Abr 02, 2020

¿Estamos ante la segunda Filoxera?

Reflexiones sobre la crisis del coronavirus con una copa de Rioja Alavesa (II)

Llevamos casi 20 días encerrados en casa para luchar contra la expansión del coronavirus, mientras nos entran por distintos conductos docenas de noticias que nos amedrentan por mil temas, entre ellos el que se refiere a las expectativas de las mil explotaciones vitícolas alavesas. 

Miguel Larreina González.

Sigo reflexionando, pero no individualmente. En esta ocasión he decidido trasladar al lector una reflexión colectiva en la que participan unos familiares y amigos con sólidos conocimientos sobre Rioja Alavesa en particular y sobre la economía vasca en general. Personas que, obligados por la cuarentena, quedamos una vez a la semana para tomar unos vinos y compartirlos de forma virtual, mediante esas herramientas que te permiten darle una pátina de normalidad a una situación tan anormal.

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ES tiempo de meditación, de imaginación, de trabajo solidario, en positivo.

No hace falta decir que no somos genios ni tenemos una bola mágica. Somos profesionales preparados (ingenieros, economistas, enólogos, abogados,…), con edades y mentalidades distintas, con una experiencia vital diferente, que coincidimos en amar plácidamente a Rioja Alavesa y en no tener ninguna pasión o interés personal (económico o político) en el tema que nuble nuestro entendimiento.

Somos conscientes de que esta crisis sanitaria provocada por un virus mal gestionado nos va afectar duramente a todos, también a los que no tenemos viñas ni bodegas. Nos va afectar en lo más íntimo, como abuelos o nietos, como trabajadores o jubilados, como agricultores o urbanitas.

Nada volverá a ser igual que en 2019. El panorama es oscuro para todos, pero no por ello vamos a caer en el desaliento o la pasividad.

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ESTA crisis sanitaria nos va a afectar duramente a todos en muchos aspectos.

Compartimos de algún modo la frase de Albert Einstein en la dura crisis económica de los años treinta: “…la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. En la crisis nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quién atribuye a la crisis sus penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. En vez de esto, trabajemos duro”.

¡Trabajemos duro también en pro del sector vitivinícola alavés! Huyamos de los catastrofismos que empiezan a proliferar en los medios, con palabras contundentes como “devastación, hundimiento, ruina o destrucción” para hablar de Rioja Alavesa. Estamos llegando al punto álgido de los muertos diarios, nuestros bodegueros están confinados, sin poder vender, y en esas circunstancias es lógico que lo vean todo negro.

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A algunos sectores agrarios alaveses el coronavirus no les está haciendo mucho daño.

¿Está todo tan negro realmente? Lo primero que queremos destacar es que esta crisis no está afectando al agro alavés de forma generalizada. Parece que, debido al confinamiento, ciertas producciones agropecuarias alavesas están yendo bastante bien, algunas incluso muy bien. Es decir que, a diferencia de nuestros vinateros, los patateros, hueveros, queseros, lecheros, …están vendiendo.

Y resaltamos este hecho porque en otras catástrofes recientes, como alguna gran sequía primaveral, los viticultores estaban en crisis al igual que los ganaderos y otros colectivos, lo que dificultaba que se abordaran la problemática concreta de la comarca. Ahora no, los responsables del sector primario alavés tienen su mayor problema, cuantitativa y cualitativamente hablando, en los vitivinicultores.

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CON el confinamiento algunos subsectores agropecuarios alaveses están vendiendo bien.

Eso facilita que se trate de forma singular la problemática de este colectivo vitivinícola alavés ahora en abril, en caliente, antes de que despierte del letargo colectivo una sociedad que en mayo estallará en una algarabía de quejas y reivindicaciones sin fin. Ahora es el mejor momento para abordar este problema vitivinícola alavés que, como siempre, es generalizado pero no universal.

En efecto, no todos los actores de este melodrama vitivinícola están en crisis similar, incluso alguno propone “mirar el tema con optimismo”. Por ejemplo, dado que las ventas de vino en los supermercados están subiendo de modo importante, es lógico que sean más optimistas los que tienen bien colocado su vino en los lineales que los que venían apostando por la exportación, venta directa, hostelería y tiendas especializadas.

Coincidimos todos en que esta crisis puede afectar especialmente a los momentos de consumo ligados al vino de calidad: hostelería, restauración, eventos, turismo… Igual el mercado de las bicicletas o del automóvil no sale muy tocado porque al final del año se venden más o menos las mismas bicis o coches, pero en el caso del vino, aparte de un cambio en el mix hacia vinos más baratos, creemos que la tarta será menor.

