
PABLO Martínez junto a su casa, en la villa de Elciego.
Su relato de un corro de viñas antiguas y de su bodega veinteañera nos lleva a reconstruir su vida vitivinícola, a revivir sus años, su biografía ligada a la Comarca, esculpiendo su vida con el martillo y el cincel de su ilusión.
“De mi tío Florentino, de Luberri, he aprendido su persistencia, su ilusión, su gran correa para hacer las cosas, ser un loco y correr, consiguiendo que los días se puedan hacer más largos. “Este negocio hay que vivirlo a tope”, dice. Yo estoy de acuerdo con él, por muchos apuros a los que me enfrente”.
Tantas veces la creatividad nace de la angustia, como dijo el gran Albert Einstein, al igual que el día surge de la noche oscura.

CONTEMPLANDO su viña El Conjuro, mitad Navaridas mitad Elciego.
Esta es una de esas entrevistas que debe leerse completa, apurando hasta el final. Hay que levantar acta de cómo se persigue una meta, capítulo a capítulo, párrafo a párrafo. No es un artificio, ni un simulacro, mucho menos un desvarío.
En la ilusión que mueve a Pablo hay cierta utopía, sí, pero como en tantas ocasiones el motor de lo que no parece posible es capaz de parir un nuevo porvenir.

PABLO Martínez López en el Paisaje del Vino y el Viñedo.
Su abuelo Félix Martínez dejó San Vicente y se trasladó a Elciego con su esposa Sofía Monje y sus cuatro hijos. En San Vicente dejó una bodeguita, con un pequeño calado, en el barrio de las Eras… Y alguna viñita.
“Entonces había escasos recursos en San Vicente -asegura Pablo-. A mi abuelo le salió la oportunidad de trabajar en Elciego para una casa muy fuerte como los Acha, empleando allí a los hijos”.

DE dcha. a izq., su padre, el abuelo, Florentino con txapela y su tío Alfonso.
Los cuatro hijos de su abuelo fueron Simeón, que también fue bodeguero en “Viñadores Artesanos”, luego su padre José Felix, que elaboró vino durante muchos años para venderlo a granel, cuando se hizo cargo de las viñas de su madre Gloria. Luego su tío Alfonso, que se dedicó a la agricultura, y por último el más joven, Florentino, de Bodegas Luberri.
El abuelo, un adelantado a su tiempo
.- ¿Qué destacarías de tu abuelo Félix?
Que fue un adelantado a su tiempo, porque lo primero que hizo, cuando llegó la revolución de las máquinas al campo, fue comprar una cosechadora pequeñita y un tractorcito para la empresa de los Acha, empleándolos para el cereal, pues llevaban muchas fincas en Peñacerrada a jornal.

PABLO en su almacén con los tractores, el suyo y el de su hermano.
A mi tío Alfonso lo enviaba un mes a las Bardenas a segar, mi padre y Florentino solían hacer la zona de Elciego, Cenicero, Navaridas, Laguardia… Y luego los enviaba a Salvatierra, que tenía a los hijos tres meses segando. La viña entonces se cultivaba menos y se llevaba más despacio. La vendimia la hacían con comportones.
.- Son recuerdos del patrimonio histórico de tu familia.
Me lo han contado mi padre y mis tíos, pero yo de niño jugaba con las máquinas, pues de críos nos montábamos en todos los “cacharros”, viéndoles hacer vino durante tres años para aquella gran empresa situada junto a la plaza, donde trabajaron hasta principios de los 80.

EGUZKILORE alejando los malos espíritus, como en tantas casas de Elciego.
De cabeza al mar del vino
.- Pablo, tú eres muy de Elciego.
Yo soy de Elciego a tope. A San Vicente íbamos mucho a ver a nuestros abuelos, sobre todo los domingos por la tarde en verano. En otoño e invierno, de noviembre a abril, mis abuelos se iban a Almería, que el abuelo Félix estaba enfermo del pulmón.
.- ¿Cómo te tiraste tú de cabeza al mar del vino?
Siempre he estado en ese mar, desde niño, con mis padres, con mis tíos, que eran un equipo para todo. Plantar viñas a barra, despedregarlas, unidos para todo, incluso el tractor era compartido.

