó hasta oír mi propio torrente circulatorio. Y el estado de alerta mental evolucionó desde la confusión a la mayor de las capacidades cognitivas.

Ahora me sentía que era algo sobrenatural envuelto por una manta y testigo de lo que ocurría en un pequeño rincón de Rioja Alavesa.

De repente capté una voz de perdiz que repetía insistentemente el nombre de Kusal.

Era Alina, la madre llamando al padre de sus criaturas. Le vi correr por la viña entonando su nombre, más delgada y con el plumaje más mustio que cuando la conocí. Me sentí muy emocionado.

Luego, con el mismo ímpetu, nombró desde todos los ángulos de la viña a sus siete criaturas: Melú, Cerit, Sarot, Dirlen, Gulín, Fiset y Edina.

Dibujo-1

LA MADRE ALINA llamó uno a uno a todos los miembros de la familia de perdices.

No había respuesta y se daba descansos para empaparse de los cálidos rayos del sol. Picoteaba escuálidos restos de racima y escarbaba a los pies de las cepas en busca de gusanos. Luego volvía a subirse a los brazos de las cepas para repetir cantando el nombre de su hijos.

Sin novedades y después de tres horas en el punto del reencuentro, alzó el vuelo y raseó la viña hasta perderse ladera abajo.

Inmediatamente recuperé el estado natural identificado anímicamente con la tensa espera que la madre estaba viviendo.

Plegué la manta e inicié el regreso con la voluntad de volver en los días sucesivos. Así fue, hice la visita diaria, viviendo siempre la escena del primer día, sin que se diese novedad alguna. La madre, desde las cepas más altas, repetía monótonamente el nombre de Kusal y los siete vástagos. Yo me sentía cada vez más electromagnético, y el resto del día, incluso por la noche, parecía que me faltaba algo primordial.

Algo que se había apoderado de una parte de mi voluntad hasta sentir que fuera de la manta todo era más pobre y absolutamente menos emocionante.

El buen tiempo parecía estabilizarse e incluso aparecieron las primeras golondrinas. Delgadas y nerviosas volaban sobre las orillas del Ebro acechando la eclosión masiva de los insectos.

golondrina-vuela

Al quinto día, cuando Alina espolvoreaba el plumaje para asearse, su corazón debió de dar un vuelco cuando vio que desde el otro extremo de la viña, se acercaba corriendo Sarot. Con la emoción del encuentro chocaron y rodaron por la tierra buscándose el pico.

Estrenaron el encuentro cantando los trinos del amor y comenzaron a contarse sus cosas. Sarot había sorteado varias cacerías que estuvieron muy próximas, con perros especialmente adiestrados. Los consejos recibidos les habían salvado.

Tuvo que contar a su madre que vio caer a Gulín cuando fue tiroteado al levantar el vuelo ante el insistente acoso de un perro.

La madre se sobrecogió y preguntó ansiosa por el resto, pero Sarot no sabía nada de los demás.

Alina tuvo que decirle que su padre, Kusal, lo más probable era que para entonces hubiera fallecido porque cuando invernaban juntos en el corral: “hizo una arriesgada salida para traerme gusanos siendo tiroteado a su regreso”.

Fue alcanzado en una ala dificultándole casi totalmente el vuelo. Había permanecido junto a ella hasta que decidieron que había llegado el momento de partir a las tierras entre viñedos, al posible reencuentro con sus hijos.

Dibujo-perdiz-aita

KUSAL, el hermoso macho de perdiz, había sido herido…

Decidieron que partiese primera ella y que él intentaría llegar haciendo trayectos cortos y mayormente pateando.

Ahora que llevaba días esperándole, daba por hecho que habría perdido la vida porque suponía una presa fácil para perros y alimañas.

Pasaron más días a la paciente espera de novedades. Yo era feliz bajo la manta, observando cómo se juntaban a media mañana para cantar juntos reclamando a sus hermanos.

Un buen día aparecieron juntos Melú y Dirlen fundiéndose en la danza de revolcones y aleteos.

Preguntaron por el resto apenándose por las ausencias. Cada uno contaba a Alina las peripecias que habían hecho para sobrevivir. Las batidas de tiroteadores resultaron intensas y cada palmo de tierra olfateado y revisado mil veces. A su favor el invierno no se mostró muy crudamente.

Acudía puntual a la cita. Las hierbas sobre las que me recostaba eran un mullido colchón que amarilleaba por mi permanencia sobre él. Llegó el día en el que con el sol en el cénit, se escuchó el tronar del vuelo de otro hermano que se posó ruidosamente junto a su madre. Era Edina y llegaba especialmente delgada y con una pata quebrada por el impacto de la metralla.

Contó el percance y la suerte que tuvo de alcanzar el Ebro para que los perros perdiesen el rastro. Se enteró de lo ocurrido con sus hermanos y con los cuellos estirados y los picos alzados, juntos lloraron su ausencia.

Dibujo-3

SAROT, MELÚ, DIRLEM, EDINA… cuatro supervivientes de los siete hermanos.

No desveló que una mañana creyó reconocer el cuerpo de Cerit colgado de la percha de un tiroteador, mezclado con los cuerpos de otros congéneres. Prefería que viviesen para siempre sin la certeza de su muerte.

Transcurridos suficientes días, comprendimos, incluido yo mismo, que a Fiset le esperábamos en vano, y su ausencia fue convirtiéndose en nostalgia.

