
La vida te da lecciones magistrales sobre cómo acometer los cambios, de qué manera afrontar los retos, qué hacer para enfrentarse a los interrogantes que plantean las encrucijadas. El bodeguero José Luis Berzal, de Baños de Ebro, encarna con su vida al emprendedor que ha sabido responder a los momentos históricos que han vivido muchas de las bodegas familiares de Rioja Alavesa en los últimos cuarenta años.
José Luis volvió con 15 añitos a su pueblo natal de Baños de Ebro desde un internado de Valladolid dirigido por los padres Agustinos. Era el mayor de cinco hermanos y, en principio, no pensaba dedicarse a lo mismo que su aita y su abuelo. Pero dos años después sintió que su padre le había metido en el alma misma el veneno de la viña. Han cambiado mucho las cosas en estos cuarenta años. Tanto que si el añorado aita volviera a la vida, no reconocería los avances que han llevado a cabo tres de sus hijos con las uvas que él plantó, cuidó y mimó casi tanto como a sus cinco hijos.
La conversación en la bodega Dominio de Berzal es sincera y valiente. Tengo ante mí a un hombre sin miedo alguno a decir lo que piensa en estos momento de encrucijada. De Rioja Alavesa apunta fortalezas y dificultades. Es tan bodeguero como agricultor. Tan hijo como padre y hermano. Ha sido sindicalista de UAGA a finales de los años ochenta del siglo pasado. Aquella UAGA –como dice él- que era ‘todo lo combativa que demandaban los tiempos’.
En aquel Consejo Regulador defendió hace más de 25 años los intereses de la Comarca, formando un triunvirato con Juan Carlos López de Lacalle (Laguardia) y con Félix Ibáñez (Lapuebla de Labarca). Tiene ya 60 años, pero no se plantea la jubilación. Muy al contrario, sigue pensando en la manera de responder a los retos, en su calidad de bodeguero, como miembro de UAGA y como miembro de la Asociación de Bodegas de Rioja Alavesa ABRA… y como hijo de aquel hombre al que sigue honrando en todos y cada uno de sus recuerdos.
“Es que yo tenía un padre… buff… me emociono. También se llamaba José Luis, y fue él quien me metió el veneno del vino y el viñedo”, es el arranque de una conversación entrelazada, recogida tal cual se ha producido a las 9 de la mañana de un día de agosto. La vida de José Luis Berzal es como la de otros colegas suyos de la Comarca, pero bien parece un ciclo de la naturaleza que viene y va, muy pegado a las viñas. En cualquier lugar del mundo donde haya viñedos, esta conversación escrita llamará a las puertas del corazón y la cabeza de los que sacan adelante el vino, ese néctar al que Homero y Ovidio llamaron la bebida de los Dioses en la Grecia clásica.

EL RECINTO de la bodega acoge las variedades de uva de Rioja Alavesa.
.- ¿En qué consiste ese “veneno” que heredaste de tu aita?
En sentir la pasión por el viñedo y el vino. En ver futuro a lo que haces. Mi padre me hizo ver que tenía que transformar la bodega familiar. Entonces teníamos una bodega subterránea donde habíamos trabajado con presas de palanca. Mi padre era muy curioso para el vino y por eso tenía el orgullo de decir que hacía el mejor vino del pueblo de Baños de Ebro. Tenemos grandes viñas gracias a él, porque éramos cinco hijos y compraba donde menos valía el terreno, en las laderas, y tierras pobres que hoy son las que te dan grandes frutos.
“Padre -le decía- compras fincas con piedras que luego hay que sacar los pedruscos uno a uno”. “Hijo -me decía-, pero es que éstas valen menos y nos sirven igual”. He vivido con mi padre aprendiendo de él todo lo que pude. A él le debo lo que sé. Siempre me decía lo mismo: “todo lo que le haces a la Viña, ella te lo agradece”. Empecé a trabajar con él, con la responsabilidad de ver que detrás de mí había otros cuatro hermanos. Mi padre fue poco a poco ampliando viñas. En 1980 hicimos una bodega al lado de la Iglesia, de hormigón. Ahí es cuando empiezo a comercializar el vino con los garrafones, yendo en el Land Rover a Bilbao y Vitoria.
.- Sois muchas las familias con tradición, impulso y el fuego de ese “veneno” en Rioja Alavesa.