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Evaluar los daños que puede originar este virus entre los viticultores de Rioja Alavesa exige repasar los tres tipos de escenarios posibles. El más favorable e improbable sería un escenario de rápida recuperación sanitaria a nivel de todo el mundo (recuperación para primeros de mayo). En ese caso, a priori, solo se vería comprometido un pequeño porcentaje de las ventas a nivel nacional e internacional.

Es más probable un escenario de paulatina recuperación sanitaria, progresiva y diferente para cada país hasta el 30 de junio. Estaríamos hablando de más de 100 días, casi un 30% de la facturación y con graves impactos sobre actividades como el enoturismo, la venta directa y la actividad exportadora. También habría que incluir en el análisis un improbable y catastrófico escenario de pandemia latente, en el que no se normalizara la situación durante todo el 2020.

Hemos discutido estos días grandemente sobre esa previsible duración y gravedad de la crisis económica que seguirá a la crisis sanitaria y hay entre nosotros opiniones encontradas al respecto, pero, en general, nos escapamos de esas opiniones muy negativas que estos días están mereciendo la atención de los periódicos internacionales más leídos en el mundo.

Así, Albrecht Ritschl, profesor de la London School of Economic, en una entrevista al Frankfurter Allgemeine Zeitung advierte de que “una caída del PIB del 20% no está descartada; esto será mucho peor que la recesión provocada por la gran crisis financiera de hace diez años”. Puede llegar a ser tan grave como la crisis económica de principios de la década de 1930 o la escasez al final de las dos guerras mundiales”.

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Coincide en parte con lo que, en un reciente artículo “Esta vez es realmente diferente”, sugiere Carmen Reinhart,  profesora de Sistema Financiero de Universidad de Harvard, cuando dice que aunque la enorme incertidumbre en torno a la posible propagación de la enfermedad y la duración de la paralización económica hacen que los pronósticos sean poco menos que una adivinanza, “los efectos iniciales en la economía real probablemente superen los de la crisis financiera global de 2007-09”.

La banca londinense Schroders anticipa también una gran recesión a nivel mundial en 2020 (-3,5%) que convertirá a este año en el peor desde los años treinta del pasado siglo, pero sin embargo prevé un gigantesco rebote del 7,2% en 2021. Lo que plantea dos preguntas claves a este respecto: ¿Cuánto va a durar la crisis? ¿La economía va a rebotar rápidamente en una gráfica tipo V o más lentamente en tipo U?

El economista Federico Steinberg ha vaticinado que lo que espera en los próximos meses es que la situación económica se mantenga en forma de ‘V’, pudiéndose dar un escenario de ‘U’ si las medidas de confinamiento se tienen que alargar en el tiempo. Respecto a la caída de la economía en la zona euro baraja dos posibles escenarios: el primero con una disminución de un 4% y el segundo de hasta el 7%,

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Algunos políticos, quizás para justificar su incompetencia, exageran la crisis como el Ministro francés que compara este cuatrimestre nefasto con el crack de 1929 y los procesos siguientes con el auge de los fascismos que nos llevaron a la Guerra civil española y la Segunda Guerra mundial. Su estrategia mental es muy simple y está muy extendida entre los mediocres: si comparo esto con una catástrofe como la de 1929 justifico mi inacción, mi falta de previsión y mi carencia de ideas.

Conviene recordar a los vitivinicultores y a los políticos alaveses qué supusieron aquellas crisis pasadas en el viñedo alavés, porque a veces se nos olvidan pronto los malos momentos y hablamos de esas crisis como si hubieran sido simples “catarritos” y como si caídas de la economía del 3% mantenidas durante varios años no llevaran consigo la ruina de cientos de familias de vitícultores y cosecheros alaveses.

Alguna vez hemos comentado en este blog lo que supuso el crack de 1929 en Rioja Alavesa, ahora vamos a hacerlo con la crisis más cercana, la motivada por la crisis financiera de Lehman-Brothers (2008). Les recordamos que en el año más duro (2009) la economía cayó un 3,6%, pero en el conjunto del quinquenio (2009-2013) la economía española cayó un 8,6% con las siguientes consecuencias.