La naturaleza lanzaba su ancestral llamada al nuevo ciclo de la vida y debían acudir a ella para entregarse salvajemente.

Ahora primaba la búsqueda de territorio para estrenar reclamos de amor y construir la nidada.

Realizaron los últimos encuentros y cantaron juntos entre carreras y saltos. No olvidarían lo que habían aprendido para sobrevivir y su orgullosa esbeltez jamás perdería la bella estampa ante ningún tiroteador.

Dibujo-Perro-Perdiz6

TRES DE LAS PERDICES habían sido presa de los perros de los cazadores.

Les llamaba la vida y después de los últimos cariños y consejos, Alina voló a la rama del almendro y repitió el grito de Kusal: «Ahora!».

Los cuatro repitieron la enérgica arrancada en direcciones distintas, volviendo a convertirse en saetas que sobreviviendo a los estragos de la caza, se lanzaban a la vida con la plenitud de su vigorosa energía.

Alina permanecería la nueva temporada en la viña de los grandes recuerdos y sus inmediaciones. Cuidaría su plumaje y afinaría el canto porque de lo profundo de los instintos de perdiz, resurgirá la natural vitalidad.

El macho que rondase aquella viña y escuchase su fino canto, seguro que haría lo posible por conocerla.

Di por finalizada la inaudita experiencia. Oculté la manta en el mismo lugar bajo unas lajas de piedra, haciendo un esfuerzo para no continuar más tiempo con ella dedicado a más observaciones. Era propiedad de El Artista y debía regresar a él para recargar la energía que le confería los poderes.

Reencuentro-Perdices6

TEXTO del CUENTO de primavera de José Ramón Elorriaga Zubiagirre.

Esperaría ansioso el próximo encuentro para contarle lo vivido. Pasados unos días comprobé que la manta ya no estaba.

Pensé en las perdices que nunca regresaron, víctimas de un comportamiento primitivo que en el siglo XXI se sostiene con esqueléticos argumentos.

Estos pensamientos refuerzan la admiración que siento por las perdices cuando camino por el inmenso jardín de Rioja Alavesa y escucho su canto, les veo correr entre hileras de viñas, o alzar el vuelo temerosas de un tiro.

Refugio-de-Arte

EN SU REFUGIO DE ARTE, Joserra Elorriaga da aliento a sus Caminatas del Alma.

Una maravilla de la naturaleza que con su presencia de siempre también enriquece y equilibra el patrimonio de una geografía que, explotada para la supervivencia de los habitantes, también debe considerar y respetar valores como la existencia de las perdices, que sin aportar riqueza contante y sonante, no deben ser objeto único de diversión, porque tienen la misión y el derecho de vivir en el ecosistema que también es suyo.

 

*José Ramón Elorriaga Zubiagirre.

18 respuestas a “Cuento de Primavera”

  1. Otro hermoso cuento de Joserra, acompañado por sus bellísimos dibujos.
    ¡Qué bien empezamos el día!
    Gracias Caminante del Alma

    • Blog Rioja Alavesa dice:

      Qué fortuna festejar estos días de primavera con un cuentista que nos traduce el canto de las perdices en la Comarca. Gracias, Miguel. Salud y Saludos.

  2. Kepa Urdangarin dice:

    El Blog es una caja de sorpresas constantes. De imaginación y hasta de pinturas. Ze goxo!

  3. Lea Madariaga dice:

    !Que relato y descripciones tan bellas, precisas y serenas…! Y los dibujos…maravilloso complemento, el mejor. Eskerrik asko por tanta dulzura.

  4. Isolina Garizurieta dice:

    Humildemente pienso que necesitamos esa mirada, honda y bien intencionada… para todo en esta vida. Buen relato, estupendas imágenes. Mila esker

  5. Rafael Gamboa dice:

    Este Blog es un placer y un hallazgo: siempre interesante, con un toque muy profesional, riguroso, plural y con retazos bellos de poesía. Combina actualidad con sensibilidad de la buena… es curioso, porque los Medios tradicionales hace mucho que abandonaron esa senda, la de la cordura y la responsabilidad.

  6. karmele dice:

    Vaya fábula tan llena de sensibilidad y de verdad. No podría venir mas que de la mano de alguien que tiene mucha alma y es amante de recorrer caminando la tierra de Rioja Alavesa que tanto ama. Envidio esos paseos y esa manta maravillosa. Y comprendo muy bien al Caminante y al desasosiego de las pobres perdices, expuestas como están al constante peligro de un cazador tan bruto que desconoce que cualquier día él mismo puede ser la presa.

  7. M.Dolores Verastegui dice:

    Precioso, Joserra

  8. Hoy Elciego es un lujo. El «CAMINANTE, Ana Urquijo y yo nos vamos a dar un beso y vamos a brindar con un gran vino» Un VINO SUPERIOR».

    Gracias Joserra. Hoy Elciego, como siempre, CATEGORÍA.

  9. Iñaki Elorriaga dice:

    Cada uno de nosotros debe encontrar su manto.
    Tu lo has buscado y conseguido.
    Zorionak hermano.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Recibe nuestras novedades

Newsletter

Acepto que Blog Rioja Alavesa utilice mis datos para acciones de marketing

Hazi
Cuadrilla de la guardia