Hablo de ‘enoturistas’ que viajaron hasta Labastida para gozar esta semana de un día memorable…

GRUPO de diez amigos en una viña de 75 años, en Labastida.
Más concretamente de una cuadrilla de amigos que necesita peregrinar al menos una vez al año, o dos, desde el Goierri guipuzcoano hasta Rioja Alavesa, donde desde hace unos años el director del Blog organiza gratis et amore encuentros en los diferentes pueblos y bodegas de la Comarca.
En esta ocasión vinieron desde Ordizia hasta Labastida los amigos Pitxu Zabalegui, José Luis Arnaez, Miguelmari Irastorza, Josemari Otegi, Cándido Mendizabal, Fermín Imaz, Iñaki y Jon Urdangarin, a los que desde la costa vizcaína nos sumamos los periodistas Alberto Lanza y Julio Flor.

EL Sol ilumina un brindis de hermandad en la viña de Carlos Sánchez.
Es probable que la felicidad sea una colección de momentos, quizá una continuidad que no se interrumpe salvo en contadas ocasiones.
Al igual que tantos enoturistas del mundo, eso es lo que vienen buscando y encuentran nuestros amigos en esta tierra al sur de Euskadi. Además de la madre Sierra y su Paisaje extraordinario de naturaleza y humanidad. Son las viñas, es la gente, ¡la gente!, es el buen vino, ¡el vino!, el buen yantar, la conversación sincera, las ganas de disfrutar el hermoso tiempo de vivir.

ALBERTO Lanza con las dos tortillas del hamaiketako alavés.
En mis sucesivas visitas a la Comarca he comprendido que Rioja Alavesa abarca cientos de miradas distintas, miles quizá, una por cada viticultor, enóloga o bodeguero que trenza su más profundo conocimiento con un romanticismo creativo.
El pasado miércoles 2 de abril comenzó para nosotros en Labastida con la compra de dos barras de pan y dos tortillas en el bar Jai Alai: la clásica de patata con cebolla y la otra con la gracia picante de las guindillas riojanas.

QUESO de Ordizia con vinos de Labastida y San Vicente de la Sonsierra.
Después nos acercaríamos a la bodega Manuel Quintano Labastida a comprar unas cajas de vino para llevar a casa, de la mano atenta de Iñigo Rubio. Bien pertrechados, además, con un hermoso queso de Ordizia, nos acercamos hasta la bodega de Carlos Sánchez, que nos llevaría hasta el paraíso de su viña de 75 años.
La mañana prometía. Unos tímidos rayos de sol nos dieron la bienvenida al caminar junto al viñedo.

CARLOS apoyado en el acodo de una de sus cepas.
Como si sintiéramos un abrazo de naturaleza, Carlos Sánchez nos acogió entre sus cepas, junto a una casita bien reconstruida, en un valle donde se cobijan cepas bien podadas a punto de comenzar un tiempo frenético, hasta que a finales de año disponga de “toda la uva en casa”.
Carlos Sánchez desenfundó armas poderosas

En ese lugar donde habita el silencio, quien quiso ser historiador del arte y pianista, y fue durante un tiempo maestro de escuela, afortunadamente reconvertido en apasionado bodeguero, nos explicó su concepto del vino. Un vino cuyo primer requisito debe ser del gusto del propio Carlos.

CUANDO estaba a punto de comenzar la fiesta…
Al calor de las tortillas, el pan cortado a mano y el queso con leche de Ordizia bien troceado, ante los diez amantes del vino Carlos fue abriendo sucesivamente sus botellas, desenfundando armas poderosas, desgranando con cada una de ellas su significado, procedencia, carácter, su ser. Un tiro para amortajar la vida con un vino, parafraseando al gran César Vallejo
El vino va y viene a las bocas, mientras el vitivinicultor de origen madrileño afincado en Cuzcurrita, que pasa la mayor parte del tiempo en Labastida, cantaba con legítimo orgullo que sus viñas se trabajan en ecológico, lo que supone un mayor trabajo y atención. El resultado del vino blanco y tinto, a decir de los catadores es realmente espectacular.