TIERRA donde maduran las uvas, el lugar donde anida la ilusión.
Cuando empezó a ganar más dinero, mi tío Florentino se compró uno para él. Es ley de vida, el que prospera se disgrega. Y cada uno es dueño de lo suyo. La unión de la familia en esperguras, en desnietes de la viña, es para mí un gran recuerdo.
.- Veo que disfrutas deteniéndote en la historia de tu familia.
Mis padres compraron con el tiempo tierras a Fernando Remírez de Ganuza, con quien empezaría a trabajar como enólogo un día. La verdad es que yo no quería estudiar mucho, estando como estamos en un gran comarca de vino, pero bueno, me hice una FP de Enología y Viticultura en Laguardia.

PABLO también hizo el Curso de Vitucultura y Enología en Laguardia.
Con Fernando Remírez de Ganuza
.- ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajar para Fernando?
Mis padres y mis tíos le habían injertado muchas viñas. A nosotros nos llevaban para que espabiláramos.
Un día, justo al terminar mis estudios en Laguardia, estaba en la puerta del instituto haciendo dedo para bajar a casa. El caso es que paró el coche de Fernando. “¿Dónde vas?” “A Elciego, a casa”. “¿Qué tal todo?”. “Justo termino hoy de estudiar Enología en Laguardia, no tengo ni idea de nada, pero me han dado el título”.
.- Jajaja
Habían sido cinco años de estudios, que el último curso obtuve las mejores notas en laboratorio, catas, en manejo de bodegas. Yo le dije que acababan de darme el título, a lo que Fernando me dijo “pues yo he comprado una bodega esta semana”.

… «PUES yo he comprado una bodega esta semana», le dijo Fernando.
.- La de Samaniego, claro está.
“Si quieres, el lunes ya tienes trabajo allí”, me dijo. Y así fue. Lo primero que hicimos fue limpiarla y asearla bien, que entonces apenas había seis depósitos grandes y unas cubas de hormigón.
.- Allí te fogueaste de verdad, supongo.
Fernando me llevó muchísimo al viñedo. La primera cosecha que hicimos fue la de 1992. En aquellos inicios empecé siendo el enólogo de la bodega. El primer año hicimos muy poquito, apenas 20.000 kilos de uva.
Permanecí con Fernando hasta el año 2000, con ayudas de enólogos externos, como Gonzalo Rodríguez, que hoy está en El Coto de director general, con su mujer alemana, Alejandra, que está de enóloga con Dominio de Berzal.

LA conversación abierta tuvo lugar en Bodegas Aladro.
Los primeros 8000 kilos de uva
.- Menudo aprendizaje.
Sí. Allí maduré como enólogo. En el 2000 mi padre estaba a punto de jubilarse y yo me caliento porque estábamos un equipo de enólogos, entre ellos Estanis de Laguardia, el hermano del carnicero, contratando además a otro chico de Logroño, y yo me siento un poco encasillado. Contento, pero encasillado, ya con 30 años.
.- Encasillado ¿en qué, cómo?
Me había quedado como capataz de bodega, no evolucionando como debía. Así que solicité el despido. “Que lo dejo, Fernando”. “Que no te vayas ahora. Tienes un gran equipo que no te va a crear ningún problema”.

EL día despertó con el Sol caldeando el León Dormido.
Lo dejé, pero quedamos muy bien. Alguna vez le digo que me venda alguna finca a buen precio, “que soy familia numerosa, Fernando”. “250.000 euros por estas dos hectáreas”. “Pues mira, como que no las necesito”.
.- Jajaja
Aquel año mis padres me regalaron 8000 kilos de uva. Yo no tenía ni tan siquiera un lugar donde echarlos, así que le pedí un lago de hormigón a un amigo de Elciego. Eran mis primeras uvas. Había pedido el despido, no tenía nada… salvo aquellos 8000 kilos de uva, cuyo vino no sería legal.
Decidí tirar para adelante, “a ver qué ocurre, será un vino para mi casa, para beber con mi familia y amigos, un vino ilegal, pero bueno, a ver qué pasa”.

