
ENRIQUE Eguiluz con sus hijos Enrique y Miguel en una de sus viñas.
“Si yo estoy echando al suelo ‘muerte’, eso se lo voy a transmitir a las uvas que luego transformaré en vinos que se van a beber”.

UNA de sus viñas en ecológico, y al fondo otra viña tratada con herbicidas.
Cuando todos sus colegas viticultores cultivaban convencionalmente sus campos con productos químicos, hace ya 33 años, Enrique Eguiluz padre decidió en 1992 tratar sus viñas en ecológico, aguantando con sentido del humor las bromas de sus paisanos.
“Así que estás a punto de convertir las viñas en una granja de conejos, ¿eh?”. O aquella otra chanza de “hemos de tener cuidado con la hierba que crece en tus viñas. Cualquier día nos sale un lobo y nos devora”.
Rufino Eguiluz, padre de Enrique, fue uno de los socios fundadores de la cooperativa vitícola del pueblo en 1961.

ICONO de la Cooperativa de San Vicente de la Sonsierra.
La firme decisión de Enrique le llevaría, una vez jubilado su padre, a dejar la Cooperativa, comprar una bodega y elaborar sus propios vinos.
Esta mañana Enrique me dirá que, en el fondo, todo lo ha hecho pensando en aquellos dos niños, Enrique y Miguel, que él y Magdalena Mendoza criaban en ese mundo de viñas que te miran a los ojos.
Ese paraíso de cepas y uvas donde el vino viaja en el trasiego de cántaras, barricas de roble y botellas de vidrio para hablarte quedo en el oído del cielo del paladar, hechizándote de por vida.

UVAS de su trabajo y dedicación, un hechizo anual. (Foto Mario Urquiaga).
La tierra ha girado desde aquel día varias decenas de años alrededor del Sol, trenzando mil avatares en la existencia humana.
Los «Eguiluz del mundo del vino»
A Enrique le ha llegado el momento del relevo, recogiendo hoy a través de sus hijos, Enrique y Miguel, de 39 y 36 años, la cosecha de valores sembrada a lo largo de toda una vida de viñas y vino.
Sin pretenderlo, el tiempo le ha dado la razón a los Eguiluz del mundo del vino. Nadie se burla hoy de la viticultura ecológica. Al contrario, año a año son más los que abrazan los campos con esa filosofía, los que alimentan y protegen a la Tierra como es debido.

MAGDALENA y su esposo Enrique en plena vendimia. (Mario Urquiaga).
Hemos quedado en la bodega, que está en obras, situada en la calle Juan XXIII en la que vivieron sus bisabuelos. Se llega bien por el camino de Barrascote. Se podría decir que entre los cascotes, las paredes sin pintar, las escaleras sin barandilla o los umbrales sin puerta crece una gran ilusión.
El edifico promete jugar un papel en el devenir de San Vicente de la Sonsierra. A la vieja bodega, que se entra por la calle de arriba, se le unirá la nueva. Es más que una ampliación. Es un anhelo, un deseo compartido. Un sueño. Un alma cargada de futuro.

LA bodega mirará ahora al pueblo, a las viñas y a la Sierra.
“Mi padre Enrique es una persona que ya en 1992 dejó de echar herbicidas a las viñas. Ahora puede estar más o menos “de moda’, pero entonces él fue un pionero. En la viña se apañaba bien, pero no tenía ni idea de hacer vino hasta que se puso a ello en el año 2000”.
Son las primeras palabras grabadas de Miguel Eguiluz, que sin preguntarle, lanza al viento nada más entrar en la bodega.

REBAÑO de ovejas pastando en un campo de cereal que hoy es viña.
La Viticultura desemboca en la Bodega
.- Tu abuelo paterno también había sido viticultor.
Mi abuelo paterno Rufino fue socio fundador de la cooperativa de San Vicente. Mi padre creía que había que poner más en valor el trabajo propio. Estaba bien formar parte de la Cooperativa, pero al final sus uvas se juntaban con todas las demás, cuando él las mimaba y las cuidaba de otra manera.
.- ¿Cómo dirías que es tu padre Enrique?
Mi padre es una persona muy inquieta. Ahora con 64 años viene por la bodega un par de veces o más. Tiene esa edad, pero su mentalidad es mucho más joven.

