Si él nace cerca de Jerez, en el sur, y ella en la norteña Rioja Alavesa, los caminos de la vida se pueden juntar en un punto, uniéndote, creando un vínculo y una bodega en Lapuebla de Labarca, con vinos reconocidos y premiados en Burdeos.
En ese cruce de caminos se encontraron Eduardo y Maribel. De su unión nació una bodega, y mucho más que una bodega…

LAPUEBLA DE LABARCA, donde es originaria parte de la familia de Maribel.
“Rioja Alavesa era el lugar donde empezar con veintitrés años”
Pudiera ser el comienzo de una novela. Pero esta es la entrevista sincera con un matrimonio singular con viñas en Rioja Alavesa y bodega en Lapuebla de Labarca.
Maribel Bernardo, alavesa con raíces junto al Ebro, y Eduardo Gómez Palma, el andaluz que lo dejó todo -incluida su tradición bodeguera en el entorno de Jerez-… por amor, primero a su esposa, y luego a la Comarca, donde se ha enraizado como una cepa de hondas raíces.

LOS PALACIOS Y VILLAFRANCA (Sevilla), el otro pueblo, el de Eduardo.
Si fuera novela, narraría la vida de la abuela de Maribel, nacida en Lapuebla de Labarca, Marciana Garrido, emprendedora y viajera que marchó a Argentina y, a su vuelta, con su marido, inició un periplo por Ondarroa, Eibar, sorprendiéndole la Guerra Civil, para después vivir en Vitoria y volver a Rioja Alavesa, de nuevo en Lapuebla, donde su hija Rosario Velilla pasaría una gran parte de su vida.
Si fuera novela, nos adentraríamos en el sur andaluz. Miraríamos la vida por una ventana encalada de blanco. Tocaríamos el alma campesina del bisabuelo bodeguero de Eduardo, de quien ha heredado el nombre, que nació a 60 kilómetros de Jerez, y gobernó una bodega y una almazara.
Tendríamos que leer varios capítulos del libro hasta que los caminos del norte y del sur se cruzaran en Madrid. Las vidas de Maribel y Eduardo, hasta llegar a escribir de nuevo que “Rioja Alavesa era el lugar donde empezar con 23 años”.

MARIBEL Bernardo y Eduardo Gómez durante la entrevista con el Blog Rioja Alavesa.
La fórmula de la felicidad (I)
En este Blog hablamos de vino y viñedo, de Paisaje Cultural… de las personas que cuidan la tierra y elaboran grandes vinos. No es novela. Pero en los libros, como en la rica realidad, los ancestros que tienes en tu corazón trabajan en tu cabeza, te llaman y te impulsan a amar el viñedo, a crear una bodega y mantenerla contra viento y marea.
Cuando Eduardo y Maribel se asentaron en Lapuebla de Labarca, los dos querían establecer una unión perfecta entre viñedo y bodega. Estamos en la antigua bodega que ambos pusieron en marcha, hace 32 años, de la que en 1987 salió la primera cosecha con el método tradicional de Rioja Alavesa. El Belezos de maceración carbónica.
Treinta y dos años, ni más ni menos. Puedes llevar esos 32 años intensamente vividos, con mil historias trenzadas por la existencia, hasta que un día de julio de 2019 llega un periodista queriendo hablar de lo que haces, de la empresa vitivinícola edificada en la Lapuebla, del tipo de vino que soñabas hacer. De los premios recibidos en Burdeos…

SI MIRA hacia atrás en la vida, Eduardo la ve como una gran Aventura.
“Miro hacia atrás -dice Eduardo Gómez- y lo contemplo todo como si hubiera sido una gran aventura. Una aventura en la que, sinceramente, no pensaba que tendría tantas dificultades”
“No sé cómo sonará –cuenta Maribel-, pero la primera cosecha de uva la compramos con el dinero de nuestra boda, dos millones trescientas mil pesetas”.
La madre de todos los sentidos
De Lapuebla, del vino de Belezos, de Bodegas Zugober… Hablaremos de los mercados, de los consumidores, de proyectos donde uno se deja la vida, la piel, hasta las relaciones de pareja. La tierra, la viña, la gente, sus debates, toda su pasión… Todo esto y mucho más convierte a la Vitivinicultura en este Blog en la madre de todos los sentidos.