TODA conversación que se precie, ha de referirse a las uvas vitícolas.
Montó una pequeña Asesoría Enológica
.- Eran tus primeras uvas!
Así me hice mis primeros 5000 litros de vino de maceración carbónica.
.- En Remírez de Ganuza tú ya habías elaborado un sinfín de vinos, habiéndolo envejecido en barricas de roble, y todo lo demás.
Aquella experiencia la tenía, sí. Pero con lo mío empecé a ‘piratear’ el vino con algunos garrafones. Así le llevaba tres garrafones de vino a mi tío a Vitoria, o a algún amigo de Logroño… Por entonces me hice trabajador autónomo, y empecé a ofrecerme para asesorar a diferentes bodegas, montando una pequeña Asesoría Enológica.
.- No te quedaste quieto.

Empecé a asesorar a la bodega Fonzaleche en La Rioja, luego a otra en Bobadilla y una tercera, Señorío De Somalo, que puso a mi disposición la bodega entera. En Haro colaboré también con Amurrio Bastida. Así tiraba mi vida para adelante. También colaboré con los primos de Amurrio, dos chicos de Labastida…
.- La inflexión suele llegar siempre con la jubilación del padre.
Eso sucedió en 2002, cuando mi padre nos anunció su jubilación, dejándolo antes de tiempo, porque tenía un problema físico en los codos, repartiendo sus hectáreas entre los dos hijos, seis hectáreas para cada uno, las mías en Navaridas y Elciego, que hicimos dos lotes. Aquellas seis las sumé a otra hectárea que yo había conseguido comprar.
.- Siete hectáreas!

AL acercamos a El Conjuro, una pareja de Navaridas trabaja en su viña.
La viña Valle Bartolomé es de 1980 y El Conjuro del 87, salvo un pequeño cuadrado de 1940… Son todas, más o menos, de la misma edad, con Tempranillo y Viura.
El pabellón del polígono de Barrihuelo
.- ¿De qué manera te organizaste, qué hiciste?
Empecé a vender uva a la bodega que las vendía mi padre, a Domecq, que me las pagaban a 50 céntimos de euro. “Hostias, esto no puede ser”, me dije.
.- Todo te estaba empujando a la creación de una bodega…
En el 2002 a los de Elciego nos salió la oportunidad de comprar un pabellón en el polígono Barrihuelo, que había sido una viña. Formamos una cooperativa entre trece agricultores, se recalificó el terreno, y ya en 2003 por fin la estrené. Después…

EN el polígono de Barrihuelo, donde tiene la bodeguita.
.- Quieto ahí. ¿Cómo te sentiste cuando empezaste en este pabellón?
Vi cómo se construían todos los pabellones. Hice a la carta mis tuberías de electricidad, dónde quería el desagüe, el servicio. Allí estaba esta ilusión. Una ilusión que permanece a mi lado veinte años después. Entré aquí mientras seguía trabajando a sueldo. Entonces metía aquí la mitad de la cosecha, unos 25.000 kilos, y la otra mitad la vendía.

PUERTA de su pabellón, vecino de una viña antigua.
.- ¿Cómo te trataron en la compra de tus uvas?
Me maltrataron aún más que la otra vez. Pero no sólo eso, sino que me reprocharon haberme quedado con las mejores uvas. Bueno, bueno, cuando yo era un tonto que quería vender las mejores uvas para intentar cobrarlas un poco más y tirar para delante con los préstamos.
En mi bodega había metido las uvas más jóvenes, unas del Zorro, lo más sencillo. Era el año 2004 y me las pagaron a 70 pesetas al cambio.

QUE todos los cuidados son pocos.
Un apero de labranza llamado Aladro
.- De eso tomaste buena nota, ¿o qué?
Sí, me dije que nunca más vendería mis uvas a nadie. Y no he vuelto a vender un kilo más de uva a nadie. Menos mal que seguía asesorando a todas las bodegas que te he mencionado, mientras sacaba tiempo para trabajar en mis viñas, que necesitaba un cañón de dinero al trimestre para pagar los préstamos.