DURANTE casi 30 años viticultor, y durante otros 20 vitivinicultor.
.- Si no tenía “ni idea de hacer vino”…
Para eso contrató a una persona que lo asesoraba, dándole las pautas. Aunque a él, basta que le digas que tiene que ir por aquí… para que luego vaya por allá.
La bodega fue la culminación de su trabajo como viticultor. Trabajar un año entero en las viñas, meter la uva en una botella y, a la vuelta de tres o cuatro años, disfrutarlo con gente que aprecia tu manera de vivir.
Viñas y Vino corrían por las venas de Miguel
.- Los dos hermanos habéis crecido en ese trabajo tan personal de tu padre.

ENRIQUE y MIGUEL Eguiluz conversan en la viña de San Andrés.
“Hacer las cosas bien”, es lo que siempre nos ha inculcado mi padre. “Lo que hagas, hazlo bien, poco a poco, paso a paso, y si quieres crecer en número de botellas, que sea para crecer en valor”.
.- Un pionero que dejó de echar herbicida ocho años antes de comprar la bodega. ¿Qué le llevó a tomar aquella decisión?
Mi padre cuenta la historia de unos melocotoneros a los que rozó en las raíces al pasar con el tractor, y en verano, cuando se puso a echar el herbicida, quemó aquellas raíces y a los propios árboles. “Si yo estoy echando al suelo muerte, eso luego se lo voy a transmitir a las uvas que después transformaré en vinos que se van a beber”.

EN sus viñas todo se mima, hasta las piedras, al arcoiris si apareciera.
.- En 1992 eras un bebé, Miguel.
Nací en 1989, así que tenía 3 añitos.
.- ¿Desde cuando tuviste claro que acabarías elaborando vino?
Desde niño montaba en el tractor con mi padre, tirándome con él horas y horas. En una ocasión, echando sulfato en las últimas manos, que son más de mantenimiento de la hoja, a mi padre le hizo mucha gracia que un día le dije “jo, papá, ¡qué uvas tenemos!”. “Joder con “tenemos”, que estoy yo todo el año dándole”, me dijo, jajaja.

MIGUEL en la bodega donde pasa una gran parte del año.
Yo tenía esto en las venas sin casi darme cuenta.
Gente que necesita vivir en este paraíso
.- ¿De dónde os viene el nombre “Cupani” por el que todos os conocen?
Estamos haciendo la fachada de la bodega dos casas más acá de donde vivieron mis bisabuelos Rufino y Felisa. En aquella casa encontró mi padre un libro del tratado del cultivo de la vid, de 1846. “Cupani” era según el libro “sinónimo de cómo se llamaba al Tempranillo en la provincia de Logroño”.

Al parecer un viverista de Valencia, Rojas Clemente, le puso el nombre por un botánico italiano que se llamaba Cupani. La palabra le gustó a mi padre para llamar así a nuestro vino, buque insignia de nuestra bodega, cuyo nombre es Heredad San Andrés por una de nuestras viñas.
.- ¿Cuándo te incorporaste tú a la bodega familiar?
En 2007. Mi hermano estaba por entonces en otra bodega, en Luis Cañas, donde ha trabajado en campo durante doce años. Durante un tiempo estuvo a media jornada allí y la otra media con nosotros, así que hasta que se incorporó estuvimos a tope mi padre y yo.

LOS cuatro de la bodega con su perro Lyon.
Mi abuelo murió con 82 años en 2006, que aún seguía ayudando… Y mi abuelo materno acaba de hacer 88 años, y este ha sido el primer año que no ha ido al campo. Somos gente que necesita vivir en las viñas.
Necrópolis rodeada de miles de cepas
En este momento llega a la bodega su hermano Enrique.
.- Hemos visto las obras de la Bodega, le digo.
¡Menudo lío tenemos!
.- Eso va a quedar de fábula.
A ver. A ver…

Inmediatamente iremos a la viña San Andrés que da nombre a la bodega “Heredad San Andrés”, recorriendo los lagares rupestres del lugar, paseando junto al viejo convento de la zona y la necrópolis de sepulturas antropomorfas situada entre miles de cepas.