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Esa profunda depresión española 2009-13 supuso una fuerte reducción del consumo del Rioja. Nuestros viticultores, habituados a precios por encima del euro/kilo antes de la crisis, vieron como les liquidaban en el lustro 2009-13 por debajo de los 0,50 euros algún año y los otros entre 0,60-0,80 euros como intervalo más frecuente. La prensa recogía en grandes titulares lo que pasaba en la vendimia del 2009: “Un precio ruinoso, la uva de la última vendimia se paga a menos de 40 céntimos”.

Un año más tarde “El Correo de Álava” insistía: “Los bajos precios de la uva y el recorte de la producción marcan la próxima vendimia. Los agricultores temen que la crisis les ahogue y tengan que dejar sus explotaciones”. El periódico “La Rioja” del día 11 de septiembre destacaba la gran manifestación tras una pancarta que pedía un precio justo para la uva Rioja “para poder seguir viviendo de la viña”.

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POTENTE manifestación de los viticultores al comienzo de la crisis (2010).

En la cosecha de 2011, la tercera campaña de pocos ingresos, se leía “El PSOE cifra en 600 millones las pérdidas de los viticultores. Aldama advierte al Gobierno de Sanz de que el sector tiene un problema estructural y reclama medidas”. La Presidenta de UAGA recogía el drama humano: “Hay gente que está vendiendo parte de sus viñas para poder sobrevivir”.

Si analizamos conjuntamente los cinco años más duros de la crisis, veremos que los ingresos globales de los viticultores alaveses bajaron desde los 72 millones de euros de valor medio de la vendimia en los cinco años anteriores a la debacle (2003-2007) hasta los 45 millones en los cinco años posteriores (2009-2013), es decir, una mengua de ingresos de los viticultores alaveses de unos 140 millones de euros en cinco años.

Pensando en clave de un viticultor alavés concreto, podemos decir que en esos cinco años una explotación familiar media con doce hectáreas de viña perdió más de 120.000 euros respecto a lo ingresado en el lustro anterior. Esas cifras dan la dimensión humana de la crisis, dimensión que supuso un estrés económico y financiero muy importante para los viticultores, las Cooperativas y los pequeños cosecheros.

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EN 2011, tras tres años muy malos, ya se hablaba de 600 millones perdidos…

Hace unos días nos recordaba en el Blog ese gran conocedor del sector que es Carlos Estecha que ahora temía más que al coronavirus a ese “Virus de la Especulación Vitícola” que se estaba acercando a Rioja. Porque hay que dejar claro como hemos dicho antes que no todos viven la crisis de igual manera y que con la uva a 50 o 60 céntimos algunas medianas y grandes bodegas salieron ganando.

Por ejemplo, la pasada crisis 2009-13 no fue una crisis vitívinícola generalizada, sino que supuso pérdidas especialmente a esa mayoría de pequeñas explotaciones vitícolas entre 8-16 hectáreas, pero no así a las grandes explotaciones de más de 40 Has, pues sus rentabilidades son muy distintas.

Pero los bajos precios de la uva y el vino favorecieron sobre todo a un pequeño colectivo de bodegas, hasta el punto que se puede decir que buena parte de la pérdida de ventas y facturación de las bodegas se pasó íntegramente a los viticultores.

Es decir que no fue una crisis del vino Rioja. Fue sobre todo una crisis de la sociedad rural vitícola, especialmente aguda en Rioja Alavesa-Sonsierra.

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LA dura crisis vitícola 2009-2013 alumbró la idea de hacer una nueva Denominación.

Un último apunte a propósito de uno de los efectos de esa gran crisis 2009-13: surgieron en ese momento voces que ponían en cuestión el interés de la D.O. Rioja en Álava. Con esos precios bajos, la Denominación no tenía mucho sentido para algunos vitivinicultores, pues no se cumplían las exigencias de “sobreprecio” y “remuneración justa” que son intrínsecas a toda Denominación, máxime si es Calificada.

En fin, creemos que los agoreros que hablan como si tal cosa del crack de 1929 o del crack de 2008 se equivocarán, que la caída económica ahora no será tan profunda ni larga, que el rebote siguiente será importante. Al contrario que en las grandes crisis anteriores, el sistema productivo saldrá intacto de esta, pues no hay destrucción de capital físico, y muy poco intelectual.

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LA crisis 2020 en la que está inmersa Rioja Alavesa no puede ser como la de 2009-2013.

