
EL BLOG reconoce lo que a la Comarca le ha dado Barandiaran.
… brilla con luz propia un museo dedicado a un hombre tan enraizado en su origen como viajero incansable, tan pequeño como enorme, tan defensor de su lengua como conocedor de otras seis más.

HAY visitas que se hacen con devoción… y con buenos amigos de Ataun.
El Barandiaran Museoa es, sin pretenderlo, una lección magistral en sí mismo, asentado en la biografía del sacerdote que dejó escrito que “hasta el infierno, si fuera a hablar de cultura vasca”. Se trata del menor de nueve hermanos nacido en el caserío familiar a finales del siglo XIX, Jose Miguel de Barandiaran.

ATAUN es una epifanía. Un suspiro de belleza.
Nació a finales del siglo XIX, cuando la cultura tradicional vasca de transmisión oral y su lengua el euskera se extinguían sin dejar rastro, sin imágenes ni textos escritos. Pronto nadie llamaría “Ilargia (m)andrea” señora madre a la luna, ni sabría de las lamias o los gentiles de su mitología.
“Jose Miguel de Barandiaran creció en ese mundo en transformación”, escucharemos en un hermoso montaje audiovisual que se proyecta sobre los muros de una estancia interior del museo.

VÍDEO donde explica lo que aprendían en la escuela sin entender nada.
El euskera fue al principio su única lengua, pero tuvo que asistir a la escuela en castellano. “Allí el maestro impone a los niños euskoparlantes tan duros castigos que acudir a clase le atemoriza. Aún así ansía aprender, y a los 14 años decide estudiar el latín necesario para hacerse sacerdote”.
Teme tanto ser suspendido que se aplica con todas sus fuerzas al estudio. “La noticia de haber superado dos cursos en un solo año se convierte en uno de los momentos más felices de su vida, ingresando en el Seminario de Vitoria”.

EN una de las estancias del Museoa, donde conservan toda su obra.
Algunos seminaristas solían festejar la vuelta a casa tirando cohetes desde el tren, sin embargo la alegría de Barandiaran dura poco. Su madre muere antes de Navidad.
En 1913 -cuando le quedan dos años para terminar la carrera eclesiástica- Barandiaran se replantea su vocación sacerdotal. En ese momento de dudas, decide estudiar Historia de las Religiones en la Universidad de Leibniz, donde conocerá al profesor Wilhelm, uno de los fundadores de la psicología científica.

EL maestro de la Universidad que le ayudó a fijar un camino a seguir.
Wilhelm le recomendará centrar los estudios en su propio pueblo, al saber que poseía una lengua y una cultura diferentes a cualquier otra en el mundo.
Barandiarán se ordenará sacerdote en Vitoria a finales de 1914, celebrando su primera misa en Ataun en enero de 1915, con 25 años recién cumplidos.

UNO de los muchos textos del Museo.
Arqueología y Mito se asocian en Barandiaran indisolublemente. Las leyendas le llevaron a los hallazgos de megalitos, y éstos a la recogida de nuevas leyendas populares.
En 1934 fue nombrado miembro de los Congresos Internacionales de Antropología y Etnología. Al comienzo de la Guerra Civil se vio obligado a iniciar un largo viaje al exilio. Biarritz, Sara, incluso Normandía durante la II Guerra Mundial.

REALIZÓ el primer sondeo en Elvillar, en 1936. (Foto Josemi Rodriguez).
En 1953, tras 17 largos años de exilio, el rector de la Universidad de Salamanca, Antonio Tovar, le invitó a inaugurar una cátedra de Estudios Vascos, allanando los obstáculos policiales que impedían su regreso.

SU DIARIO (en 1917), escrito en castellano.
Tenía entonces 63 años, la edad de jubilación para la mayoría. Él sin embargo vuelve a casa para retomar -como si la vida recomenzara de nuevo- por un cuarto de siglo todavía sus excavaciones y la recogida y publicación de datos etnográficos.
Esto tendrá un gran efecto multiplicador, formando a nuevas generaciones de discípulos que pronto inician excavaciones por su cuenta.

CON el antropólogo y arqueólogo Jesús Altuna (fotografía del Museo).