.- En aquella época estabas tú solo.
Estaba solo, aunque me seguía ayudando mucho mi padre. Las botellas de vino me costaba mucho venderlas, que había empezado a etiquetarlo desde el primer año con el nombre de Bodegas Aladro.
.- ¿De dónde viene ese nombre?
Aladro es un apero de labranza que se ponía al ganado, con el que se abre un surco en la tierra para voltearla. Es la vertedera. Es una palabra que se utiliza más en Castilla. Alguna gente me llama de otra forma. “Taladro -me dicen-, tráeme vino”.

BOTELLAS Aladro, de blanco y tinto.
.- Tú empezaste de cero.
De cero. Ni bodega vieja de mis padres, ni una mínima instalación, nada de nada. Es duro posicionar tu vino, hacerlo todos los años bien, mimar tus viñas, subir la calidad. Es duro, pero es muy satisfactorio. Tú te lo guisas y tú te lo comes, no dependes de nada ni de nadie, salvo de tu esfuerzo y tu entusiasmo. Es bonito hacerlo bien para que luego el cliente goce.

ESA mano derecha amparando a sus botellas de vino amado.
Cajas de vino durante el Confinamiento
.- ¿En qué momento te sentiste consolidado?
En el 2020, con el COVID, porque tuve la suerte de que cantidad de clientes que tomaban mi vino en los bares, a los 15 ó 20 días de estar confinados, me llamaron cientos de personas para que les llevara cajas de vino a sus casas.

Lo que más me costaba era hacer la documentación con los 40 albaranes con direcciones, DNI y todo lo demás, por si te paraban durante el Confinamiento.
Recuerdo muy bien la alegría que sentía mientras llevaba los encargos a Euskadi entera, y también a La Rioja y Navarra…, que he dado más vueltas que un tiovivo. Ese año terminé por fin de pagar los préstamos.
.- Volvamos atrás, antes de 2020, porque imagino tus apuros económicos.

EN la sombre parece que todas la cepas estuvieran bailando.
En 2005 estuve muy agobiado económicamente. Mi padre me ayudaba mucho en el viñedo. Yo me iba cuatro días de promoción a Asturias, o a Madrid, o Almería. Iba de restaurante en restaurante a hablar de mi único vino de entonces, un tinto joven.
Ahora tengo un blanco joven, con el que arranqué en 2010. Y luego elaboré otro con mi tinaja de barro, que ahora tengo en ella un vino de 2018 al que he puesto una etiqueta distinta, con un relieve, en el que sale la tinaja.

Catas nocturnas en bares de Asturias y Madrid
.- Sería una bonita crónica haberte seguido durante los días de promoción por Asturias…
Buscaba y rebuscaba clientes, y no siempre los encontraba.
Iba con mi maleta, organizábamos las catas de vino en los bares al anochecer. No era fácil vender, y yo tenía que seguir asesorando a bodegas pequeñas, que llegué a asesorar a 12 bodegas a la vez, algunas de ellas de 500.000 kilos de uva.
.- Lo importante es que lo tuyo iba poco a poco para arriba.
Al principio empecé sacando 1000 cajas de vino, luego 1500 cajas, creciendo poco a poco, que ahora estoy en 5000 cajas.

EN su almacén, que está pegado a su casa, junto a sus cajas de vino.
.- Otras bodegas de Rioja Alavesa ya tenían su red comercial, con un mundo de distribuidores.
Siii. Los que arrancamos después de Dominio de Berzal, de Ostatu, de Artuke…, que ellos tienen los distribuidores bonitos en todas partes. Los que hemos entrado un poco después no hemos encontrado una distribución tan amplia. Aunque quizá ha sido bueno porque el 90% de los clientes son míos.
.- Eres tu propio distribuidor.
Lo soy. Tengo uno que me hace Gipuzkoa y Álava, pero les está costando mucho. Así que en 2005 estaba agobiado, y entonces tuve un ofrecimiento laboral de mi tío Florentino.