«MIRAD el color de la tierra…»
“Mirad el color de la tierra, contemplad las cepas que nos traen uvas extraordinarias, observad cómo se nota que nuestras viñas no tienen herbicidas. Mirad esos muros que estamos reconstruyendo, o esa caseta edificada por mi abuelo en 1982…”.
No es un paseo cualquiera o una visita al uso. En los hermanos Eguiluz vibra una mezcla de orgullo y devoción. Para mi amigo Alberto y para mí ha sido un sortilegio, casi una revelación, un viaje al templo ecológico con duende, entre la Sierra y el Ebro.

La estrella que les guía…
Fuimos a San Andrés, pero pudieron ser otras viñas, como Montebuena (donde padre e hijos se encuentran en la primera foto que abre este reportaje), Gallocanta, Sacramento, Los Remedios… En la finca con nombre de santo nos recordarán que San Andrés es considerado el patrón de los pescadores, los bodegueros y los trabajadores del sector vinícola.

MANO del viticultor recreando el paisaje del Vino y el Viñedo.
Si están entregados al viñedo… la bodega no ocupa un lugar menor en la estrella que les guía.
La de hoy será una buena mañana. Pasaremos un instante en la vieja bodega, que se prepara para incorporarse a la nueva como si ambas fueran hermanas siameses. La una bien pegada a la otra. Ambas interconectadas.
Enrique, el mayor de los “Cupani”, nos ha acompañado a la viña, haciéndonos vivir intensamente su emoción. Allí les haré unas fotos a los dos hermanos.


ENRIQUE Eguiluz nos hará sentir su honda emoción.
Después hemos vuelto a la bodega en obras, para escuchar in situ en qué se convertirá cada uno de los espacios. Enrique se ausentará, diciendo que nos deja en “muy buenas manos”, en las de su hermano Miguel y el padre de ambos.

EL VENTANAL, aún sin ventanas, que antes hemos visto desde el interior…
.- Miguel, vuestro padre fue elaborando diferentes vinos…
Estuvo el maceración carbónica, y luego llegó el Sir Cupani, en 2003, que hoy es nuestro vino top. Más tarde hicimos Rielo y el Baskunes, de un suelo más arenoso y ferroso, más rojo.
En 2008 le pregunté “¿cómo no hacíamos un vino blanco con todo el blanco que tenemos?”. Antes existía la mentalidad de que no se podían hacer buenos blancos de guarda, que “la Garnacha es oxidativa”.

RIELO, dedicado por Enrique a su padre Rufino Eguiluz.

BASKUNES, el último vino en unirse a Heredad de San Andrés.
El perfume de sus vinos
.- La Garnacha ¿oxidativa?
Para mí no falla la Garnacha. Es más bien un fallo nuestro de no saberla interpretar como es debido. “Vamos a meter el blanco en la barrica”, le dije. “¿Con madera además?”, me preguntó. Entonces no había los blancos que hay ahora en toda la zona. Tuvimos una aceptación muy buena.
En 2008 hicimos la primera Garnacha. No la comercializamos porque en un principio no era lo que nosotros queríamos. Pero ¡bébela ahora!

«LA vid grano a grano», como decir la VIDA grano a grano.
Suena el vino en las copas, nos empapa su aroma, alzamos las copas, brindamos, volvemos a llevar su perfume a la nariz bien metida en el alma del cristal, mientras vemos diferentes vídeos de hermosa factura del joven jarrero Mario Urquiaga.
.- La tierra os ata en sentido positivo, Enrique. Es una forma de entender la vida, el tiempo, las relaciones…
No sabemos hacerlo de otra manera. Amamos esta tierra tanto que a veces me pregunto por qué hablamos tanto de Borgoña o de Burdeos, cuanto esto es la bomba… cuando aquí lo tenemos todo, con una uva acojonante.

