Nov 22, 2020

Chocolate en tierra de vino

Los tres antiguos obradores de chocolate que funcionaron a finales del siglo XIX y principios del XX en Elciego se han transformado con el tiempo en una farmacia, una librería y una vinoteca.

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ELCIEGO, caminando con la Historia, mutando su dulce piel con el paso de los siglos.

El chocolate, esa bebida divina que en otros siglos conquistó Europa, también tuvo su asentamiento y protagonismo en Rioja Alavesa. Los nuevos productos que iban llegando de ultramar fueron abriéndose hueco en las distintas capas sociales a lo largo de los siglos XVI y XVII.

Jesús Fernández Ibáñez *

Muy pocos datos tenemos de esas épocas que hagan referencia al chocolate en Elciego. En la segunda mitad del XVII algún pequeño dato en inventarios y utensilios de las casas, al igual que la presencia de maestros confiteros, nos hacen pensar que este producto comenzaría a tener protagonismo en alguna familia muy concreta de la Villa.

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MOLDE para un onza de chocolate, en las manos de un viticultor de Rioja Alavesa.

Un examen de aprendiz de confitero de Sebastián Medrano o los propios enlaces de familias y haciendas con otras poblaciones, nos inducen a pensar que el chocolate acariciara paladares y tertulias de algunas familias de la Villa. Es el siglo XVIII, esa época barroca de construcción de casas señoriales que van a ir definiendo el casco histórico que quedará para la posteridad, el que nos va a mostrar en su plenitud la presencia de este producto en las familias más pudientes de Elciego.

No en vano algún escritor definió el siglo XVIII como “el siglo del chocolate”, que junto con el café y el té fue utilizado como demostración y agasajo entre las familias hacendadas. La práctica del consumo de chocolate líquido, el preparado en las chocolateras de las casas, fue una moda cortesana y burguesa europea que fueron asimilando las familias hacendadas de la Villa. Hasta llegó a constituirse como una manifestación más de ese nivel económico y social que tanto se cultivó en esa época.

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JESÚS Fernández Ibáñez, autor de este artículo para el Blog.

Muchos son los datos de inventarios de familias donde aparecen una, dos o tres chocolateras, dentro del ajuar de la cocina. Es un indicador más del nivel social de la casa que se ha inventariado. Este utensilio específico tenía las condiciones idóneas para fundir y derretir el chocolate, cortado en virutas o molido, y mezclarlo con leche hasta conseguir una bebida espesa atemperada por el fuego.

Las más sencillas eran de “frosleda”, un vocablo específico de la zona utilizado para denominar al latón. Las más prestigiadas eran las de cobre, que siempre aparecen remarcadas de este metal por ser de mejor calidad. Las capacidades eran de un cuarto, medio e incluso un azumbre.

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MOLDE utilizado para hacer chocolate en Elciego.

Es curioso leer un apartado del testamento de Martín Manso de Velasco, fechado en 1752. Pertenecía a la familia de los Manso de Velasco, los grandes mercaderes de la lana de Los Cameros, que se casó y asentó en Elciego. Llegó a tener una importante hacienda en la Villa, con bodega en la que vinificaba y obtenía de su venta importantes beneficios.

Dejó en su última voluntad a su prima Ana María de Paternina, residente en Ollauri, 120 reales por cada año, hasta un total de seis, “para que tome chocolate y se acuerde de mí cada vez que lo haga”.

Ya en la segunda mitad del siglo XIX, las nuevas técnicas para su molienda y preparación, junto con la liberación del comercio, contribuyeron a que se popularizara el consumo del chocolate. Esto llevó consigo a que su presencia se extendiera en la mayoría de las familias, ya fuera como motivo de celebración o como complemento litúrgico para una tertulia.

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LOS BACIGALUPE elaboraron chocolate en Elciego, tierra de viñas y vinos.

Su fama de alimento nutritivo también contribuyó a esta popularización. Es la misma época en la que el comercio con iniciativa privada florece en la zona. La población demanda esa bebida divina y esto origina que en el último tercio de este siglo XIX surgieran dos chocolaterías en Elciego.

Natalio Bacigalupe era un joven confitero, natural de Cenicero, que al matrimoniar en Elciego en 1874, establece en la Villa un comercio de confitería y pastelería. Junto con sus hermanos se dedica, entre otros quehaceres confiteros, a la fabricación de chocolate, teniendo en Nájera y Elciego sus lugares de elaboración.

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CHOCOLATE con aceite de oliva de Rioja Alavesa y sal de Añana… un postre del siglo XXI.

Como referencia comercial propaga que en “sus grandes fábricas, se fabrican chocolates a gusto del consumidor, con canela, sin ella o a la vainilla”. Posteriormente su hijo Federico continuó con el negocio de Elciego y en abril de 1908 solicita autorización al Ayuntamiento para instalar una tribuna enfrente del establecimiento y en plena Plaza Mayor “con objeto de invitar a sus amistades” en la fiesta de San Prudencio.

La confitería y chocolatería de los Bacigalupe era el mismo establecimiento que en la actualidad se encuentra la vinoteca “La ermita”.

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EN el XIX, varias familias compitieron por el paladar de las gentes de Rioja Alavesa.