Aquí estábamos unas cuantas familias haciendo lo mismo. Los Cañas, Ostatu, la de Aduna… Hicimos un curso de Enología en Laguardia que nos vino muy bien, con Miguel González Larreina. Es ahí donde empecé a saber algo más. Mi padre me enseñó todo lo manual del día a día, pero la técnica la recibí en Laguardia.
Cuando salí al mercado con mis vinos de maceración carbónica los restaurantes me pedían vinos de crianza. Nosotros teníamos la bodega de hormigón junto a la Iglesia gracias al apoyo de la Diputación y del Gobierno Vasco. Mi mujer me decía que pusiera unas ‘barriquitas’ para la crianza, pero en aquella bodega no podía poner barricas, ya que no había espacio suficiente para un montacargas. Así que empecé a darle vueltas a la idea de construir una bodega nueva.
.- Había que adaptarse a los nuevos tiempos, como siempre.
Por eso me fui a Francia con mi amigo el ingeniero Javi Mateos. Probábamos los vinos de Burdeos y nos decíamos que teníamos unos vinos tan buenos como los de ellos, o mejores. Teníamos el peso de aquel pensamiento que decía que “en Rioja Alavesa sólo podíamos elaborar vinos jóvenes”, a pesar de que entonces ya sabíamos que en Riscal, en Elciego, estaban haciendo unos vinos de crianza formidables.
Mi amigo empezó a hacer rayas y números y yo le decía “pero dónde vas tú con este cacho bodega”. “Jose Luis –me decía-, tú tienes 40 hectáreas –ahora tenemos 50- así que esta es la bodega que necesitas”. Así que cuando vi por primera vez la nave de barricas, me dije “esto no lo lleno yo en la vida”. Pero sí, claro que se llena.
Inauguramos esta bodega en 1999, que fue cuando elaboramos nuestro primer crianza. Lo habíamos hecho en la bodega vieja, junto a la Iglesia.

EL BODEGUERO de «Dominio de Berzal» en la balconada de la bodega de Baños de Ebro.
.- Salía ya el vino consagrado junto a la Iglesia de Baños de Ebro…
Sí. Lo trajimos a la bodega nueva a criarlo en barricas. En ese período los vinos de crianza que me gustaban mucho eran Valserrano y Solagüen, de Labastida. “Joder qué vinos está haciendo esta gente”. Yo andaba muy bien en vinos jóvenes, pero estaba perdido en crianzas. Así que me fui a por un enólogo a Labastida. En la cooperativa me dijeron que habían hecho un equipo de enólogos, entre los que hay una enóloga alemana, una tal Alexandra. “Tú te vas a llevar a la enóloga alemana Alexandra Schneider”, me aconsejaron. “No me fastidies, una alemana en Rioja Alavesa”. Yo no lo veía, y encima venía de hacer vinos en Sudáfrica.
Hoy Alexandra Schneider es de la familia. El primer año fue difícil. Me parecía una “cabeza cuadrada” para la cantidad de defectos adquiridos que teníamos entonces. Hablé con ella y le dije que quería hacer “otro Rioja”, un vino muy propio, muy mío. El primer año salió mucho conmigo al campo. Discutimos mucho. La verdad es que me sorprendía con sus planteamientos. “Cómo es posible que conozca mejor que yo los cortes de tierra”, pensaba. Yo le decía que tales uvas tenían que ser para vino joven. Discutíamos. Ella pensaba de otra manera.
Empezamos por hacer toda la selección de la uva en el campo. De tal manera que el día que estamos a maceración carbónica, sólo cogemos la uva para maceración carbónica y el día que estamos a selección privada lo mismo. Ya tenemos las viñas elegidas para cada vino. Todos los años igual, más o menos.

CAMISA de uno de los vinos de Rioja Alavesa.
.- De esas cincuenta hectáreas, ¿cuál es tu viña predilecta?
Hay una. Se llama Peñascalera… (Le cuesta seguir hablando)
.- ¿Esa viña tiene que ver con tu aita?
Sí (lo dice con emoción). A esa viña me llevó mi padre cuando yo tenía 6 ó 7 añitos a recoger cepas que él había arrancado… me emociono… Me llevó con el carro y la mula, eh. Me llevó al campo como se llevaba entonces a los hijos. Hacía una tarde espectacular pero salió el norte y yo me quedé de repente helado de frío. Mi padre se quitó… la camisa y me la puso. Ese detalle no lo olvidaré nunca.