En cualquier caso, sigamos elucubrando sobre las repercusiones del coronavirus en Rioja Alavesa y los cambios de estrategias a los que nos veremos abocados para minimizar los daños. Cambios forzados por las modificaciones en el comportamiento del ciudadano/consumidor cuya dimensión y dirección no están claros todavía.

Es indudable que la crisis nos hará daño en Euskadi y como dice la Consejera Arantxa Tapia “algunas empresas caerán en el camino”. Nuestro temor es que seamos una mera estadística, que de las 59.000 empresas vascas caigan digamos mil y de ellas 50 sean bodegas alavesas. Ese “pequeño” número pasaría desapercibido entre tanta algarabía, pero supondría la condena a muerte de varios de nuestros pueblos.

Es el riesgo que se corre en un colectivo que aun contando con las muy grandes bodegas aporta apenas el 1,5% del VAB de la industria vasca. Además, tengamos en cuenta el contexto pre-electoral con sectores muy potentes de la economía vasca profundamente tocados y que van a necesitar todos los esfuerzos por parte de las Administraciones, centradas en salvar decenas de miles de puestos de trabajo.

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LOS vitivinicultores alaveses suponen muy poco en el PIB vasco, pero son esenciales.

A pesar de su escasa aportación al PIB vasco (0,2%), las pequeñas bodegas alavesas deben ser valoradas por el trascendental papel que juegan como actores principales de los pequeños pueblos. Si se debilita en esta crisis este colectivo de pequeñas bodegas familiares, el PIB vasco apenas se moverá, pero se comprometerá la propia subsistencia de los pueblos de Rioja Alavesa a medio plazo.

Venceremos al virus más pronto que tarde, pero tras la victoria nada volverá a ser como antes porque los riesgos de infección masiva se repetirán a menor escala, tal vez con pequeñas cuarentenas intermitentes. En todo caso, las relaciones sociales, incluidas las familiares, cambiarán notablemente. Nos apartaremos de los bares y restaurantes, de las aglomeraciones, de los espacios de esparcimiento colectivos.

Es obvio, por tanto, que el mayor impacto de la crisis van a notarlo las bodegas más dependientes de la hostelería y el enoturismo, esas pequeñas y medianas bodegas de prestigio que históricamente han sido consideradas como mejor posicionadas respecto a las grandes bodegas con fuerte presencia en los lineales de las cadenas de distribución.

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Esos miedos latentes en cada individuo, especialmente en ese colectivo entre 50-65 años de mayor gasto, más viajero, más consumidor de productos de lujo como el buen vino, hará que, tras los tiempos vividos en los que la globalización y la internalización eran las palabras emblemáticas, pueda nacer la era de la “desglobalización”, del Km 0, o del “cuanto más cerca del cliente mejor”.

Por cierto, para los que pretendan echar toda la culpa de la bajada de ventas de vino Rioja al coronavirus hay que aclarar que desde fin del verano de 2019 eran muy perceptibles las señales de “nacionalismo económico y desglobalización” en el Brexit de Johnson, el proteccionismo de Trump, la caída del comercio y el fin de los tratados multilaterales.

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A este respecto, el confinamiento enseña una lección a nuestras pequeñas bodegas alavesas respecto a la globalización: ¿Es sostenible un modelo de negocio que se base en vender buena parte de nuestro vino en mercados lejanos que exigen barco o avión mientras se abandona el mercado de proximidad? Sin duda, esta crisis va a obligarnos a una profunda reflexión sobre los costes inasumibles del calentamiento global.

Si Rioja Alavesa se vuelca en la sostenibilidad, estará mejor preparada para cuando los consumidores europeos (más cercanos e interesados en este tema) modifiquen sus hábitos de consumo hacia lo sostenible. Un análisis de la huella de carbono de Rioja Alavesa, puede prepararla para afrontar la próxima crisis mayor que la actual.

Y, a propósito de sostenibilidad, una reflexión para nuestros bodegueros “Parker” que basan buena parte de su estrategia en practicar una viticultura ecológica de “mula y azadón” para vender sus vinos a clientes ricos situados a miles de kilómetros de distancia.

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¿CAMBIARÁ Rioja Alavesa sus estrategias comerciales?

¿Qué pasará cuando esos clientes se den cuenta que esa sostenibilidad en la viña se va al carajo en un contaminante transporte que multiplica por cinco la huella de carbono inicial? ¿Seguirán considerando “ecológico” en Hong-Kong, Nueva York o Moscú a un vino que lo era en origen en Rioja Alavesa?

