“En Rioja Alavesa el vino es su majestad el rey mago”

La vida de Gabriel Frías, de Bodegas Hermanos Frías Del Val, en el pueblo con mayor número de bodegas per cápita del mundo (I).

Gabriel Frías del Val

EN VILLABUENA de Álava, el bodeguero Gabriel Frías en una de las colinas del pueblo.

.- Cuéntame en dos frases el relato familiar de vuestra bodega.

— En mi familia llevamos al menos cinco generaciones haciendo vino con viñas viejas, una de las cuales tiene más de CIEN años.

Si tuviera que retener un dato, sólo uno, de la conversación que mantuve en Villabuena con el bodeguero Gabriel Frías Del Val, me quedaría con esa viña que lleva más de un siglo dando uvas. Y otro dato ya conocido de antemano: que Villabuena es el pueblo con más bodegas per cápita del mundo.

Mis profesores de la Facultad de Periodismo, en Leioa, insistieron para que nunca utilizáramos muchos números…

Así que no contaré que Gabriel, de 38 años, me citó en el bar Seis Copas, en Samaniego, para tomarnos dos buenos cafés. Tampoco diré que es el último hijo, de un total de cinco, de Vicente Frías y Loli Del Val. Menos aún que se incorporó a trabajar en la bodega familiar con 18 años, llevando ya un total de 20 como bodeguero. Está casado y tiene un hijo de 10 años llamado Oier. Que su cuadrilla la formaron 8 o 9 niños. Y ese otro dato inolvidable, insisto, el que indica que Villabuena, de 300 habitantes, tiene una bodega por cada siete vecinos. O sea: 42 bodegas.

Gabriel Frías del Val

ANTES de ir a la bodega, en Villabuena, tomamos dos cafés en el Seis Copas de Samaniego.

El resto de cifras saldrá durante la entrevista. Pero déjenme decir que el 60% de sus 200.000 botellas de producción anual se venden mayoritariamente en Euskadi, comercializándose casi un 30% en Polonia, Suiza, Alemania, China, Inglaterra, Panamá y, dentro de poco, Japón. El 10% que le falta a la cuenta va para el resto de España.

Demasiadas cifras, lo sé. Para contrarrestar, contaré que desde muy niño Gabriel comía en su casa moras con vino y azúcar. No sé la cifra, pero había muchos “marcelinos pan y vino” en Rioja Alavesa. En Villabuena, lo propio era pan con vino y azúcar. Que a eso les sabe la infancia, a vino dulce con pan.

Dios aprieta, pero no ahoga. A veces el refrán es cierto. Frente al revés de la helada del pasado 28 de abril, que ha mermado considerablemente la cosecha de uva en la Comarca (y en las viñas de Gabriel), la bodega de los Hermanos Frías Del Val han recibido reconocimientos y buenas noticias durante este año 2017.

Gabriel Frías del Val

LOLI Del Val, con el segundo premio de Reserva que le entregó Karra Elejalde en Yékora.

Los reconocimientos a la calidad de su caldos llegaron del prescriptor James Suckling, la guía Peñín o el jurado de la Fiesta de la Vendimia de Rioja Alavesa. Y la buena nueva es la apertura de mercados para la comercialización de sus vinos en Suiza y Alemania, además de recuperar para los negocios a un cliente chino que se había perdido en plena crisis.

La actual bodega de la familia está sin inaugurar porque aún quedan “cosas” por terminar, si bien recibió la primera añada de uva en 1999. “Antes tuvimos varias bodegas (algunas alquiladas) porque la nuestra se había quedado pequeña. Elaborábamos vino en lagos abiertos, pero queríamos producir diferentes tipos de vinos como blancos y crianzas”.

Los tatarabuelos ya hicieron vino a granel para venderlo a bodegas más grandes. “A mi padre un restaurante de Vitoria le animó a meter el vino en garrafones que empezaron a comprarle desde 1964. Era el vino de Vicente Frías, si bien aún no estaba registrado con su nombre”.

Gabriel Frías del Val

VICENTE, el aita de los Hnos Frías del Val nos acompañó durante la entrevista.

Lo llevaba en su coche particular, un Simca 1000, donde encajaba los garrafones. Corría el año 1968 cuando se casaron sus padres. Gabriel Frías, el más pequeño de sus cinco hijos, nacería en 1979. Loli, la ama, siempre estuvo animando al aita para hacer vino propio. “El empujón de mi ama fue importante. Ella es una mujer con fuerza y temperamento”.