.- Y esa viña…
Con Peñascalera estamos haciendo ahora selección privada. Una viña que está en una ladera con una gran pendiente. Cuando la plantó mi padre ya tuvo en cuenta que estaban a punto de llegar la mecanización y los tractores y le dio 2,50 metros de anchura. Él empezó con la mula, que mi padre ha sido mulero, como decían ellos. De los diez hermanos que fueron, él era el único que andaba con la mula en las viñas. Les hacía hablar a los animales. A mitad de la ladera se paraba. Hay que ver esas laderas. Y luego seguía con la mula, pun-pun-pun. Para arriba y para abajo. Cuando vinieron los tractores, muy bien, porque él hizo una líneas muy rectas y derechas.
.- Es la que te da la mejor uva, ¿no?
Sí. No sé qué tiene esa viña, si es la orientación sur. Es una viña muy pobre, en suelo arcillo calcáreo. De esa viña elaboramos 6.500 botellas.
.- Imagino que una nueva Bodega es una lección de cómo acometer los cambios.
Fíjate cómo fue aquello que mi cuñada me pregunto si sabía dónde me estaba metiendo. Pero yo lo tenía muy claro. En esta vida tienes que arriesgar y luego tienes que tener un poco de suerte para todo.

CONTRAETIQUETA que reconoce con cariño el trabajo realizado por sus antepasados.
.- ¿Qué tal salió aquel primera crianza “Dominio de Berzal”?
Apuntó muy buenas maneras desde el primer momento. Recuerdo que en la Fiesta la Vendimia del 2001 mis hermanos me decían que el que más les gustaba era el nuestro. “Porque es el tuyo”, le dije. “No, no. Los hemos probado todos y el que más nos gusta es nuestro ‘Dominio de Berzal’ ”. Era un crianza de maceración carbónica, que entonces no teníamos para despalillar. Llevaba el toque de Alexandra. Ahí arrancamos. Luego seguimos con las selecciones. Nuestra enóloga tiene un don impresionante. Confiamos plenamente en ella, lo único que yo la pedía era que respetara la fruta que hay en Rioja Alavesa.
.- ¿Qué peleas teníais entonces, además del empeño por elaborar el mejor vino?
Yo había sido vocal de UAGA en el Consejo Regulador a finales de los 80. Aquella fue una época dura. Muy reivindicativa, cuando estábamos haciendo la calificada de Rioja Alavesa. Estábamos entonces Juan Carlos, de Artadi; Félix Ibáñez, de Lapuebla; y yo.
.- ¿Cómo te sentiste en aquel Consejo Regulador de Rioja de entonces?
Para empezar, nunca sentí que Consejo Regulador fuera nuestro. Nunca. Y en la actualidad menos que nunca.
.- ¿Qué ha pasado para que no se haya dado ese sentimiento, esa mutua integración?
Ellos piensan que el Consejo Regulador es de ellos y que nosotros estamos en el Consejo de prestados, de pegados. Y si queremos seguir estando tenemos que jodernos y aguantar. Nosotros damos prestigio a Rioja, lo tengo bien claro. Yo siempre he hablado en el Consejo en nombre de Rioja Alavesa, así que en cierta ocasión me llegaron a decir que hablara sólo en nombre de Rioja “tú no puedes decir Rioja Alavesa”, “¿Pero qué me estás diciendo, cuando resulta que soy representante de UAGA de Rioja Alavesa y tengo que hablar en nombre de Rioja?”.
.- Tengo entendido que te marchaste durante una época del Consejo. ¿Qué pasó?
En una de las votaciones, se aprobaron las 50 barricas para el cosechero. ¿Qué paso? Que el grupo de exportadores no debían estar todos, y al día siguiente, cuando ya se había aprobado aquella votación, volvieron a plantear la misma votación, porque dijeron que no había habido quorum. Les dije que la cuestión ya se había votado, que no se podía volver a plantear. Entonces quisieron votar para ver si se podía volver a plantear la votación o no. Hacen lo que quieren sin respetar sus propias normas. Así que cogí y me marché, estando Salamero y Víctor Pascual delante. Aquello ocurrió hace 25 años.
.- ¿Qué aprendiste de aquella etapa?
