Feb 03, 2022

AGRICULTURA, palabra tabú (II)

Agricultura

LA AGRICULTURA es un tipo de cultura que “hace país” y hace paisaje.

La Agricultura es una habilidad humana, un arte, un tipo de cultura despreciada en nuestros días y especialmente en nuestro entorno por una sociedad a la que no se le ha enseñado ni en el colegio ni en la Universidad la trascendencia que tiene para todos nosotros en la vida cotidiana.

Al ignorarse el concepto se ignoran aún más a los actores principales de esa cultura, los AGRICULTORES, un colectivo en extinción, mal pagado y peor tratado, que se ve en la obligación de llevar sus tractores a la ciudad para que sepamos que aún están ahí.

Miguel Larreina González. Doctor en Ciencias

Antes de seguir con el tema quiero aclarar una cuestión colateral referida a la opinión de un ilustre amigo sobre mi defensa de la vetada palabra “Agricultura” a lo que él argüía que le gustaba más la moderna expresión “Medio Rural”. Comprendiendo sus razones debo decir que en el diccionario oficial no hay una definición de “Medio Rural” como sí la hay de “Agricultura” (“conjunto de técnicas y conocimientos relativos al cultivo de la tierra”).

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AGRICULTORES y ganaderos vienen a nuestras ciudades a pedir justicia.

Si indagamos en el diccionario el concepto “Medio Rural” vemos que nos remite a las dos palabras que la componen. Respecto al confuso vocablo “Medio” vemos que tiene 37 acepciones muy distintas, la más ajustada sería “conjunto de circunstancias culturales, económicas y sociales en que vive un grupo humano”. Obsérvese que esa acepción ya implica algo de “gueto” pues parece presuponer que el “Medio Rural” tiene diferentes circunstancias culturales, económicas y sociales que el “Medio Urbano”.

Pero si vemos en el diccionario el significado del segundo vocablo (“Rural”) las dudas aumentan pues vemos que ha tenido tradicionalmente dos acepciones, una de las cuales lo asimilaba hasta hace poco con INCULTO Y TOSCO, algo grabado en nuestro subconsciente durante siglos. En realidad, todavía hoy muchos entienden lo rural no en sí mismo sino como opuesto a “Urbanita”, oponiendo la “rusticidad” con la “urbanidad”.

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Además de impreciso y de connotaciones históricas peyorativas, el concepto “Medio Rural”, al igual que el nombre de “Sector Primario” que gustaba antes, genera un problema con los profesionales que trabajan allí, pues si está claro que quienes practican la agricultura son AGRICULTORES ¿cómo llamamos a los que trabajan con el medio rural? ¿Les llamamos “medio-rurales”, “rústicos”, “ruralitas” por oposición a “urbanitas”, “pueblerinos” en oposición a “ciudadanos”? Piénselo un poco y verán que los actores del “medio rural” no tienen nombre.

Por los derroteros en que empiezo esta segunda parte del artículo parece que me estoy perdiendo en disquisiciones semánticas pero mi propósito es otro. Me preocupa que empezamos cargándonos del idioma “administrativo” las palabras “AGRICULTURA Y AGRICULTOR” para acabar negando la más mínima relevancia a ese colectivo humano y su función en la sociedad. Y a este respecto me viene a la memoria la frase “lo que no tiene nombre diferenciado no existe”.

Esta contundente frase la arrojó sobre nuestras conciencias hace unos siete años el Lehendakari Ibarretxe, haciendo una honesta autocrítica en un congreso celebrado en Laguardia sobre las posibilidades de una Apelación propia para los vinos de Rioja Alavesa: “lo que no tiene nombre diferenciado no existe”. Pues bien, de igual modo que nuestros vinos han ido perdiendo su nombre diferenciado, nuestros Agricultores o Nekazariak… van perdiendo nombre, relevancia y número a gran velocidad.

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“LO que no tiene nombre, no existe”, nos dijo en su día el lehendakari Ibarretxe.

Ese descenso en el número de agricultores se constata en todos los rincones y en todos los subsectores. Aitor Iza nos lo recordaba hace unos días en este blog refiriéndose a un diminuto pueblo de Euskadi: “En un periodo de 25 años hemos pasado en Leza de elaborar vino quince personas a ser tan solo cuatro cosecheros…,pienso que los jóvenes agricultores pueden desaparecer de la Comarca”. Viniendo esa afirmación de alguien que vive “in situ” es difícil tacharle de alarmista.

En un Informa de la Comisión Europea sobre este tema se puede leer: ”Cada vez son más las empresas y explotaciones agrícolas en manos de grandes sociedades, multinacionales,…en lo que se ha venido en llamar agricultura sin agricultores. La competencia de estas grandes estructuras de producción desligadas del terreno y asentadas en un lugar u otro por criterios únicamente económicos provoca abandono del medio rural y pérdida de tejido productivo por falta de competitividad de las explotaciones más pequeñas”.