LOS Cupani en animada charla con mi amigo Alberto Lanza.
Hoy está previsto que comamos juntos en el restaurante del pueblo con Enrique padre y con Miguel. Sentados a la mesa de “La cofradía del renegado” llevaremos a cabo la entrevista.
Siete valles / siete barrancos, y todos diferentes
“En el año setenta y algo -toma la palabra Enrique padre- cuando se empezó a conocer el Rioja a nivel de Europa, con Campo Viejo, Berberana, y demás, aquí nos preguntaron “¿qué vais a hacer?” “Nosotros no podemos vivir más que de la viña”, contestaron los nuestros”.

ENRIQUE Eguiluz en los años ochenta, en el primer tractor que tuvo.
“Tenemos siete valles, siete barrancos, todos diferentes, aquí no se pueden hacer grandes latifundios”.
En San Vicente hay casi 2000 hectáreas de viñedo, -exclama su hijo Miguel-. así que el potencial es hasta el cielo.

EL MACÁN con la azada en una de sus viñas. (Foto Mario Urquiaga).
.- Es un buen símil: “Hasta el cielo”.
Tengo amigos que nos preguntan por las viñas viejas, y yo, sin intención de faltar, les contesto que ellos tienen cuatro corros viejos porque ellos no vivían la tierra, siendo sus viñas algo secundario. Lo nuestro ha sido una necesidad para vivir y comer de la viña y el vino.
.- ¿El peso de la Historia os hace ser más comprometidos con el vino?
Una vez metí la pata al hacerme con una finca -confiesa Enrique-, que para agrandarla tiré dos ribazos. ¡Créeme, eh!, todavía me estoy arrepintiendo y fustigándome de lo que hice, y yo tenía 26 años cuando tiré esa finca, sin darme cuenta de lo que allí tenía.

Vocación que salta de padres a hijos
.- Tu hijo nos ha contado que compraste la parte alta de la bodega sin saber elaborar vino.
Entonces sólo sabía cultivar uvas buenas.
“Dice “sólo” como si eso no fuera importante”, comenta su hijo Miguel.
.- ¿Qué te llevó a comprar la bodega sabiendo que a partir de entonces además de viticultor serías bodeguero?
Veía que tenía dos hijos y podía sacar esto para adelante. Lo hice pensando en ellos. Con mi mujer siempre estaba discutiendo. “Que voy a sacar una marca de vino”. “Que voy a sacar otra marca”… Yo pensaba en mis hijos.

Joder, ¡si a éste le llevaba en el tractor con cuatro años! “Mira qué uvas tenemos, papa”, me decía Miguel, lo que me llenaba de orgullo. Y el otro estaba también conmigo en el campo, o venía conmigo a recoger piedras que me llamaban la atención.
.- Tu padre Rufino fue socio fundador de la cooperativa de San Vicente.
Por eso no me dejaba marcharme de la Cooperativa. Así que esperé a que se jubilara para comprar la bodega. A los padres respeto absoluto. Si él se confundía, se confundía, pero nosotros aguantábamos la mecha.

ABUELO Rufino, con su firma, en la caseta de la viña de Montebuena.
El foco estaba en el campo / No en la bodega
.- ¿Cuándo empezaste a ver que la bodega pitaba, que había sido un acierto?
Poco antes de la pandemia.
.- ¡Pasaron veinte años, eh!
¡Hombre que sí! Yo estaba haciendo marca con el Cupani, sin rebajar nunca la calidad. De hecho, en los años que algún vino no daba la calidad buscada y deseada, no salía.
“Nos ha faltado centrarnos más en la bodega”, toma Miguel la palabra. “Porque a mi padre y a mi hermano lo que más les gusta es el campo”.

LOS hermanos con una copa de vino blanco en el interior de la bodega.
. ¿Tú eres más de bodega, Miguel?
Soy más de bodega por necesidad, porque veo el potencial que tenemos aquí. En la bodega no sé cuándo es de noche o de día, que meto las horas que haga falta, mientras en el campo disfrutas la naturaleza y el canto de los pájaros.
Si nos ha costado tanto tiempo que la bodega explotara es porque teníamos el foco puesto en el campo, y no tanto en la bodega.
Que ninguna viña se sienta «mal querida»
“¡Veneno no!”, le dije a mi padre cuando decidí no volver a echar herbicidas -rememora aquel momento Enrique-. Luego le tuve que demostrar que eran mejores uvas. Si otros viticultores de la Cooperativa habían tenido problemas con sus uvas, por mi parte las uvas estaban sanas.