SI fuera novela, la Sierra podría ser más grande, pero no más hermosa.
.- ¿Te acuerdas de tus comienzos en Lapuebla de Labarca, Eduardo?
Lo recuerdo perfectamente. Yo venía de Andalucía, de Los Palacios y Villafranca (Sevilla), situado a 61,8 kilómetros de Jerez de la Frontera, recién llegado a Lapuebla de Labarca, aunque con experiencia en bodega… pero no con este tipo de vino.
.- ¿Qué experiencia era entonces la tuya?
Mi familia es bodeguera desde tiempos de mi bisabuelo. De crío siempre estaba metido en bodega. Y siendo mayor trabajé con mi padre cuando volvía del colegio. Después me fui a estudiar a la universidad de Sevilla, donde hice ingeniería (mi padre no quería que estudiase Enología), pero en Sevilla estuve solo un año…
.- ¿Qué pasó?
Que al año siguiente decidí marchar a la Escuela de la Vid y el Vino de Madrid. Es ahí donde Maribel y yo nos conocimos.

ESCUELA de la Vid y el Vino de Madrid, donde se cruzaron la vidas de ambos.
.- ¿Sabíais uno y otro lo que queríais hacer en el mundo del vino?
“Sinceramente yo no sabía entonces lo que quería hacer”, dice Maribel.
.- ¿Y tú, Eduardo?
Yo fui a la Escuela pensando en la bodega de mi padre, claro.

LA BODEGA de la Escuela, donde Maribel y Eduardo se formaron en Enología.
.- ¿Cuáles eran tus ideas de entonces, Maribel?
Yo provengo de Lapuebla de Labarca. Mi madre nació aquí, pero se fue a Bilbao. Mi padre era eibarrés, pero estaba vinculado a Álava, pues tenía una fábrica en Vitoria, de unos talleres que nacieron en Eibar. A mi padre le gustaba Lapuebla de Labarca, y esta bodega en la que estamos la compró él para traer a sus clientes. Recuerdo venir aquí de niña con japoneses, con alemanes, y aunque mi padre no hablaba ni un idioma ni el otro, el vino unía muchísimo.
.- La bodega era un lugar de encuentro, para amigos y clientes.
Aquí en esta bodega se juntaba con amigos como Santos Torre Alba y una buena cuadrilla que le elaboraban vino, y mi padre tenía abajo su tina y su barrica de 600 cántaras, de tal manera que en esta mesa se han cerrado en los setenta muchos negocios para Japón, para Italia, para Alemania.

MARIBEL en la bodega de ambos, hace unos años…
.- Algo había entre tú y el vino…
Mi abuela mantenía viñedos, aunque los controlaban sus hermanos. Como otras vecinas del pueblo, ella marchó con 14 años a la Argentina a servir. Marchó en un barco con su hermana. Le he escuchado contar las historias de aquel viaje. Todos esos ancestros que tienes trabajan en tu cabeza, te llaman y te impulsan a hacer cosas.
.- Así que tú te has criado…
En Vitoria, en un colegio de monjas, muy clásico.
Madrid y la Enología

EL VINO, las botellas, el Sol... en el frontispicio de la Escuela de la Vid.
.- ¿Y lo de Madrid? ¿Cómo te fuiste a estudiar allí Enología?
Mi amiga Ainhoa Etxabe, de Elciego, y yo, pensamos que ir a Madrid a estudiar Enología era una idea atractiva. Así lo hicimos y todo aquello nos enganchó en todos los sentidos. Aquí habíamos conocido lo ancestral, la maceración carbónica, el trabajo de los vendimiadores, ese gran ambiente.
Pero la Escuela de la Vid de Madrid era la técnica, con unos laboratorios impresionantes, vinagrería, destilería, viñedos, con un vivero donde llevar a cabo los injertos…
.- Allí os juntabais gentes de todas partes.
Eso era muy bonito, canarios, gallegos, catalanes, andaluces, vascos… Allí hablábamos del vino, cuando tú pensabas que lo tuyo, Rioja, era lo más de lo más. Y luego cada cual llevaba sus vinos. Fueron años formidables. Allí conocí a Eduardo.

