
UNA calle intramuros de Laguardia. (FOTOGRAFÍA Jose Miguel Rodriguez Martinez).
Fue el primer sermón del sacerdote Antonio Mijangos en tiempo de pandemia. El primero tras el largo confinamiento de los meses de marzo, abril y mayo. Aquel domingo de mayo la iglesia estaba dispuesta para cumplir las normas del estado de alarma: gel a la entrada, bancos separados… En aquella ocasión los feligreses no fueron invitados a darse la mano en señal de paz.
“Os presentáis como los amos de la naturaleza, a la que decís respetar, defender y cuidar… cuando en verdad sois los explotadores avaros que exprimen sus riquezas, agotándolas, abusando de ellas, contaminando cuanto tocáis en vuestro afán acaparador”, nos dijo a todas y todos Antonio Mijangos en mayo de 2020… Palabras que aún resuenan.

EL SACERDOTE Antonio Mijangos en una imagen de archivo del Blog (Dic de 2018).
El sacerdote, tan recluido como los demás durante aquellas semanas, se preguntó de qué manera le estaba hablando el silencio. De ahí pasó a plantearse que diría -si pudiera hablar- el virus de la pandemia global que ya ha infectado a más de veintitrés millones de seres humanos en el Planeta (a fecha de agosto 2020). El siguiente paso fue darle voz al COVID-19.
“Os creéis autosuficientes, libres, señores de vidas y haciendas. Con mi presencia silenciosa, invisible, os he demostrado lo desprotegidos que estáis y lo vulnerables que sois. Un pequeño virus insignificante, desconocido, os ha hecho besar la lona, os ha metido en casa, entre cuatro paredes, presos de vuestra propia fragilidad”.
El sacerdote tomó prestadas algunas palabras de una tertulia entre jesuitas que escuchó por Internet. En aquella conversación los religiosos utilizaban muchas de estas palabras que ahora Mijangos ha hecho suyas.

EL primer folio del Sermón en los comercios de Laguardia.
“’Somos libres, decís, tenemos derecho a hacer lo que queramos. Somos jueces y legisladores de nosotros mismos’ -continuará el sermón de Laguardia-. Y salíais a la calle con el pecho al descubierto satisfechos de vuestra soberbia. Yo os respondo: ‘Sí, sois libres mientras yo y otros como yo os lo permitamos’. Ahora os dais cuenta de que no os bastáis solos, que sois dependientes y necesitáis para vivir del trabajo, del sacrificio y de los cuidados de los que os rodean”.

EL Sermón, en la panadería como un pan más. (FOTO Jose Miguel Rodriguez).
Si pudiera ponerle música a este sermón de Laguardia, volvería a escuchar “Los sonidos del silencio”, de Simon & Garfunkel, en cuya letra se refieren a la gente que habla sin hablar, la que oye sin escuchar…
“Os creíais protegidos por la mejor sanidad del mundo, por los grandes adelantos en la tecnología, por el progreso, y todos ellos os gritan con una sola voz: ‘Esto no está en nuestros libros. No sabemos qué hacer y os estáis convenciendo que la sociedad del bienestar no puede solucionar vuestro problema porque ella misma se está derrumbando’ ”.

SIMON & GARFUNKEL cuando en 1964 compusieron LOS SONIDOS DEL SILENCIO.
Volviendo a Simon & Garfunkel, en la letra de su canción se dirigen a la gente, pero cuentan que sus palabras caen como silenciosas gotas de lluvia, resonando en el pozo del silencio…
“Os he visto alegres, seguros, confiados en el futuro, cuando todos podíais satisfacer vuestros caprichos. Ahora estáis desengañados, sin fuerzas para enfrentaros a esta nueva situación -continúa el Sermón-. Estabais preparados para gozar, y no para sufrir. Ahora os he convencido que vivís de prestado, que la vida no la podéis manejar a vuestro antojo porque no es vuestra, es un regalo que hay que cuidar y gozar de ella con respeto y agradecimiento”.
En “Los sonidos del silencio”, Simon & Garfunkel terminan diciendo que «las palabras de los profetas están escritas en las paredes de las chabolas, y susurradas en el sonido del silencio».

UN mensaje de Cáritas acompaña los dos folios del Sermón.
“Siempre habéis tratado de ocultar vuestro miedo, con violencia, con arrogancia, a gritos o huyendo. Me tenéis miedo y, por mi culpa, os tenéis miedo unos a otros. Recordáis los besos y abrazos de antes -dice «el virus» que en el sermón de Antonio nos amonesta y obliga a pensar-. No los añoréis, porque no siempre eran honrados! -se atreve a exclamar-
«Aprended a mantener las distancias sin invadir el terreno de los otros. Tenéis miedo de vosotros mismos, de vuestra soledad, de enfrentaros con vuestros valores, deseos y proyectos de vida. Huís de vosotros mismos como os escapáis de mí. ¡Por una vez, sed vuestros jueces! ¡Vacunaos contra vuestros propios engaños!”.

ANTONIO Mijangos pasea un lunes de invierno por una de las principales calles de Laguardia.
¿Duro? ¿Insolente? ¿A quema ropa? ¿Desnudo de todo prejuicio? ¿Rotundo a la vez que impertinente?… El sermón no dejará indiferente a nadie.
Salvando distancias, pareciera aquel famoso artículo de Émile Zola, “Yo Acuso”, todo un alegato, en este caso dirigido a la trama vital de una sociedad bien pensante e indiferente, cual si una verdad incómoda estuviera en marcha.
Para finalizar el sermón, Antonio Mijangos se dirigirá el domingo a sus feligreses para exhortarles: “Preguntaos cómo queréis vivir. Aprended a vivir con menos ambición, menos hambre de dinero. Sed más humildes en la vida. La humildad es verdad. Sed más prudentes en vuestros proyectos y más audaces en crear una sociedad nueva. Aprended a sufrir y acompañar al que sufre. Recuperad el amor a vuestro pueblo. ¡Ojalá os superéis siempre; y superéis, también siempre, las dificultades”.