UNA vez más podemos comparar la viña ecológica de la que no lo es.
“¿Cuántas horas pasamos entonces en el campo?”, le pregunta Miguel.
“Todas las que pudimos, y más. Yo para el campo no tengo horas”, contesta Enrique padre.
.- Siempre vigilando las viñas, eh!
Siempre, a todas y cada una de ellas, dando una vuelta para ver si hay que hacer algo más, y que ninguna se sienta mal cuidada o mal querida.
Y cuando vendemos parte de nuestra uva a otras bodegas para poder financiarnos, la gente nos dice “qué buenas uvas nos habéis traído, no he tenido que seleccionar nada, qué maravilla”. Eso nos llena de orgullo.

DESDE San Andrés puede verse al fondo San Vicente de la Sonsierra.
.- ¿Cómo entendió el pueblo que no echaras herbicida en las viñas desde 1992?
No lo entendieron. Bromeaban preguntándome “si iba a poner una granja de conejos”, o diciéndome aquello de “que nos va a salir un lobo cuando pasemos por tus viñas”.
El problema -explica Miguel- es que cuando la gente mira las viñas se fija en el suelo y no mira a las cepas, ni se fija luego en las uvas. Mi padre siempre ha dicho “con hierba se vendimia, sin uvas no”. Eso es clave.
Brindo por pioneros como los Cupani
.- Debías tenerlo muy claro, Enrique.
Yo les decía “tú haz tu vida y déjame a mí hacer la mía y vivir”. Era el año 91 y 92.

BRINDO por los que abren camino / Por los que van contracorriente.
.- ¿Treinta y cinco años después qué pasa en San Vicente?
Hoy habrá entre un 15 y un 20% de viña tratada en ecológico. Son muchos pequeños productores implicados con lo ecológico. Lo han hecho más por el precio al que les van a pagar la uva que por otra cosa. No realmente por concienciación, salvo alguno.
Lo nuestro es por respeto a la tierra. He querido que los que vienen por detrás se encuentren con una tierra y unas viñas más sanas.
.- ¿Qué pasaba en las viñas al principio?
Al dejar el veneno las cepas se afligían, y te pasabas tres o cuatro años inquieto. Pero hay que tener paciencia. Al principio parecía que había perdido masa vegetal, pero era porque estaban enchufadas. ¿Dónde se veía el acierto? En las uvas.

EN este momento de la conversación estoy con Enrique padre y con Miguel.
.- Brindo por pioneros como tú, Enrique Eguiluz, que abren ventanas.
Yo únicamente quería lo mejor para mis hijos.
Vinos que se exportan a Brasil, Alemania, Francia…
.- ¿A qué reflexión te lleva lo que nos cuenta tu padre, Miguel?
Que este modo de vida nuestro nos pica de verdad. Y que a medida que pasa el tiempo te das cuenta de que sabes menos.
.- ¿Dónde viajan vuestros vinos?
Mira, hasta la pandemia no exportábamos nada. Y ahora van a Brasil, Irlanda, Alemania, Holanda, Francia y Estados Unidos.

.- ¿En qué momento está vuestro proyecto?
Con las obras de ampliación de la bodega vamos a dar un salto en pro de la calidad. Trabajaremos con más sitio, en mejores condiciones, con temperaturas más controladas, que esto último para mí es muy importante.
Quiero subir en botellas, pero tampoco quiero ahogarme. Quiero disfrutar de mi pareja y de mi familia. Mi padre nos ha inculcado que quien mucho abarca, poco aprieta. Y no nos gusta delegar en gente, nos gusta hacerlo nosotros.
“¿Sabes cuando empezó Miguel a podar?”, me pregunta su padre. “A los 19 años”.
.- Un poco tarde, ¿no?
Claro, porque no le dejábamos, que para eso ya estábamos mi padre, mi hijo mayor y yo. “Tu mira de momento, ya aprenderás”. Así estuvo dos años.