FLORENTINO Martínez ofreció trabajo a su sobrino Pablo.
Él consigue que los días sean más largos
“Si quieres trabajar conmigo como enólogo, por mí encantado», me dijo mi tío. Entré a tope con Florentino. Tuve la suerte de que en esa época Luberri creció aún más, llegando a estar desbordados. Aquel año multiplicó las ventas por tres, porque mi tío ha hecho muy bien las cosas.
.- ¿Qué aprendiste de Florentino Martínez?
Su persistencia, su ilusión, su gran correa para hacer las cosas, ser un loco y correr, consiguiendo que los días se puedan hacer más largos. “Este negocio hay que vivirlo a tope”, dice él. Y yo estoy de acuerdo con él por muchos apuros a los que te enfrentes.

GENIO y figura, el bodeguero de Luberri. (Archivo del Blog).
.- Grande Florentino.
Florentino es muy sagaz y súper generoso.
.- Te metió un chute de ilusión y alegría.
Allí se llenaban los depósitos así (chasquea los dedos). Se fermentaba mucho. Quise dejarlo en 2012, con casi 40 años, porque ya vino Carlos, su yerno, con quien colaboré.

CORCHO de alguno de los vinos de Luberri. (Archivo del Blog).
“Tío, lo quiero dejar”, le anuncié, “que me estoy haciendo mayor y me canso”. Allí terminábamos en vendimias todos los días a las 12 de la noche, y de allí me venía a mi bodeguita a tratar los tanques, que tres días antes de comenzar la vendimia en Luberri trataba de dar un hachazo para recoger el 80% de mis uvas y así poder relajarme.
.- Tu tío te diría que no. “Pablo, no te vayas”.
Me quedaba porque necesitaba tirar con lo mío para delante. Fueron años donde mandaba ‘su señoría la hipoteca’; menos mal que en casa de mis padres siempre tenía el plato caliente. Por entonces no tenía hijos. En 2012 me cayó una granizada mortal en mis viñas, una granizada que me “vendimió” las viñas.

LAS piedras de la Comarca hablan de éxitos y sacrificios.
La adversidad te visita de vez en cuando
.- ¿Cómo te enfrentaste a la adversidad?
Vendimié con el apoyo del difunto Luis Aldazabal, con su padre José Luis, y otros siete agricultores, juntando aquí 20 toneladas de uva granizada, que salieron 15000 litros. Lo fermenté y luego repartimos el vino. Por mi parte yo lo vendí a granel. Con mucha técnica de bodega, con levadura, bien filtrado, bien todo… que cuando vino el Consejo estaba decente. Tuve que haberlo hecho rosado, no tinto, pero bueno.
.- La granizada cayó…
Un 26 de julio, peinándome todas las viñas. Las dejamos hasta que llegó el momento de la vendimia. El vino pasó, como te digo, la cata del Consejo.


QUÉ no contaría el olivo del jardín-huerta de Pablo si le dejaran…
Total que me quedé un año más con Florentino. Por entonces me arreglé con otro en San Vicente, con Alberto, con Bodegas Valdeloyo, en la Sonsierra.
.- Hasta que finalmente dejaste Luberri.
Con Luberri dejé también otras bodegas. Ahora me he quedado con dos, una en Hormilla, que aquello es como Australia, faltan los canguros por los terrenos: hay olivos, perales, manzanos, viñas, Mazuelo, Garnacha, Malvasía, remolachas, guisantes. Y sigo con Alberto, de San Vicente.
.- En el 2016 te enamoraste de una mujer de Getxo.
De Zaloa, comenzando con ella otro camino en la vida.

CAMINA por El Conjuro, donde el mismo silencio es una palabra mágica.
Cuando el amor entra en la Bodega
El amor me da más tranquilidad y mucha ayuda. Conocí a Zaloa porque ella se vino a trabajar a Cenicero, administrando luego con una socia el Hotel Villa Elciego durante unos años, comprándome mi vino, pues ellas pensaban que en el hotel tenían que tener todos los vinos de Elciego… Hoy afirmo que Zaloa me tranquiliza para hacer los vinos con más temple.
.- ¿Cómo son hoy tus vinos?
Con más carácter de terruño. Hoy he afinado mis vinos, ya no son tan intensos de fruta, ahora tienen más regaliz, más naturaleza.
.- Tú tienes buenas uvas.