EDUARDO y Maribel en 2012 con sus hijos Kerman y Manuel.
.- Y os enamorasteis.
Sí.
.- ¿Cómo nace la idea de hacer juntos una bodega en Lapuebla de Labarca?
Queríamos empezar algo que fuese nuestro. Pensamos en Rioja Alavesa porque Maribel es de aquí y porque ya Rioja Alavesa tenía buena proyección y era el lugar donde empezar con 23 años. Recuerdo que cogí un filtro de la bodega de mi pueblo, cargué un par de bombas en la furgoneta y me vine para aquí.

MARIBEL mira la bodega en la actualidad, como si la contemplara por primera vez.
.- ¿Qué te pareció la Rioja Alavesa de entonces?
Me pareció maravillosa, pero cuando ya estaba aquí metido y me enganché a esto y empezaron los problemas y los sufrimientos, y todo lo demás, es cuando ya me vinculé definitivamente con la zona. Hoy es el día que no me muevo de aquí. Ahora mismo llevo dos meses sin ir ni tan siquiera a Logroño. Y cada vez que vuelvo a Rioja Alavesa –tras algún viaje al Sur- me emociono… Fíjate qué tontería.
.- No es ninguna tontería, Eduardo, sino todo lo contrario.
Llevamos treinta y dos años conectados con la Comarca. En estos años la evolución que ha tenido Rioja Alavesa ha sido muy importante, espectacular.
Primero soñar los vinos, y después…

EDUARDO en la zona de elaboración de Bodegas Zugober.
.- ¿Os acordáis qué vinos queríais hacer entonces, recién salidos de la Escuela de la Vid?
A ver –toma la palabra Maribel-, la maceración carbónica es un vino que me gusta en su momento, pero teníamos claro que íbamos hacia la barrica, al envejecimiento de los vinos… El tema Burdeos yo lo tenía muy enfocado, de hecho hice allí varios cursos, y me saqué la diplomatura de Cata en Burdeos, siguiendo vinculada a su universidad.
Luego los blancos también nos gustaban. Y los rosados. Queríamos innovar en aquella época. Y queríamos establecer una unión perfecta entre viñedo y bodega porque el enólogo en nuestra época casi ni pisaba la viña. Nosotros vimos desde un principio que si no conoces la uva, de dónde viene, cuánto produce, será difícil encaminar luego el tipo de vino.
.- ¿Con qué empezasteis?
Empezamos comprando uva…
“Empezamos con el dinero de la boda”, recuerda Maribel.
.- Ah!

UNA parte de las etiquetas de sus vinos a lo largo de estas décadas.
Lo que ha dicho Maribel de las barricas… hasta el año 1988 para ser criadores en la DO Rioja había que tener 500 barricas. Sin embargo en el 88 llegaron algunos cambios, bajando ese número a 100 barricas… Total, que nos metimos en 100 barricas francesas que estaban más o menos bien, y alquilamos una bodega en la parte de arriba de Lapuebla, en una cueva… que para meter las barricas era una odisea, utilizando unas tablas para ir deslizándolas.
.- Caray!
A todo esto, ya con dos niños en la familia. Los dos chicos -dice Maribel-. “Hoy uno es cocinero, y el otro bodeguero -cuenta Eduardo-. El mayor es Kerman, y el otro Manuel”.
.- Y en esta bodega en la que estamos…
Aquí es donde preparamos el vino y embotellábamos. Muchísimo trabajo en aquella época.
.- ¡Con el dinero de la boda, eh!