Más allá de los convencionalismos
.- ¿Qué admiras de tu padre, Miguel?
Es una persona muy inquieta que lo ha dado todo por la familia. Desde su perspectiva nunca ha intentado hacer nada malo. Sus aciertos y fracasos siempre han sido por intentar hacer las cosas bien. Mi padre ha sabido mirar más allá de los convencionalismos, teniendo su propia perspectiva de las cosas.
.- ¿Cómo ves a tus dos hijos, Enrique?
Muy responsables. Les veo muy bien.
.- Cada cual juega un papel.

Sí, pero tenemos que estar todos a una. Cuando Miguel necesita ayuda, se la damos. Al ser como somos, que pareciera que nadie va a hacer las cosas como nos gusta, las tenemos que hacer nosotros.
Mi hijo Enrique se ha podado este año las 20 hectáreas, que yo apenas le he ayudado algún día, ya que por diversas operaciones que me han hecho este año he fallado.
La bodega no siente el aliento de la crisis
.- El vuestro es un proyecto profundamente arraigado en la familia. Me falta saber algo de Magdalena, esposa y madre.
Es parte fundamental de todo -apunta Miguel-. Es la que ha puesto la cordura por encima de todo, trabajando en campo, en bodega, o limpiando lo que haga falta, aunque ella siempre quiere pasar inadvertida.
“Es mi freno de mano, que yo no soy de valorar el dinero”, dice Enrique.

POR si quedara alguna duda: «Cuando muera entiérrame en una viña».
.- ¿Cómo veis a San Vicente de la Sonsierra?
Da gusto ver a los jóvenes cómo pelean para colocar el pueblo y al vino en lo más alto.

PARTE del grupo de los Martes of Wine, con algunos bodegueros de San Vicente.
.- ¿Siente vuestra bodega el peso de la crisis actual?
Para nada, todo lo contrario. Estamos mejor que nunca.
.- Enhorabuena.
Parece que está mal decirlo y no se debe decir. Pero es la verdad.
«Corre urgencia tener paciencia»
.- Me alegro por todos los proyectos que funcionan, bien o regular, y por el coraje y las ganas de luchar de los que se ven en un aprieto.
Un amigo mío decía “corre urgencia tener paciencia” -recuerda Enrique-. Somos de esos y de los que piensa que “escalón que subas, no te bajes de él”. Pero ve poco a poco, sube de uno en uno, no subas diez de un tiro.

LOS Cupani cuidando los detalles, con el nuevo muro recién reconstruido.
.- ¿Qué me decís de la DO Rioja?
En el 98/99 en Rioja estábamos a la par: se producía lo que se vendía. No había excedentes -apunta Enrique-. Los “tolais”, como digo yo, dijeron que hacía falta mucha más masa vegetal, “que todo lo que cojáis lo vamos a vender”.
Yo les dije que estaban confundidos. Que había que seguir en aquel equilibrio. Pero los “iluminati” siguieron pensando que aún hacían falta muchísimas hectáreas. 2000 ha para los agricultores, pero 8.000 ha para las bodegas. Pensé que ya nos habían jodido otra vez.

FOTO Mario Urquiaga.
.- Ahora dicen algunos que hay que arrancar viña en Rioja
“Hay que arrancar. Hay que arrancar”, repiten algunos ahora. Les respondo que si recuerdan lo que yo les decía en el 2000. “Vosotros habéis sido los que nos habéis jodido”.
«Dejar a un lado los complejos, y creérnoslo»
.- ¿Por qué dirías que vosotros estáis donde estáis, sin sentir el zarpazo de la crisis? ¿Qué habéis hecho bien?
Llevar 25 años con los pies en el suelo, gracias a mi madre y a mi padre.
“Y yo gracias a ellos”, se cuela la voz de su padre.

EN cierto momento, Miguel levantará la botella que nos estamos bebiendo.
.- ¿En vuestro caso el precio del vino habla de la calidad del mismo?
El precio del vino no es solo por la calidad del vino. Hay muchos factores. Número de botellas, costos de trabajo… Es más, estoy seguro que nuestros vinos son baratos. Te digo más: estamos en una zona donde la mayoría de los vinos son un regalo.
.- Los vuestros van de 20 euros la botella hasta 80 y tantos euros.
Nos gusta compararnos siempre con otros países y con otras denominaciones. ¿Por qué no queremos ser tan caros como ellos? ¿Por qué tenemos ese complejo? ¿Por qué no nos lo creemos?

