Pensar que hace 6000 años personas como nosotros estuvieron aquí mismo cuidando sus rebaños. Que más tarde, en época del imperio romano, en el medioevo, otras y otros hubo en la edad moderna. Que tantos plantaron viñas durante casi dos mil años. Produce cierto vértigo.
HACIENDO PAISAJE, marcando el mapa del tesoro donde arraigarán las nuevas cepas.
Como cuenta el catedrático Fernández Eraso, en la ermita de San Cristóbal, el abrigo de la Sierra pasó de redil de ovejas a recinto sagrado. Y ahora hay barro, y una excavación en marcha. Toda una historia, la nuestra, la de nuestros antepasados. De aquellos que forjaron nuestras raíces.
Y aquí están hoy nuestros viticultores y viticultoras de Álava. Cuidando las viñas. Sembrando.
Marcan y dibujan el lugar dónde irán las nuevas cepas. Raíces para los nuevos tiempos. Escribió la poeta Gabriela Mistral que las raíces “sueñan y hacen los sueños / y a la copa mandan las fábulas”. Que “abajo son los silencios / en las ramas son las fábulas”. Escuchando con atención se nos llenará el alma de raíces. De tierra mojada.
RAÍCES de una cepa que estuvo bien anclada a la tierra alavesa (de la bodega de Faustino).
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