IMAGEN de Barandiaran proyectada sobre la pared del Museo.
El caserío es en la cultura vasca algo sagrado, el núcleo espiritual tanto de los vivos como de los muertos. Don Jose Miguel se asentó en Ataun, en su barrio natal, en una casa construida en terrenos de la familia, según los planos de la casa de Sara, donde había vivido el exilio.
La muerte le llegó a punto de cumplir 102 años, tras más de 75 dedicados al estudio del pueblo que le vio nacer y en el que vivió.

HACHA de bronce de Zabalaitz, encontrada en una cueva.
En el siglo de Barandiarán, Euskalherria ha pasado del tópico de ser ‘un pueblo sin historia’ a conocer su pasado milenario y alimentar en él la actual cultura vasca, urbana, moderna y euskaldun, dándole raíces y dotándola de símbolos.

CRÁNEO de Urtiaga, de la Edad del Bronce… de unos 3500 años.
Aplicó toda su vida una lección -de la que el visitante del Museo Barandiarán quedará ya impregnado para siempre-…
Un lección que recibió de su madre el día que volvió triunfante de su examen de latín. Para templar su orgullo, la Ama le llevó a la puerta del caserío ante el cual tenían dos manzanos con las ramas dobladas por el peso de los frutos, y le dijo “… zenbat eta beteago, orduan eta apalago”, es decir: “… cuanto más cargados, más humildes”.

LECCIÓN que repetía a quienes le visitamos en Ataun.