CLASE magistral del maestro bodeguero en la viña.
Se puede sentir que cualquier vino cobra verdadera dimensión paseando por la tierra donde nace, sintiendo la caricia del viento y el sol, que habitualmente son sus compañeros de viaje. Sin olvidar el arroyo cercano y el canto incesante de los pájaros, del que saldrá su próximo vino VeraVier, la conjunción de los nombres de sus dos hijos.

DE aquí saldrá un nuevo nombre para los vinos de Labastida.
También se entiende, si se está tocando viña, el auténtico valor de los vinos, que no puede ser otro que el reflejo del esfuerzo, la perseverancia y la calidad humana y profesional de sus elaboradores.
Telmo lo dejó en las manos de Mariví y Marian
Estas pequeñas explotaciones son necesarias para crear diariamente eso que se conoce como Rioja Alavesa y su paisaje singular.

EN 2023 y 2024 Atkin presentó dos de sus vinos como un «descubrimiento».
Carlos Sánchez, que apenas lleva diez años en la comarca Rioja Alavesa-Sonsierra, ha recibido en lo que va de año un gran reconocimiento por parte de Tim Atkin y Luis Rodriguez, formando parte de la asociación Subsierra, a la que el día anterior había representado en una cata en el Basque Culinary Center.

CARLOS Sánchez y Julio Flor al despedirse en su bodega.
La hora y media que pasamos con Carlos en aquel viñedo aislado, cercano a un olivar, con su esposa Beatriz, su ayudante el toledano Javier y sus vinos pasó volando.
El viaje nos deparaba una segunda bodega.

NUESTRA Señora de Remelluri en otra época del año.
En esta ocasión estaba previsto un encuentro con Telmo Rodríguez en la bodega Nuestra Señora de Remelluri, con vinos que este año atesoran la máxima puntuación de 100 puntos de dos prescriptores internacionales del vino.

TELMO no pudo estar con nosotros, si bien nos dejó en buenas manos.
Por avatares del difícil momento que vive el sector, Telmo y Pablo Eguzkiza tuvieron que viajar lejos de Euskadi, si bien Telmo dejó todo bien dispuesto para que la enóloga Mariví Hernáez y su compañera Marian Arnáez le suplieran con profesionalidad y buen hacer.

CON Marian Arnáez en el museo que alberga Remelluri.

TEXTOS antiguos, una evocación del pasado del lugar.
Anécdota con el Remelluri 2011
Poco después de las 12:30 h. del mediodía cruzamos la hermosa entrada de la Finca Remelluri. Formidable plaza central la que acoge a los visitantes al llegar entre sus edificios al pie del poderoso Toloño. Su gran casa convive rodeada de un mar de viñas, con un manto vegetal que anuncia que estamos en el cultivo ecológico y biodinámico.

BARRICAS usadas pegadas a la bodega de Remelluri.
Marian Arnáez explicó qué es Remelluri, el lugar que alberga una personalidad notable. Mariví Hernáez, enóloga desde hace 25 años acarició con sus palabras la tierra, el paisaje, el horizonte que abarca hasta la lejana sierra de la Demanda. Con esa visión y ese olor, con esa luz que parece llegada desde la Toscana, el vino obtiene un gran protagonismo.

ATENDIENDO las palabras de Mariví Hernáez.
Poco después, ya dentro de la bodega de Remelluri, entre barricas y tinas, los ‘peregrinos del vino’ gozaron en silencio del privilegio de la cata, confirmando todos sus presentimientos.
Llevarse a la boca el gran Remelluri del 22, del 23, incluso del 24, que tardarán en llegar al mercado, fue una primicia que valoramos. O atender la explicación de proyectos como Las Lindes, que proponen elaboraciones de viticultores de “casa”, en pueblos que lindan con la finca.