Que tenía que apañarme y luchar con mi marca. Que el Consejo es una mera maquinaria al servicio del sector comercial y exportador, que hacen y deshacen a su manera. En Rioja he visto que el presidente de La Rioja, Pedro Sanz, era el auténtico presidente del Consejo Regulador. Se han apoderado de todo.
.- Hoy formas parte de la Asociación de Bodegas de Rioja Alavesa (ABRA). ¿Cómo estás viviendo este momento en el que una parte de ABRA plantea abandonar Rioja y trabajar por la nueva Denominación de Origen “Viñedos de Álava”?
Yo soy uno de los cuarenta y dos que ha firmado: se lo digo a todo aquel que quiera escucharme. Quiero que se sepa con claridad. No tengo nada que esconder. Mira, el otro día, quien fuera diputado foral de Agricultura en Álava, Borja Monje, me dijo: “tú serás uno de los cuarenta de ABRA”. “Sí –le contesté rápidamente-. ¿Sucede algo?”. “Es que tendréis que negociar”, me dijo. “Qué vas a negociar. Si a mí ya me lo han dicho varias veces: “Esto es nuestro, y el que no quiera que se marche”.
.- ¿Está preparada Rioja Alavesa para dar ese paso y adentrarse en ese camino?
Hoy por hoy el agricultor se debe a la comercialización de sus kilos de uva y la comercialización sólo quiere hablar del origen Rioja. Hoy día nos podríamos marchar de Rioja ocho o diez bodegas que estamos comercializando nuestro producto. Es más, yo no me puedo marchar aunque quiera, pero mi sentimiento es muy claro y rotundo. Todo el que haya pasado por el Consejo Regulador lo tiene muy claro. Como Juan Carlos, de Artadi, que lleva ya ocho meses fuera de la D.O. Rioja.
.- ¿Por qué tú no puedes marcharte de la D.O. Rioja?
Porque tengo viñas también en el lado de La Rioja, en San Vicente de la Sonsierra. Es más, esa viña que te digo es de San Vicente, Peñascalera. No me puedo marchar porque hay una normativa del Consejo Regulador que no permite elaborar vino en una bodega con uvas de dos denominaciones distintas, que llegado el caso sería Rioja y Viñedos de Álava. Creo que sería un caso de voluntad política, porque hay una normativa europea que sí se permite elaborar dos vinos en un bodega con diferente denominación. No tiene que haber ningún problema si identifican los depósitos. Se diferencian y ya está. Es más, Faustino está elaborando dos denominaciones en la misma bodega: cava y rioja.

TEMPRANILLO, tan querido y reconocido en Rioja Alavesa, y en el mundo entero.
.- Así que “el que quiera estar que esté, y el que no…”
…el que no, que se marche”. Lo dijo Pedro Sanz. Así que yo llevo toda mi vida en Rioja luchando por Rioja, desde que me salieron los dientes, no sé hacer otra cosa, cuando ellos han tenido remolacha, patata, alubia, y se apuntan al carro cuando va todo bien. Y cuando no, arrancan. Y cuando sí, plantan.
.- ¿Te ha sabido a poco que sean 42 las bodegas que quieran crear desde ABRA la nueva denominación ‘Viñedos de Álava’?
Rioja Alavesa tiene un problema que ya lo tuvieron mis padres. Si yo me puse a comercializar mi vino es por dignificar mi producto. Lo tuve muy claro. Ese día que me preguntó el ex diputado foral de Agricultura lo que me preguntó, estaban con él tres o cuatro jóvenes del Ayuntamiento que me dijeron que ellos vivían “gracias a la bodega que les compra la uva”. “No –les contesté-, gracias a vosotros que estais trabajando en la viña con todo vuestro esfuerzo y dedicación”. Ese concepto está muy extendido en Rioja Alavesa.
.- ¿Te estás refiriendo al “miedo”?
Al miedo me refiero. Sí.
.- ¿El miedo es el principal problema de Rioja Alavesa?