EN palabras de la Ama, tal y como ella lo pronunciaba.
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El gran aita Jose Miguel de Barandiaran. Sabio, Santo Humilde y de Ataun. Buena Cuna.
Muchas gracias, Victoria. Saludos cordiales.
Qué ser tan increíble y maravilloso. No conocía su historia. PERO Alguien que defiende su cultura se merece todo mi respeto. TODO
Es una hermosa manera de escribir, Juan Aguilera. Me atrevo a decir que eso le gustaría a don Jose Miguel, que habló del País Vasco como una geografía con seres humanos que la habitan. «Constituimos entre muchas clases de plantas y flores de que se compone un jardín, un género de flor o de planta diferente que tiene el derecho a la vida como las demás… Nosotros no pedimos que se corte ninguna flor, sino que dejen vivir la nuestra. Es lo que pedimos. Nada más, ni nada menos». Saludos cordiales.
He leído cosas muy interesantes de don Jose Miguel Barandiaran (algunas en este Blog). Pero quiero preguntarte, en mi atrevida ignorancia (que prometo ir superando): cómo era en el trato, cómo definirle… qué escribir de éĺ…
Muchas gracias, Txiki. Te voy a contestar con algo que está escrito en euskera y castellano a la entrada del Museo Barandiaran.
Hombre pequeño / gran hombre
de salud precaria / de larga vida
austero consigo mismo / generoso con los demás
humilde / sabio
enraizado en su origen / viajero incansable
estudioso del pasado / renovador de los estudios
defensor de su lengua / conocedor de seis más
sacerdote católico / investigador de creencias paganas
recolector de información / difusor de conocimientos
Para una respuesta más amplia, te diría que visites el Museo en Ataun y conozcas más de cerca su obra. Un cordial abrazo.
“Benedicat Benedictus”. Con esta expresión tan breve y sencilla, “que bendiga el Bendito”, recuerdo que don Jose Miguel de Barandiaran bendecía la mesa en todas las comidas que compartimos con él los etnógrafos de los Grupos Etiniker de Euskalerria en el restaurante Víctor de Ataun.
Jose Miguel de Barandiaran ha sido una figura clave de la cultura Vasca del siglo XX. Un investigador y estudioso que ha dejado huella en la sociedad. Un maestro que ha hecho escuela y que tiene muchos discípulos siguiendo sus pasos en los caminos de la Arqueología y Etnografía.
Pudo realizar muchas proyectos debido a su ingente actividad, a su enorme inteligencia y a su larga vida. Solo le faltaron diez días para haber cumplido los 102 años. Llegó al final de su vida con una lucidez de mente envidiable. De esto ya han pasado 17 años.
Fundó en 1963 Etniker (investigación étnica) en Navarra. Neologismo creado por Barandiaran para hacer referencia a la investigación etnográfica en el País Vasco, creando una metodología propia cuyo manual es el cuestionario “Guía para una encuesta etnográfica” (1969). Creados los Grupos Etniker de Euskalerria, hemos conseguido realizar la investigación de campo en quince temas, publicándose hasta la fecha ocho tomos: Alimentación (1990), Juegos infantiles (1993), Ritos funerarios (1995), Ritos del nacimiento al matrimonio (1998), Ganadería y pastoreo (2000), Medicina popular (2004), Casa y familia (2011) y Agricultura (2018).
La obra de José Miguel de Barandiaran sigue estando viva. El próximo día 8 de junio nos reuniremos los componentes del Comité Interregional en Ataun para seguir tratando de elaborar el noveno tomo del Atlas Etnográfico de Vasconia sobre el Calendario festivo tradicional y la religiosidad popular, así como de la organización de una jornada en la Universidad de Navarra, para finales de septiembre, sobre el cincuenta aniversario de la creación de ETNIKER. Todo ello gracias a la ingente labor y gran personalidad de liderazgo de nuestro siempre recordado maestro don Jose Miguel de Barandiaran.
Barandiaran, de forma jocosa, siempre nos recordaba las horas de trabajo y de dormir con la “letanía de los sueños”: “una hora duerme el gallo, dos el caballo, tres el santo, cuatro el que no es tanto, cinco el Teatino, seis el Benedictino, siete el viajante, ocho el estudiante, nueve el caballero, diez el majadero, once el muchacho y doce el borracho”. De estas enseñanzas, que cada uno saque sus propias conclusiones.
Muchas gracias, José Ángel Chasco. Es un placer leerte. Enhorabuena por continuar esa ingente y necesaria labor. Saludos cordiales.
Aita Barandiaran, en su corazón, en su cabeza, en su hambre por saber y arrojar luz a la Historia, tenía a su querida Euskal Herria y una parte del alma y espíritu vasco se encuentra aún en ese bella Comarca: Rioja Alavesa.
Muchas gracias, Estibaliz Gamboa. No es difícil de tener esa misma sensación recorriendo el Paisaje Cultural de esta tierra, conversando semana a semana con su gente. Un cordial abrazo.
Como dice Jose Angel Chasco, Aita Barandiaran continua siendo una inspiración para nuestros investigadores, siendo un referente de buen trabajo, tenacidad y entrega a la Ciencia, a las ganas de saber. Siempre es un placer recordarle y asistir a su «resurección» en la Agenda mediática actual.
Muchas gracias, Isolina Garizurieta. Es cierto, siempre es un placer recordarle. Es de justicia hacerlo. Saludos!
Tuve el gran honor y placer de charlar varias veces con Aita Brandiaran en los años 80, una persona como pocas, gran literato, filósofo y, sobre todo, un ser humano fuera de serie. Lo recuerdo siempre con todo mi afecto.
Muchas gracias, Gloria
Grande e inolvidable aita Barandiaran. Tengo una anécdota de cuando yo tenia 18 años. En un viaje a Lazkao, me entró la curiosidad de acercarme hasta Ataun a conocer dónde vivía aita Barandiaran. Allí pregunté por su caserío y me indicaron, «en esa casa de ahí», así que estaba justo en frente de su casa. Después de reflexionar, si se podía molestar a un personaje de su nivel, me rearmé de valor y fui hasta su casa solamente con el objeto de saludarle y extenderle la mano como admirador. Abrió la puerta su hermana y le dije cuál era mi intención, a lo que me preguntó «¿de donde vienes» contestándole que de Mungia, en Bizkaia. Al instante salió don José Miguel, me dio la mano y me pasó a su mesa de trabajo, llena de libros y papeles que apenas dejaban ver su diminuto cuerpo. Me preguntó mi apellido e inmediatamente entró a analizar el contenido y su significado. Me dijo Goltzarri. Goldetan egiteko harri. Luego seguimos hablando de muchos temas durante una hora. Yo estaba preocupado pensando que estaba robándole tiempo a un hombre importante, él me dijo que le parecía un honor que un joven tuviera interés en saludarle. Ese hombre sabio, con una enorme memoria, incansable trabajador, increíblemente humilde, ese que recibe a un atrevido joven desconocido y consume una hora de su marcado tiempo, ese era don José Miguel de Barandiaran. Me dijo «vuelve cuando quieras», y sí, ya con cita previa, le visité en varias ocasiones, además de no perderme sus conferencias.
Eskerrik asko, Xabier
No tuve la suerte de conocer a Aita Barandiaran, pero me quedo con el recuerdo de sus investigaciones, la lectura de alguna de sus conferencias, su trabajo incansable, pero sobre todo admiro su sencillez y lo buena persona que todo el mundo que lo conoció me dijo que era.
Muchas gracias, Fernando