
Independientemente de cuál sea la palabra más adecuada para describir el rápido declive de la agricultura europea, lo cierto es que algo está pasando.
Miguel Larreina González. Doctor en Ciencias.
Algo están haciendo mal los gobernantes para que las organizaciones agrarias españolas estén en pie de guerra, los ganaderos rodeen enfadados las empresas lecheras que les compran la leche por debajo de costes o los agricultores franceses acusen directamente a su presidente Macron de asfixiar sus explotaciones
Llevo casi medio siglo estudiando y trabajando en temas relacionados con la AGRICULTURA y los agricultores. He visto crisis agrarias en otros momento pero ha sido en estos días cuando he comprendido la magnitud del declive de esta actividad antaño esencial, cuando he percibido la intrascendencia pública de los agricultores y cuando he intuido una evidencia de esa intrascendencia: las palabras “agricultura” o “agricultor” hoy parecen ser tabús en nuestro entorno, términos innombrables, menciones inconvenientes o pasadas de moda.

RESPONSABILIZAN al Presidente Macron de acelerar la muerte de la agricultura francesa.
Llegué a esa absurda conclusión tras leer en la prensa un resumen de las partidas presupuestarias aprobadas en el Parlamento Vasco para el año 2022, que ascienden a la friolera de 13.108 millones de euros (algo más de 2 Billones de las antigua pesetas) y caer en la cuenta que a pesar de que la Superficie Agraria Útil supone el 23% de la superficie total de Euskadi, entre todas las partidas mencionadas no aparecían las palabras Agricultura-Ganadería, pero si aparecían otras muchas como:
“Lehendakaritza, Seguridad, Trabajo, Empleo, Gobernanza Pública, Autogobierno, Desarrollo Económico, Sostenibilidad, Medio Ambiente, Economía, Hacienda, Educación, Vivienda, Transportes, Salud, Igualdad, Justicia, Políticas Sociales, Cultura, Política Lingüística, Turismo, Comercio, Consumo, Deuda Pública, “Y vasca”, Compromisos Institucionales,…”
Extrañado por esa omisión, comprobé que casi todos los Gobiernos autonómicos mantienen en su organigrama y presupuestos la palabra “Agricultura” o al menos el concepto “rural”. Así hay Consejerías “de Agricultura” en La Rioja, Castilla-León, Castilla La Mancha, Valencia, Murcia, Andalucía, Canarias, Baleares y Consejerías “de Medio Rural” en Galicia, Asturias, Cantabria, Extremadura, Aragón… En Navarra se llama Departamento “de Desarrollo Rural”, en Cataluña se destaca también lo “rural”: Departamento “de Acción climática, Alimentación y Agenda Rural”

Curiosamente en el País Vasco evitamos los conceptos de agricultura y ruralidad y la Consejería encargada del tema se llama de “Desarrollo Económico, Sostenibilidad y Medio Ambiente”. Más sorprendente es que si miramos dentro del inmenso organigrama de esa Consejería cuesta encontrar la palabra “agricultura” entre un maremágnum de viceconsejerías y direcciones generales de nombres muy diversos: Tecnología, Innovación, Transformación digital, Industria, Sostenibilidad Ambiental, Política Alimentaria, Pesca…y Agricultura.
¡Sostenibilidad y Medio Ambiente! Palabras que se destacan en los Presupuestos, palabras con las que se nombra a la Consejería del Gobierno Vasco y también al Departamento de la Diputación de Bizkaia que se encarga de los agricultores y ganaderos. En la Diputación de Gipuzkoa el sector primario lo incluyen en un batiburrillo de “Promoción económica, Turismo y Medio Rural”. Sólo la Diputación de Álava mantiene por el momento la palabra “Agricultura” en su departamento.

¡Sostenibilidad y Medio Ambiente! Son bonitas palabras, conceptos con los que coincidimos pero no cuando se enfrentan a las actividades agropecuarias: “la producción agropecuaria tiene unos profundos efectos en el medio ambiente, siendo la principal fuente de contaminación del agua por nitratos, fosfatos y plaguicidas, libera grandes cantidades de dióxido de carbono y supone la mayor fuente antropogénica de otros gases responsables del efecto invernadero, metano y óxido nitroso, y es causa importante de la pérdida de biodiversidad”.
Frases como las anteriores se leen en los Medios y las trascriben Organismos e Instituciones públicas, a pesar de que acusaciones tan genéricas y sin datos concretos de nuestro territorio aquí se convierten en radicalmente falsas. La realidad en nuestro país es otra como demuestra el informe publicado por la Sociedad Pública de Gestión Ambiental del Gobierno Vasco (IHOBE): “todo el sector primario (agricultura, ganadería y pesca) es responsable apenas del 3% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en Euskadi”.