Adrián Pérez Calleja, viene de su Azofra natal a Elciego, donde se casa en 1875 con una vecina de la Villa. Es posible que viniera a ésta tras el fallecimiento del anterior confitero local: José Ochoa Balanzategui, o como aprendiz de éste.

Con Adrián Pérez se inicia una saga de confiteros, pasteleros y chocolateros que gozaron de gran fama en la zona; especialmente su hijo Julián Pérez Mena, conocido por la calidad de sus elaboraciones, principalmente las yemas y el chocolate. Julián Pérez entró en contacto profesional con las nuevas tendencias chocolateras: la venta de tabletas de chocolate sólido.

En su obrador de la calle San Andrés, 1 (actualmente la farmacia) elaboraba sus productos y ofrecía las tabletas de chocolate con su nombre grabado en cada onza, con su línea de partición, y envueltas en un papel impreso; al igual que las importantes fábricas chocolateras que se estaban estableciendo en Oñate, Mendaro, Vitoria o Logroño.

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ENVOLTORIO de otro chocolate, en su tiempo tan querido y apreciado.

Chocolates Pérez “los mejores” rezaba en la impresión de sus tabletas de 200 gramos, al igual que la oficialidad de “marca registrada” y hasta el precio de 6,95 ptas. Todo un avance en la presentación y comercialización de sus elaboraciones.

En los inicios del siglo XX, Timoteo Villar Fernández, nacido en Elciego en 1889, asentó un tercer local donde, aparte de vender ultramarinos, confitería y cerería, se oficializó también como fabricante de chocolates. Su obrador y establecimiento, muy cercano al de la familia Pérez, estaba ubicado donde actualmente está la Librería.

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UN gesto dulce que vamos repitiendo a lo largo de nuestra vida…

Tan introducido ha estado el consumo del chocolate en Elciego, que en las tradicionales celebraciones, como pueden ser “el Jueves de todos” de Carnaval, las romerías en las ermitas de San Vicente o San Roque, cumpleaños y otros muchos eventos… no puede faltar el chocolate colectivo para su degustación y fomento de la conversación y relación entre las personas.

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LA DE Timoteo Villar fue la última fábrica de chocolate asentada en Elciego. 

Bacigalupe, Pérez y Villar ofrecieron reconfortante chocolate a una población que tenía en las viñas su fuente principal de riqueza, jornales y trabajo. Trabajaron las delicias de los dulces y del buen paladar del chocolate a la par que otros vecinos de la Villa desarrollaban la fama de los vinos elaborados con las nuevas y tradicionales técnicas, satisfaciendo la demanda de los paladares más exigentes.

Los maestros chocolateros y los elaboradores de vino trabajaron y se preocuparon por avanzar y refinarse en ese mundo de los sentidos, que denotan el nivel y la calidad de una sociedad.

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«BEBIDA DIVINA», el chocolate ha maridado bien con el vino en los altares de la gastronomía.

Hoy en día, en el que tanto se habla del maridaje del vino con otros productos, en esa búsqueda de sensaciones en el disfrute del vino y la tertulia, un buen chocolate puede ser un buen complemento que a la par nos traslade a esas sensaciones que también cultivaron nuestros mayores.

Una farmacia, una librería y una vinoteca han suplantado los antiguos obradores de chocolate de otros tiempos. Chocolate, vino y lectura… tres patas importantes para la salud física y emocional de las personas.

 

* Profesor e investigador de historia de Elciego. 

4 respuestas a “Chocolate en tierra de vino”

  1. Alicia Sastre dice:

    Qué bueno. Hacéis de la realidad una sugerente historia. Y me lleváis a contaros la mía. En mi casa la cocina era un obrador de bizcochos y tartas, donde el chocolate y las manos de mi madre eran las principales estrellas. Qué desayunos, qué postres tan maravillosos. Y claro, yo era Alicia en el país de mi infancia. Mi querida madre lo hacía todo sencillo y tan hermoso, y tan natural. De manera artesana. A veces veo en los escaparates de algunas tiendas, dulces como los suyos, y claro, me los llevo a casa. Como hoy he hecho con este artículo del blog

    • Blog Rioja Alavesa dice:

      Exquisito, Alicia Sastre. Muchas gracias por traer el bizcocho de tus recuerdos, por compartirlo. Quién les iba a decir a aquellos chocolateros de Elciego, a los Bacigalupe, a los Pérez, a los Villar… que sus golosas onzas de txokolate tendrían (con solo hablar de ellas) un efecto así. Un cordial abrazo.

  2. Jon Mancisidor dice:

    Bonita anécdota. Dejar en herencia a una persona querida el suficiente dinero “para que tome chocolate y se acuerde de mí cada vez que lo haga”. Cual mecenas que sufragan tus libros, el cine que quieras ver, las óperas que puedas escuchar, un viaje a Suecia o a Namibia… para que nos acordemos de ellos o ellas cada vez que lo hagamos.

    O para que coma el mundo hambriento. Como para no acordarse

    • Blog Rioja Alavesa dice:

      Muchas gracias, Jon Mancisidor. Cierto que necesitamos cauces de generosidad en un mundo tan desigual. Comenzar por el chocolate… y seguir, como han hecho con nobleza y profundo afecto nuestros mayores mientras nos cuidaron, educaron y alentaron. Un cordial abrazo.

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