BELEZOS crianza, la joya de la corona de Bodegas Zugober.
La primera cosecha de uva la compramos con el dinero de nuestra boda, dos millones trescientas mil pesetas. Que por cierto, subió la cántara, vendiéndola a granel, y bueno.
.- Después empezaríais a comprar viñas ¿no?
Con fincas de los hermanos de Maribel y los cuñados, junto con el terreno aquel que era del padre. Además, empezamos a proyectar lo que es la nave actual de elaboración de vino, comenzando las obras en 1988, llegando a meter allí, en aquel año, la primera cosecha, colocando toldos en los techos, a finales de octubre, con un tiempo climatológico horrible. El suelo todavía no estaba en condiciones…
“Fue un comienzo muy divertido”, tercia Maribel.
Aquella fue nuestra primera cosecha de despalillado, que era el camino a seguir. En el 89 por fin empezamos con la Crianza. En aquella época, de las pequeñas bodegas, aquí nadie despalillaba. Estábamos dos por entonces, Bodegas Casa Primicia y nosotros.
.- Los únicos de una época.. ¡Qué bien marcar el camino!

LAS uvas que muestra Eduardo irán configurando un racimo perfecto para el vino.
De los pequeños, eh! De los cosecheros, si quieres utilizar el nombre de entonces. En los años 90 la cosa se complica en el sentido que comenzaron las especulaciones del tema de la uva. En aquellos años no éramos conocidos, y teníamos que ir puerta por puerta vendiendo el vino. Nos limitábamos solo al País Vasco. Pero ya entonces nuestro objetivo era la importación al Reino Unido.
“He salvado muchas cosechas cuando la cosa se complicaba”
.- Estabais preparados para elaborar vino, pero en el mundo del vino hay muchos otros ámbitos
Claro –dice Maribel-. La parte comercial era una complicación más.
Como enólogos –dice Eduardo- llegamos aquí muy bien preparados. En Lapuebla de Labarca nos tienen muy bien considerados porque yo he salvado aquí muchas cosechas cuando la cosa se complicaba.
Esta zona del barrio de bodegas estaba llena de gente, con las bodegas funcionando. Recuerdo que yo estaba todo el día con las probetas, con el termómetro, y había gente que se escondía y cuando yo pasaba a su lado me llamaban para que echara una ojeada a lo suyo para que no se les perdiera el vino.
.- Qué bueno, Eduardo!

MARIBEL y la bodega 32 años después, con el sello de la Asociación ABRA a las puertas.
Claro, no querían que el vecino se enterara de que la fermentación no iba bien. Afortunadamente después todo ha ido cambiando.
“En Rioja funcionaba entonces ese hermetismo –recuerda Maribel- a lo francés, mientras que del enólogo anglosajón -ya habíamos viajado para entonces a California-, nos sorprendía la naturalidad con la que hablaban entre colegas de levaduras, de filtrar…, compartiendo todo lo que hacían”.
.- ¿Con qué sentimiento recordáis los comienzos vistos desde 2019?
Con ilusión –dice Maribel-. Ahora miro hacia atrás y me digo “uff, ¡qué cabezotas éramos!”, cuando podíamos haber vivido maravillosamente con nuestra profesión; pero éramos dos personas cargadas de una enorme ilusión.
“Desde esta posición de hoy, la verdad… lo contemplo como si hubiera sido una gran aventura. Una aventura en la que, sinceramente, no pensaba que tendría tantas dificultades”, cuenta por su parte Eduardo.

SU vino presentado como «la fórmula de la felicidad» en la finca de Assa, situada a 375 metros.
.- Son 32 años, una vida laboral. ¡Qué singladura vital, y cuántos puertos!
Está claro que vinimos aquí siendo enólogos, estando bien preparados, con ideas… De hecho la mayor revolución que ha habido en esta Comarca fue de 35 años hacia aquí, pasando de lo tradicional a un abanico muy amplio de ofertas. En aquella época había medios precarios. La evolución ha sido muy positiva.
El problema han sido las inversiones que debimos acometer. En el 88, una. En el 2000, otra, después de un año 1989 muy difícil, en el que nos quedamos casi arruinados, porque el vino empezó a bajar, cuando nosotros habíamos comprado a 10.000 pesetas la cántara, cuando luego la vendimos a 800 pesetas… Imagínate. Tuvimos que ir a varios préstamos y muchos sacrificios.
.- Os escucho y soy consciente de esas etapas de zozobra y angustia…
Para seguir avanzando nos tuvimos que meter en otra inversión. Teníamos que abrir más mercados, así que además contratamos a un comercial. Y ahí nos llegó otra hecatombe en el 2004, pero eso dio pié a que empezásemos a trabajar juntos con nuestro hijo Manuel. Y desde entonces hemos ido remontando.

