Nadie pone en duda que los urbanitas vascos somos muy afortunados con Rioja Alavesa. A media hora o una hora de nuestra casa tenemos nuestro jardín mediterráneo, uno de los paisajes más bellos del mundo que merecidamente opta a ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

EL PAISAJE de Rioja Alavesa genera mucho dinero…
Un jardín y un paisaje que genera mucho dinero no sólo a los bodegueros sino también a los hosteleros y comerciantes de Rioja Alavesa y de Euskadi entera. Todos ellos, en mayor o menor medida, se benefician al poderles mostrar a millones de turistas en el folleto publicitario de Euskadi esta comarca tan maravillosamente singular.
Miguel Larreina González *
Los expertos vitivinícolas tendemos a valorar Rioja Alavesa sólo desde un punto de vista vitícola: 13. 500 has de viñedo valoradas en unos 1.000-1.200 millones de euros, productoras de una cosecha anual valorada en unos 70-90 millones de euros (si hablamos de las uvas y viticultores) y de 300-350 millones de euros (si hablamos de vinos y bodegueros). Pero hay que sumar a estas cifras otros conceptos cada vez más valiosos, como el generado por el turismo, y otros más etéreos de carácter sociopolítico o “filosófico”.

EL URBANITA VASCO no es consciente del valor global de Rioja Alavesa.
Como ejemplo de esto último, pensemos en los urbanitas que paseamos, corremos o vamos en bici, nos solazamos, sacamos fotos, pintamos, hacemos picnic o simplemente filosofamos entre las viñas de Rioja Alavesa, disfrutamos gratuitamente de un paisaje privado, de una propiedad privada en la que los viticultores hacen las veces de altruistas jardineros. Bueno, hacen de jardineros y también de bomberos, guardas, barrenderos, paisajistas…
Los viticultores hacen las veces de funcionarios forales sin sueldo, cuidándonos un paisaje valiosísimo, un medio natural, una comarca entera que supone el 10% del territorio de Álava.

EL PAISAJE vitícola deberían protegerlo los que lo rentabilizan.
¿Cuánto vale esa paz, ese relax, esa salud que “extraemos” los urbanitas del esfuerzo de los viticultores? El jardín de nuestro barrio, el parque de nuestra ciudad nos sale por un pico en impuestos municipales; aquí no pagamos nada. ¿ Y qué gana el viticultor de todo esto? ¿Le pagan las bodegas la uva a mejor precio ? ¿Le compramos más botellas de vino a buen precio? ¡No!. Primera conclusión: tal vez habría que plantearse una compensación, una especie de “Impuesto Sanitario o Turístico” por disfrute de paisaje.
Imagínense 5 euros por entrar en el paraíso, por estar un día en Rioja Alavesa, o imagínense una especie de “0,1% Vitícola” aportado por todos los que se están forrando gracias al paisaje vitícola; esta cantidad podría emplearse para crear un “Fondo para Protección del Viñedo Alavés”. Nada de Fondos para catástrofes agrarias generalistas, porque el alto valor de nuestro viñedo y el hecho de que las adversidades climáticas suelen afectar por lo general a casi todos los agricultores y ganaderos vascos hace inviable tal medida, nada de impuestos a la ciudadanía en general, la solidaridad tiene que venir de los que se aprovechan económicamente de ese Paisaje,

LA CUANTIFICACIÓN de los daños ha sido muy precisa en casi todas las regiones.
Nos llenamos la boca hablando de Paisaje, de Cultura, de Patrimonio Mundial… sí, pero ¿cuánto ponemos los urbanitas para mantener ese paisaje vitícola de Rioja Alavesa? Sabemos lo que ponemos para la Ópera de Bilbao, el Artium, el Festival de cine de Donosti, o el estadio de San Mamés, pero no sabemos cuánto ponemos para este Paisaje Vitícola, para mantenerlo, para asegurarlo.
Para despejar esa duda fijemos nuestra atención en los viticultores, mil y pico familias en todas la Comarca que viven solo de la viña, en concreto de los beneficios que le generen las uvas, unos beneficios que en los últimos años han oscilado entre 0 y 50 millones de euros, con una media de casi 30 millones de euros/año. Pensemos ahora cuánto les costaría a los agricultores alaveses asegurar todo su viñedo y veríamos que es una cifra relativamente pequeña, del orden de 2,5-3 millones de euros.