El miedo. Entre mis padre y yo se ha dado un salto importante. A mis 17 años me llama mi padre un día para que le acompañara a la bodega para negociar el precio del vino con los vinateros de Bergara. Manso Bergara, el viejo, parece que le estoy viendo. Yo estaba inquieto porque nos jugábamos el cocido de todo el año. Antes no había análisis, así que se hacían unos enjuagues con el vino en la boca. “Buen vino tienes, José Luis”, le dijo Manso a mi padre. “¿A tanto?”. Y llegaron a un acuerdo. Pero al salir de la bodega, se despidieron dándose la mano, si bien Manso propuso un nuevo precio, quitándole dos reales. Yo tiré de la chaqueta de mi padre. El vinatero argumentó que había pagado menos a otros. Yo seguía tirándole de la chaqueta para que se mantuviera firme, detrás de él. Pero mi padre ya había dicho que sí. “Pero padre, si habíamos quedado ya en el otro precio”. “Chiguito –me dijo mi padre- hemos salvado”. Qué significa eso. Que tenía que dar de comer a cinco hijos. Y que si no vendíamos el vino, no comíamos. Por eso me puse a comercializar el vino con la convicción de que así no se reiría nadie de mí, ni Jesucristo. Eso es lo que falta en Rioja Alavesa.
.- ¿Los más jóvenes también de Rioja Alavesa también lo sienten?
De los más jóvenes te hablo. Entregan la uva al precio que les marcan. No hay derecho. Ese es el gran problema de Rioja Alavesa. No hay derecho. Y cuarenta bodegas no somos nadie. Y de las cuarenta bodegas, habrá diez que al final estén convencidas. ¿Por qué? Porque hay mucho miedo. A mí no me da miedo decir que he sido yo uno de los que he firmado porque he luchado toda mi vida por la dignidad. Y porque sepan que no se pueden reír de nosotros.

UVAS DE ÁLAVA, las de estos días, en proceso de maduración para la Vendimia que viene.
.- ¿Cómo se puede luchar contra ese miedo?
Fíjate los años que han pasado (43 años) desde que mi padre se vio obligado a vender su vino al precio que le marcaban… y seguimos en las mismas. Todo está en la comercialización. Yo tengo que trabajar todos los días como un cabrón, pero es la manera de comercializar mis vinos. Mi hermano Iñigo con el inglés en la exportación, y yo por Euskadi, con mucho esfuerzo.
«Mientras dependamos de vender las uvas a Rioja, malo. Quizá necesitamos una interprofesional en condiciones. El problema está en Rioja Alavesa. Dentro de las personas. El enemigo no está al otro lado del Ebro. Está aquí».
.- ¿Es un problema de educación y de una buena formación?
A mí me llevaron a estudiar para que fuera más que mi padre. Mi cuadrilla y la siguiente siguieron estudiando. Pero luego ocurrió lo contrario, los jóvenes se apuntaron al ‘boom’ de Rioja Alavesa, son buenas personas, sí; pero son dóciles y sumisos porque no están preparados.
.- Ellos son el futuro, José Luis.
Lo son. Pero no están preparados. Y debieran estarlo. Si me preguntas si está asegurado ese futuro a 20 años, no sé qué contestar. Mi hija Ainhoa es andereño y, la verdad, tiene ‘mono de bodega’, pero por lo menos está preparada para, si quiere, aterrizar en la bodega con formación y estudios.
.- ¿Qué diría el aita si viera ahora la Bodega?
No se lo creería. Cuando hizo la bodega de hormigón pensaba que aquello era lo más a lo que podíamos aspirar. Con lo que le gustaban los buenos vinos, alucinaría ahora con nosotros. Pero mi padre tenía un gran mérito, haciendo lo que hacía sin apenas medios. Hacían un vino de la hostia. Mi madre murió el año pasado, y cuántas veces me ha dicho: “chiguito si te vería tu padre!”.
.- Habéis sobrepasado los retos planteados, bodega, crianza, mercado nacional e internacional… Todo ha ido in crescendo. ¿Ha mejorado igualmente la relación con el Consejo Regulador Rioja? ¿Se ha movido y avanzado?
El Consejo Regulador de Rioja sigue estancado. Incluso ha ido a peor. Fíjate lo que me decía el otro día alguien de Rioja Alavesa, que si él fuera de La Rioja, Pedro Sanz sería un dios para él. “Sería un dios para ti si fueras un comercial del vino, pero para el agricultor de La Rioja tampoco es un dios”.

.- ¿Te inquieta que en La Rioja tomen algún tipo de represalia contra ti y tus vinos?