TRAS su abierta sonrisa, hay una vida de coraje y mucho trabajo.
.- Le habéis puesto mucho coraje, sin duda!
Bueno –retoma Maribel-, tuvimos novios y novias que quisieron comprar la bodega, pero decidimos tirar para adelante.
.- Sabiendo todo lo que habéis pasado… Maribel, Eduardo, ¿os volveríais a embarcar en esta aventura?
Con esta experiencia que ahora tengo me metería de lleno nuevamente, dice él.
«Yo también», afirma ella.
.- Seguro que hubo momentos en los que estuvisteis a punto de tirar la toalla
«¿Qué es lo que ha salido perjudicado? La pareja»
A ver –responde Maribel- todo este mundo del vino nos ha enganchado a los dos. ¿Qué es lo que ha salido perjudicado? La pareja. Hoy tenemos claro qué es lo que nos interesa, además del relevo del hijo, sobre todo Manuel, aunque Kerman desde el mundo de la cocina también está vinculado a las bodegas en Ribera del Duero. Pero nuestra relación de pareja se ha quedado en el camino.

TIENEN tanto en común, que han sabido mantener la bodega siendo socios y compañeros.
.- Dices que las dificultades de Bodegas Zugober se cargó vuestro matrimonio.
Haberle dedicado tanto esfuerzo a la bodega ha provocado que la pareja se haya resentido. Más allá de eso seguimos con la misma ilusión, y eso es lo que nos une.
.- Ahora sois socios.
Somos socios, sí, y compañeros de toda esta historia. Seguimos manteniendo esa idea de bodega familiar. Y ahora van bien las cosas con exportación, con el trabajo conjunto en el viñedo y en la bodega, lo que nos da fuerzas e incluso pensamos en abrir nuevos caminos.
.- La pasión por el mundo del vino y por vuestra bodega está intacta…

SIEMPRE con nuevas inversiones, en un sector en el que nunca te puedes parar. Nunca.
Estamos en un momento de nuevas inversiones, porque vuelve a haber un montón de marcas en el mercado, hay mucha competitividad, pero la posición a la que hemos llegado con Belezos a nivel internacional te hace tener ilusión, sabiendo que tenemos futuro, y más teniendo a Manuel y a Kerman. Hoy tenemos vinos de mucha calidad.
.- Están Reino Unido y Estados Unidos (en vuestro caso). Y seguís abriendo nuevos mercados.
Por supuesto. Hoy todo lo hacemos nosotros. Manuel se ocupa de la parte comercial y de exportación. En Reino Unido queremos mantener todo lo conseguido. En Estados Unidos vamos abriendo diferentes Estados. En China estamos vendiendo desde hace seis años, y allí estamos ampliando, con una persona de esa nacionalidad trabajando ese mercado. Además, vendemos en Francia, Suiza, Alemania…
.- Habéis tenido premios sobresalientes en Burdeos (el vuestro ha sido el único vino gran reserva que en mayo de 2019 se ha llevado la medalla de oro de todo Rioja). ¿Qué importancia otorgáis a esos premios?

