Tres frases para un titular: la primera de Kristian Pielhoff, la segunda de Maite Eskarmendi, la última de Ramón Roteta.
ENCUENTRO en la capital de Álava de tres comunicadores que expresaron el pasado viernes sus sentimientos sobre el vino, organizado por la asociación Vitoria-Gasteiz WINE CITY.
Con el lema “Por nuestra ciudad y nuestros vinos” se celebró el viernes un encuentro en Vitoria-Gasteiz, en el principal salón de Dendaraba, organizado por la asociación Vitoria-Gasteiz Wine City, que juntó a tres comunicadores de la talla del cocinero Ramón Roteta, la reportera Maite Eskarmendi y el presentador de programas de televisión Kristian Pielhoff.
El Encuentro se había anunciado bajo el título “Vivencias y Vino”. El maestro de ceremonias, Patxi Antón (un enamorado de Rioja Alavesa) explicó en el inicio del acto que no se trataba de una conferencia de expertos en enología, paisajes y vinos, sino de una tertulia en la que los tres invitados contarían sus experiencias y sensaciones con respecto a nuestros vinos.
Dijo más Patxi Antón. Recordó que la cita organizada por Wine City se celebraba por segunda vez en la capital de Álava, que tiene el 90% del vino de calidad que se produce en Euskadi.
Los tres contertulios de la cita del viernes se conocían. El maridaje profesional del cocinero Roteta (uno de los siete magníficos de la “nueva cocina vasca”), la reportera Maite (también modelo y cantante vocacional) y el presentador Pielhoff, de Bricomanía (también guía de viajes alternativos) resultó perfecta. Espontánea, pero muy bien equilibrida entre un espectáculo televisivo (hubo cámaras grabando el acto) y una gran “mesa redonda” a la que todos los “comensales” nos sentimos amistosamente invitados y muy bien tratados. El resultado fue muy acertado.
Entre los invitados de excepción hubo además dos bodegas de Álava, la Bodega Araico, de Villabuena, en Rioja Alavesa; y la del Txakoli Astobiza, de Okendo. Ambas jugaron un papel fundamental durante la charla, presentado sus vinos y dando un gran juego al tema que nos había convocado.
La tertulia arrancó hablando de diferentes variedades de vino. Roteta aseguró que “hubo un tiempo en el que el rosado era el vino de las mujeres”. Maite le llevó amistosamente la contraria, asegurando que ella se decanta por el vino tinto. Se pidió la opinión del público asistente que mostró, a mano alzada, la pluralidad de la sala; si bien hubo una mayoría de manos –muchas de mujeres- que se posicionaron por los tintos.
Fue el zarauztarra Kristian quien primero habló de vivencias relacionadas con el vino, recordando sus andanzas juveniles en la Parte Vieja de Donostia: “Nos poníamos de clarete hasta el fondo… cuando el clarete andaba entre 3 y 6 pesetas el txikito”.
Roteta se fue hasta sus 14 añitos, cuando trabajaba en el restaurante de uno de sus tíos como encargado de la “bodega”. Allí seleccionaba el vino que había quedado en botellas de prestigio, tanto de Rioja Alavesa como de Rioja Alta, y “con algunos de aquellos vinos de entonces me hacía una bocadillito y a escondidas probaba el vino tinto”.
Llegó el turno de Aitor Villanueva para presentar el txakoli Astobiza de Okendo, criado con viñedos que tienen entre 10 y 25 años. Abrió boca con la nueva cosecha de 2016 (que aún reposará hasta mayo de 2017).
Preguntó Roteta la diferencia entre el txakoli carbónico (que toman en Zarautz) y el vino de txakoli que presentaba el vitivinicultor de Okendo. “El txakoli evoluciona en botella mejor sin carbónico, y es más vino”. Kristian, también de Zarautz, defendió el carbónico que toman en la costa gipuzkoana. “Nos gusta la chispa del txakoli con carbónico porque explota en la boca”.
Con cada cata de vino (y los pintxos pertinentes) se pidió a algunos asistentes que bajaran al escenario. Una de las personas que se acercó a catar el txakoli fue una vecina de Rioja Alavesa que, preguntada, dijo preferir el tinto, ya que el txakoli le deja un cierto “verdor en el paladar”.