DESGRACIADAMENTE, no hay que esperar a la vendimia para saber los daños.
Obviamente, el seguro no es la panacea, no nos aseguraría esos 1.000 millones que decíamos vale el viñedo ni los 90 millones que vale la cosecha, el seguro, tal y como está organizado, justo cubriría los gastos fijos del viticultor. Por otro lado, con un bajo precio de la uva por debajo de los 0,70 euros/ kg (precios que hemos visto recientemente) no hay beneficios que permitan contratar el seguro, subvencionado o no.
En unos precios de uva próximos a 1 euro/kg podríamos incentivar el seguro hasta llegar al 50% del viñedo de los agricultores, si se subvencionara un tercio del coste, es decir se necesitarían unos 0,5 millones de euros frente a los 0,1 millones destinados al seguro en 2016, cifra ésta que equivale a dedicar 7 euros por cada hectárea de viña alavesa.

EL SEGURO es un bálsamo caro, no es la panacea.
Pasar de 0,1 a 0,5 millones de euros le costaría poco al urbanita, mucho menos que un impuesto municipal de cuidado de jardines. No estamos hablando de imposibles cantidades, piénsese que en Comunidades como La Rioja de mucho menor PIB que nosotros destinan todos los años cifras entre 0,6 y 0,8 millones de euros/año al seguro del viñedo. Estamos hablando de cifras muy bajas en relación al valor del bien que se está protegiendo, pero aquí está el quid de la cuestión: el problema con Rioja Alavesa es que no la valoramos debidamente los urbanitas vascos, y si no la valoramos ¿para qué asegurarla?

LAS SOLUCIONES caseras funcionan si van unidas a una buena prevención.
La pasada helada me ha hecho ver esta realidad en toda su crudeza, constatando que a muchos urbanitas no les interesaba tanto el problema de fondo como la anécdota puntual, el paisaje más que el paisano afectado, la cifra inflada (¡90% de pérdidas en tal sitio!) más que la realidad objetiva . Como la veteranía es un grado, sabía que se iban a dar esas reacciones y desde el primer momento opté por establecer un “cortafuego” contra la exageración, dando una cifra dura pero moderada: 15 millones de kilos perdidos en una zona que produce 90 millones supone el 17%. Como la helada ha afectado a muchos viñedos del sur de Europa, las valoraciones de daños de los responsables de las distintas regiones son muy elocuentes.
Así, el Gobierno de La Rioja cifra en 15.000 hectáreas el viñedo afectado en Rioja Alta (casi el 70% de la superficie total de la subzona), en Ribera del Duero hablan de un 70% de pérdidas de cosecha, en Castilla-León hablan de 38.000 hectáreas afectadas (la mitad de su viñedo), en la zona de Burdeos hablan de un mínimo del 30% de cosecha perdida y de una mengua de ingresos entre mil y dos mil millones de euros, concretamente en Saint Emilion hablan de un 80% del viñedo afectado, la Interprofesional de Burdeos da la cara desde el primer momento haciendo un balance desolador y no espera a la vendimia: no habrá milagros este verano.