MANUEL Gómez Bernardo en Prowein, la feria de Düsseldorf, la más importante del Sector.
En su día –recuerda Maribel- acudimos como catadores, durante cuatro años, formando parte del jurado de Burdeos. Ante tantos vinos y tan buenos, nos decíamos “que aquí entrara Belezos sería una lotería”. Era difícil estar dentro de los diez primeros vinos premiados. Esos premios obtenidos son muy importantes al reconocimiento de nuestro trabajo. Y de vez en cuando te viene bien a nivel profesional, pues necesitas esos empujes.
En la parte comercial –estima Eduardo- es una especie de Currículum. Ayuda porque es la primera presentación que tiene el importador o un distribuidor de aquí. Después han venido los prescriptores, que era todavía más difícil. Eso llega a más gente. A nosotros nos valoró Parker con 96 puntos un reserva de 2005, lo que significó un bombardeo de gente llamándonos de toda Europa.
.- Luego llegaron las puntuación de Sukling y de Tim Atkin.
Nuestros vinos están a un gran nivel, lo cual es una satisfacción. Todo ayuda, cuando el problema que tenemos aquí en Rioja Alavesa es precisamente subir el valor añadido.

MARIBEL y Eduardo, con su hijo Manuel, un puntal más de la bodega.
.- ¿Qué papel desempeña cada uno de vosotros tres?
Ahora Manuel está en la viña de Assa con el tractor. Ayer estábamos los dos en otra viña, él con un tractor y yo con el otro. Maribel se dedica a la enología, a la administración…
“Y ahora –dice ella- estamos con todo el papeleo del Viñedo Singular, las subvenciones y demás”
Toda la exportación la lleva ahora Manuel, que estuvo la semana pasada en Estados Unidos, Londres o donde le toque. Yo llevo ahora más el tema nacional. Repartimos el trabajo como vemos. Manuel viene de China o de California y rápidamente se pone a trabajar con el tractor en la viña.
Kerman tiene 32 años, y Manuel 30. Kerman es de la primera promoción del Basque Culinary Center. Ha trabajado ya en Japón, Francia, Dinamarca, Córdoba y ahora está en un proyecto para estrella Michelín, muy vinculado al mundo de los aromas, los sabores y las sensaciones.