YA digo que estas viñas son como un templo al que veneran.
“Yo salí a 9 pavos la botella de vino -recuerda Enrique- cuando la botella estaba a 1 euro. Alguno preguntó “¿por qué no bajamos el vino?”. “Sí, le respondí, lo voy a bajar del Castillo de San Vicente a la Cueva”.
.- Jajaja
«Antes beberse el vino que malvenderlo»
Mi padre siempre ha preferido beberse el vino que malvenderlo.
“Por eso siempre he dicho que haría un vino que me gustara a mí, porque si no lo vendo, me lo bebo y punto”.
.- Me haces reír Enrique, jajaja.

Hubo una ocasión que tenía en la bodega las cosechas de 2003, 2004 y 2005, y llegó uno que quería comprarme el vino muy barato. Abrí el grifo y dejé que el vino se desparramara en el suelo.
“¿Pero qué haces?”. “Hago lo que quiero, el vino es mío”. Puede parecer arrogante lo que digo, pero no me gusta que la gente venga a mi casa con esa falta de respeto.
.- El viticultor pasa un año y pico poniendo de su bolsillo, adelantando dinero.
Es de los pocos trabajos que no te piden nada por adelantado. Todo se lo juegan en la vendimia. Y luego a ver cuándo te pagan. Hay bodegas que cumplen, pero hay otras que no.
.- ¿Dónde te gustaría llevar este proyecto familiar, Miguel?
Llevarlo hasta un lugar donde cuando escuchen “Cupani” se acuerden de una familia y de unos vinos de calidad.


LAGARES, NECRÓPOLIS… Rioja Alavesa-Sonsiera, lugar mágico.
‘Mejor que nos conocieran por ser unos Dalí’
.- ¿Qué cuentan vuestros vinos?
Los vinos hablan por nosotros para lo bueno y para lo malo. El que no te conoce te va comprar por esta imagen (levanta la botella). Pero luego han de escuchar cantar al vino.
.- ¿Por qué conocen a Rioja en el mundo?
Por dar un vino de puta madre, muy bueno muy bueno, por cuatro pesetas -contesta Enrique-. Hubiese preferido que nos conocieran por ser unos “Dalí”, unos artistas que venden su obra por un alto precio.

Y de repente Dalí y su arte surrealista se ha colado en la conversación.
.- ¿Qué pasaba en los años setenta en la DO, que tú sepas?
En los 70 llevábamos la uva a las bodegas, que tenían muy poca uva, pero sacando lo mínimo. Así habremos estado cien años. Esta DO tiene que pegar un cambio de la hostia. No se tiene que apretar tanto al productor si lo que hace vale un precio.
“En Rioja no sobra nadie que haga las cosas bien -añade Miguel-, el que hace las cosas con valor, el que pone la calidad y el precio alto. No tiene sentido apoyar al volumen. No se pueden tirar los precios por la ventana.
“Muchos de Rioja, en las altas esferas, viven en otro mundo, pero la vida está aquí, a pie de viña”.

EN el año del «centenario», la DOCa no puede faltar en la entrevista.
Cuando Manuel Ruiz les abría los ojos
.- La vida está a pie de viña, en las familias que hacen vino en los pueblos.
Cuando los que nacimos en el 59/60 tomamos el relevo, ya estaba fracasando el volumen de vino de Italia y Chile, de tanta producción.
Se decía en los 70 que lo íbamos a hacer mejor que ellos. Manuel Ruiz nos abría los ojos a los jóvenes de entonces en un curso que nos daba por las tardes-noches. “A ver cómo lo hacéis vosotros”, nos advertía.
.- ¿Dónde te gustarían que llevaran tus hijos la marca Cupani?