En cuanto a la reconquista del mercado de proximidad hay que valorar el nuevo marco en que se va a desenvolver el consumo de vino de Rioja Alavesa a corto y medio plazo, con previsible reducción de los canales de distribución tradicionales por disminución de la actividad en hostelería y enoturismo y un ascenso de las venta On line, como ha ocurrido estas semanas en el norte de Italia donde la aplicación Winelivery que sirve bebidas a domicilio ha registrado un incremento del 50% en sus pedidos del vino.

Esta crisis del coronavirus puede ser una oportunidad para un nuevo planteamiento del “viejo problema alavés” referido al difícil engarce de los vitivinicultores de Rioja Alavesa en una mastodóntica Denominación de Origen Rioja que ha visto que sus ventas han caído en 2018 y 2019 y se preveía siguiera cayendo también en 2020 antes del coronavirus

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ANTES del coronavirus la DO Rioja ya estaba en crisis.

La DO Rioja, mientras sus ventas se estancaban o caían, ha ido incrementando su potencial productivo que se aproxima a los 500 millones de kilos de uva potenciales, unos 350 millones de litros de vino/año a los que hay que sumar los casi mil millones de litros almacenados en depósitos, barricas o botellas. Cifras gigantescas para una D.O. a la que le cuesta mucho últimamente vender más de 250 millones de litros.

Javier Santafé, Director Gerente de la DO Navarra, un técnico que ha trabajado aquí y nos conoce muy bien, hablaba recientemente de “canibalismo” entre las bodegas riojanas para referirse a las estrategias comerciales de nuestra DO Rioja en condiciones normales. Este “canibalismo” es mucho más acusado en situaciones críticas como el periodo 2009-13, que dejó muchos cadáveres entre la Pymes de Rioja Alavesa víctimas que nos hablan de cómo el pez grande se come al chico en esta DO Rioja.

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LOS vinos de Rioja Alavesa no se ven estos días en los ‘super’ de Bilbao.

Unas pocas decenas de grandes bodegas controlan el 75% del vino de Rioja, también el 75% de Rioja Alavesa. Dominan por ello todo el sector, incluso las instituciones que lo regulan, como el Consejo Regulador. Este poderoso lobby intentará, como en las crisis anteriores, acaparar al máximo las generosas ayudas económicas que el Estado va a poner sobre la mesa, por lo que convendría pedirle la corresponsabilidad social que están practicando otros sectores.

Por ejemplo, sería bueno que esta vez la percepción de las ayudas por las grandes Bodegas estuviera condicionada al pago de la uva a los viticultores a un precio mínimo que garantice la rentabilidad de las explotaciones. No puede pasar como en la crisis 2009-2013, en la que la pérdida del sector vitivinícola riojano la absorbió mayoritariamente el colectivo más débil de la cadena, el viticultor.

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LOS viticultores y cosecheros no pueden ser otra vez los grandes “paganos”.

El director de este blog preguntaba recientemente a un entrevistado sobre ¿qué puede hacer el Consejo Regulador Rioja para actuar como exigen estos tiempos? Y la respuesta es NADA. El Consejo no ha hecho nada en los últimos treinta años en lo que a regulación de los precios de la uva se refiere, salvo ese Plan Estratégico 2005-2020 que ha sido un fracaso absoluto en cuanto a cumplimiento de los objetivos comerciales.

Lanzaba la prensa de Logroño el otro día “un SOS para el 20% de nuestro PIB” en alusión al peso del vino en la economía de la Comunidad Autónoma de La Rioja, y pedía un Plan estratégico para el Vino Rioja en su conjunto, pero es que sus cifras en Rioja Alavesa no nos sirven: en nuestro caso el vino supone el 85% del PIB, cuatro veces más que en la Comunidad vecina.

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EL vino en Rioja Alavesa no es el 20% de su PIB, sino el 85%, otra escala, otras estrategias.

Por tanto, ni el Consejo ni la DO Rioja en su conjunto pueden hacer un Plan Estratégico para las Pymes de Rioja Alavesa. Estas no tienen un problema de cientos de millones de botellas para vender ni un stock de mil millones. Sus cifras son mucho menores, más asumibles. El Plan Estratégico para Rioja Alavesa es hoy una necesidad imperiosa que debe hacerse en Álava y no en Logroño.

De lo contrario sería como conceder a los constructores del gigantesco Titanic, máximos responsables del choque y hundimiento del descomunal paquebote, la potestad de decidir el rumbo de los pequeños botes auxiliares que por su menor dimensión y mayor maniobrabilidad pueden sortear mejor los iceberg que van a proliferar en el panorama vinícola en los próximos años.