UNA de las pinturas de la bodega, una copa de vino, el color de la vida de esta familia.
.- Habrá más gente en Bodegas Zugober.
Sí, estamos los tres, pero en Bodega hay un equipo muy majo. Está Guillermo, está Iván y está Victoria.
.- Sabéis que la inmensa mayoría de las 4100 bodegas españolas cuentan con una sola persona, y luego hay dos o tres personas como mucho. Es la inmensa mayoría.
Luego en la primavera, en marzo, vinculado a la viticultura, llevo desde hace 20 años un tema de sobre injerto aéreo –nos informa Maribel-, cambiando de variedad, reestructuración varietal, y me muevo con un equipo de injertadores de origen mexicano o californiano por muchas partes, como Portugal o el sur de Francia. Y Eduardo y Manuel me apoyan.
.- De todo eso el consumidor no tiene ni idea, el inmenso esfuerzo, magia y dedicación con la que se sacan los vinos adelante!
Es verdad. No hemos sido capaces de explicar al consumidor todo el trabajo que lleva una botella de vino. Cuando se vende una botella de vino habría que hablar de todo eso y de mucho más. Cuando vienen a visitarnos y les explicamos todo, nos preguntan incrédulos “¿pero todo eso está al final dentro de una botella de vino?”.
CONTINUARÁ…
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Siempre experiencias personales muy hermosas que dudo se den con tanta frecuencia en otras denominaciones comarcarles del tamaño de la nuestra.
Personalidad, sentido empresarial, dimensión internacional.
¿Qué nos falta? Mejorar el valor añadido, el beneficio. Salirnos de la tendencia a que colaboremos en festejos de ciertas pretensiones, pero que se convierten en fiesta botellón para gente muy mayor.
Muchas gracias, Victoria. Saludos cordiales.
Qué gran historia. El amor es la auténtica «fórmula de la felicidad». Y el respeto, la amistad, el compañerismo le siguen muy de cerca a la zaga. Si ellos me lo permiten, les felicito a ambos por su entrega, y por su hermosa relación.
Espero la segunda parte.
Seguro que su vino es formidable. ¡Lo buscaré para beber su fórmula! Y sí, claro que yo pondré de mi parte.
Muchas gracias, Arene Amezaga. Un cordial abrazo.
Me llama la atención que las bodegas son un mundo. Agricultura, enología, marketing, administració, exportación y viajes, relaciones públicas… «Manuel viene de China o de California y rápidamente se pone a trabajar con el tractor en la viña».
Qué versatilidad. Les admiro. Y les envidio por trabajar elaborando Vino y, por tanto, darnos a beber alegría y placer.
Muchas gracias, Santi Argote. Participo de tu misma admiración. Saludos cordiales.
Se dicen tantas cosas, es tan densa la entrevista que diría que es un cargamento de cajas de buenos vinos.
Una pasada.
Se la he leído a mi amatxu, que dice que esta conversación es una «mina».
Me ha explicado lo que quiere decir con esa palabra. Eso, Un yacimiento pues. Una pasadaaaaa
Muchas gracias, Txiki. Se te echaba de menos. Me encantan las tres palabras: una mina, un yacimiento, y una pasadaaaa. Te tenía reservado hace tiempo un cordial abrazoooo.
Pienso en la abuela de la enóloga Maribel, que tuvo, como la mía, que marchar a la Argentina. Y que volvió a Euskadi a casarse, inmersa en mil historias difíciles, con dos guerras de por medio. Esas sí que son historias de dificultad y adversidad mayúscula. Que nunca más tengamos que sufrir una guerra…. pero cuánto nos enseñaron a luchar y a resistir.
Al leer el principio de novela del reportaje me he preguntado qué sería de Marciana.
Muchas gracias, Joana Redondo. Cada lectora o lector se queda siempre con algo especial que le toca. De Marciana sé poco, porque en este caso nos interesa hablar de la bodega, de sus vinos, de sus luchas y afanes, y de ese relevo generacional que poco a poco se va produciendo en Rioja Alavesa de padres-madres a hijas-hijos…
Pero te puedo contar, Joana, que una parte de la historia de Marciana también estuvo vinculada al vino de Lapuebla. De hecho, Marciana tuvo una taberna en Ondarroa donde vendió vino de Lapuebla. Esta mujer increíble volvió a montar más tarde otra taberna en Eibar con vino -cómo no- de Lapuebla de Labarca. Algo muy hermoso, sin duda, más allá de las dificultades de la guerra incivil, que la pasó en Bilbao. Son historias familiares, de las que estamos llenos, algunas muy duras… Que tanto nos han enseñado. Que tanto nos alimentan desde el fondo de nuestro ADN de país
“El problema han sido las inversiones que debimos acometer. En el 88, una. En el 2000, otra, después de un año 1989 muy difícil, en el que nos quedamos casi arruinados, porque el vino empezó a bajar, cuando nosotros habíamos comprado a 10.000 pesetas la cántara, cuando luego la vendimos a 800 pesetas… Imagínate. Tuvimos que ir a varios préstamos y muchos sacrificios….. Y luego nos llegó otra hecatombe en el 2004, Y desde entonces hemos ido remontando….Hoy estamos en un momento de nuevas inversiones, porque vuelve a haber un montón de marcas en el mercado, hay mucha competitividad, …”
Oyes contar su historia a cada una de las familias de viticultores y pequeños bodegueros de Rioja Alavesa y se te pone la carne de gallina al ver su ánimo ante los malos tiempos, ese pedaleo continuo y esforzado ya que si aflojan se caen de la bicicleta.
Exacto, Miguel Larreina. Esa misma sensación tengo, a veces agónica, siempre de gran admiración y ejemplo para la vida. Y esa misma imagen de la bicicleta, la de no poder parar a veces ni para tomar impulso… Pero lo toman de su propia manera de ser, desde dentro. Muchas gracias y un cordial abrazo.
El vino 50/50 es el mejor tinto joven que he probado. Me parece extraordinaria la competencia y capacidad de la enóloga Maribel Bernardo en conseguir un vino de esa calidad sin que lo haya sometido a crianza
Muchas gracias, Gisela. Saludos!