LÍNEA tan invisible como poderosa uniendo a las generaciones.
Me gustaría que los hijos de ellos, mis nietos, valoren lo que hemos hecho las generaciones anteriores, que ya tengo una nieta y dos nietos chicos.
.- Mikel, Idoia y Asier. Los tres con nombres vascos.
A ver si Idoia tiene narices para trabajar en la bodega…
“Lo mismo se pone con las tijeras de podar en la viña y no la quitas de ahí”, bromea su hijo Miguel.

CASTILLO e Iglesia desde la balconada del restaurante, en San Vicente.
Aquí en San Vicente se bromea diciendo “tu haz, haz, ya vendrán tus hijos o tus nietos a deshacer lo que hagas”, pero en mi familia no ha sido así.
Mi abuelo Rufino, mi padre Rufino, yo Enrique, mis hijos Enrique y Miguel, estamos dando muchos pasos para que esta bodega nuestra permanezca. Ellos seguirán con estas uvas tan bonitas… que a mí me quedan ocho o nueve vueltas alrededor del Sol, jeje.
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El hechizo es de lectores como yo. Es lo que se dice, y cómo se cuenta. La atmósfera que se respira. Con ese texto y las fotos publicadas consigues que podamos vivir dentro de tan sencillo como extraordinario lugar.
Porque lo cuentas tú y lo documentas, sino parecería que alguien está inventando ese lugar. Alguien dirá que no es para tanto. Cuando sí lo es. Una comarca de leyenda.
Eskerrik asko, Julio Flor jauna
Eskerrik asko, Kepa
Así que, según cuenta Enrique Eguiluz, todo esto se veía venir hace tiempo, y se podía haber evitado sin tanto «iluminati». La avaricia de algunos ha puesto a las bodegas familiares y a las pequeñas y artesanas bodegas a los pies de los caballos. Zorionak a los Eguiluz.
Eskerrik asko, Jon
Qué fortuna tener un gran relevo generacional como Enriqye y Miguel Eguiluz. Qué honor para sus antepasados. Qué orgullo para las generaciones venideras. Seguramente el listón está alto, pero en ese ambiente de naturaleza plena y buenos consejos apuesto a que podrán superarlo.
Gracias, Begoña
Estas son las historias de dimensión humana que más me gustan del Blog. Las que el escritor escucha y asimila como nadie. Las vividas, las bien bebidas como este hechizo de primavera. Un abrazo a todos los Eguiluz, también a los tres txikis
Gracias, Daniela
Y todo sucedía con modestia, casi como algo que se desarrollaba con naturalidad, mientras San Andrés brillaba con orgullo, relatando el esfuerzo de la familia Eguiluz.
Con su emoción al describir el proyecto Cupani explican conceptos que puedan parecer anticuados, pero que en realidad son eternos: calidad, historia, compromiso, entrega, ilusión.
Si de dice que un vino refleja la personalidad de su elaborador, este es un claro ejemplo de la veracidad de tal afirmación
Gracias, Alberto
No hay historia que se lea de principio a fin, sino hay un buen escritor que la narre. Y ésta es maravilla
Bravo!!
Gracias, Jose Mari
Si pudiéramos estrujar la entrevista como se exprime la uva con las manos, saldrían gotas de valores: hacer las cosas bien, crecer en valor, trabajar sin prisas, respetar la tierra para que dé lo mejor… Pero hay un valor repetidamente expresado en la conversación por los dos hijos de Enrique y Magdalena que se está perdiendo en nuestros pueblos: la siembra del amor a la tierra del padre a los hijos. Todos los viticultores y vinicultores trabajan por sus hijos, pero no todos les trasmiten el amor a la tierra y la vocación de agricultor. Esto es lo que sí ha sabido pasar Enrique a sus hijos. Los niños de antes decían: “cuando sea mayor, quiero ser labrador como mi padre”, y ahora algunos dirán “cuando sea mayor, me marcharé de aquí”. Quizás más de uno debería preguntarse si está «trasegando» a sus hijos esta vocación.
Gracias, Antonio!
Todo lo bien hecho merece respeto. El trabajo se tiene que valorar, no hay quien pueda negarse a defender la tarea bien hecha. En nuestro sector, como en tantos otros, la calidad es lo primero.
Buen artículo, y buena gente.
Gracias, Miguel