RECONOCER los problemas es imprescindible para encontrar soluciones.
En fin, si algo no ha faltado en esta helada es concreción y cifras, muchas cifras, rebajadas, suavizadas, generalizadas, globales, pero cifras, pues no se puede negar la magnitud de lo que están viendo los ojos, lo que están grabando las cámaras.
Sin embargo, la estructura actual de nuestra curiosa Denominación Rioja ha permitido un peligroso silencio oficial pues, como ya he comentado otras veces, con un potencial de 500 millones de kilos, de los cuales unos 60-100 millones son excedentarios todos los años, una pérdida puntual de 80 millones de kilos no preocupa demasiado a los contables oficiales: los excedentes de la “nueva Rioja hiperproductiva” compensan las pérdidas de la “vieja Rioja” y “aquí no ha pasado nada” e igual se arregla todo por sí solo para octubre. Como en los cuentos de hadas.
*Doctor en Ciencias Químicas.
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Qué bien por el Paisaje extraordinario!!! Qué grandeza la de los viticultores!!!
Gracias, Kepa. Saludos!
Solamente una pequeñísima anotación al artículo de Miguel.
Antiguamente, nuestros mayores tenían la costumbre de guardar un 10% del dinero conseguido en el año para los posibles daños de heladas o pedrisco en su explotación. Se calculaba que cada 10 años uno no tendría ingresos, por las causas anteriormente mencionadas.
En estas apareció el Seguro Agrario. Siempre pareció muy caro, y lo es, pero solamente entendiéndolo como un coste más en los gastos de explotación y sabiendo que justamente nos pagarán los gastos de cultivo. Con el Seguro Agrario no pretendamos ganar dinero.
Desgraciadamente ese año, si se ha hecho seguro, no ganaremos, pero tampoco perderemos todos nuestros trabajos, insumos, …,
¿Quien dijo que producir buena uva era fácil y sencillo? En estos momentos la profesionalidad de nuestra gente seguro que queda patente. Todo no es de color de rosa y nuestros viticultores lo saben.
Gracias, Fernando M. Bujanda. Saludos cordiales.
El tema es poliédrico y Fernando introduce una faceta interesante de la que ya hemos tratado en el Blog. Habla de la profesionalidad de nuestros viticultores, de su buena uva, de la dificultad del cultivo…, en un hilo argumental que nos lleva al viejo interrogante: ¿ a cuánto se debe pagar esa buena uva producida por un buen profesional en un entorno con sus dificultades y riesgos? ¿A 0,60-0,80 euros/kg o a el doble o el triple?.
Porque si consideramos los beneficios medios que han sacado en los últimos diez años tres casos distintos por el kilo de uva (o su equivalente botella de vino), un viticultor medio (0,20 euros), un bodeguero estandard ( 2 euros) o un bodeguero estrella (10 euros), es obvio que los 2-3 céntimos de euro que cuesta asegurar ese kilo de uva no es igualmente asumible por los tres personajes.
Gracias, Miguel. Saludos
Con la helada podemos. Las heladas han ocurrido, ocurren y ocurrirán. Esta fue clásica a tres días del dicho «Marcos, Marquette, vendimiador sin corquete». Lo que en Francia llaman » la lune rouge d’ avril».
Helada anunciada desde todos los partes meteorológicos. Nos acostamos sabiendo que no vamos a poder dormir: se ha parado el viento, esta estrellado y se siente que no se puede con lo imposible. Siguen las desazones, las inquietudes, se hace larga la espera, el termómetro sigue bajando, pronto se instala el bajo cero, no cede, durante horas sin moverse 4 horas largas, interminables, decides que mejor en el campo que en casa. No notas frío, tal es la tensión que te acompaña, tal es la calma que mantiene el bajo cero.
Son sentimientos íntimos que no te atreves a compartir.
Detrás sabes que está la sequía, te temes que la viña te pida todo el verano lo que no le puedes dar: esa teta nodriza que la mantenga hasta la Vendimia.
¿Contra quien te pones?, contra nadie, el clima es gratis y no podemos cambiarlo.
Día a dia sigues recorriendo el campo y empiezas a ver la cepa brillar, nos conformamos con no ver morir la cepa y con no ver brillar la hoja que empieza a asomarse por donde puede, con menos uva, sin uva, como sea. Es un hijo tardío y se lo consentimos todo con tal de que llegue a mandamiento. Así año tras año, paciencia y a barajar. Somos gente acostumbrada a luchar.
OJO!!! Toda esta mansedumbre tiene un límite, a la naturaleza se lo debemos todo y se lo perdonamos todo.
No hay enólogo capaz de conseguir lo que una añada excelente nos proporciona, puede exaltarla y puede corregir la cosecha deficiente pero si es bueno sabe que la naturaleza le precede, si no es bueno le olvidamos porque dirá lo que se le ocurra.
En cualquier circunstancia con lo que no vamos a poder los autónomos, los viticultores, los pequeños labradores, la gente que apuesta con sus medios y su trabajo para salir adelante, con larga trayectoria en sus profesiones, con legitimidad cultural y emocional en el medio en el que nos desenvolvemos para aguantar las monsergas de gente que discurre por otros senderos y que cada vez se alejan más de la realidad, aunque recurran al decreto ley.
Gracias, Victoria. Se agradece esa crónica de cercanía, apegada a la viña y a quienes la cuidan y trabajan. Saludos cordiales
Excelente reflexión.
Diría que el viñedo de Rioja Alavesa, con los viticultores que lo cuidan, generan los bienes materiales e inmateriales que nos describe el artículo, no sólo a los urbanitas, sino a todos los ciudadanos vascos.
Eskerrik asko Miguel por tu aportación.
Eskerrik asko, Jesus Mari. Saludos cordiales.