De los garrafones, su aita y su tío pasaron a vender vino embotellado sin etiquetar. Luego se compraron la etiquetadora. La vida iba entonces poco a poco. Empezaron con dos nombres para sus vinos: ‘Hermanos Frías’, y ‘Don Peduz’ (viene de una parcela que está situada en Leza), dos vinos jóvenes.

El tiempo trajo nuevas incorporaciones. Primero el hijo de Vicente, del mismo nombre que su aita,  y después nuestro interlocutor, Gabriel. “En realidad somos cinco hermanos, dos chicos y tres chicas: Eva, Vicente, Sara, Susana y yo, que soy el más pequeño”.

En la época del aita y el tío llegaron a elaborar los vinos en cinco bodegas diferentes, de gente que se las alquilaba en Villabuena,  o se las dejaba. Bodegas viejas que otros ya no utilizaban. Todas pequeñas, con uno o dos lagos en cada bodega como mucho.

Gabriel Frías del Val

GABRIEL FRÍAS DEL VAL, a la entrada de la bodega estrenada en Villabuena en 1.999.

“Desde que naces vives entre uvas y entre vinos”. La viña y la bodega son cotidianas en la vida de la Comarca. Es el argumento de la obra. El decorado es un Paisaje excepcional entre la Sierra y un gran Río.  Es lo que está viviendo hoy Oier Frías, el hijo de Gabriel, que desde los tres años empezó a pisar uvas. Ese verbo, pisar, es aquí la manera de extraer de los racimos el alma del vino.

.- ¿Qué nos cuentas si te pregunto por tu primera vivencia en Rioja Alavesa?

La mía fue una infancia feliz. Recuerdo a mis hermanas y mis primas jugando conmigo como si fuera un muñequito. Recuerdo mis correrías en la era del pueblo, o en las colinas de Villabuena jugando con pistolas de madera a indios y vaqueros. Teníamos animales en casa…

Nunca me he parado a pensar en aquella vida de entonces. Tuve una cuadrilla de amigos bastante grande,  8 o 9 niños siempre juntos que íbamos a la escuela pública de Elciego.

Villabuena sólo tenía colegio de preescolar hasta los cinco o seis años. Pero yo fui a la escuela de Elciego. Allí nos juntábamos niños y niñas de Villabuena, Baños, Samaniego, Navaridas y Elciego. Cinco pueblos. Otros niños de Villabuena fueron a la ikastola de Lapuebla, que empezó por entonces.

Gabriel Frías del Val

PARTE ALTA de Villabuena, un paraíso para disfrutar corriendo los años de la niñez.

.- ¿Cuántos niños correteabais hace treinta y dos años por las calles de Villabuena?

No estoy seguro, de 20 a 25 niños de entre 4 y 6 años de edad.

.- ¿Y hoy?

De la edad de mi hijo, que tiene 10 años, habrá apenas 5 o 6 niños. En total serán once niños de entre 0 a 10 años. Me preocupa que en Villabuena haya  más gente de 80 para arriba que de 10 años para abajo. Son muy pocos niños, a lo que hay que sumar que mucha gente joven se ha ido a vivir a otros pueblos de Rioja Alavesa porque carecemos de una política seria de vivienda.

.- ¿Cómo te fue en los estudios?

Hice administrativo, una FP. Lo dejé porque me puse a trabajar en la bodega. Quién me iba a decir a mí que terminaría llevando la Administración. En realidad me hubiese gustado hacer electricidad, pero lo que más me atraía era el mundo del vino. En aquella época había que echar una mano en casa. Entré feliz en la bodega familiar.

Gabriel Frías del Val

EL BODEGUERO lleva hoy la Administración del negocio familiar del vino.

.- Imagino que empezaste con los ‘trabajos’ del campo siendo un niño

Pisé uva con los pies desnudos con 4 años. Viví aquellas vendimias como una fiesta. Ahora cada cual prensa en su bodega, pero entonces se juntaban a prensar 6 ó 7 vecinos, primero el lago de uno, luego el lago del otro… y entre todos se ayudaban, con los correspondientes almuerzos y comidas

.- ¿Eso se acabó?

Se acabó. Lo digo con pena, porque eso era una fiesta, la gente vivía junta colaborando. Ahora llevamos una vida más ajetreada. También es verdad que ahora se cuidan más los vinos. Antes la gente podía tener más tiempo la uva en el lago, cuando ahora nos hemos vuelto más perfeccionistas, y queremos hacer todo en su momento idóneo.

.- ¿El vino es mejor ahora que antes?

Es mejor, sí. Todo se ha hecho en aras a una mejor calidad del vino. Aquí en Rioja Alavesa el vino es su majestad el rey mago. Las relaciones sociales no se han perdido, pero han cambiado.  Aún seguimos visitándonos unos a otros, pero ya no es eso de sentarnos a almorzar o a comer todos juntos en la bodega. Aquí tardan en llegar los cambios, pero somos parte de una sociedad que cada vez es más individualista.