Se olvidan de decir los Medios y las Instituciones que la agricultura supone en Euskadi poco más del 1% del total de gases efecto invernadero y en concreto la viticultura de Rioja Alavesa una cifra aún menor por cuanto el viñedo desempeña una función importante en la inversión de estos efectos, almacenando carbono en los suelos y la viña, mejorando la filtración del agua, evitando la erosión y conservando los paisajes rurales y la biodiversidad.
Por otra parte, a los que se les llena la boca con la palabra “sostenibilidad ambiental” se les olvida que quieren seguir consumiendo vainas, manzanas, merluza, cordero, vino… y que ignorando o denigrando a los productores locales nos abocan a comer vainas de Marruecos, manzanas de Chile, merluzas de Argentina o Namibia, corderos de Nueva Zelanda, y a beber vino de las D.O. “5º Pino” y similares. ¿Qué hacen esos aviones, grandes barcos y trailers que transportan esos productos durante cientos o miles de kilómetros sino cargarse el Medio Ambiente? ¿De qué sostenibilidad nos hablan?

UNA de las muchas imágenes de nuestro Olentzero.
“Camarero, por favor, ¡pónganos unos vinos del “5º pino”!” ¿Son mejores, más sostenibles o más baratos que nuestros vinos alaveses? ¡No, que va! Son de viñedos lejanos, muy productivos, regados o con pluviometría casi doble de la nuestra por lo que la incidencia de enfermedades y plagas es muy superior, lo que exige amplias dosis de productos fitosanitarios y fertilizante; son viñedos vendimiados a máquina, mucho menos “sostenibles” que nuestros viñedos alaveses: además por estar en el 5º pino, a cientos o miles de kilómetros del P. Vasco, requieren medios de transporte que duplican o triplican la “huella de carbono” de nuestros vinos alaveses.
¿Por qué ese olvido o minusvaloración del término “agricultura” en el País Vasco? ¿Por qué si todos “los que peinamos canas” tenemos un abuelo/a que nos hablaba con pasión de su caserío, de su explotación agraria, de su mundo rural? ¿Cuándo hemos perdido nuestro amor por “Ama Lur”, algo que parecía consustancial al ser y sentir vasco? ¿Cuándo hemos dejado de cantar el lastimero “Nun da nekazaria?” de Xabier Madina que ya nos avisaba “el caserío está agonizando, desangrado por nuestra culpa, qué sucederá mañana si no hay niños en el hogar”.
Sorprende este olvido o rechazo del agricultor y del mundo rural vasco cuando precisamente el sentimiento nacional vasco nace de esa admiración y añoranza por esa sociedad rural que ha conservado y trasmitido de generación en generación muchos de los valores que conforman la cultura vasca, nuestro patrimonio etnográfico, mitológico, lingüístico, toponímico, histórico…

