
MILES de estorninos dibujan en el aire un cuerpo humano durante el ocaso.

SU incesante vuelo nos deja con la boca abierta… para mejor beber el vino del paraíso.
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Qué suerte asistir a ese espectáculo.
Y Qué bonito lo cuentas!!!
Muchas gracias, Amaia Urreisti. Salud!
La creatividad literaria oral de estos pueblos de la Sonsierra es una característica nuestra muy especial llena de matices, de exageraciones con quiebros especiales, no siempre con medida.
Un recurso que a la meseta alavesa y sus habitantes les hacían ponerse en guardia.
El futuro es prometedor porque el verbo siempre precede los grandes movimientos y vanguardias. La fuerza de esos relatos se puede convertir en un caudal impresionante si lo acompañamos con imágenes como las que figuran en esta crónica de Julio Flor, son pura escenografía, una apuesta por lo inalcanzable…
Muchas gracias, Victoria Cañas. El texto es puramente mío. De nadie más, en este caso. Así que esa «desmedida literaria» me la apunto en mi haber. Respecto a las fotografías poderosas (como un auténtico cazador con cámara sobre el trípode), pertenecen a nuestro querido Jose Miguel Rodriguez Martinez.
Me gusta, y mucho, formar parte hoy de esa apuesta por lo inalcanzable.
Un abrazo.