No. Yo les conozco y ellos me conocen. A ver, más claro que decir las cosas a la cara no se puede. El Consejo Regulador sabe quién soy yo y cómo pienso. Cuando vienen a mi bodega les digo que todo esto lo he hecho a puro huevo, que yo no he ido por ahí tirando marcas ni precios. Que lo mío es un precio digno.
«Ya han venido a por mí cuando ellos han creído que me pasaba por defender Rioja Alavesa. “Esta etiqueta no puedes poner”, me dijeron cuando puse más grande Rioja Alavesa que Rioja. Así que tuve que ceñirme al tamaño que me permiten. “Qué tontería más grande, no. Pero señores, si vamos a Burdeos y hay “veinte mil” denominaciones».
Les he dicho que a mí Rioja Alta o Rioja Baja me parecen de puta madre. Que luchen por esa denominación. Olé. Pero dejarme a mí ser diferente. No digo ni mejor ni peor. Que me dejen ser diferente.
.- ¿Qué te pareció cuando Juan Carlos López de Lacalle decidió irse de Rioja?
Muy bien. Estudiamos un año juntos en el Instituto de Laguardia y somos buenos amigos. Juan Carlos tiene hecha la comercialización. Juan Carlos ha sido muy listo. Y a mí el desconocimiento del inglés me ha cortado las alas.
.- ¿Qué ha de pasar para que en vez de 42 bodegas de ABRA sean la totalidad de las 120 las que firmen por “Viñedos de Álava”?
Hay quien cree que si hubiéramos esperado unos meses más, se hubiera podido presentar un proyecto de Comarca, pero se filtró este tema a la Prensa y tuvimos que salir antes de tiempo.
.- A pesar de los pesares, ¿dirías que Rioja Alavesa está más unida que nunca?
Sin ninguna duda. Y es un momento bonito con la existencia de esa Candidatura de la UNESCO a Patrimonio Mundial del Paisaje Cultural del Vino y el Viñedo.
.- ¿Sabe valorar el resto de Euskadi lo que hay en Rioja Alavesa?
No. En Álava sí. Pero Bilbao y Donostia no nos valoran como merecemos. Eso es una espina que tengo clavada. En Vitoria, ‘Dominio de Berzal’ ha triunfado, pero no ocurre lo mismo en Bizkaia y Gipuzkoa. Llevamos más de seis años luchando, pero no hay cariño por nosotros en los otros territorios de Euskadi. No sé qué pasa. He pedido un Rioja Alavesa en algunos bares de Licenciado Poza, en Bilbao, y me han mirado sin saber de qué les estaba hablando. Lo cual no significa que esto ocurra en todos los establecimientos de esa calle céntrica. Cuando la gente quiera buen vino, pida un Rioja Alavesa, me da igual de qué pueblo de la Comarca, o si es tinto o blanco. Lo que sea, pero de Rioja Alavesa. Por cierto, que el vino blanco nuestro ha ganado este año en el Consejo Regulador el mejor vino blanco de la D.O. Rioja.
.- ¿Cómo viene el relevo?
Tengo un yerno de 33 años, casado con mi hija Ainhoa, y ya veremos que nos trae el paso del tiempo. Yo salgo todos los jueves con la furgoneta cargada de mi vino para Llodio, con 180 cajas. “¿Vas a estar toda la vida así?”, me pregunta Pili, mi mujer. “Pues yo me oxigeno, me doy una paliza, pero me oxigeno.
.- ¿Habrá “Viñedos de Álava”, habrá una nueva denominación para Rioja Alavesa?
Hoy por hoy no. Pero Euskadi tendrá nueva denominación en diez años. Yo he firmado con la convicción de que ese día llegará. Esto no es una cuestión política. Estamos hablando de otro modelo de negocio. Estamos hablando del futuro y de dar de comer a los nuestros. Y de trabajar con gente que te respete y te trate con dignidad. Ni mejor ni peor, con el debido respeto.
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Olé amigo y compañero Agustino Recoleto, esto nos inculcaron, trabajo, pasión, honradez y franqueza. Tori
Gracias por tu mensaje, Victor. Saludos
Aupa Jose Luis.
Tienes las ideas claras para defender tu vino, tus viñas, tu personalidad, tu familia y el futuro de tus nietos.
El poeta dijo. «Defenderé la cas de mi padre».
ZORIONAK por tu visión y el proyecto
que has levantado
Gracias por tu comentario, Jesus Mari. Salud y saludos