Pero el que tenga dudas sobre esta desaparición puede consultar la mejor radiografía del sector agropecuario, el Censo de Explotaciones Agrarias que cada diez años ordena hacer la U.E. en todas las regiones. A nivel de Euskadi se constatan descensos del orden del 30% en cada una de las últimas décadas, dando el último Censo publicado (2010) un total de 16.416 explotaciones,a penas 3.500 en Álava, casi un tercio de estas en Rioja Alavesa. Se van a publicar en breve los tristes datos del Censo 2020 de los que hablaremos en su momento.

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EL descenso de agricultores profesionales es una constante cada vez más alarmante.

Algunas regiones vecinas ya empiezan a publicar los resultados de dicho Censo, por lo que se pueden adelantar conclusiones. Voy a dar unos datos de nuestros vecinos del norte (Aquitaine, una de las regiones vitícolas más potentes del mundo), en la que se han perdido en este decenio casi la cuarta parte de las explotaciones vitícolas, pasando de 13.500 a 10.400, mientras que el viñedo total permanece constante, creciendo la viña media de 28 a 37 Has/explotación. ¿Qué quiere decir eso?

Pues que sólo los grandes sobreviven a base de acumular más y más viñedo de viejos viticultores que se jubilan sin relevo generacional, pues sus hijos o nietos no pueden o no quieren seguir. ¿Estará pasando lo mismo en Rioja Alavesa? En breve verán que sí, solo que vamos más aceleradamente “hacia la Agricultura sin Agricultores”, pues mientras en Aquitaine hablamos de más 10.000 explotaciones vitícolas, en Rioja Alavesa estamos en una cifra unas doce veces menor.

En el manejo de estas y otras estadísticas agrarias hay bastante confusión en la interpretación de los datos pues hay AGRICULTORES y “agricultores”, al igual que hay EXPLOTACIONES y “explotaciones”. Por ejemplo, Gobierno Vasco considera como explotación agraria profesional aquella con un output estándar superior a 20.000 €/año, es decir que vive realmente de la agricultura y no es un mero complemento o un hobby con 4 ovejas y unas cuantas cepas o manzanos.

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RIOJA ALAVESA es el paradigma del agricultor profesional y la “agricultura familiar”.

Según este criterio el número de explotaciones agrarias profesionales en Euskadi en 2010 bajaba a solo 3.522, de las cuales el 54% se encuentran ubicadas en Álava y de éstas casi la mitad en Rioja Alavesa. Aprovecho este dato oficial que se confirmará en el inminente Censo 2020 para decir que en la pequeña Rioja Alavesa se da la mayor concentración de Euskadi y de Europa de “agricultores profesionales”, al igual que nuestra comarca es paradigma de la “Agricultura Familiar”, cuya desaparición tanto preocupa a la U.E.

¿Qué mejor ejemplo de modelo de agricultura familiar que la explotación vitícola alavesa? Los padres, los abuelos, los hijos, los parientes cercanos ayudando en momentos clave…, la familia viticultora es la animadora del espacio rural, la creadora del paisaje, la guardiana del patrimonio colectivo, la actriz principal de una ruralidad que se muere, la defensora de otras actividades agropecuarias en declive.

Aclaro al amigo al que me refería al principio que por supuesto que prefiero se utilice en el argot “oficial” la palabra “Medio Rural” a “Sostenibilidad y Medio Ambiente” (porque son palabras que en el imaginario colectivo y de los medios de difusión se están oponiendo al concepto “Agricultura”), pero creo que es esta la palabra que hay que recuperar, la dignidad del colectivo de AGRICULTORES, la que hay que reforzar por todos los medios posibles.

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DEVALUAR la Agricultura con falsos argumentos medioambientales es un error histórico.

Para reforzar esa dignidad empezaríamos mejorando su definición actual: “AGRICULTOR: persona que se dedica a cultivar o labrar la tierra”. ¡No, el agricultor no es un esclavo, ni uno que se dedica a labrar por hobby! Atención a esto, porque uno de los sinónimos más extendidos de “agricultor” es “labrador” derivado de “laborare” verbo latino que en origen significó “sufrir esfuerzos y pasar penalidades”. En euskera todavía hoy mantenemos este concepto de trabajo duro y fatigoso en el vocablo “nekazaria”.

Cierto que el trabajo agrícola se asocia por todos los especialistas en medicina del trabajo “a unas tasas de mortalidad y morbilidad más altas que ningún otro tipo de trabajo”. Los estudios de E.Regidor comparando las tasas de mortalidad prematura en hombres españoles de 30 a 64 años según la categoría profesional, al poner en relación a los agricultores con los profesionales liberales encontraba en los primeros una mortalidad mucho más elevada, aproximadamente el doble para los casos de muerte por cáncer, enfermedades cardiovasculares o accidentes.

Y entre los trabajos agrícolas la viticultura se lleva la palma de las desgracias, según el dossier francés CHSCT: “Los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales en viticultura tienen unas tasas de frecuencia y gravedad elevadas, superiores a la media del sector agrícola”. Por ejemplo, los médicos especialistas dicen claramente que “los viticultores figuran entre los oficios más afectados por las lesiones musculo-esqueléticas, es decir por las afecciones periarticulales que provocan dolores de espalda y de lesiones de la columna vertebral …”. El estrés, el cansancio, las prisas en las que vive este colectivo se suma a la dureza del trabajo en sí.