Gabriel Frías del Val

LOS TRES: su hermano Vicente, el aita Vicente Frías y Gabriel en la barra de la Bodega.

.- Lo que ocurre en las grandes ciudades, ¿vale también para Rioja Alavesa, donde todo tiene una dimensión más humana?

Está cambiando todo, la globalización y la tecnología han llegado a los pueblos con otra dimensión, pero han llegado. Antes el bar era el sitio donde juntarse, que estaban a tope antes de comer y a la hora del café. Ahora vas y hay muy poca gente. Antes se salía menos de los pueblos, ahora estamos todos los días entre los pueblos, o con un viaje de negocios, o en una cita en las ciudades de Euskadi.

.- “Nos visitábamos unos a otros”. ¿Quiénes?

Entre los bodegueros nos visitábamos y se elaboraba el vino todos juntos. Es lo que hacía mi aita con otros siete bodegueros de Villabuena. Se ayudaban mutuamente para dar vuelta a las uvas, para sacarlas a la prensa, etc. Esa buena relación la hemos heredado mi hermano y yo con otras bodegas familiares pequeñas. Pero no es como entonces.

Gabriel Frías del Val

ENTRE BARRICAS de la bodega, Gabriel Frías se siente como pez en el agua.

.- ¿En qué os han echado “otros” una mano a vosotros este año?

Este año dos bodegas se llevaron para su uso en vendimia una cinta y una tolva que nosotros ya habíamos utilizado. Otras bodegas que han tenido alguna cosa con los vinos nos llamaron y nosotros fuimos a echarles una mano. También he llamado a amigos bodegueros para que vinieran y probaran nuestros vinos, para encontrar virtudes y defectos… porque a veces lo tuyo propio te impide verlo y detectarlo.

.- Este es el pueblo con más bodegas per cápita del mundo, ¿no?

Así es. Estamos hablando de una bodega por cada siete habitantes. ¡Cuarenta y dos bodegas! Esto nos está diciendo que Villabuena ha arriesgado y apostado por cuidar lo nuestro y ser independientes. Sí que es cierto que en los últimos años de la crisis económica se están perdiendo bodegas familiares.

.- ¿En qué momento está vuestra bodega?

En un gran momento, investigando, haciendo nuevos vinos…Esto va para adelante!

Gabriel Frías del Val

GABRIEL Y VICENTE, los dos hermanos que hoy dan nombre a la bodega de Villabuena.

.- Tú te incorporaste hace 20 años, con 18 de edad, a tiempo total.

La bodega se llamaba entonces ‘Hermanos Frías’ porque hay otra persona clave en esta bodega que es mi tío Fernando Frías, hermano de mi padre. Fernando es soltero y trabajaba mano a mano con mi aita. Después entró mi hermano Vicente y luego yo. ¿Cómo estaba cuando entré yo? Alquilando bodegas y elaborando unas 4.000 cántaras (64.000 litros de vino). Después fuimos creciendo en producción. En 1999 nos convertimos en “Bodegas Hermanos Frías Del Val”.

.- ¿Qué cambios hicisteis tu hermano y tú, al jubilarse tu tío y el aita?

La filosofía es la misma. Pero empezamos a elaborar nuevos vinos, blancos, crianzas… Mi hermano y yo le dimos un aire nuevo a la bodega, situándola en el siglo XXI.

.- ¿Son o no son duros los cambios generacionales?

Lo son.  Los jóvenes siempre vamos a cuestionar ciertas cosas. A veces es un choque de trenes. Diferentes formas de elaborar el vino. Mi aita tenía la tradición metida en su cabeza, así que cambiar según qué cosas, en fin, era necesario… La cuestión es que hemos pasado de tener dos vinos, a tener ocho vinos en el mercado y doce vinos diferentes en bodega…

Gabriel Frías del Val

“Mira, ahí viene el jefe”, dice justo en este momento Gabriel Frías, en alusión a su aita Vicente, que se sienta con nosotros en la mesa donde mantenemos la conversación.

.- ¿Qué tal está, Vicente? –me dirijo a él-: Le he imaginado en el Simca 1000 camino de Vitoria-Gasteiz con los garrafones de vino.

Sí señor, los llevaba por ejemplo al comedor de la fábrica Michelín, con el coche lleno de vino.

.- ¿Cómo os habéis repartido el trabajo los dos hermanos?, le pregunto a Gabriel.