¡CÓMO no van a salir extraordinarias uvas y vinos de aquí!
Las tengo muy ricas en mis siete hectáreas y media, más las uvas de otra hectárea que les compro a mis padres, ya que esa hectárea la trabajamos entre mi hermano y yo para que tengan un aporte a su jubilación.
.- ¿A qué precio le compras la uva a tu padre?
Este año pasado se las he comprado a un euro el kilo, siempre un poco más que lo que se suele considerar la media… En 2017 nos cayó una helada como un piano, pero pude comprar algo de uva y sobreviví gracias a mis clientes.
Hoy Aladro llega sobre todo a Euskadi y alrededores. También a Segovia, Cataluña, Levante, Sevilla… Entre todos se llevan mis 50.000 botellas.

EL texto cuelga de una de las paredes de su casa.
Lugar en el que nació esta entrevista
.- Vamos a regresar al día del Concurso de Poda de Elciego, al 12 de febrero de 2023, cuando nos sentamos juntos por casualidad para comer, y me dijiste que “no todo lo explica el dinero en Rioja Alavesa”.
Recuerdo bien lo que te dije, Julio.
.- ¿Qué me dijiste?

REGRESEMOS al Concurso de Poda de Elciego del pasado febrero.
Además de alabar el Blog, y decirte que era uno de tus lectores, también te comenté que el dinero es necesario, pero es mucho más importante no perder la ilusión y las ganas de trabajar, siendo felices con lo que hacemos. Si no hubiera sido así, yo ya le hubiera puesto una bomba a mi negocio.
.- ¿Por qué razones le prenderías fuego a la bodega?
Porque vivimos con mucha presión. Pero yo cuido y protejo mi negocio, y lucho como un poseso por él, porque somos felices haciéndolo. Si sacamos un poco menos de dinero, y resulta más duro, eso es lo de menos.

AQUEL 12 de febrero nos conjuramos para llevar a cabo esta entrevista.
Lo más importante es que somos felices, porque aquí en Elciego hay un relevo generacional bonito. Mis primas en Luberri, los Valdelana, Cecus, Jaime Riofrancos, que ahora ha cogido más viñas… pero si somos felices con lo que hacemos, pidamos más tralla.
.- La ilusión es un gran motor, a pesar de los pesares y del momento delicado que vive ahora el sector.
La ilusión y la persistencia son parte del argumento de Rioja Alavesa. Es lo que mueve todo, y lo que nos sacará del problema actual.

