
La imagen viene cargada de simbolismo en el Paisaje Cultural del Vino y el Viñedo de Álava: Un viticultor regala al sol uva chorreando dulzura.
La mano es un homenaje al trabajo, al esfuerzo, a la dedicación de los de los viticultores a la tierra y al viñedo. Muestra además el agradecimiento al sol que otorga el fruto mimado y cultivado como un acto de amor.
En las viñas, la mayoría de uvas blancas han mutado de color. Para unos es el color del vino, entre el morado y el negro. Otros aseguran que tienen el color de la madurez. La comarca sabe sobre todo a vino tinto, pero se están haciendo en Rioja Alavesa grandes blancos. Blancos que han sido considerados este año los mejores del Consejo Regulador de Rioja.
Qué decir de los vinos blancos licorosos de vendimia tardía. Nos llevan a esa uvas que moran en las cepas de barrancos. Uvas que se recogen tras haber sido revestidas del rocío de otoño y las nieblas de finales de noviembre.
Hacen falta 7 kilos de uva para hacer una botella de 3/4 de litro, de un blanco licoroso que llega con olor a miel y acacia. Vinos blancos que a muy baja temperatura van en enero de cabeza a barricas de roble francés. Vinos cual especias que echas a la comida. Aromas que cuando se abren son como el olor de las ermitas que llevan cerradas mucho tiempo
La fotografía de Iker Elorriaga es sugerente: Una mano agradecida muestra el racimo al sol creador de su milagro, mientras el resto de la cosecha madura día a día camino de la Fiesta de la Vendimia. Soñando -quizá- con ser la mejor cosecha de lo que va de siglo XXI (con las dificultades que puede traer consigo un «cosechón» de este tipo). No la de mayor cantidad. Sí la de mayor prestigio y sabor de Rioja Alavesa.
(Foto cedida al Blog por instagram.com/elohand)
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