Somos un equipo. Hacemos los dos de todo, aunque yo llevo más el peso de lo administrativo y él lleva el peso del cuidado de los vinos y la parte enológica. En el campo tenemos a trabajadores. Hay que gestionar la bodega, salir a vender, y ellos se encargan del trabajo en el viñedo.

.- ¿El aita y el tío juegan hoy algún papel?

Aita, por supuesto. Hace muchas visitas. Y sigue yendo a repartir vino con la furgoneta, acompañándome en mis viajes, repartiendo juntos el vino.

Gabriel Frías del Val

EL AITA y sus dos hijos varones en el exterior de la bodega.

.- ¿Qué les dijiste cuando te jubilaste, Vicente? –le pregunto al padre de Gabriel, que nos escucha en un respetuoso silencio.

Les dije que no iba a ayudarles ni en bodega ni el campo, pero que si me dejaban yo les repartía todo el vino. Y claro, eso les encantó. Ahora, según están las cosas, cuando voy a repartir nuestro vino a los bares, viene uno conmigo, que yo ya tengo 75 años.

.- ¿Qué tal llevan los hijos la Bodega?

Ya te voy a decir: si no lo hubieran hecho bien no les hubiera dado la bodega, je je. La bodega es de ellos. Si me dicen que salga de aquí, así lo haré. Pero yo sabía que lo harían bien. Son como nosotros, ellos tampoco duermen en vendimias, tal y como hacíamos su tío y yo. Siempre pendientes de todo.

.- En la helada de abril, hablé con tu hijo Gabriel, y le sentí hecho polvo, muy afectado.

Éste es muy temperamental –dice Vicente-. El año que nos apedreó el granizo, él estaba dando una cata en la vinoteca del hotel de Villabuena, donde tenía una mesa entera de ingleses. Mi hijo estaba presentado la cata mientras tronaba, hasta que empezó a granizar. Entonces se acongojó y se puso a llorar. Tuvo que decirles que perdonaran, porque claro, “nosotros vivimos de esto”.

Gabriel Frías del Val

GABRIEL catando y valorando un vino de Rioja Alavesa.

En este momento llega a la bodega el otro hijo, Vicente, que tras saludarnos no parará de moverse de un sitio a otro de la bodega, preparando los caldos del Reserva.

.- Gabriel, ¿qué salto se ha dado entre aquella bodega de 1997 y la actual, en estos 20 años?

Aquellos 64.000 litros se han transformado (2017 es una excepción por la escasez de uva) en más hectáreas de viñas que producen en total unos 150.000 litros de vino, lo que significan 200.000 botellas de los diferentes vinos al año.

.- ¿Vuestros vinos de hoy son mejores que los de hace veinte años?

Sí, son mejores vinos, y de mayor calidad. Los medios, la forma de elaborar, la limpieza que hay en las bodegas… en todo se ha mejorado. Antes se hacían las cosas con mucho cariño y muy bien; pero no nos olvidemos que hace más años tenían que bajar al río a coger agua y pasar un cepillo para limpiar un depósito, cuando ahora tenemos unas máquinas de presión que te lo dejan inmaculado, con productos que lo desinfectan todo perfectamente.

Gabriel Frías del Val

ANTE la puerta de hierro que flanquea el “Sanctasanctórum” de la bodega.

.- ¿Te gustaría que tu hijo Oier, que hoy tiene 10 años, continuara la tradición?

Por supuesto. Hoy por hoy diría que a él le encanta este mundo. Lo vive y lo disfruta. Le gusta el campo y le gusta la bodega, pero yo quisiera que se preparara muy bien, mejor que yo, porque año a año esto es más competitivo.

.- En estos veinte años ¿en qué te has formado pensando en la bodega?

La mía ha sido una formación continua: desde un sinfín de cursos de catas para saber diferenciar los vinos, a gestión de empresas, Marketing y comunicación, en diferentes técnicas de elaboración, como la micro-oxigenación, diferentes formas de remontar. He hecho los cuatro módulos de Enología, Viticultura, Marketing y Gestión de Empresas.

.- ¿Con qué Gabriel me encuentro ahora, en qué momento estás?

Tengo el doble de años que cuando empecé. En estos 21 años he pasado de ser un chaval joven, al que le gustaba la fiesta y pasarlo muy bien, a una persona con muchas responsabilidades. La vida cambia y te cambia. Vas creciendo. Y disfrutando con este negocio.

Gabriel Frías del Val

EL BODEGUERO junto al “árbol de mayo” de Villabuena, con la ikurriña en lo más alto.

.- ¿No lo cambias por nada?