Esa intervención llevó la tertulia –donde los temas entraban para quedarse lo justo- a preguntarse cómo se educa el paladar. Maite recordó que hace años a ella no le gustaba nada el vino. “Lo probaba y me sabía fatal”, a pesar de que su aita le decía siempre que “el vino es salud”. Tan bien asesorada, Maite fue educando el paladar hasta ahora, en el que le resulta “muy agradable” tomar un par de copas de vino.
“Es verdad que el tinto resulta algo muy fuerte al principio, para iniciarse en la cata de vinos –intervino Kristian-, hasta que un día descubres que existe un mundo por descubrir dentro de las botellas de vino tinto».
De esta manera llegó el turno de las botellas de Rioja Alavesa, representadas por Bodegas Araico, de Villabuena. Con la primera cata de la botella en el paladar, Roteta ejerció de crítico. “Se tiene que relajar algo este vino, que en mi boca tiene altos y bajos”. Lo que le llevó a una pregunta: “¿Es diferente el vino de una botella nada más haber sido abierta, que servido diez minutos después?”.
Muy cerca de ellos se encontraban los “padres” del vino Araico, Julián y su hijo Juan Miguel, ambos dos son el alma del vino que subía y bajaba en el paladar del cocinero.
El presentador Patxi Antón recordó que Kristian ha pateado el mundo entero, que Maite vivió dos años en Brasil y que Roteta estuvo en África. Se trataba de escuchar sus andanzas con el vino por el mundo.
Kristian contó que hay países musulmanes (como Argelia) donde, a pesar de lo que creemos, tienen vinos excelentes. “Qué decir de Portugal, o de Madagascar, donde un suizo sembró cepas en un terreno calcáreo”. En esa isla del océano Índico se tomó Kristian un vino de aquellos para exclamar después: “¡Qué más quiero yo en la vida!”.
Patxi Antón recordó una máxima de Kristian: “La felicidad son tres granos de arroz, cuatro amigos y un atardecer”, para sugerirle a continuación que amplíe la cita e introduzca: “… y una copa de vino de Álava”.
Hubo mucho movimiento –como si fuera un plató de televisión-, risas y aplausos. Hubo más tertulia y más anécdotas. Pero despidamos esta crónica de vino y buenos amigos con una receta de Ramón, que había recordado el dicho: “en el Sur se fríe, en el Centro se asa, y en el Norte se guisa”.
“Para hacer un buen pescado asado con vino, ni se corta ni se trocea el pescado. La piel lo protege y lo cuida del calor. No hay que hacer abertura alguna. Una vez lo tenemos asado, le echamos por encima un verdejo o un txakoli, y es entonces cuando suelta un jugo fantástico que, si queremos, lo podemos ligar con una salsa”.
Se trataba de hacer un plato con pocos ingredientes –que para Roteta son los mejores- y que resulte “muy bueno”. Un plato y un vino que nos unan de verdad, como propuso Kristian.
La tertulia de Vitoria-Gasteiz tuvo muchos ingredientes para la unión, porque resultó sincera, auténtica, excepcional… como los vinos de Álava. Soltó un “jugo fantástico”. Para repetir. Los asistentes nos fuimos a cenar –cada uno a su lugar-, con ganas de comer. Y de beber, en nuestro caso, un buen vino de Rioja Alavesa. O dos.
Al despedirnos, Ramón Roteta lanzó una propuesta para la ciudad de Vitoria-Gasteiz: “Si Bilbao tiene el Guggenheim. Si Donosti tiene el Basque Culinary Center. Propongo que Vitoria tenga “La Escuela de los Sentidos”, para educarnos en todo lo que tiene que ver con el mundo del vino, que es mucho”.
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Buenas críticas, con un encuentro , con buenas palabras y un buen vino…
Gracias, Paqui. Saludos.
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Desde la Asociación (sin ánimo de lucro) Vitoria-Gasteiz Wine City, nos envían los siguientes enlaces para conocer sus actividades. Gracias, José Antonio. Saludos.
Grande Julio! No conozco a nadie que redacte con el sentimiento que transmites en todos tus artículos relacionados con Rioja Alavesa, tierra de los mejores vinos que existen. Agradecemos tu asistencia y agradable compañía al acto.
Eskerrik asko eta animatzen dut
Un placer asistir a un acto tan bien planteado y organizado. Eskerrik asko, Patxi Antón.