EL texto de Zola se escribió con otro tipo de desgarro en sus costuras, en 1898.
El sacerdote concluirá reconociendo “el valor de muchas personas que, en esta pandemia del COVID-19 se han puesto al servicio de los más vulnerables, a pesar de sus miedos y de su propia fragilidad”.
“Hay en los humanos una fuerza interior, capaz de superar su propia pequeñez, que les hace grandes en el servicio, en la solidaridad, en la preocupación por los demás y que, cuando se manifiesta, vence a todos los virus”, son las palabras ponderadas por el sacerdote durante estos días de confinamiento.

Antonio Mijangos en el pórtico de Ntra. Señora de los Reyes, en su Laguardia natal.
“¡Sacad todo lo bueno que tenéis dentro y ponedlo al servicio de todos!”, será su último grito, quizá un susurro… Recordad que la canción de Simon & Garfunkel acaba precisamente así: las palabras de los profetas (los que hacen predicciones interpretando ciertas señales) son susurradas en el sonido del silencio.
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Enhorabuena, Don Antonio Mijangos. Uno de los muchos tesoros del Blog a partir de ahora. No me resisto a escribir de madrugada. ¡Menuda pieza!
Zorionak!!!
Eskerrik asko, Kepa Urdangarin. Escribimos ambos en mitad de la noche, en el reino del silencio. Besarkada bat!
Aprender a vivir con menos ambición, menos hambre de dinero. Sed más humildes… Bello sermón Don Antonio, realmente me apetecería poder ir a Laguardia aunque solo fuera para escuchar la reprimenda….
Muchas gracias, Miguel Larreina. Te acompañaría con sumo gusto. Saludos!
Sin comentarios… mejor imposible. El Sermón vale para la gente de Laguardia y para la Humanidad entera. Qué nivel el de Mijangos, qué hondura la de este Blog.
Muchas gracias, Isolina Goikoetxea. Un cordial abrazo
Aún estamos vivos, aún palpitamos, aún tenemos remedio. Estamos a tiempo para subrayar nuestra Humanidad.
Muchas gracias, Estibaliz Madariaga. Un cordial abrazo.
Ya sentí que era un sabio en otros encuentros que hemos tenido con él las lectoras del Blog (que es donde le he conocido). Ahora, además, veo que a su hermosa edad es un ser audaz, que mantiene la frescura. Confío -seguro que sí- que la Comarca entera lo sabe apreciar como él merece. Eskerrik asko, Don Antonio Mijangos!
Eskerrik asko, Arene Amezaga. Me agrada lo que dices, aunque… no sé si a Antonio le agradará tanto. Es de los que hace sin esperar nada a cambio, aunque seguro que agradece la ternura que porta tu «eskerrik asko». Un abrazo
¡Qué gran persona Antonio Mijangos!
Mente lúcida y corazón comprometido con la justicia social.
Cada día le admiro más.
Muchas gracias, Lola Lopez de Lacalle. Un cordial abrazo.
Un sermón que invita a la reflexión. Quizás, es de justicia que nos demos un baño de humildad.
Aprovechemos este momento para mejorar, y desechar la soberbia que acompaña al ser humano en su día a día, dando por hecho lo que es un regalo.
Muchas gracias, Maite Massana. Un abrazo.
Palabras para la reflexión. Antonio nunca te deja indiferente.
Encima, siempre dice todos sus pensamientos con una sonrisa en la boca, como si no te hubiese mencionado nada importante, característica de su forma de ser, humildad y sabiduría.
¡¡Cuántos Antonios necesitamos en la vida!!
Muchas gracias, F. Bujanda Ciordia. Salud y Saludos.
Fantástico Antonio! Profundidad, sencillez, valentía y libertad son valores que le caracterizan. Cuánto bien hace Antonio a Laguardia! Es difícil concebir a ese hermoso municipio sin la presencia de Antonio Mijangos. Enhorabuena por el Blog.
Muchas gracias, Javi Madrazo. Un cordial abrazo.
Antonio es la voz de la serenidad, de la sabiduría y el compromiso. Dice lo que todos estamos descubriendo… Tenemos tanto que mejorar!! Tanto que evolucionar como seres humanos… Gracias Antonio!!
Muchas gracias, María del Mar Duran. Un cordial abrazo.
Antonio es un humanista que cree, transmite y actúa según sus valores.
Le conocí en los primeros años de 1980.
Fue un gran defensor de los agricultores-viticultores de Laguardia.
Impulsó la Cooperativa El Collado para que los viticultores pudieran trabajar en sus propias bodegas y no dependieran de los compradores que se aprovechaban de la necesidad de vender sus uvas en los pocos días posteriores a la vendimia. Al convertirlo en vino controlaban mejor su producto.
También apoyó el movimiento de la primera ikastola de Laguardia.
Euskaldunok eskerrak eman behar dizkiogu.
Besarkada bat Antonio
Eskerrik asko, Jesús Mari Eizmendi. Besarkada bat.
Interesante articulo sobre el sermón del Padre Antonio Mijangos.
Dicen que las situaciones difíciles, son las que enseñan. De momento no estamos aprendiendo mucho.
«A Dios rogando, y con el mazo dando»
Muchas gracias, Aitor Bilbao. Un cordial abrazo.