Tengo la extraña sensación que la “urbanita” población vasca se está olvidando de su “ama lur” y está reduciendo su visión de la ruralidad a personajes como Olentzero, ese carbonero que ejercía una misión fundamental y noble en el mundo rural hasta hace menos de cien años y que hoy es objeto de burla más o menos disimulada (“Olentzero buru handia entendimentuz gabea”), caracterizándolo como un tripón, borrachín, cabezón y con pocas luces.
Recientemente escuché en boca de la Diputada de Sostenibilidad de Bizkaia una verdad de Perogrullo: “el importante papel de la agricultura familiar como garante de la conservación del entorno y del equilibrio y cohesión territorial”. Pocos medios destacaron sus palabras, pocos urbanitas las entendieron, pocos responsables políticos asumieron la importancia de esta sencilla verdad que nos habla de un colectivo de agricultores vascos cada vez más mermados pero cada vez más importantes en muchos aspectos, entre ellos la sostenibilidad ambiental…
CONTINUARÁ…
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El valor de las palabras madres, como Agricultura, que no puede ni debe ser postergada.
«Cultivo de la tierra, cuya finalidad es obtener productos vegetales (como verduras, frutos, granos y pastos) para la alimentación del ser humano y del ganado».
Casi nada. Casi todo. Pongamos las palabras y su significados en el centro de la vida, como hoy reivindica Miguel Larreina.
Gracias, Arene
Pudiera parecer un argumento alambicado, pero Larreina tiene razón, y razones. Que los aludidos tomen nota antes de que sea demasiado tarde
Gracias, Amaia
Falta nos hace dar datos de nuestra realidad… Así que muy bien traído en estos momentos el artículo de Miguel Larreina, ya que está claro que no somos tan malos como algunos nos pintan. Lo que somos es necesarios, y con buenas prácticas!
Gracias, Aguilera
Hay un dicho que dice: «al médico puedes ir 2, 3 o 7 veces al año. Pero tres veces al día lo que comes, lo produce un agricultor».
Y dices amigo Miguel que en el País Vasco evitamos conceptos como agricultura y ruralidad.
Pero eso es, sin dudarlo, que los políticos de hoy nada tienen que ver con la dedicación e interés en temas agrícolas como los de antaño, alguno queda, pocos.
Es cierto que estamos en un mercado libre, pero desde la política se puede incentivar y promocionar el producto local, el de aquí, kilómetro 0, ese producto que además le exigimos mayores controles que en el del «5° pino».
Seguiré leyendo la siguiente parte, que además debe servir para reflexionar porque el consumidor prefiere lo barato a lo bueno, a lo de aquí.
Y con lo que metemos en nuestro cuerpo, no se juega.
Adelante Miguel, lo que dices es muy bueno y no replica.
Gracias
Gracias, Dalmacio
Gracias Miguel, por defender el valor de la agricultura y ganadería familiares con todo lo que ello representa en nuestras vidas de trabajos, esfuerzos y sacrificios por llevar a los mercados locales los mejores y más sanos alimentos. Ánimo a los/as agricultores y ganaderos locales, así como a los/las viticultores de Rioja Alavesa.- Saludos
Gracias, Francisco
Agricultura, digna palabra.
Hace unos días, leí en una manifestación de nuestra gente del mundo rural un eslogan que me parece muy oportuno para resaltar el artículo que nos escribe Miguel, y la importancia de la Agricultura: «Sin ganadería y agricultura, comeréis basura».
Gracias, Prudencio
Nos duele esta verdad como un templo. Como tantas otras en lo que está siendo un cambio de ciclo, de siglo de pandemias, de cambio de paradigma. Hace mucho tiempo que la prensa habla de economía, industria, de medio ambiente y ecología, incluso del metaverso en las nuevas tecnologías, pero poco de Agricultura. Quizá se ha substituido ya a la Agricultura por el Medio Ambiente.
¿Ha mudado el interés de la sociedad por lo que nos da de comer y bien beber? ¿Se ha impuesto en el mundo entero el desarrollo de lo urbano, de las megalópolis sobre el mundo rural? ¿Hemos perdido definitivamente el vínculo con el campo, aunque todos vengamos de esa matriz? Todo apunta que se ha desplazado y orillado la Agricultura, quizá también a la Cultura, la Literatura, la Filosofía y otros valores inherentes al ser humano y la civilización bien entendida.
Todo esto no nos saldrá gratis. El artículo de Larreina es para mí un toque de atención, una manera de levantar la voz, de concienciar, aunque se corra el riesgo de clamar en el desierto. Precisamente su texto debiera haber sido escrito por eso. Que sepa nuestra sociedad, por si alguien anda despistado, que la comida, que nuestra alimentación no sale de los lineales, por muy grandes que sean las estanterías de los supermercados. No. Ni el vino de los informes de los científicos o esos euro parlamentarios que ahora lo critican e ‘injurian’. Claro que no. Todo ello sale de la madre tierra, del esfuerzo y la abnegación de miles de agricultores/as que se empeñan en darnos lo mejor de lo mejor. Con su gran cercanía.
Si la palabra Agricultura estuviera pasada de moda… Sepamos bien que los Agricultores casados con ella son más que un hecho. Son la cuchara que nos alimenta. El alma de un origen, nuestras raíces, el corazón motriz que mueve la alimentación y la vida. Si el término es tabú y no vende en los grandes medios de comunicación, sabed que nuestro Blog ha contraído una alta responsabilidad: la de pronunciarla y escribirla todas las veces que haga falta, de los labios de sus protagonistas en Rioja Alavesa.
Gracias, Miguel, por tu artículo, que a mí me ha abierto más los ojos sobre la situación y futuro de nuestros pueblos agrícolas. Nos haces ver lo poco que pintamos en el panorama nacional y autonómico. Los programas económicos para el mundo rural presuponen, al parecer, que el futuro de los pueblos está en convertirlos en museos etnológicos y en lugar de recreo para los de las ciudades: clima sano, comida sana, esparcimiento.
Has destruido, Miguel, con datos la mentira de que la agricultura está colaborando a la contaminación y efecto invernadero y nos haces ver con claridad que los políticos no tienen ni idea del mundo rural, de sus necesidades y de su aportación al bienestar de todos .
Espero la continuación que será clarificadora y aleccionadora.
Muchas gracias, Antonio