.- Hace 20 años no me hubieras dicho esto, ni cuando peleabas como un jabato asesorando bodegas, ahogado con los préstamos, sacando adelante tu humilde bodega… y sin amor.
Entonces tenía la ilusión por dentro, sin saber muy bien qué era aquello. Yo lo llamaba obligación. Soy de los que no he entrado en la vorágine del crecer y crecer. Me considero humilde, y con ganar un buen sueldo para mi casa me siento satisfecho. No necesito más.
.- Ilusión, ilusión, Santa Rita, Santa Rita… que me quede como estoy.
Me mueve la ilusión. Esto te lo digo ahora. Es un mensaje de madurez.
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Es una entrevista que merece analizarla con detalle. Ilusión es la palabra que mueve todo, pero no es la única. Hay por detrás trabajo y mejora continua. Las cosas, los éxitos profesionales, el bien hacer,… va acompañado de esfuerzo, tenacidad y de sobreponerse a las dificultades. La mejora continua significa mirar de reojo lo bien que lo hacen otros, el comentar las dificultades para superarlas y ponerlas en práctica. Pablo y otros muchos jóvenes bodegueros han seguido esa ruta, la buena ruta aprendida en sus casas. Mucho éxito, Pablo
Muchas gracias, Jesús
Creatividad, angustia, ilusión, persistencia, paciencia, utopía, buena correa, sudor y dolor, amor, familia… Son valores que recorren la entrevista, Son los ingredientes de la receta de una manera de ser, estar, vivir y soñar de un vitivinicultor de Elciego. Ahí está su testimonio. El camino recorrido no ha sido fácil, pero lo ha recorrido y sigue caminando con el verdadero entusiasmo y alegría que da el trabajo bien hecho y a gusto. ¡Enhorabuena, Pablo, eres un referente para los que harán el futuro! Da gusto encontrarse con personas tan positivas como tú.
Muchas gracias, Antonio
Pablo, lo primero darte las gracias por acercarnos a esos recuerdos pasados que son parte de nuestra historia y que es muy necesario recordar para saber dónde estamos y porqué…
Recuerdos tan hermosos como duros. Con satisfacciones personales importantes. Saber que esos tiempos duros traen hombres Fuertes y esos hombres Fuertes traen tiempos más fáciles, pero con un esfuerzo previo muy grande, algo que hay que intentar sembrar en la sociedad actual.
No podemos conformarnos con esos tiempos fáciles, porque se acaban y llegan tiempos duros. Bien me entiendes. Así que sembremos pasión, optimismo y trabajo como nos han enseñado nuestros mayores.
Hoy tu entrevista es un ejemplo Claro de la realidad familiar que siempre se ha vivido en nuestra Rioja Alavesa.
Vaya por delante mi agradecimiento por elaborar ese vino de maceración carbónica que tanto nos gusta! Eskerrik asko!
Eskerrik asko, Jaime
Gabon Pablo, me he emocionado y mucho con tus relatos, son verdaderamente geniales y envidiables. Aportas con tus vivencias, malos y buenos momentos de tu vida, una sabiduría inimaginable.
Ojalá hubiera muchas personas como tú, tu familia y Zaloa, que estoy completamente segura te ha apoyado, ayudado y dado toda la felicidad que necesitabas.
Qué grandes sois, seguid así, ZORIONAK eta AURRERA «T-ALADRO» ARDOA!!! ??????
Eskerrik asko, Maixa
Son tantas las dificultades, las adversidades que hacen falta grandes dosis de ilusión y optimismo. Pablo nos demuestra, una vez más, que el ser humano, en este caso en el sector del vino, es más fuerte que la adversidad
Muchas gracias, Arene
Es como una pequeña novela. Qué buen relato para una entrevista llevada a la perfección, conjugando presente, pasado y futuro. La aparición del amor en el «capítulo final» nos llena de emoción. Es el gran premio de la vida. Zorionak Aladro, Aupa Pablo y Zaloa!
Mila esker, Jon
Grandes palabras de un gran hombre, redactadas por un gran periodista.
Describen la realidad, de Rioja Alavesa, pero ante todo de un gran pueblo.
De cómo la lucha, el esfuerzo y la unión hace posible lo imposible.
Los camperos, como ellos se denominan, son grandes luchadores, pues saben lo efímero de su gloría y eso hace que su humildad no les abandone.
Con los pies en el suelo y las manos en la tierra luchan día a día por la mejor de las cosechas, y afortunadamente lo consiguen.
La ilusión está en cada botella de vino que se descorcha, y la adversidad la solventan con su unión año tras año.
Modo de vida, pasión y esfuerzo, esencia de Rioja Alavesa.
Gracias Julio Flor por tu trabajo en pro de la Comarca y de todos los habitantes que en ella vivimos y trabajamos.
Muchas gracias, Zaloa
Solo el tesón y el gran esfuerzo de Pablo ha hecho que lo suyo sea posible, y lo digo yo que a mis 72 años sigo trabajando por mi bodega y por Rioja Alavesa, hoy desde Nueva York. Pablo se formó muy bien con Fernando en Remírez de Ganuza, y luego vino a mi bodega de Elciego para hacer vinos que aún tengo en la bodega, vinos increíbles.
Cuando estuvo en Luberri, Pablo consiguió elaborar vinos excelentes con los que ganamos buenos premios. Es un tío muy currante, un tío cojonudo y formidable a quien le gusta mucho el directo con las personas. Porque hay que decir una cosa: Es verdad que en Rioja Alavesa tenemos buena tierra, viñas como las que planté yo con mis hermanos cuando Pablo era muy pequeño, y tenemos grandes uvas, pero son los enólogos como Pablo Martínez los que hacen vinos espectaculares. Los hizo en Remírez de Ganuza, los hizo en Luberri, y ahora los hace en su Bodegas Aladro. Es decir, los seres humanos son aquí la primicia y el fundamento de todo.
Muchas gracias, Florentino