Por nada. ¡No sabes lo que es crear un vino, probarlo y disfrutarlo con tu gente! O escuchar a tus amigos alabar tus vinos. O cuando te das un paseo por Gasteiz o por Londres y ves una botella de vino de tu bodega. No sé, te hablo de nuestros vinos como si te hablara de nuestros hijos, lo sé. Es una creación.

.- Tu aita ha dicho antes que eres muy “temperamental”…

Es verdad. Pero ¿cómo no te vas a emocionar con algo que llevamos haciendo y mejorando durante generaciones en mi familia? O cuando te entregan un premio en reconocimiento a lo que haces. O cuando alguien critica tu vino constructivamente. Todo eso me emociona. Mi mujer y yo tenemos solo un hijo, pero en la bodega tengo ocho vinos, como si fueran ocho hijos.

Te hablo de ellos y te digo de éste que es más fresco, el otro más tánico, aquel es más… ¿pero con cuál me quedo? Con todos!

.- ¿Qué tal tus hijos biológicos? –le preguntó al padre de Gabriel

Gabriel Frías del Val

EL DÍA de la entrevista terminó con este ocaso sobre las cepas de Rioja Alavesa.

Lo que más me gusta de ellos es lo bien que se llevan los cinco. ¡Es una gozada!

.- Eso es que Loli y tú, Vicente, lo habéis hecho bien.

Llega el santo de uno, o el cumpleaños del otro, y todos nos juntamos en casa a comer, a beber, a brindar. Tengo ya cuatro nietos, uno de Gabi, otro de la Susana, y dos más de la Eva en Oyón.

.- Pocos hijos se tienen ahora, Vicente, que con cinco vosotros habéis sido felices

Nosotros quisimos tener muchos, que es la alegría de la casa.

.- Gabriel, me has hablado de una cuadrilla de ocho amigos. ¿Cómo están todos ellos hoy?

Uno de ellos está viviendo en Pamplona, tres o cuatro en Vitoria, otro en Nájera… El de Nájera y el de Pamplona trabajan en bodegas diferentes de Rioja Alavesa. Y otro tiene bodega propia en Villabuena. Así que dos de aquellos ocho tenemos bodega en el pueblo.

.- Vicente, ¿cómo ves a la generación de tus hijos?

Para empezar, están más preparados que lo estuvimos nosotros. Y lo llevan mejor en todos los sentidos. Llevan las viñas y la bodega en la sangre. Con eso está todo dicho.

 (Continuará)

8 Comentarios

  1. Alberto

    En este blog voy descubriendo que pese a ser una ” industria” (con sus necesidades y realidades), el mundo del vino y las bodegas conservan el aroma de lo que se hace con alma. Que no se pierda

    01-Nov-17 · 11:03 pm | Permalink
  2. Blog Rioja Alavesa

    Muchas gracias, Alberto, por tu gentileza. En honor a la verdad, así es. Mucho amor, tanto como profesionalidad. Saludos cordiales!

    01-Nov-17 · 11:11 pm | Permalink
  3. Estar en el SALÓN DE LOS MEJORES VINOS DE ESPAÑA nos ha dado la oportunidad de conocernos mejor.

    Gracias Gabriel.

    01-Nov-17 · 11:58 pm | Permalink
  4. Blog Rioja Alavesa

    Qué bien, Victoria. Gracias. Saludos cordiales.

    02-Nov-17 · 12:05 am | Permalink
  5. miguel Larreina

    Dentro de la singularidad de Rioja Alavesa, Villabuena es un pueblo especial por sus viñas y otras cosas, también por sus gentes. “Produce” tipos valientes y luchadores, como Gabi. Nunca le agradeceremos suficientemente en Rioja Alavesa todo lo que se ha “quemado” los últimos tres años desde la presidencia de ABRA porque se reconociera de algún modo la singularidad de Rioja Alavesa. Por su trabajo y el de sus compañeros de dirección, Gabi ha salido fortalecido en Euskadi. Tal vez no ha conseguido en primera instancia todos sus sueños, pero dada su juventud y su coraje seguro que lo conseguirá. Gracias Gabi.

    02-Nov-17 · 8:24 am | Permalink
  6. Blog Rioja Alavesa

    Muchas gracias, Miguel. Saludos cordiales.

    02-Nov-17 · 8:43 am | Permalink
  7. Gabriel Frias

    Gracias por vuestras palabras, Victoria y Miguel, esto da fuerza para seguir trabajando por nuestra comarca (única en el mundo) y por sus gentes.

    03-Nov-17 · 11:09 am | Permalink
  8. Blog Rioja Alavesa

    Muchas gracias, Gabriel. Saludos!

    03-Nov-17 · 12:08 pm | Permalink

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