Todos escuchando muy atentos a la enóloga Mariví, confirmando sin duda alguna que estamos en el regazo de la excelencia.
Cómo no valorar después la cosecha de 2011 de Remelluri, lección recibida del tiempo, catorce años después, con anécdota incluida, ya que después de abandonar el comedor (sin olvidar los pimientos asados que nos trajo en el último momento Marimar Trueba), uno de los nuestros volvería sobre sus pasos para servirse «furtivamente» a sí mismo un trago más del 2011, que seguramente saboreó cerrando los ojos en la soledad de la estancia.

EL Remelluri 2011 calmó la sed de la mayoría…
La inmarchitable personalidad de Rioja Alavesa
Este fabuloso lugar, de 90 hectáreas aproximadamente, es el reflejo de una mirada intensa sobre la conservación del entorno. Un negocio que prospera al abrigo del conocimiento y del arrojo de la generación heredera de Jaime Rodriguez Salís, uno de los reinventores del Rioja.

FOTO robada, para escuchar el solemne silencio de la cata.
Comiendo en el Mesón Alai de Labastida, valoramos con un «cien» lo vivido con Carlos en la viña; de igual manera que hicimos con el museo/ermita/y bodega de Remelluri con Marian y Mariví. Experiencias distintas, aunque ambas en cierta manera se dan la mano en dos lugares tan cercanos.
El viajero puede entresacar perspectivas distintas de los dos encuentros, tan personales y diferentes. Ambos expresan un amor por esta tierra tan especial. Tanto que les lleva a buscar cada día el tesoro que anida en las viñas, las cepas, la arquitectura, y la piel tinta o blanca de sus uvas.

TEÑIR de rojo vino pasión hasta el viento vitícola de Rioja Alavesa.
Hablamos de esa parte inmarchitable de la personalidad de Rioja Alavesa. Siempre avanzando, eternamente mejorando a pesar de todos los pesares. Nada sabe de todo esto quien impone aranceles al vino. Rioja Alavesa es un gran lugar con gente excepcional por sus conocimientos, amor y romanticismo pleno, capaz de llenar la copa del corazón, convirtiendo al vino en un aliado del alma humana.
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Me encanta la crónica del viaje, desde la compra de las tortillas hasta la visita que desvela las dos bodegas de Labastida.
Aún así, voy a tener que dejar de leer el Blog por la envidia que me corroe ante historias como ésta…
Es broma. Valoro muchísimo este medio de comunicación. Y no hago más que ensalzar el trabajo que realiza defendiendo y amando tanto como ama la Comarca vitícola de Álava y la Cultura del vino
Gracias, Dora
Lo pone difícil el impresentable de Trump, sobre todo a las bodegas más pequeñas de Rioja y Rioja Alavesa. Pero este modo de vida debe ser mantenido. Euskadi entera, y el consumidor vasco de vinos tiene mucho que decir
Gracias, Juan
Bai. Hemos de incidir en este asunto. El País Vasco tiene que apoyar muchísimo más los grandes vinos de Rioja Alavesa. Debemos mimar lo nuestro y apoyar a las bodegas familiares de la Comarca. Hoy más que nunca contra la guerra comercial del presidente Trump!
Eskerrik asko, Begoña
No hay mejor anfitrión que un bodeguero recibiendo en su casa.
Al calor de un queso, o jamón, o chorizo, o de todo a la vez, cada botella que se abre y se comparte es un un instante importante de la conversación.
Realmente pisar una bodega de Rioja Alavesa es disfrutar de un ratito de sencilla felicidad.
Gracias a todos por vuestra generosidad .
Así es, estimado amigo Alberto
Bien vivido.
Dan ganas de hacer lo propio en la tierra vitícola de la Sierra Madre.
Y bien contado.
Dan ganas de volver a leerlo.
Con la relectura de este buen periodismo parece que soy yo la que estoy ahí gozándola
Gracias, Arene