
Aún mantengo en el recuerdo su nombre de dios romano y sus intentos por aplicar, en sus primeras cepas, técnicas de trabajo entresacadas del segundo libro de “las Geórgicas” de Virgilio y el “De Arboribus” de Columela.
Él prendió mi arraigo sobre esta tierra. Él abrigó mis inviernos entre el Ebro y la Sierra de Cantabria y dio vida a los padres de mis padres.
Imagen: Uvas-esculpidas-en-piedra-1024×768.jpg
Sucesivas invasiones germanas, musulmanas, visigodas conquistaron mis terrenos, reservando mis aromas para su exquisito vaso. Y después, desde dominios feudales asenté mi tradición entre euskaldunes que ensamblaron mi existencia con terrenos de su lengua.
Imagen: Cepa-Verde-y-Tierra-Arcillo-C.jpg
Llega la primavera y otra vez con mi primer brote, quiero recordar que vengo de un esqueje joven, hijo del tiempo, que ofrece sin cansancio al mundo el fruto repetido de los siglos y los caldos únicos de esta franja entre el río y la montaña.
Quiero recordar que soy la misma, que no es esta tierra de cambios, que sólo cambian las manos.
Blanca Uriarte. Poeta.
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