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EL agricultor no labra la tierra sin más, PRODUCE alimentos esenciales para la comunidad.

Pero siendo eso verdad, con la definición del diccionario el concepto “agricultor” queda anticuado y “huele a esclavitud, a medievo”. Yo lo definiría del siguiente modo al AGRICULTOR: persona que se dedica a cultivar o labrar la tierra para obtener ALIMENTOS para la colectividad, de cuya venta obtiene unos BENEFICIOS que permiten a su familia vivir con dignidad en un MEDIO RURAL que mantiene con su presencia y esfuerzo”.

¡Ese es el mensaje que las Administraciones públicas deben propiciar! Ese ha de ser el argumento publicitario que machaconamente deben repetir los gobernantes, describiendo al agricultor y su familia no como los que labran sin más un trozo de suelo con su azada o su tractor, sino como los artistas conocedores del medio natural que producen de alimentos saludables y de Km 0, cuidadores del 25% de la superficie del País Vasco, dinamizadores del Medio Rural,…

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LOS urbanitas debemos reconocer los beneficios que nos aportan los agricultores.

No se puede ocultar a los consumidores las verdaderas funciones del AGRICULTOR, dejándolo a merced de los mercados y los lobbys de distribución. ¡No vale con hacer una Ley de la Cadena Alimentaria, hay que hacerla cumplir obligando a pagar por encima de los costes de producción!

 

CONTINUARÁ…

8 respuestas a “AGRICULTURA, palabra tabú (II)”

  1. Del artículo de Miguel, me quiero centrar en la definición de Agricultor: «Persona que se dedica a cultivar o labrar la tierra para obtener alimentos para la colectividad, de cuya venta obtiene unos beneficios que permiten a su familia vivir con dignidad en un medio rural que mantiene con su presencia y esfuerzo.»

    Debo reconocer que me ha gustado dicha definición, y me ha recordado al Documento Congresual 2012-2016 de Slow Food, sobre «La Centralidad del alimento»

    Miguel ha hecho un perfecto resumen de dicho Congreso, donde el alimento es visto como algo más que la limitada visión del gastrónomo que no mira más allá de su propio plato, sino que dicho alimento debe recordarnos que procede de la Naturaleza a través de la tierra, y que el alimento nunca debe convertirse en una amenaza para la biodiversidad.
    Si la agricultura se salva, y salva al planeta, lo hará privilegiando la dimensión local, las variedades tradicionales y autóctonas a pequeña escala. La pequeña producción agrícola, la economía vinculada al territorio, las y los agricultores, verdaderas y verdaderos artesanos de la alimentación, deben ser grandes protagonistas de una vida digna en el medio rural.
    Estando de acuerdo con la filosofía del artículo, en el prestigio de la palabra AGRICULTOR, me parece necesario restituir el orgullo y la dignidad de la labor agrícola, una de las más útiles, delicadas, e importantes, y debemos tener en cuenta que un buen alimento no sólo procura placer, es también creador y conservador de la calidad del paisaje en que vivimos.

  2. Javier Fernández Eraso dice:

    Uno de los pasos de gigante que dio la humanidad fue el paso del cazador-recolector nómada al ganadero agricultor asentado de manera estable en un territorio.

    La agricultura y la ganadería supusieron el desarrollo de lo que conocemos como civilización. El aumento demográfico, la domesticación de animales y plantas. El desarrollo de poblados, el urbanismo y como consecuencia el nacimiento de la burguesía, de las estructuras de poder…

    Nada de lo que hoy es nuestra sociedad habría sido posible sin la agricultura y ganadería.

    Un pueblo cazador-recolector nunca llegaría al estado de bienestar que hoy disfrutamos, pero nuestra propia inconsciencia, la absurda deslocalización, por la que compramos al que nos lo ofrece más barato venga de donde venga, sin caer en el mal y empobrecimiento que infligimos a los nuestros.

    Con la poca consideración que se tiene a los/las agricultores/ras, no nos damos cuenta que estamos mordiendo la mano que nos da de comer. Y esto tiene y tendrá consecuencias muy serias para todos.

  3. Sole Raya dice:

    Mientras que el mundo no se de cuenta de que todo, absolutamente todo, depende de la agricultura, no le darán el valor que le corresponde. Ojalá seamos conscientes a tiempo. Un abrazo desde el Sur, tierra agrícola, que cultiva vida

  4. Mathieu Barrault dice:

    Totalmente de acuerdo con Sole Raya. Uno de los problemas es por su principal virtud. La agricultura es un oficio de enamorados y nos cuesta quejarnos por lo gratificante que llega a ser el contacto permanente con la naturaleza. Siempre nos quejamos tarde. La agricultura no es una opción, pero quien nos «cuida» principalmente el aire, el agua y los suelos: ¿importante? Y digo «cuida» porque debería ser así, pero reconozco que nos hemos dispersado en los objetivos y dejamos de escuchar a las necesidades de la naturaleza. No veo otro camino que enseñar a la generación futura que un árbol vale mucho más que un coche, el agua más que el petróleo y unas lombrices más que un televisor. El tiempo corre!

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