
LAGUARDIA en fiestas, en alegría plena.
Julio Flor *
Te convertirás en un río de gente, un lago de canciones, un mar de murmullos, oración colectiva, en un alboroto de turistas en danza buscando algo auténtico, de verdad.
Ve a Laguardia de los rincones para enamorados. La de sus bodegas históricas. Laguardia de murallas abiertas. La que palpita sumergida en sus calados.
Respira su aire medieval en lo alto de su hermosa colina convertida en música. Ve un fin de semana, habrá gente, algarabía brindando por la vida. Alzarán al cielo un copa de buen vino. Será una multitud para un sortilegio.

EN LUNES, Laguardia te habla desde su profundo silencio. Escucha…
No vayas a Laguardia un lunes, o un martes, o un miércoles de otoño. No vayas cuando se escucha el silencio de la Historia. Deja que sean otros los que reciban a Laguardia en confesión. Porque un lunes, un martes, o un miércoles, incluso un jueves, Laguardia te habla. Las piedras te sonríen. El viento acaricia la villa, y de paso hará lo propio contigo, arrullando tus pensamientos.
Un lunes, Laguardia se crece. Es viña amurallada de varias hectáreas tocando un solo de campana bajo la Sierra. Sus piedras sobre piedras son sentimientos amontonados que palpitaron un día en los pechos de los antepasados, los que vieron crecer la Torre San Juan.

LOS COLORES del pórtico pintan tu alma un martes, un miércoles, en Laguardia.
Un martes ocurrirá lo inesperado, que los pocos olivos de sus alrededores te regalarán la flor de una primicia. Un miércoles acontecerá algo extraordinario, cuando un fabulista te cuente la historia de su vida desde el interior de tu cabeza.
Ve a Laguardia un fin de semana, o un día de fiesta. Ve, disfrutarás como un niño. Ve.
Deja que otros la recorramos poco a poco en sus silencios. En esos silencios en los que cobra vida tu propio ser y te habla, y te susurra, y te dice lo que tanto tiempo llevabas esperando.

SERÁ un lunes cuando Olentzero vuelva cual golondrina tus cristales a tocar.
¿Qué?
Id a Laguardia un lunes, un martes, incluso un miércoles o un jueves, que no sea vacacional. Id entonces, porque de esta forma la fiesta acontecerá plena, única, en tu corazón.
… Cuando te marches, no olvides dar gracias a los silencios de Laguardia.
*Paseó por Laguardia este lunes 10 de diciembre de 2018.
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Iré el primer lunes que pueda a escuchar esos silencios de interior, junto a su construccion de sentimientos. Gracias a los que hicieron y hacen de Laguardia lo que es
Muchas gracias, Amaia Urreisti. Una escucha y un paseo por tu interior en una villa que tiene sus adentros. Que es mucho más que un decorado. Saludos!
Una pasada de bellezas que no es posible amurralar!!
Que están a cielo abierto, Txiki. Muchas gracias. Saludos.
Hay frases como campanadas que se cuelan muy adentro, de esas que crean armonía, que te re-conectan a la vida, que ajustan tu ritmo al de la Madre Tierra. Gracias!
Esa era la idea, llegar con un sentimiento humilde hasta lo aparentemente recóndito. Muchas gracias, Jon Mancisidor. Un abrazo.
Me gustan los lunes y martes en Laguardia, cuando no veo a nadie, cuando nadie me ve y puedo pasearme por sus calles, sin testigos que me sorprendan leyendo el pasado y escuchando el silencio cargado de ecos del pasado.
Muchas gracias, escritora. Compartimos sentimientos, Lola López de Lacalle, además de melocotones de viña (que comí de un árbol de Labastida el pasado mes de septiembre, cuyo sabor perdura en el cielo y la tierra de mi paladar). Saludos cordiales.
¡Qué bien has sabido escuchar el silencio de Laguardia y lo que nos dice en las noches de invierno cuando recorremos su calles solitarias! Laguardia está nostálgica y triste.
Muchas gracias, Antonio Mijangos. Aunque parezca mentira, escuché el silencio de Laguardia a través de tus oídos. (Muy pronto te escucharemos a ti en el Blog). Un abrazo.