Una de las barbaridades económicas que hemos leído estos días comparaba lo que le puede pasar al consumo de vino con lo que ocurrió tras la filoxera que arrasó el viñedo europeo, también el alavés. Para Rioja Alavesa no hay punto de comparación pues creemos que los efectos perniciosos del coronavirus en nuestra comarca se deben resolver a la mayor brevedad posible.

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NO, no estamos ante una segunda filoxera, desterremos el catastrofismo.

Mientras que los efectos de aquel maldito insecto que llegó aquí en los primeros días del siglo XX convulsionaron la Comarca durante décadas, hasta el punto que debieron de pasar veinte años para que se recuperara tan solo un 30% del viñedo y debimos esperar hasta 1990 para que la masa vitícola de la Comarca fuera tan extensa como antes.

En un aspecto esperamos que sea comparable la crisis del coronavirus y la de la filoxera: en la actuación de Diputación Foral de Álava.

Hace un siglo, Diputación se volcó con ideas y dineros para minimizar la crisis de los viticultores, creó viveros forales para suministrar patrones resistentes a todos los viticultores que los demandaran, puso a su disposición la sofisticada maquinaria necesaria para arrancar el viñedo enfermo y plantar el nuevo,…

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DIPUTACIÓN estuvo muy activa en la superación de la filoxera y lo estará con el coronavirus.

Creemos que también ahora, tanto Diputación como Gobierno Vasco actuarán con rapidez y, tomando como base los proyectos pre-coronavirus, los actualizarán y revisarán rápidamente para adaptarse a este tsunami que supone un gran cambio de paradigma. Como decía Einstein, en la crisis nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.

 

Continuará…

6 respuestas a “¿Estamos ante la segunda Filoxera?”

  1. Carlos Estecha dice:

    Las cosas son como son y la situación es la que es y tengo muy claro que no es peor de lo que es.

    Trabajemos bien nuestro estado emocional y no caigamos en lo que muy probablemente alguien o algunos desearían que cayésemos. En el desánimo y la desesperanza. Porque estoy plenamente convencido que siempre hay quien instrumentaliza las situaciones por muy dramáticas que sean para sacar algún tipo de rédito.

    Es lícito que haya todo tipo de bodegas. Grandes, medianas, pequeñas y muy pequeñas. En cualquiera de ellas hay que trazarse un camino y debemos primero saber de dónde partimos, cuál es nuestro potencial y cuáles son nuestras limitaciones. Conocernos a nosotros mismos es NUESTRA MEJOR ARMA.

    Y cómo no hablar de la IMAGINACION. Hay bodegas enormes que venden por inercia y sin imaginación propia. Es más, tienen que pagar enormes cantidades económicas de vez en cuando, para COMPRAR IMAGINACIÓN.

    Samaniego escribió las Fábulas, Iradier compuso La Paloma. Nosotros podemos aportar nuestra imaginación y creatividad.
    ESTOY SEGURO DE QUE SE NOS OCURREN IDEAS BRILLANTES QUE NO NECESITAMOS COMPRAR.

    ÁNIMO A TODOS.

  2. F. Bujanda Ciordia dice:

    Un nuevo artículo, denso, profundo, ratificado con datos y cifras que, para mí, en estos momentos tiene un mensaje directo:

    «Trabajemos duro, el sector y autoridades, en pro del mundo vitivinícola de Rioja Alavesa, y tengamos iniciativa e imaginación».

    Pero intentaré abstraerme de las cifras y pensaré en lo que desde el punto de vista social podría suceder si no atendemos, con prontitud, el mensaje anteriormente mencionado. No debemos olvidar que los cooperativistas, pequeños y medianos bodegueros son los actores principales de los pueblos de la zona, tal como dice el artículo, y desde ese concepto deben ser valorados.

    Desde el punto de vista social, valorando desde el matiz cualitativo, será fundamental, con trabajo, debate, ideas e imaginación, lograr que el tejido social de Rioja Alavesa no cambie, y así nuestro tejido bodeguero siga siendo básico , en el día a día de la Comarca.

  3. F. Sánchez Aranaz dice:

    Muy bueno el escrito de Miguel Larreina, como en él es habitual. Enhorabuena.
    He leído por ahí una pintada que dice: «No queremos volver a la normalidad, la normalidad era el problema». Da que pensar.

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